Síntesis de la Sistematización de la Filosofía Educativa. Parte I

Es evidente que muchas veces hablamos de diversos aspectos sobre la dimensión educativa, sin embargo, cuando requerimos una visión general de ella o una precisión de algunas disciplinas que la componen, en varias oportunidades quedamos escasos de materiales, en especial cuando se refiere a una reflexión filosófica actual. En estas páginas la intención es entregar una herramienta que ayude, de modo sintético, a tener una visión general del desarrollo epistemológico de la filosofía de la educación y su relación con otras disciplinas, y de esta manera, aportar en enmendar de algún modo la falencia señalada.Por ende, el objetivo de este tema consiste en responder a la interrogante de que si la Filosofía de la Educación es efectivamente una disciplina epistemológica.

La educación ha estado presente y vinculada al ser humano desde tiempos inmemorables, y desde ese contexto, a medida que ha transcurrido el tiempo, surgen distintas perspectivas o reflexiones filosóficas sobre la existencia, esencia y fenomenología de la educación. 

En lo referente al desarrollo de este estudio se estructura en dos puntos, el primero, alude a algunos aspectos esenciales que inciden en el proceso epistemológico de la filosofía de la educación, entre ellos, la existencia de la educación; y segundo, un esbozo de los aspectos relevantes del estatuto epistemológico de esta disciplina filosófica.

Las perspectivas filosóficas generales
sobre la existencia, esencia
y fenomenología de la educación

La educación ha estado presente y vinculada al ser humano desde tiempos inmemorables, y desde ese contexto, a medida que ha transcurrido el tiempo surgen distintas perspectivas o reflexiones filosóficas sobre la existencia, esencia y fenomenología de la educación. Al momento de hacer una visión general sobre este punto, considero oportuno señalar que la perspectiva aristotélico-tomista lo hace afirmando la existencia de la educación. El desarrollo de sus argumentos se desenvuelve en que la existencia de algo consta directamente a nuestros sentidos, o son conocidas por la inteligencia teniendo como base los sentidos, algunas de estas realidades pueden ser situadas en el área del objeto formal propio de nuestra inteligencia y corresponde que sean demostradas. Cabe precisar, las realidades que no pueden ser situadas en el objeto formal no significa que estén fuera de nuestro alcance ya que por simple inferencia, o por una demostración, pueden sernos conocidas; en otras palabras, captamos también la existencia de aquellas realidades involucradas en dicho objeto formal, aunque en rigor no pertenezca necesariamente a él. Ahora bien, cuando un individuo sustancial o persona humana obra está provisto de un cierto ser secundario y accidental situado en el mismo movimiento de la operación, esta presenta una tonalidad especial que se manifiesta, es decir, muestra algo distinto a la causa originaria; esto es lo que ocurre cuando se realiza un buen ejercicio de las operaciones de la persona humana, esto ocurre cuando se hace presente la educación. Por otro lado, cuando encontramos a una persona “bien educada” la gente suele quedarse con lo que aparece como constante, es decir, la adaptación de los modales externos a determinados usos sociales que están vigentes en el medio en que se vive. Por lo tanto, la existencia de la educación es un fenómeno con realidad adjetivada en la persona humana en cuanto es portadora de la cultura (González 1963, pp. 27-31). 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la educación solo se encuentra en el ámbito de la educación humana, todos los seres inferiores no la hacen posible, solo se puede encontrar una repetición de actos, por ejemplo: cuando un animal corre lo hace solo por instinto, sin embargo, no toma conciencia de lo que significa ni se pregunta sobre la finalidad, beneficio o consecuencia de ello, simplemente lo hace. Una flor hace su proceso de desarrollo de manera mecánica, no hay un análisis si lo que hace es adecuado o no a su especie, etc. En el caso de los seres superiores al ser humano la hacen innecesaria pues ya tienen el grado de perfección que busca la educación, por ejemplo, el estado de virtud; en esta situación se encuentran los ángeles. Por otro lado, en los fenómenos de matices genéricos que son semejantes a la educación no se identifican con ella formalmente, tal es el caso de tener algún animal, por ejemplo: un perro o gato, pues su perfeccionamiento intencional se denomina crianza, adiestramiento o domesticación. Por lo tanto, el ser de la educación solo se halla presente en el hombre, lo que al mismo tiempo nos denota que no es una entidad sustantiva o autónoma al ser humano, sino que es una realidad adjetiva o adherente a él, en otras palabras, es un ser accidental que reside en el ser sustancial del hombre; es decir, el hombre es necesario en la educación, sin él no es posible, ya que lo exige tanto para su concepción, como para su desarrollo y término, en todo el proceso de manifestación de la educación. Ahora bien, el hombre puede existir sin ella y también puede existir sin que la educación haya incidido en él, esto se demuestra cuando, una persona que ha sido educada en cómo se debe comportar al conocer gente nueva, llegado el momento, hace caso omiso de todo lo que aprendió. Esto significa que la educación en el hombre no constituye un nuevo ente, ni tampoco una nueva naturaleza y menos el ser del hombre educado, sino más bien la maduración perfectiva de las facultades del hombre (González 1963, pp. 25-26).

