Uno de los debates más pujantes dentro de la bioética es dilucidar el estatus moral de los animales no humanos, de forma que podamos demarcar si poseemos o no deberes morales hacia el resto de seres vivos. El estado de la cuestión puede resumirse en dos corrientes enfrentadas.

El primer grupo defiende un estatus moral único y exclusivo para los seres humanos, ya que existirían diferencias inabarcables entre unos y otros. De este modo, la consideración ética y, en consecuencia, los deberes morales estarían acotados a la raza humana y no al resto de animales.

El segundo grupo, por su parte, afirma que el estatus moral no depende tanto de las diferencias entre nosotros y el resto de animales, sino más bien en su capacidad de sentir placer y dolor. Así pues, los animales merecen consideración ética porque son seres sintientes, capaces de sufrir.

¿Qué es eso que debe dibujar la línea insuperable? […]La pregunta no es ¿pueden razonar? ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?

Bentham, J. (1789).

Mi posición es afín a esta segunda corriente que sostienen varios autores utilitaristas como Jeremy Bentham, Jonh Stuart Mill o Peter Singer. Si bien es cierto que esta propuesta no está libre de errores, es un marco que resuelve de forma mucho más satisfactoria la cuestión acerca del estatus moral de los animales tal y como trataré de mostrar a continuación.

El argumento de las personas

Cuando se niegan los deberes morales hacia los animales, la mayoría de argumentos se amparan en el concepto de persona debido a que tenemos compromisos éticos. El resto de seres vivos no son personas y no pueden poseer estatus moral, según esta posición. Aunque este planteamiento pueda parecer intuitivo genera una serie de argumentos sin salida tal y como veremos.

Por los motivos anteriores acotaré el primer bloque ideológico a la perspectiva del argumento de las personas, con el fin de facilitar la comprensión del debate, a pesar de que las propuestas en su totalidad sean mucho más ricas en cuanto a contenidos.

La cuestión es: ¿qué es ser una persona? Bien, persona es un estatus que se le concede a todos aquellos seres que cumplen una serie de requerimientos cognitivos, a saber, poseer autoconciencia, un lenguaje, ser racional o emplear la lógica, normatividad, regirse por principios morales y consciencia del tiempo y espacio.

Los individuos que posean esta serie de características entrarían dentro de la categoría de personas y, por lo tanto, poseerían inherentemente un estatus moral con sus respectivos derechos y obligaciones. El problema de este planteamiento es que deja fuera a algunos seres humanos, como a los bebés y pacientes en estado avanzado de alzheimer.

Por otro lado, existen animales que poseen estas capacidades, al menos en un estadio primitivo. Muestra de ello es el sentido de justicia en algunos primates, los ritos funerarios de los elefantes o la resolución de problemas lógicos por parte de córvidos y roedores. En los siguientes vídeos podremos apreciar estas capacidades tan asombrosas.

Esto nos lleva a la necesidad de conceder consideración moral a algunos animales y negársela a algunos seres humanos, lo cual es totalmente inadmisible desde cualquier punto de vista ético. Por ello es tan problemático el argumento de las personas, pues cualquier contrapartida que se quiera señalar acaba irremediablemente conducida al mismo callejón sin salida.

Tomemos, por ejemplo, dos casos paradigmáticos, tales como el de la normatividad y el derecho a ser considerado sujeto político. En el primer caso, suponemos que el ser humano es el único animal en el que sus acciones se originan por sus propios principios y razonamientos. Tras esto, aludimos al hecho de que los animales, por su parte, no poseen esta cualidad y, por lo tanto, no pueden ser considerados sujetos morales. Tenemos ante nosotros la misma horma del zapato, ya que hay personas que no se rigen por principios normativos, como por ejemplo un adulto en estado psicótico.

Por otro lado, en el segundo caso podemos señalar que, para otorgar un estatus moral a los animales, deben cumplirse una serie de obligaciones para disfrutar de sus derechos, aunque nuevamente existen seres humanos que, por incapacidades físicas o psicológicas, carecen de obligaciones, sin embargo sí poseen derechos.

La solución otorgada
por el utilirarismo

Ante esta problemática, el marco utilitarista es la opción más adecuada a la hora de vislumbrar el estatus moral de los animales. Ya que pone el foco de atención en la capacidad de sentir de cualquier ser y no en sus capacidades cognitivas.

El credo que acepta como fundamento de la moral, la utilidad o el principio de mayor felicidad, mantiene que las acciones son correctas (right) en la medida en que tienden a promover la felicidad, incorrectas (wrong) en cuanto tienden a producir lo contrario a la felicidad.

Mill,J.S. (2014)

Los animales son capaces de experimentar felicidad e infelicidad, por lo tanto en la medida en que la promoción de la felicidad es el fundamento de la moral, se deriva el hecho de que los animales también deben ser considerados moralmente.

El fin de la acción humana, también constituye necesariamente el criterio de la moralidad[…]Mediante la observación de los cuales podrá asegurarse una existencia tal como se ha descrito, en la mayor medida posible a todos los hombres. Y no solo a ellos, sino, en tanto en cuanto la naturaleza de las cosas lo permita a las criaturas sintientes en su totalidad.

Mill,J.S. (2014).

Al ampliar las obligaciones morales a cualquier ser sintiente, salvamos el muro de tener que poseer ciertos atributos para ser considerado moralmente. De esta forma, no es necesario excluir a ciertos seres humanos e incluir a algunos animales, dado que cualquier ser capaz de sentir placer y dolor es considerado moralmente. Por estos motivos considero que el marco utilitarista nos ofrece una respuesta más satisfactoria a la hora de decidir la consideración moral de los animales.

La mayor crítica que se le puede lanzar al utilitarismo es el hecho de que buscar generar mayor o menos felicidad no es algo objetivamente evaluable. Por lo tanto, ¿cómo podemos decidir si, por ejemplo, experimentar con un animal, está generando más felicidad que infelicidad? Este obstáculo lo considero insondable. A pesar de ello creo que el utilitarismo ofrece un excelente marco de referencia que nos permite, en primer lugar, otorgar consideración moral a cualquier ser sintiente; en segundo lugar, salvar el callejón sin salida al que nos conduce la concepción moral de las personas.

Por último, establece un punto de partida tanto para legislar, como para establecer los fundamentos para una moral que tenga en cuenta todos los seres de este planeta.

Mi intención ha sido en todo momento hacer un debate introductorio a la par que mostrar mi posición. No ha de tomarse esto como un resumen serio acerca del estado de la cuestión. Espero que os invite a pensar sobre la forma que tratamos a los demás seres vivos, gracias por vuestra atención.

Bibliografía

  • Gruen, Lori. (2003). The moral status of animals. 2017, de The Stanford Encyclopedia of Philosophy Sitio web: https://plato.stanford.edu/archives/fall2017/entries/moral-animal/
  • Bentham, J. (1789). An introduction to the principles of morals and legislation (p.122). Clarendon press, Oxford.
  • Mill,J.S. (2014) Utilitarismo (p.60 – 70). Ed. Alianza. Madrid.

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Artículo de:

Jon Ander Díaz (autor invitado):
Español. Graduado en filosofía y aficionado a escribir.

por autores invitados

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