El conocimiento del Ser Perfecto a través de la verdad

Previo a mi lectura del Tratado de la Reforma del Entendimiento, si hubiese tenido que elegir un súper poder hubiese elegido volar. Hoy elijo diferente: mi súper poder sería distinguir siempre y sin excepción lo verdadero de lo falso. No hay para ello un hechizo, pero Spinoza nos presenta un camino que lo hace lograble. Y es así como su Método continúa.  

Habiendo ya expuesto el objetivo de la investigación de Spinoza, sus requerimientos, medios y el modo de percepción válido para alcanzarlo, me dispongo ahora a profundizar un poco más en el Método, del cual se realizó ya una breve introducción.

La idea innata

Para comprender el Método de Spinoza es necesario explicar qué es la idea verdadera. Spinoza otorga a los humanos lo que yo considero un súper poder: la idea innata. Esta idea innata es una idea verdadera que nos es otorgada; se encuentra en nuestra mente y de ella todo conocimiento emana (es decir, el resto de las ideas).

De esto son varias las posibles conclusiones que llaman mi atención: primero, al ser esta idea verdadera “otorgada”, se afirma sin lugar a duda, que la verdad, de hecho, existe; segundo, al no ser causada por nada en el exterior y al ser en su calidad de idea verdadera algo que ya pasó por el entendimiento, es quizás el mismo entendimiento quien la forma, lo que abre la puerta a muchas más dudas no sólo del origen sino de la misma definición de entendimiento (lo cual retomaremos más adelante); por último, y considerando una de las propiedades que el mismo Spinoza afirma corresponden a una idea, esta idea verdadera forzosamente tendría que tener un objeto, distinto de ella misma, de lo que es idea, lo que me lleva a preguntarme: ¿cuál es ese objeto? ¿es el mismo para todos los seres pensantes? Y, para fines prácticos, ¿cuál es esa idea?

Las primeras dos preguntas podrían contestarse con la respuesta de la tercera y por ello me aventuro a proponer una posible teoría (la cual, advierto, puede estar muy errada): si el entendimiento debe tornarse hacia la Naturaleza, si nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a su orden, si como requerimiento para el fin está el reproducirla al máximo y si todas nuestras ideas regresan a ella de una u otra forma, esta idea innata muy posiblemente es sobre la Naturaleza, o, bien, es la Naturaleza misma. Y si, siguiendo una de mis propias conjeturas, “Naturaleza” es igual a “Ser perfecto”, entonces nuestra idea innata sería otorgada por ella y sobre ella.

Al infinito y más allá

Al margen de lo anterior debemos señalar que esta idea verdadera, como instrumento del cual nos servimos para conocer, tiene dos súper poderes propios. El primero: es ella lo que nos hace comprender la diferencia entre una percepción verdadera y todas las demás. El segundo: es a través de ella que, como hemos mencionado, podemos conocer, ya que siendo idea verdadera lo es de un objeto, o lo que es lo mismo, es esencia objetiva de una cosa, por ende, está en condiciones de desencadenar una serie de ideas adicionales. Es decir, la idea verdadera puede convertirse en objeto de otra idea, y ésta de otra más y así hasta el infinito, como claramente Spinoza plantea.

Curiosa es aquí la mención del infinito, tema que nuestro autor tratará de varias maneras, en algunas de ellas dirigiendo nuestra atención, aunque no diciéndolo expresamente, hacia el hecho de que si nosotros, como esencias formales, nos encontramos en el entendimiento del Ser perfecto como esencias objetivas y el entendimiento del Ser perfecto es infinito, entonces esas esencias objetivas serán infinitas. Si toda esencia objetiva se comporta igual que el objeto del cual es esencia objetiva, entonces, ¿acaso esto equivaldría a que el ser humano y todo lo que existe en la Naturaleza también será infinito? Es importante mencionar que planteo esto claramente como una duda personal y no a manera de conclusión.

Espíritu: Fuerza y Guía

Pero retomando la idea verdadera, ésta será nuestra primera vía para dirigir a nuestro espíritu, es decir, será la norma para continuar investigando según ciertas leyes.

Por ella empezaremos a conocer en la naturaleza a través de cosas en relación con otras (o lo que es lo mismo, esencias objetivas en relación con otras), de las cuales se formarán otras ideas que a su vez tendrán relación con otras, y así sucesivamente como ya se ha mencionado. De esta manera iremos adquiriendo conocimientos y más instrumentos para llegar a nuestro fin. Para conocer la Naturaleza, de acuerdo con Spinoza, el espíritu deberá derivar todas sus ideas de aquella que es fuente y origen de la Naturaleza entera, de modo que ésta sea también fuente de las demás ideas.

