Hoy, 7 de marzo de 2021, a pocas horas de convertirse en 8 de marzo, día en el que se conmemora la perdida y represión de millones de mujeres por causa del patriarcado.

Comenzaré diciendo que yo, María Fernanda, que me reconozco como feminista desde los 11 años, que soy amante de las revoluciones, peleonera y científica social, me encuentro profundamente triste por no poder ir a marchar con mis compañeras el día de mañana, por no poder descargar esta rabia que cargo dentro y que me acongoja el alma. Hoy me escribo a mí, pero también a ti: feminista que no va a marchar.

Quizás te sientes culpable, egoísta o farsante, como si fuera una incongruencia que este 8 de marzo decidas no asistir con nuestras hermanas, como si no merecieras la lucha que ejercen ahí.

La verdad es que no conozco tus razones, pero deja te platico las mías: cuando inició esta pandemia que a todos nos vino a mover la existencia, regresé al pintoresco Estado de México después de años de haber vivido sola y – para ser honesta – preocuparme sólo por mí. Cuando regresas a la vida familiar hay varias cosas que sacuden tu normalidad, pero creo que la más importante es la co-responsabilidad, es decir, y en términos burdos, “lo que haces tú le jode al otro”.

Esto tomó una relevancia importante debido al COVID-19; todos mis familiares me importan, pero de entre todos destaca una: mi mamá, que lleva dos años enferma de cáncer.

Es ahí donde se desenfrenó mi dilema. Por un lado, encontraba este deseo de acompañarlas porque me queda claro que las voces de todas en conjunto es lo que nos ha hecho tan fuertes, nosotras somos lo único que tenemos ante el abandono social y político y son ustedes las que me inspiran y me hacen creer que en verdad podemos cambiar las cosas; por otro lado, traigo este emperramiento atorado en la bilis causado por la indignación de que 11 mujeres desaparezcan al día, de que un violador contienda por una posición de poder en el Estado como lo es una gubernatura, que nuestro presidente no conozca el significado de “Pacto Patriarcal”, que la oposición sea una sandez del oportunismo ideológico apropiándose de discursos y luchas feministas, que desde que empezó la pandemia la violencia contra las mujeres haya aumentado aún más, ¿por qué?, porque el agresor puede estar en tu casa, que en mi entorno cercano me siga encontrando con micromachismos y agresores, aunque ya todos andemos muy deconstruiditos, según…

Pensaba que en la otra esquina estaba mi preocupación por contagiarme y, por ende, contagiar a mi mamá, pero no, no es la otra esquina, porque preocuparme por la mujer más importante de mi vida es también mi forma de manifestarme en contra de la historia sistemática que nos abandona y eso es lo que te quiero decir hoy.

Siempre hay razones para no ir a una marcha y tú tienes la tuya, no te hace una mala feminista tenerla. Manifestarse o no es un derecho y el feminismo no busca establecer un prototipo de lo que la mujer tendría que hacer para ganarse dignidad y derechos, de ser así estaríamos hablando del patriarcado. Tal vez, te dio miedo contagiarte de COVID-19 y afectar a algún ser querido, tal vez te dio miedo ir porque sabes que el Estado y los opositores al movimiento serán agresivos, tal vez tus amigas no van y no quisieras sentirte sola, tal vez tienes trabajo, hijos en casa, tal vez simplemente no es tu estilo, en fin, la razón que tengas para este año no haber asistido no te hace menos feminista, pues este aboga por la libertad y toma de decisión individual.

Le aplaudo enormemente a las mujeres que estén marchando, yo también quería ir y expresar todo lo que me asusta, enoja y exijo, –admito– claro que quería ir a rayar un par de monumentos. Igual que tú quería, pero ahora me doy cuenta que asumir la lucha feminista, de entrada, ya es un acto de rebeldía el cual puedes manifestar en varios tipos de resistencia. Sí, la marcha es quizás la más grande en cuanto a impacto social, pero aceptar tus dificultades, miedos y, por supuesto, también tus aciertos y fortalezas, actuar desde tu propio entorno es también lo que busca el feminismo, que tomemos nuestras formas diversas de ser mujer y formemos una lucha colectiva, pero no homogénea. Si algo nos ha enseñado la pandemia es buscar otras alternativas para realizar actos sociales.

Así que no, compañera feminista, no estés triste ni tampoco sientas culpa, ve el canto de tu espíritu y manifiesta tu ideología y nuestra lucha en este camino a la obtención de derechos e igualdad social desde tu contexto, que nuestras voces se unan en coro con las que están tomando las calles que nosotras estamos tomando nuestros contextos y eso es igual de valioso porque, mientras lo hacemos, honramos a las que el suyo les ganó y también dejamos claro que estamos presentes y que no se nos puede invisibililizar en él.

Haz todo lo que puedas, que eso ya hace muchos cambios, y que lo que no puedas hacer no derrumbe tu vitalidad, para eso estamos las morras y el movimiento feminista, no para que seamos perfectas y eternas guerreras, sino reconfigurarnos constantemente y que nuestras diferencias en actuar y en composición nos avancen en la lucha.

Publicado originalmente en el blog personal de la autora el 8 de marzo de 2021.

Imagen | Blog de Mafer Alarcón

Artículo de:

María Fernanda Alarcón (autora invitada):
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), feminista mexicana y desobediente innata.


por autores invitados

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