Continuando con la visión general sobre la reflexión filosófica de la acción educativa, la perspectiva de la filosofía moderna, la cual es soporte de la mayoría de los autores contemporáneos, se aleja y separa de la reflexión aristotélica-tomista pues, al afirmar la pérdida del ser trascendente, el hombre queda despojado de la realidad y de la existencia que está fuera de sus percepciones, y, por lo tanto, se debe solo a su subjetividad y a sus medios humanos de conocimiento (Munita 1996, p. 147). Esta postura está arraigada en la concepción de que el hombre es la medida de todas las cosas, en consecuencia, debe dominar todo y, en primer lugar, a sí mismo. De este modo, la autonomía es el signo distintivo de la subjetividad. A esto se suma que el hombre, por medio de la técnica, trata de dominar toda la naturaleza y, para ello, se sustenta en los avances científicos teniendo como consecuencia que se descarte todo conocimiento pre-científico, aquello que proviene de la experiencia, y que da lugar, por una parte, a la opinión, y por otra, a la metafísica u ontología y la teología (Hoyos 2012, p. 35). En otras palabras, todo lo que no se ajuste al modelo científico queda relegado al nivel de la opinión, incluida la dimensión espiritual.

Ahora bien, llevando esta lógica al campo de la educación, observamos cómo transcurre la vida, especialmente frente a la experiencia educativa, tal como la encontramos en las diversas fases y aspectos, y nos percatamos que hay rasgos más satisfactorios que otros; desde aquí nos proyectamos ideas y las analizamos según el método científico, luego intentamos realizar estos propósitos para mejorar la vida y se observan los resultados, por si se ha de corregir y perfeccionar los propósitos. En otras palabras, la educación se comprenderá como un fenómeno constituido por un conjunto de hechos y procesos -antropológicos, históricos, sociológicos- que determinan o condicionan el desarrollo de las virtudes humanas, ya sean estos individuales o colectivos, los cuales mientras se llevan a cabo se observan, se estudian y se proponen elementos científicos para mejorarlos (Vázquez 2012, p. 45). 

La sistematización epistemológica
de la Filosofía de la Educación

A la luz de lo anterior, no es de extrañar que en nuestros días nos encontremos con una constante discusión sobre el carácter epistemológico de la Filosofía educativa, en especial sobre las tareas que le conciernen (Vázquez 2012, p. 7). Por ende, es necesario revisar los siguientes aspectos:

Concepto de la filosofía educativa y sus divisiones

Al momento de realizar una definición nos encontramos con muchas posibilidades (Fermoso 1982, pp. 28-29), sin embargo, todas ellas son fruto de las diferentes reflexiones filosóficas sobre la educación que han surgido a través de la historia. Por lo tanto, al tratar de redactar una noción transversal no es una tarea fácil.  Dentro de los investigadores que han hecho este esfuerzo se destacan los siguientes: a) “La Filosofía de la educación es un saber racional y crítico de las condiciones de posibilidad de la realidad experimental educativa en su conjunto” (Fullat 1992, p. 90); “La Filosofía de la educación es el conocimiento contemplativo, sistematizado, universal y último de educación, es decir, de los procesos de instrucción, personalización, socialización y moralización” (Fermoso 1982, p. 29).

A la luz del significado de este concepto, se deduce que hay más de una sola filosofía de la educación, lo que significa que habrá una cierta complejidad al momento de intentar tener una visión lo más completa posible. Así lo afirma Octavi Fullat (1992, p. 11): “No hay una “Filosofía de la educación”, sino múltiples y, además, en insoslayable mudanza todas ellas. Si de unidad puede hablarse en tales menesteres se referirá siempre a los prolegómenos o condiciones a toda posible “Filosofía de la educación””. Ahora bien, para el desarrollo de este estudio -toda esta diversidad- se agrupan en dos secciones: la primera, denominada Filosofía de la Educación, la cual incluye todas las que afirman la existencia de la esencia en la realidad, entre ellas destaco: la visión aristotélica – tomista, la realista y la personalista (González 1963, p.17; Fullat 1992, p. 301). En la segunda, denominada Teoría de la Educación, se incluye a todas las que de uno u otro modo rechazan la existencia de la esencia de la realidad y se basan solo en lo empírico o son influidos por el neo-positivismo, por señalar algunos: la Filosofía Marxista, empirista, existencialista, pragmatistas, etc. (Fullat 1992, p. 9; Vázquez 2012, p. 49).

El objeto y método de la Filosofía educativa

Esta disciplina filosófica, tiene por objeto material al hombre, en cuanto sujeto de la educación; su objeto formal consiste en el fin de la educación, es decir, ¿qué es la educación? ¿para qué es la educación? (Vázquez 2012, p.45). Con respecto al método que utiliza, cabe señalar que aunque sigue su método filosófico propio, a saber, el uso tanto del conocimiento ordinario como el científico -examinando el grado de certeza que alcanza en cada caso- como la utilización de los recursos de la inteligencia de acuerdo con las reglas lógicas válidas para todo el conocimiento humano -en todo razonamiento que se realice- (Artigas 1987, p. 42), acentúa el aspecto sintético de las diversas disciplinas de las Ciencias de la Educación, no a modo de resumen, sino partiendo desde la descripción y sistematización de los actos educativos para lograr un saber globalizante, orientador, integral y resolutivo en los principios últimos explicativos de la acción educativa (Vázquez 2012, p. 45).

