Es indudable la grandiosa aportación de los filósofos al pensamiento occidental. Por lo general, destacan como personajes excesivamente serios, intelectuales y adustos, pero en realidad, en muchos casos, fueron personas con experiencias llamativas dignas de ser contadas. Esta es la razón del título de este post. El mentidero es una expresión española que alude a un lugar de reunión para destacar, chismorrear, rumorear y hacer algún chascarrillo de actualidad. Hoy toca comadrear a Agustín de Hipona.

Se cuenta, se dice, se rumorea por ahí que Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste (norte de África). Fue hijo de Patricio y Mónica, quien tras su muerte fue considerada una santa. Se comenta que gran parte del reconocimiento de su santidad es porque rezó durante muchos años por la conversión de su esposo y de su hijo.

En los primeros años de Agustín su familia disfrutaba de ciertas comodidades. Esta fue la razón por la que nuestro protagonista, ya desde pequeño, gozaba de una buena educación y una vida cómoda. Su aprecio hacia lo intelectual fue adelantado gracias a la atención de un profesor particular. Más tarde completaría sus estudios en Madaura. Sin embargo, la familia pasó por una mala racha y su situación económica empeoró. De este modo, regresaron a Tagaste, siendo Agustín un adolescente. Ahí es donde comienza una frenética vida basada en la consigna: “disfruta de la vida”. Es decir, ocio puro y duro.

Su vida de juventud:
un ladrón y un playboy

Se rumorea por ahí que cuando tenía 16 años que, junto a otros compañeros de canalladas, robaron todas las peras del árbol de su vecino y las arrojaron a unos cerdos. A simple vista parece una bribonada poco maliciosa, pero Agustín reconoce en “Confesiones” que en su mente había una larga sombra que le incitaba a hacer el mal. Afirmó, “el robo de las peras nos complació mucho más porque estaba prohibido”. En cierto modo, había degustación por el lado oscuro, y así comienza su escalada de vicio sucesivos.

Agustín también destacó como playboy ya que en su adolescencia llevó su obsesión por las chicas a un nivel estratosférico. A la edad de 16 años explica: “el frenesí había hecho mella en mí y me rendí por completo a la lujuria”. Su obsesión por el sexo creció en él tanto que le acompañó hasta ya entrada la treintena. Sin embargo, durante su etapa como universitario mantuvo una relación de casi diez años con una mujer con la que no llegó a casarse.

Padre de hijos
fuera del matrimonio

La idea de no casarse con la amante y madre de su hijo llama la atención, sobre todo porque ni siquiera nos llegó a facilitar su nombre. De su hijo sabemos que se llamó Adeodato y estuvo al lado de ambos cuando su floreciente carrera lo condujo a Roma. Incluso allí sabemos que siguió negándose a ser un hombre comprometido. Finalmente, esta pobre chica decidió sensatamente abandonarlo y rehacer su vida al lado de su hijo, lejos de Agustín. “Ella era más fuerte que yo”, reconoció.

Hombre de muchas mujeres
y pocos compromisos

Tras el abandono de la madre de su hijo y el impacto que esto le ocasionó, se rumorea que a Agustín se le ocurrió casarse con una chica muy joven. Es decir, decidió complicarse más. De hecho, era tan joven que tuvo que esperar dos años para que esta tuviera edad de casamiento. Y claro, esto era mucho tiempo. De modo, que entendió que lo mejor era buscarse otra amante para pasar el tiempo de espera. Escribe él mismo que estaba “impaciente por el retraso” y que era “un esclavo de la lujuria”. Así de desesperado estaba nuestro futuro santo. Había perdido la capacidad de diferenciar el deseo físico del deseo amoroso.

En esos años se fragua la actitud hedonista de Agustín. De hecho, esto le torturará en el futuro. Él mismo reconoce que si bien no fue un santo, tampoco fue un hombre malvado como tal. Eso sí, el comer y el beber no le son ajenos los placeres de la carne. Confraternizó con compañías extravagantes y disfrutó de la popularidad, la atención de los demás y las ventajas de cometer ciertas triquiñuelas… En definitiva, un joven, ni más ni menos.

Rompió el corazón
de su madre

Todas estas elecciones vitales desastrosas en las que destacó Agustín empeoraron mucho más. No solo cayó en una vida de total libertinaje, sino que por culpa de sus malas decisiones causó daño a los que le rodeaban. Entre ellas destaca sin duda su madre. Una mujer que vivió desconsolada por las aventuras y desventuras de Agustín. Probablemente se habría preguntado qué podía haber hecho mal para criar a un hijo así de vicioso y desastroso.

Incapaz de controlarle, le suplicó que, al menos, no sedujera a ninguna mujer casada. Por esta razón, al ver el camino que estaba tomando su madre decidió pedir ayuda a su amigo Romaniano quien se encargó de trasladar a Agustín a Cartago para que siga estudiando.

Un joven “disfrutón
convertido al cristianismo

De su vida de conversión se sabe que fue bautizado a una edad adulta. Su madre fallece en ese mismo año. Tras esa pérdida crucial en la vida de Agustín, y habiéndose convertido al cristianismo, se enclaustra en un monasterio durante una pequeña temporada para reflexionar.

Años más tarde es ordenado sacerdote y cinco años después fue ordenado Obispo de la diócesis de Hipona a la edad de los 34 años. El 28 de agosto del año 430 a los 72 años, de los cuales había pasado casi 40 consagrado al servicio de Dios, fallece.

Más allá de lo que podamos chismorrear de la vida de Agustín hay que reconocer que todavía hoy es uno de los pesos pesados de la historia de la filosofía. Su gran aportación al pensamiento fue haber puesto en contacto la filosofía griega con la dogmática cristiana, ambas piedras angulares de la civilización occidental. De ahí, que podamos señalar dos grandes aportaciones. Por un lado, apuntó intuiciones que Descartes y Darwin configuraron en sus respectivas propuestas siglos más tarde. Y, por otro, consiguió crear un sistema de pensamiento que aglutinaría teorías de muy distinto signo, dándoles un aspecto homogéneo.

Artículo de:

Óscar Bethencourt (autor invitado):

Doctor en Filosofía y Licenciado en Teología. Natural de las Islas Canarias pero residente en Madrid. Actualmente, es profesor de Filosofía y Religión en la educación secundaria.

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Imágenes | Biografías y vidas, Wikipedia

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por autores invitados

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