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El trabajo que aquí presento, apreciable lector, lo escribe alguien que muy recientemente incursiona en el mundo de la filosofía. Es mi intención que el esfuerzo en el puesto se vea reflejado, pero impedida por falta de recursos, producto de mi inexperiencia, debo reconocer sus carencias.

No me atrevería jamás a compararme con filósofo alguno; sin embargo, el Tratado de la Reforma del Entendimiento y el presente proyecto tienen algo en común: ambos son los primeros escritos de sus autores.

No hago esta advertencia con el objetivo de justificar la calidad de lo aquí contenido, sino por el contrario, para sincerarme, pues sé que no haré justicia al gran filósofo Baruch Spinoza.

Quisiera poder comparar y contrastar su pensamiento con el de otros, pero aún no cuento con información que me lo permita; hay una alta probabilidad de que se encuentren aquí términos que en un contexto filosófico son incorrectos; posiblemente esté lleno de fallas en cuanto a conceptos y errores de interpretación.

Por lo anterior te pido, lector, que tomes el presente escrito únicamente como una recapitulación de puntos que a mi parecer son importantes y conclusiones a las que he llegado a pesar de mi poca práctica en la materia.

Procuraré, ante todo, que éstas últimas, así como todas mis opiniones, ideas, inferencias y dudas sean identificadas claramente como tal, de modo que no haya lugar a confusión entre lo que nuestro autor expone y lo que yo propongo.

Espero puedas perdonar las rudezas e imperfecciones aquí contenidas, por lo que he redactado esta advertencia…por lo demás, disfrútalo. Hasta pronto.

La conclusión a este trabajo pueden leerla aquí.

Sobre el tratado de la reforma
del Entendimiento. Una miscible interpretación

[…] investigar si no habría algo que fuera un bien verdadero, posible de alcanzar y el único capaz de afectar el alma una vez rechazadas todas las demás cosas; un bien cuyo descubrimiento y posesión tuvieran por resultado una eternidad de goce continuo y soberano .1

Así introduce Spinoza lo que es de su interés investigar y se dispone a hacerlo no sólo motivado por una aproximación epistémica, sino por su propia alma intranquila. Como producto de sus primeras reflexiones concluirá que esa alegría pura debe estar en el amor a eso eterno e infinito que alimenta el alma.

Lo llamará, eventualmente, “perfección de la Naturaleza”; y este bien verdadero vendrá de la Naturaleza superior, aquella que surge del conocimiento de la unión que tiene la mente con la naturaleza entera. 

El Tratado de la Reforma del Entendimiento será, pues, el planteamiento que Spinoza hace sobre la necesidad de purificar el entendimiento para que conozca cosas de manera fácil, sin error y lo mejor posible. “Reformar” el entendimiento será indispensable para hacerlo más apto de conocer las cosas como es preciso, acción que dará nombre al mismo tratado.

En mi opinión, aunque palabras como “reformar” y “purificar” evoquen cambios radicales o procesos inclusive dolorosos, lo que en realidad Spinoza pretende es aprender a manejar el entendimiento que ya tenemos, a conquistar nuestra propia mente y ser nosotros quienes gobernemos sobre ella, de modo que tengamos presente en todo momento su poder, la llevemos a su máximo potencial y con ello podamos mejorar todo lo que hasta este momento de manera automática y no voluntaria se ha depositado en ella.

Ser perfecto

A lo largo del texto, Spinoza referirá al “Ser perfecto” una y otra vez (pocas veces otorgándole el nombre de Dios). Aludirá no sólo a la imposibilidad de negar su existencia, sino también al papel que juega para encontrar la verdad, su participación como causa de todas las ideas, cómo contiene y es contenido y la función que desempeña como brújula hacia la cual el espíritu deberá dirigirse.

A la par, utilizará en múltiples ocasiones lenguaje que sólo podemos clasificar como religioso. De lo anterior podría concluirse, tras una primera lectura, que Spinoza considera que esa alegría eterna proviene de conocer a Dios y que la Naturaleza será su medio. Sin embargo, creo necesario proceder con precaución ante esta aseveración y obligarnos a una segunda reflexión.

Si a estas nociones nos aproximamos con interpretaciones intelectuales y no con aquellas que apelan a la fe, nuestra lectura resulta muy distinta. El mismo Spinoza nos dará pistas sobre esto al mencionar, muchas más veces que a Dios, a la Naturaleza, su importancia y perfección, su privilegiada posición al hacerla objeto de estudio y proveedora del orden buscado.

