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China tiene una importante ventaja en cuanto a la percepción de la educación: por milenios su cultura le ha dado el valor más alto a la misma como forma más deseable de movilidad social; y en su historia hay una larguísima lista de personas de orígenes muy pobres, que se aprovecharon de esta idea y de su sistema social meritocrático, para alcanzar posiciones elevadas dentro del gobierno y las letras. Junto a este altar en el que se ha puesto a la educación, está la idea del trabajo duro y la dedicación, pues es una sociedad que siempre ha sido en extremo competitiva.

Pero antes de proseguir recordemos una famosa moraleja china:

A un viejo chino se le perdió un caballo. Sus vecinos se conmiseraron de él.

Él contestó, “¿Cómo saben que es algo malo?”

Más tarde, el caballo regresó, y trajo a cinco caballos más con él. Los vecinos felicitaron al viejo.

Él dijo, “¿Cómo saben que es algo bueno?”

Su hijo, con tantos caballos, empezó a montar muy seguido, y un día cayó y se rompió una pierna. Los vecinos llegaron a mostrar su tristeza.

El viejo repitió, “¿Cómo saben que es una desgracia?”

Se desató una guerra, y los oficiales llegaron a la aldea a reclutar jóvenes. Como el hijo estaba con la pierna rota, lo dejaron en paz.

Esto nos da pie a preguntar: si bien es envidiable esta generalización del amor a la educación; el anverso del tema es que el estilo educativo chino tiene un problema también milenario: su rigidez, falta de espontaneidad y nulo cultivo de pensamiento crítico. Por un lado, vemos en años recientes que las multitudes de estudiantes chinos que salen a las universidades del mundo ganan rutinariamente los primeros lugares en calificaciones, pero por otro lado la mentalidad de repetición y falta de creatividad es un problema que aqueja a su sistema de forma crónica.

Li Lanqing, ex-Ministro de Educación y responsable de la primera fase de la Reforma Educativa (1993-2003) lo expone en su libro “Education for 1.3 Billion”, cuando habla francamente de la sobrecarga de trabajo en las escuelas:

Este es un problema que parte de nuestro modo de pensar. A todo lo largo de la historia feudal de China, generación tras generación se han grabado profundamente en nuestras mentes frases como ‘Ser un erudito es estar en lo más alto de la escala social’, ó bien ‘Estudia los libros y tendrás una casa dorada y bellas esposas’. Las historias de estudiantes diligentes… vienen de la antigüedad, y en aquel entonces el pasar los exámenes imperiales era la única vía a la carrera de oficial. Hoy se ve a la universidad como vía de tener una mejor vida, pero la intensa competencia… hace que los alumnos se ahoguen en un mar de trabajo… y que terminen con problemas sicológicos.

Los exámenes imperiales a los que se refiere Li tienen su expresión moderna en el temible Gaokao, los dificilísimos exámenes de selección para la universidad que producen la  infame presión mencionada; y aunque realmente las reformas educativas de 1993 a la fecha han modernizado el sistema drásticamente y para bien, no es fácil deshacerse de varios milenios de estudiar por medio de la repetición y memorización.

Si bien es cierto que estos métodos son ideales para crear vastas cantidades de personas con técnica excelente para aprender, reproducir y refinar, en nuestros días suponen un reto formidable en un ambiente de cambio continuo y de valorización de la creatividad. La improvisación y la creatividad individual, que siempre son miradas con un poco de recelo en todas las culturas, tienen un campo mucho más difícil para su crecimiento en China, en donde el aprendizaje de fórmulas y respuestas preestablecidas es lo que siempre ha contado más en los exámenes. Un ejemplo son los antiguos Ensayos de Ocho Patas, una forma de texto académico que si bien se suponía que era para elaborar un tema de forma libre, era tan restringido que a la larga sólo permitía hacer textos intrincados y perfectos en lo técnico, pero sin ninguna aportación original, tan sólo repitiendo y embelleciendo “ideas aceptadas” que variaban poco a través de los siglos.

