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“La Ilustración, en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad.” 

Así es como empieza la obra Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. En esta primera frase, se condensa perfectamente las ideas que los autores querían transmitir a lo largo de su libro. Su análisis había acabado demostrando que el proyecto ilustrado, que se centra en la ciencia y la cultura (y que eran los objetivos de la modernidad), acaban convirtiéndose en los campos de concentración nazi. Mostrando así cómo el mito ya era ilustración y como la ilustración a devenido en mitología.

La ciencia se vio instrumentalizada hasta tal punto que el fascismo no tuvo dificultad de ponerla, junto a los científicos, a su favor. Con lo cual esos potenciales racionalizadores se ponen en crisis, nos llegamos a cuestionar incluso el papel de la racionalidad. Uno de los problemas que analizan es que la razón y la deriva de la razón científica son incapaces de resistir a su instrumentalización.

A medida que hemos ido ganando la posibilidad de ganar un mayor dominio frente a la naturaleza con la ilustración, nos damos cuenta de que siempre ha estado presente el mal histórico, la calamidad histórica. No es que algo fallara, sino que la ilustración desde el principio tenía algo que la hace fracasar.  Este es el problema de fondo que se analiza en la obra. El mito ya es ilustración y la ilustración se convierte en mitología. El mito pretende dar sentido al mundo, comprender la naturaleza y hacerle un hueco al ser humano. En este sentido ya contenía todo esto de ilustración. Pero la ilustración tiene mito ya que también está impregnado del mismo esquema de dominio de la naturaleza, que a su vez está inspirado por ese miedo mítico que se ha manifestado desde los albores de la humanidad. La manera que tienen ambos de neutralizar el miedo es ejerciendo violencia, dominio… Así, Adorno y Horkheimer verán que autores como Bacon ponen en manifiesto ese afán de dominio. “Aunque ajeno a la matemática, Bacon ha captado bien el modo de pensar de la ciencia que vino tras él.

Las ansias de dominación ya no son sólo hacia la naturaleza, ahora también se redirigen hacia los propios sujetos. Un ejemplo de ello es como el capitalismo no produce sólo mercancía, valor de cambio, sino también subjetividades, conciencias. La industria cultural será fundamental para todo este proceso. Además el capitalismo tiene una gran capacidad de adaptación económica contra los mismo principios que le hacen caer, y a la vez, calar en la mente de los individuos. En la época liberal aun el arte y la cultura, incluso el tiempo libre permanecían en una esfera separada de lo demás. Hoy en día también la cultura es asumida por el propio capitalismo terminado por ser cultura de masas, mercancía. Así, la cultura acaba en industria cultural. El propio entretenimiento en vez de ser una elevación, configura un individuo-masa a través de la conversión de la cultura en mercancía. El problema es que se produce cultura cómo se produce cualquier producto y se organiza a los individuos como consumidores de un tipo de cultura determinada.  Además, esta industria cultural que cada vez tiene más auge en el éxito de las series y videojuegos, producen y reproducen todo tipo de violencia simbólica manteniendo o construyendo cierto tipo de subjetividades. 

Actualmente, si hacemos una revisión podemos ver cómo el análisis de la teoría crítica sigue siendo vigente, aunque con una necesaria revisión y actualización. Por ejemplo, el número se convirtió en el canon de la ilustración.  La expresión en formas matemáticas del mundo es un perfeccionamiento del mito donde todo se vuelve sustituible. Esto no ha hecho más que acentuarse hasta el punto en el que nuestra sociedad está marcada por el Big Data, lo cual es el hecho de que todo, incluso la intimidad de las personas, se convierte en datos que son analizados, comprados y que influyen en la toma de decisiones de diferentes entidades y que se usan para el análisis de patrones predictivos, relaciones entre variables,… De esta manera ya no solo la naturaleza es matematizada, ahora las propias personas y sus acciones se vuelven datos. 

“El dataísmo entra en escena con el énfasis de una segunda Ilustración . En la primera Ilustración se creyó que la estadística era capaz de liberar el conocimiento del contenido mitológico (…) El imperativo de la segunda Ilustración es: se ha de convertir todo en datos e información . El dataísmo, que pretende superar toda ideología, es en sí mismo una ideología. Conduce al totalitarismo digital . Por eso es necesaria una tercera Ilustración que revela que la Ilustración digital se convierte en esclavitud.” 

Salvando escalas podríamos decir que el dataísmo se está convirtiendo en una nueva forma de totalitarismo que, siguiendo la línea de pensamiento de Byung Chul Han, está creando una sociedad del rendimiento, de la información, transparente, mentalmente enferma y que desarrolla nuevas formas de “esclavitud digital”.  

Al igual que Gadamer nos dice en Verdad y Método que la ilustración era un gran prejuicio contra los prejuicios “la segunda Ilustración, que se opone a la ideología, acaba convirtiéndose en una ideología, incluso en una barbarie de los datos”. Una forma de ver el mundo que incluso desplaza otras formas de conocimiento. Haciendo una analogía (quizás muy precipitada), al igual que la hermenéutica trata de recuperar el prejuicio, ¿Quizás ahora debamos recuperar las ideologías? ¿O aprovechar la ruptura postmoderna de las ideologías (o la desaparición de todos los relatos por una gran ideología que sería la globalización, como defiende Rosa María Rodríguez Magda) para construir algo nuevo?

Conocer, intentar mitificar o darle palabras a la naturaleza es una forma de quitarle el miedo, el terror al mundo. Sin embargo, el afán de dominación ya ha pasado de la naturaleza a nosotros mismos. Tenemos por un lado, la dominación y construcción de los sujetos cada vez más refinada e invisible por parte del poder y toda la industria cultural, como también analiza genialmente Foucault con la biopolítica. Y por otro lado, nos encontramos con el auge de los pensamientos y movimientos fascistas de nuevo en Europa, entre otras cosas, motivados por el miedo hacia los refugiados. Es curioso, porque el miedo es lo que impulsa a la ilustración, pero también, por otra parte, lo que la termina por paralizar, el miedo a la verdad, a reconocerse a sí misma. Hay que sacar a la ilustración de la ceguera en la que ha caído. De la dominación por la dominación, solo podemos controlar nuestro miedo en tanto que nos volvamos conscientes de él mismo. Quizás esta idea sea uno de los puntos más preocupantes, ¿por qué después de un reciente holocausto el fascismo vuelve a aparecer con fuerza en Europa? Una nueva versión de la teoría crítica actualizada debería retomar el análisis y ver qué esquemas se siguen reproduciendo que alejan a las personas de cualquier tipo de emancipación de una forma más radical que nunca. La gran pregunta sería: ¿Se puede recuperar la racionalidad sin que acabe en un holocausto y que además, sea capaz de apostar por la emancipación?

Bibliografía

Byung Chul Han, Psicopolítica, Herder, Barcelona, 2014

Theodor W. Adorno & Max Horkheimer, Dialéctica de la ilustración, Trotta, Madrid, 1994

Imagen | Pixabay

Artículo de:

David Bacallado Rivero (autor invitado):
Graduado y máster en filosofía. Sus pasiones son investigar y escribir, sobre todo si es sobre filosofía, sociedad, educación y videojuegos.

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por autores invitados

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