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¿Dónde está el “ser” que mueve al logos y a la voluntad? Percibimos el logos, aquel discurso que requiere del sujeto que manifiesta el habla, convirtiéndose en esa acción que le otorga sentido y que revela al “ser” y, nos mueve una voluntad de una esencia que desconocemos.

No hay vía para avanzar pero lo hacemos, pronosticamos acerca del mañana, pero solo desde el ayer, ya que no hay forma de conocer el futuro, pero confiamos que nos espera y lo seguimos haciendo, el eterno retorno se instala como una forma cotidiana de mover la voluntad.

Al final el sujeto deja de cuestionar su propio logos y su voluntad se guía por una voluntad externa, diseñada para ser entendida como la conciencia verdadera, absoluta y superior.

Entonces, ¿qué mueve a la voluntad?, ¿no debería ser el sujeto mismo?, o es acaso un “ser” que a través del logos se hace cargo de la voluntad de todos, ¿somos completamente dueños de nuestra voluntad? o simplemente dejamos que se haga en nosotros su voluntad, como un designio sagrado que se nos revela en la realidad.

El sujeto, en su in-consciencia, actúa guiado por la fe, como si realmente la fe moviera montañas, como un efecto placebo, sin darse cuenta que desde siempre ha sido la voluntad, su voluntad. Solo la conciencia de la voluntad en sí mismo puede mover montañas, la conciencia de la voluntad es la que hace trascender al ser, es la que lleva al ser humano a superar los límites corporales e intelectuales. Cuando el sujeto se mueve por la conciencia de la propia voluntad, se conecta con la realidad del “ser”, se conecta con ese “ser” en donde erige la condición que lo hace ser lo que es, un ser humano.

La voluntad de sí mismo es representada esencialmente por ese ser que es capaz de sentir que en cada suspirar existe un pasar del tiempo, que en cada querer se presenta, quiéralo o no, una conciencia de la voluntad, que es ella la que le permite re-flexionar en sí mismo, acerca de sí. Sin embargo, sin darnos cuenta, esa voluntad se deja dominar por la voluntad de otro.

¿Cómo es posible que entreguemos la voluntad a otro, si es la esencia de nuestro ser? Quizás ese otro hace lo que el mismo sujeto se niega a hacer, darle sentido a la realidad desde su conciencia, es decir, desde la profundidad del pensar.

imagen| Pixabay

Artículo de:

Lucía Santibañez Salazar (autora invitada):
Licenciada y profesora de Filosofía y Religión del Instituto Regional Federico Errázuriz y Colegio Evelyn’s School. Santa Cruz, Chile.

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por autores invitados

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