Debo aquí hacer una pausa para subrayar que Spinoza enfatizará de manera muy particular la importancia de que nuestro espíritu conozca la Naturaleza, siendo ésta la única manera en la que se conocerá a sí mismo y sus fuerzas, sabrá hacia dónde dirigirse, conocerá las reglas de su orden y tendrá la habilidad de llegar al más alto grado, siendo éste, cuando su enfoque sea el Ser más perfecto.

Es propio mencionar aquí también que contrario a la activa labor que el espíritu está llevando a cabo, al alma no se le asignan actividades de la misma manera, pero no por ello se deberá inferir que ésta no es importante. Las referencias al alma en el texto son pocas, siendo esto porque el alma permanece pasiva en este proceso. Sin embargo, es de relevancia que el alma está intrínsecamente ligada a la idea verdadera, de donde parte absolutamente todo lo demás.

Aplicación del método

Dirijamos ahora nuestra atención al Método en sí, del cual no nos hemos olvidado. Éste se compone de cuatro pasos, de los cuales, desafortunadamente, Spinoza únicamente desarrolla el primero y parte del segundo.

Los pasos son:

  1. Distinguir idea verdadera de demás percepciones
  2. Establecer reglas para percibir según esta norma las cosas desconocidas
  3. Instituir un orden que nos ahorre inútiles fatigas
  4. Poseer idea del Ser más perfecto

Sobre el primer paso, y ampliando su objetivo, se trata de separar la idea verdadera de las demás percepciones para impedir que el espíritu confunda ideas falsas, forjadas y dudosas.

Paso 1: ¿Cómo distinguir la idea verdadera?

Se nos presentan en el texto varias “técnicas” (a falta de una mejor palabra) para identificar tanto la idea verdadera como todas las demás, sin embargo, a mi parecer, lo más importante es que Spinoza nos recuerda el poder y la responsabilidad que tiene nuestro espíritu en distinguir lo verdadero de lo falso, dándole la habilidad de concentrarse en una cosa para analizarla, deducir de ella en el orden justo y evidenciar fácilmente la falsedad.

Retomando las “técnicas”, algunas de éstas son:

  • “Necesidad e imposibilidad”: si la necesidad o imposibilidad de una cosa cuya existencia ignoramos nos fuera conocida, no podríamos forjar ficción ni idea falsa a propósito (la diferencia entre ficción e idea falsa siendo que ésta última implica asentimiento, es decir, que en el error no se ofrecen causas para inferir que no proviene de cosas exteriores).
  • Si la naturaleza de una cosa conocida implica existencia necesaria, es imposible el engaño sobre su existencia.
  • Los pensamientos verdaderos (contrario a los falsos) contienen objetivamente esencia de un principio que carece de causa y es conocido en sí y por sí. La falsedad consiste en afirmar de una cosa algo que no está contenido en el concepto que hemos creado de ella.
  • En el error mayor, aquel en el que las cosas están tanto en imaginación como en entendimiento, debemos apelar al conocimiento que tenemos de todas nuestras percepciones según la norma verdadera y someterlo a un examen.
  • Y en cuanto a la idea dudosa, aquella que no es la idea de la cosa en sí misma sino una segunda idea que ejerce la duda, no es más que la indecisión del espíritu de afirmar o negar si no estuviera frente a un objeto cuyo desconocimiento hace imperfecto el conocimiento.

Conclusión

Como consecuencia de esto, de una cosa concebida claramente y en sí verdad eterna no podemos forjar ficción; si la existencia no es verdad eterna hay que confrontarla con esencia y reparar en el orden de la Naturaleza; las cosas simples no pueden ser forjadas y las compuestas tampoco con tal que atendamos sus partes más simples.

Las ideas imaginadas provienen de que el espíritu sólo conozca una parte de la cosa, no distinga lo conocido de lo desconocido y atienda a la vez muchos elementos en cada objeto sin distinguirlos. La ficción nunca será simple, siempre será combinación de ideas confusas que corresponden a cosas y acciones diversas existentes en la naturaleza.

Bibliografía

Baruch, S. (2006). Tratado de la reforma del entendimiento. Argentina: Cactus

Anexo

Investigación realizada bajo los parámetros de SPEK

Artículo de:

Alejandra Ochoa (autora invitada):

Licenciada en Periodismo y Medios de Información. Aprendiz de filosofía.

Síguela en: linkedin

Imagen | Pexels

#Spinoza, #Verdad

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!