Una aproximación filosófica al sentido de la educación en tiempos de pandemia

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En el contexto actual en que nos encontramos debido a la pandemia del Covid-19 nos hemos visto en la necesidad de quedarnos en casa, cambiando completamente nuestra rutina, esto nos lleva a evidenciar lo que somos, a reflejar nuestra manera de ser; además, a eso se suma que han surgido diversas voces internacionales expresando su preocupación por los efectos negativos que se producirán en la educación. Sin embargo, no todo es tan oscuro, esta situación también nos da la ocasión de poder reflexionar o comprender que la educación no puede ser reducida a una institución académica o a la formación profesional, en otras palabras, es mucho más que eso, a saber, es crecer en la perfección del hombre, es un aprendizaje integral (Martínez 2011).

Para justificar esta afirmación examinemos lo que dice st. Tomás con respecto a la educación: “Non enim intendit natura solum generaciones ejus, sed traductionem, et promotionem busque ad perfectum statum hominis,inquantum homo est, qui est virtutis status” (IV Sent. 26, q. 1, a. 21), a partir de esto se comprende dos elementos fundamentales: primero, bajo el termino “traductio” refiere al hecho que los hijos no pueden satisfacer sus necestidades materiales e inmetariales por sí mismos, necesitan de la ayuda del otro, de sus progenitores; por lo tanto, se valida la tarea educativa de los padres para con la prole, es en la familia donde se comienza la tarea educativa ya que ella es el primer ámbito en donde se presenta la ocasión de actualizar la naturaleza humana.

(La Educación)…se entiende no solo la generación, sino la conducción y la promoción al estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud”.

Tomás de Aquino

Segundo, bajo el termino “promotio”, se desprende que la educación es como una segunda generación ya que perfecciona todo lo que tiene por el derecho de haber nacido y lo hace con el fin de alcanzar el bien supremo mediante el ejercicio de la virtud, la cual lo permite el progreso moral (Millán-Puelles 2013); por ende, se ratifica la importancia de que persona pueda llevar en la práctica la vivencia de los hábitos permanentes hacia el Bien Supremo -que consiste en la felicidad plena-, que es Dios (Molteni 2012).

Por lo tanto, la situación actual es una invitación a crecer en aspectos que por una u otra razón hemos dejado de lado u olvidado, como la vida familar, tomar iniciativas para hacer el bien, la importancia de formar hábitos (virtudes) para transformar la sociedad, etc.; en otras palabras, es una instancia para identificarnos con nuestra escencia, nuestra naturaleza humana, la cual es reflejo, “imagen y semejanza” de nuestro Creador (Altarejos-Navas 2011).

Referencias:

  • Altarejos, F. -Navas, C. (2011). Filosofía de la Educación (3ª ed.). España: Ediciones Universidad de Navarra, S.A. 
  • De Aquino, S. T. (ed. 2020). Corpus Thomisticum. http://www.corpusthomisticum.org/
  • Martínez, E. (2011). Ser y Educar, fundamentos de pedagogía tomista. Bogotá, Colombia: Universidad Santo Tomás. 
  • Millán-Puelles, A. (2013). Obras Completas. Tomo III: La Formación de la Personalidad Humana. Madrid: Edit. Rialp. 
  • Molteni, A. (2012). Elogio a la Educación, santo Tomás de Aquino y el acontecimiento educativo. Concepción: Instituto de Teología UCSC. 

Imagen | Pixabay

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por Rodrigo Camacho

Licenciado en Filosofía y Mg. En Educación Superior. Área de investigación: Filosofía de la Educación y Didáctica de la Filosofía. 10 años de Docencia en diversas instituciones de Educación Superior.

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