El carácter teórico-práctico de la Filosofía de la educación

Que la Filosofía de la Educación es una reflexión teórica y formalmente filosófica sobre el fin educativo es algo reconocido. Ahora bien, con respecto a la dimensión práctica que tiene puede ser que no sea del todo aceptado; en defensa de la dimensión praxiológica se arguye que la reflexión pedagógica ulterior es reglar la acción educativa. Por lo tanto, el carácter teórico-práctico de la Filosofía educativa consiste en que su objeto se encuentra en el orden del actuar y no primariamente del ser.  Ahora, esto no significa que es puramente práctica, eso sería a reducirla a una metodología o técnica, en otras palabras, implica no considerar que el actuar se fundamenta en el ser y desde allí se especifica. Además, cabe precisar, que esta disciplina filosófica constituye un aspecto sintético del quehacer pedagógico en referencia al actuar concreto y existencial del hombre, a saber, todo conocimiento que refiera a su situación sin caer en un mero resumen de otras disciplinas científicas, ya que como se señala anteriormente tiene su objeto y método (Vázquez 2012, p. 45).

La Filosofía de la Educación
y su relación con disciplinas filosóficas

Al desarrollar la relación de la filosofía educativa con otras disciplinas filosóficas, se quiere mostrar la complementariedad que hay entre ellas para comprender de modo más acabado al ser humano en su integridad, sobre su sentido y existencia. Ahora bien, la relación con la antropología filosófica, con una base metafísica, viene determinada por la acción educativa, la cual es un aspecto del ser humano inseparable de él, se relaciona con la dimensión individual y social que tiene, por lo tanto, ambas son dimensiones de una misma realidad (Fullat 1992, p. 19-23; Perelló 2007, p. 134) ;  en el que la filosofía educativa profundiza de modo metódico el acto educacional que realiza el hombre, en cuanto trasmite un contenido a otro, para que pueda alcanzar su fin (García 2003, n.17) ; en otras palabras, la antropología filosófica considera al hombre en cuanto ser y pretende comprender su naturaleza y principios constitutivos.

 Por otro lado, el vínculo de la filosofía educativa con la moral consiste en que ambas ciencias procuran que los actos voluntarios estén ordenados al bien; sin embargo, la Filosofía de la Educación lo hace de un modo particular, se preocupa de los actos voluntarios del educador y del educando, y no de todos los actos voluntarios del hombre como lo hace la moral (Martínez 2011, p. 50-57). En otras palabras, hay que tener en consideración que no hay acciones educativas sin valoración alguna, por ende, la Filosofía de la Educación no puede desentenderse de la moral ya que esta le exige al hombre que sus acciones se dirijan al fin último (Vázquez 2012, p. 46; Fullat 1992, p.105; Perelló 2007, p. 135). 

Leer segunda parte.

Referencias

Artigas, M. (2009): Filosofía de las Ciencias (2ª ed.). Barcelona, España: EUNSA.

Fermoso, P. (1982): Teoría de la Educación, una interpretación antropológica. Barcelona, España: CEAC.

Fullat, O. (1992): Filosofías de la Educación “PAIDEIA”. Barcelona, España: CEAC.

González Álvarez, A. (1963): Filosofía de la educación. Buenos Aires, Argentina: Troquel.

Hoyos, G. (2012): Filosofía de la educación. Madrid – España: Editorial Trotta, S. A.

Martinez, E. (2011): Ser y Educar, fundamentos de pedagogía tomista. Bogotá, Colombia: Universidad Santo Tomás.

Munita, E. (1996): Perspectiva Existencial del Hombre del Siglo XX. Concepción, Chile: Universidad Concepción.

Perelló, P. J. (2007): La Filosofía de la Educación como Saber Pedagógico. Shopia, Colección de Filosofía de La Educación ISSN-E 1390-86261, 129–137. Extraído de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5973012, consultado el 20 de Julio de 2015.

Vázquez, S. (2012): La Filosofía de la Educación, estado de la cuestión y líneas esenciales (2a ed.). Buenos Aires, Argentina: CIAFIC Ediciones.

Extracto del texto L. Rodrigo Camacho (2017). Síntesis de la Sistematización de la Filosofía educativa. En Revista de Filosofía, Universidad de la Santísima Concepción – Chile 16(1), p. 45-60. ISSN 0717-7801).

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por Rodrigo Camacho

Licenciado en Filosofía y Mg. En Educación Superior. Área de investigación: Filosofía de la Educación y Didáctica de la Filosofía. 10 años de Docencia en diversas instituciones de Educación Superior.

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