Dos podrían ser las conclusiones de lo anterior: o bien Spinoza otorga a Dios la más alta perfección y es Él lo que está tratando encontrar, o bien, la dedicación a Dios es meramente la confirmación de la existencia de esa alegría pura, siendo ésta, el entendimiento de la Naturaleza misma. En este último escenario sería entonces la Naturaleza ese Ser perfecto.

Requerimientos y medios

En cualquiera de los dos casos, la finalidad de Spinoza consiste en adquirir esa Naturaleza superior y hacer cuanto pueda para que otros la adquieran. Un objetivo, a mi parecer, tanto ambicioso como altruista. Para llegar a este fin nos menciona varios requerimientos, a saber, comprensión de la Naturaleza que baste para adquirirla, construir una sociedad como se requiere para que el mayor número de personas lleguen a este fin y dedicarse a la filosofía moral, educación, creación de la medicina perfecta y a la mecánica. 

Hay, además, medios para alcanzarlo: conocer nuestra naturaleza que queremos perfeccionar y la Naturaleza de las cosas para inferir así diferencias, semejanzas y oposiciones que nos permitan concebir lo que se puede y no hacer con ellas a fin de comparar ese resultado con la naturaleza y poder del hombre, vislumbrando así la perfección a la que éste puede llegar.

Nada de lo anterior se supone fácil. Mucho menos cuando hablamos de perfección. Resulta difícil no sólo llegar al fin, sino empezar siquiera a identificar los conceptos mencionados, y por ello, retomando lo mencionado en líneas anteriores, es necesario reformar nuestro entendimiento.

Modos de percepción

En esta misión, Spinoza inicia por hacer una evaluación de nuestros modos de percibir con el fin de elegir el más apropiado. Tres modos son desechados (conocimiento de oídas, por experiencia vaga y aquel en el que la esencia de una cosa se infiere por otra); y uno solo es aceptado como válido: la percepción en la cual la cosa percibida lo es por su sola esencia o por conocimiento de su causa próxima. 

Surgen de lo anterior varias dudas en mí. Primero, el conocimiento por experiencia vaga (siendo en mi opinión “experiencia vaga” un término muy engañoso ya que fácilmente podría ser sustituido por “experiencia muy familiar” o cualquier otro término que denote cercanía) es conocimiento del que tenemos certeza.

Siendo que el mismo Spinoza define la certeza como esencia objetiva misma, entonces, ¿por qué deshecha este modo? Sobre el tercer modo (esencia de una cosa inferida por otra), si finalmente lo que se busca es conocer por esencia y este modo de hecho la encuentra, ¿por qué también lo deshecha?

Por último, si como señala, es de su interés compartir sus planteamientos y propuestas con las demás personas e incluso hace referencia en sus reglas para vivir a “hablar como el vulgo” para encontrar “oídos que quieran escuchar” ¿Cómo pretende que el vulgo lo entienda si él mismo nos advierte que el modo “de oídas” no es válido para el entendimiento? Posiblemente por medio del método. 

Inicios del método

Sabiendo que por el momento mis preguntas me mantendrán en suspenso a falta de respuesta, prosigo con el siguiente paso propuesto en el Tratado: elegir este Método de investigación por el cual se llegará a conocer la verdad y los instrumentos que permitirán ir avanzando. A lo largo del texto Spinoza agregará más y más características a la definición de su Método.

Para fines de este trabajo, y parafraseando las palabras de nuestro autor con elementos de varias definiciones que otorga, podemos decir que el Método es aquel que muestra al espíritu cómo debe ser dirigido de acuerdo con la norma de la idea verdadera dada del Ser más perfecto, a través de las esencias objetivas de las cosas, en el orden debido.

Reconociendo que esta larga y pesada definición nos podría desalentar de perseguir el fin planteado, me permito aclarar que puede fácil y de manera precisa reducirse a que el Método no es más que “el conocimiento reflexivo de la idea de la idea”. Es decir, reflexionar sobre la idea verdadera nos llevará a nuestro fin.

La conclusión a este trabajo pueden leerla aquí.

Notas a pie de página

Baruch, S. (2006). Tratado de la reforma del entendimiento. Argentina: Cactus. p. 22

Bibliografía

Baruch, S. (2006). Tratado de la reforma del entendimiento. Argentina: Cactus

Anexo

Investigación realizada bajo los parámetros de SPEK

Artículo de:

Alejandra Ochoa (autora invitada):

Licenciada en Periodismo y Medios de Información. Aprendiz de filosofía.

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Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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