El placer y la tecnología, dos elementos que al juntarlos pueden ser gasolina para el adormecimiento de masas.

El origen etimológico de la palabra hedonismo proviene del griego hedone que significa placer y del sufijo ismos que se puede entender como cualidad o doctrina. En consecuencia, el hedonismo es la perspectiva en que el placer es lo único realmente bueno para la vida.

La mayoría de los hombres persiguen el placer con tal apresuramiento que, en su prisa, lo pasan de largo.

Sören Aabye Kierkegaard

El hedonismo no consiste en afirmar que el placer es un bien, ya que dicha afirmación ha sido de esta manera admitida por otras muchas doctrinas éticas muy alejadas del hedonismo, sino en considerar que el placer es el único y supremo bien. El hedonismo fue impulsado por el filósofo griego Epicuro de Samos quien vivió entre el siglo IV y III a.c. Estableció que, si bien es fundamental la búsqueda de placer, esta debe ser moderada, evitando de esta forma los excesos, pues estos generan un posterior sufrimiento. Por otro lado, los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, donde ambos deben satisfacerse con sabiduría, para poder llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual. Epicuro defiende el hedonismo y sostiene que el fin de la vida humana es el placer, pero no se trata sólo del placer material, sino que es más bien de índole espiritual y afectivo y, por tanto, tranquilo y duradero. (La filosofía epicureísta confirma que la filosofía debe ser un instrumento al servicio de la vida de los hombres, y que el conocimiento por sí solo no tiene ninguna relevancia si no se utiliza en la búsqueda de la felicidad.

Consideramos la tecnología como un bien, porque nos facilita el uso de aparatos tecnológicos para simplificar nuestra vida, desde un control remoto para cambiar canales en la tv, hasta dispositivos móviles que funcionan como agenda, calculadora, etc y que poseen herramientas que nos facilitan  nuestras actividades cotidianas, pero que por considerarlas importantes su uso, si nos va esclavizando de tal manera que podemos pasar de  6 a 12 horas en nuestro teléfono inteligente sin darnos cuentas que hemos sido esclavizado de forma tecnológica, y psicológica por el capitalismo, por una parte nos facilita y nos hace sentir muy bien y cómodos, es decir nos brinda una especie de felicidad, que luego se traduce en largos  periodos de uso, y por otra parte nos ensordece nuestra capacidad crítica.

La tecnología nos ha abierto un abanico de opciones para ver mucho contenido digital, series, películas, documentales, etc. que cada vez estas industrias se vuelven más feroces y están ampliando su mercado de consumidores. En la medida que estamos siendo absorbidos por la tecnología nuestra capacidad de cuestionar y reflexionar se va minimizando pues, nos volvemos personas menos criticas con nosotros mismos y con la sociedad cambiante de nuestro día.

El placer debería estar mas enfocada a forjar el espíritu de la vida, redescubrir la filosofía a través de los libros, amar la poesía, la pintura, a ilustrar el arte como esencia viva del placer que deleite nuestro sentidos, no solo por lo tecnológico, ni lo superfluo sino por evitar caer al abismo de lo cotidiano, del consumismo voraz, ser estadística del mercado, sino ubicar la tecnología como una herramienta útil capaz de transformar nuestra formación académica, robustecer nuestro sistema de ideas, y ser un faro de cambio en estos tiempos de incertidumbre académica, que nos rodean a una mediocridad  intelectual, que abanderan los medios de comunicación en la actualidad.

Artículo de:

Litzardo Rivas (autor invitado):

Abogado, escritor y poeta. Cojutepeque, El Salvador, C.A.

Imagen | Pexels

#Hedonismo

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!