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ancianos

Respetar las canas es un valor más o menos universal, pero hay sociedades que tienen más arraigo por él. En este sentido las sociedades latinas tenemos mucho más cercanía con la mentalidad china que por ejemplo, con la estadounidense, con su culto a la juventud y su tendencia a salir del seno familiar muy pronto, así como con su proliferación de “casas para ancianos” que bajo la óptica china o latina, se usan de forma indiscriminada. La cultura china está totalmente del otro lado del espectro —más allá incluso que los latinos— en cuanto a la importancia de la cercanía familiar y al lugar del anciano en su jerarquía. Y aquí me refiero a las sociedades latinas modernas, porque tradicionalmente también han seguido una pauta muy similar, con tres y cuatro generaciones viviendo juntas frecuentemente.

En China, el amor filial (孝, xiào) es una de las virtudes más importantes y definitorias de su cultura. Fue codificada formalmente en el s. IV a.C. en el Libro del Amor Filial (孝經 , Xiàojīng), que es una conversación atribuida a Confucio y Zengzi (曾子), uno de sus estudiantes; pero aunque es el libro más importante del tema, no es de ninguna manera el primero que subraya la importancia de esta virtud, que ha sido adaptada al vocabulario confuciano, budista y taoísta; y a las teorías de gobierno y ética social. Por milenios ha sido parte fundamental de la educación formal e informal, apareciendo como la moraleja más frecuente en cuentos y leyendas.

En las Crónicas de Primavera y Otoño (春秋左传, Chūnqiū zuǒ chuán), un libro más antiguo y que por milenios fue parte esencial del estudio de todo erudito y oficial de gobierno, hay numerosos pasajes como este:

Cuando el Rey de Chu… realiza una promoción, no se olvida de considerar la virtud de la persona; reparte recompensas de acuerdo a los méritos; es benévolo con los ancianos; y ofrece abrigo a los viajeros…por lo que las reglas de conducta honorable es sostenida.

El más alto respeto debido al anciano ha sido considerado como muestra de conducta honorable, y en un país donde se gobierna bien, “No hay ancianos cargando pesadas cargas por los caminos”. En el Libro de los Ritos (禮記, Lǐjì), otro clásico de igual importancia que las Crónicas y también anterior al Libro del Amor Filial, se encuentra el bellísimo capítulo de “La Exaltación de la Vejez”, que vale la pena citar en abundancia:

Los Reyes Antiguos tenían cinco principios con los cuales gobernar todas las cosas bajo el cielo: honrar a los hombres de virtud; honrar a los nobles; honrar a los ancianos; respetar a los mayores y cuidar de los jóvenes.

Ninguno de los reyes justos descuidaba el exaltar a los ancianos. De hecho, en la corte, de aquéllos que tenían el mismo título de nobleza, los más ancianos eran más estimados. Si un oficial aún cumplía sus funciones a la edad de 70 años, tenía el privilegio de entrar a la corte con un bastón; y si el soberano lo consultaba, tenía el privilegio de permanecer sentado. Cuando un oficial aún estaba en su puesto a la edad de 80 años, no tenía que atender a la corte; y si el soberano deseaba consultarlo, él mismo tenía que ir a la residencia del anciano.   

En el camino, un hombre joven no debía caminar hombro a hombro con un anciano, sino que le debía seguir unos cuantos pasos atrás. Al encontrar a un anciano caminando o en su carruaje, el joven se debía hacer a un lado para dejarlo pasar. Un hombre joven no debía quedarse sin hacer nada si veía a un hombre de cabello blanco llevar una carga pesada sobre sus hombros.

En el campo… aquéllos de edad avanzada o aquéllos que se encontraban en predicamentos no debían ser abandonados. Un hombre de más de cincuenta años ya no debía de participar en la cacería, sino que se les daba más tiempo para jugar y entretenerse. En el ejército real, de aquéllos que tenían el mismo rango, el de mayor edad era considerado como el superior.

De esta forma, los principios de piedad filial y de respeto a los mayores empezaban en la corte y se extendían a los caminos, al campo, a la cacería y al ejército. Así, la gente estaba lista para morir por estos principios, y nadie se atrevía a atacar a un país como éste.

Se dice que alrededor del 2300 a.C., el mítico Rey Yao (陶) heredó su trono a su súbdito Shun (舜) en lugar de a su propio hijo, al ver el amor filial que veía en el primero. En otro caso, el consejero Jiang Ziya (姜子牙, s. 11th a.C.) era un anciano de más de 70 años cuando el futuro fundador de la Dinastía Zhou (周; 1029-771 a.C.) fue a rogar por su consejo para poder destronar al corrupto rey de la moribunda dinastía Shang (商; 1600-1029 a.C.). El famoso poeta Su Dongpo (苏轼东, 1037-1101) iba en camino a la capital para recibir su investidura oficial cuando en el camino se enteró de la muerte su madre, por lo que regresó a su pueblo a completar los tres años de luto que eran parte de la tradición. Lejos de perder su nombramiento, tal acción redobló la estima por él en la corte.

