El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red como el artículo más leído del mes de febrero del 2021.

Hay muchas anécdotas que jamás olvidaré del tiempo que estudié la licenciatura (en Filosofía, naturalmente), pero una que se me ha quedado grabada todos estos años y que a final de cuentas es la que atañe a este escrito es aquella que vivimos con nuestro maestro de Inglés. ¡Imagínense! Cuatro años aprendiendo tomismo y lo que se te queda grabado es algo de la clase de Inglés.

El teacher nos decía que, aunque estábamos por obtener un hermoso papelito que nos daba licencia para ser filósofos, realmente no necesitábamos permiso de nadie para pensar, cuestionarnos y reflexionar.

La idea nos gustó tanto que la volvimos a escuchar el día de la graduación, cuando le pedimos que fuera él quien nos dirigiera las palabras de despedida. En su momento sentimos un gran alivio al saber que, independientemente de nuestro título, lo que nosotros pudiéramos pensar sobre el mundo era válido y podía ser filosófico.

En alguna parte de la Fenomenología del espíritu, Hegel habla sobre el charlatán que usurpa el papel del filósofo; en el prólogo habla de quienes se quedan precisamente en el prólogo. Mientras leía pensaba; “Claro que sí, cómo de que no“, ¿pero no todos tenemos la posibilidad de pensar, cuestionarnos y reflexionar? Pareciera que la línea entre la filosofía como profesión y la filosofía como mero pensamiento sobre cosas profundas es muy delgada; sí queremos que todos reflexionen, pero tampoco queremos que todos se sientan los grandes filósofos.

¿Cuáles son los límites y alcances que tiene el pensar que existe una licencia para filosofar? Porque hay quien dice que más que estudiar Filosofía lo que hacemos es estudiar Historia de la Filosofía. Luego vámonos más lejos, ¿quién tiene maestría en Filosofía? Claro que el que tiene el título, ¿pero es el que filosofa con maestría? ¿Es el que filosofa más o el que filosofa mejor? Ya no vayamos con los doctores y posdoctores porque la cosa se sigue complicando.

No sé, es un tema que siempre me ha llamado la atención: el reconocer que hay estudios que legitiman el discurso, pero al mismo tiempo aceptar que la filosofía le habla a lo más profundo de nuestro ser (¿y qué es el ser?), por lo que filosofar es algo tan humano y natural como comer.

Hay muchas cosas que me impiden escribir y seguir el camino del guerrero filósofo: mi inseguridad, mi vericuetudo camino laboral, mi inseguridad, el no sentirme preparada y el estar oxidada… ¿ya dije que mi inseguridad? Pero ahora que se me ha dado la oportunidad de colaborar en este proyecto volví a pensar en las palabras de mi profesor: si tengo el permiso de las autoridades educativas, ¿por qué ni así sentía tener derecho a hablar o escribir de filosofía cuando es lo que más amo en la vida?

Imagen | Unsplash

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por Rebeca Marín

Mexicana. Licenciada en Filosofía. Sus temas favoritos son la epistemología, el trabajo y la aplicación de la filosofía en la cultura popular. Lee "la Fenomenología del espíritu" en su podcast Tras Hegel.

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