Muchos comentaristas han querido ver en la exaltación del amor filial una simple forma de apuntalar el respeto a las rígidas jerarquías sociales, con el emperador como el “padre del reino”, y aunque no falta razón a tal interpretación, es un punto de vista que empieza más bien a partir de la implementación del confucianismo como ética de estado con fines políticos, pero el sentimiento en sí mismo es muy anterior, formando parte —junto con el culto a los ancestros— del carácter cultural chino más íntimo. Es cierto que en el imaginario chino prácticamente no existen historias de la rebelión contra el padre, al estilo de los Dioses Olímpicos destronando a sus ancestros los Titanes, una imagen que es cara a Occidente. Cuando los emperadores chinos han sido destronados y hasta ejecutados, la rebelión es justificada como un ataque en contra de alguien que se ha corrompido y perdido el “favor del Cielo”, pero no como un intento de subversión de las “jerarquías naturales”.

Hasta aquí he mencionado libros clásicos, que eran para estudio de gente con aspiraciones oficiales; pero la moraleja ha sido multiplicada en todos los libros importantes de enseñanza elemental a lo largo de la historia. Los cuentos de los “24 Buenos Hijos” (二十四孝; ershísì xiào) es un compendio de ejemplos de amor filial de varios periodos históricos, que la gente ha llegado a reverenciar y a tomar como modelos a seguir. De entre estos relatos, quizá la más famosa sea la conmovedora historia de Meng Zong (孟宗), que encuentra retoños de bambú entre la nieve para su anciana madre.

En Consejos para los Pequeños Estudiantes (弟子规, Dì zǐ guī; s. XVII), uno de los libros de enseñanza elemental clásica más importantes, la primera oración dice:

Los consejos para pequeños estudiantes son las enseñanzas de los sabios.

Lo primero es respetar a los padres y los mayores;
lo siguiente es ser honorable y digno de confianza.

弟子规,圣人训,首孝悌,次谨信

Dì zǐ guī, shèng rén xun.  Shǒu xiào tì, cì jǐn xìn.

Esta milenaria tradición fue trágicamente subvertida en la China continental durante esa locura colectiva que fue la Revolución Cultural (1966-1976) en la que todo lo “tradicional” era visto con sospecha, y el ancestral respeto a los mayores fue sustituido por un rechazo desquiciado y extremista. Películas como To Live (1994) de Zhang Yimou, retratan algunos de los tristes excesos de ese periodo.

Pero tras de despertar de ese mal sueño, China ha regresado a su milenaria tradición. En la sociedad moderna, las “Asociaciones de Ancianos” se dedican a organizar todo tipo de actividades para gente retirada, y es común que en fines de semana ó días de asueto, algunos de los grupos más numerosos que pasean por los sitios turísticos son tropas de gente mayor con gorras de colores para distinguir su grupo, siguiendo a un guía que agita la bandera de su asociación. Los parques está de nuevo llenos de los abuelos que pasean a sus nietos y usan los ubicuos implementos públicos de ejercicio, mientras los padres se afanan en sus trabajos.

Sin embargo hay algunos nuevos giros en la China contemporánea: la acelerada industrialización y construcción de infraestructura ha causado, entre otras cosas, migraciones masivas de las zonas rurales a los centros urbanos; y esto ha dejado a muchos ancianos solos por largos periodos de tiempo, pues sólo pueden ver a sus hijos cuando los visitan en Festival de Primavera. De modo que ahora el énfasis del discurso público es el “regresar a casa a visitar a tus padres” (回家看看, huí jiā kàn kàn) y podemos ver canciones con ese tema, conmovedores anuncios televisivos y hasta intentos de regulaciones que “obliguen” un poco a la gente a estar al pendiente de sus padres.

El círculo se cierra de nuevo. China no puede dejar de lado esa virtud que forma parte de su código genético.

Referencias

Zhou, Xingsi. El Libro de las Mil Palabras (A. Araujo, trad.). Buenos Aires: Quadratta, 2015. pp. 42-43.

Zuo, Qiuming. “Una batalla entre los ejércitos de Jin y de Chu”, en Crónicas de Primavera y Otoño (A. Araujo, trad.). Buenos Aires: Quadratta, 2014. p. 64.

Dai, De et al. “Los cinco fundamentos de los reyes antiguos para gobernar el mundo”, en El Libro de los Ritos (A. Araujo, trad.). Buenos Aires: Quadratta, 2014. pp. 51, 55-56.

Edward Wong. A Chinese Virtue Is Now the Law. New York Times. July 2, 2013.

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Alfonso Araujo (autor invitado):
Originario de Monterrey, México. Ingeniero Industrial y Músico. Radica en China desde el 2000. Ha traducido algunos libros clásicos chinos al español. Es director del IHUB TEC (plataforma de colaboración tecnológica entre China y Latinoamérica).

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