En lo general, Occidente con su idealización del individualismo siempre ha celebrado la imagen del genio excéntrico. En China, ser un genio siempre ha sido más maldición que otra cosa, por el reto adicional de estar en una sociedad tan estricta en sus formalismos y en su reticencia al cambio; no es casualidad que dinastía tras dinastía haya tenido sus “sabios-locos” que si bien a la distancia son apreciados, es común que en vida hayan decidido retirarse de la vida pública y buscar la soledad como Tao Yuanming (365-427); o bien la compañía de otros bohemios inconformes, como los Siete Sabios del Bosque de Bambú (s. III). Muchos grandes poetas, pintores y filósofos que rompieron con las técnicas o pensamientos clásicos enfrentaron obstáculos mucho mayores que sus pares en Occidente, y algunos grandes genios como el pensador Wang Chong (27-100) nunca pudieron ser apreciados, por el hecho de no ser clasificables en ninguna de las tradiciones principales, y haber terminado siendo considerados “heterodoxos”, la clasificación que a nadie llama la atención. “Discursos Críticos” (Lùnhéng) de este autor, es una de las obras más originales de la filosofía china, que a lo largo de dos milenios ha sido apreciada por tan sólo unos cuantos.

Ahora bien: tengo un par de ex-alumnos chinos que en 2003 se fueron a Estados Unidos a hacer doctorados en química, lo cual por supuesto no es cualquier cosa. Pero una vez allá, en una universidad prestigiosa y con carga completa de trabajo, se aburrían… ¡por tener demasiado tiempo libre! Esto es, comparado con lo que estaban acostumbrados en China, aquello les parecía tan poca cosa, que terminaron estudiando y aprendiendo alemán al mismo tiempo que completaban su doctorado.

Cada vez hay una cantidad mayor de estudiantes chinos que como ellos, salen a tener una educación más internacional, y la verdad es que muchos terminan apreciando la mayor flexibilidad y el mayor aliciente para explorar la creatividad y la opinión individual. Pero el sistema chino —con las mejoras que se van introduciendo lentamente— sigue conservando una rigidez que quizá es buena para matemáticas o física, pero que va en rápida obsolescencia en muchas otras áreas. Quienes deciden quedarse en el extranjero se adaptan y mezclan lo que se puede decir “lo mejor de dos mundos”, pero muchos de los que regresan se enfrentan a choques culturales en su propio país.

Poco a poco, sin embargo, se ve que los educadores chinos aceptan la necesidad se modernizar su sistema. Ya desde los 90s el Ministro Li hablaba de “rejuvenecer” los currículums y los métodos de enseñanza de forma extensiva y sin precedentes, y se han hecho multitud de pruebas piloto en escuelas especiales en Shanghai, Beijing y otras ciudades de primer nivel, con resultados alentadores. Las escuelas internacionales son otro importante aunque limitado factor de cambio, que dan acceso a ambientes multiculturales y que como idea se ha hecho cada vez más deseable entre familias de clase media. La proliferación de escuelas de idiomas en ciudades de segundo y tercer nivel, con profesores extranjeros, es otra tendencia que ya tiene tiempo y que invita a la exploración de métodos alternativos y más participativos de enseñanza.

China se encuentra, pues, en una encrucijada educativa que no se veía desde las ya lejanas discusiones de modernización de principios del siglo XX, que en lo cultural encarnaron en la propuesta de “Nueva Cultura” (Xīn Wénhuà Yùndòng). En aquel entonces, Lu Xun y otros importantes pensadores como Hu Shi y Cai Yuanpei abocaban un alejamiento del confucianismo anquilosado y un abrazar la ciencia y las instituciones políticas modernas. Los trágicos conflictos del siglo XX pusieron una larga moratoria a esas ideas, pero 100 años después el tema está de nuevo sobre la mesa. Las administraciones de Jiang Zemin y Hu Jintao se movieron decididamente en esa dirección, pero el nuevo gobierno por lo pronto ha decidido poner más énfasis en valores de “educación moral” más propios de los 60s y 70s. Es difícil ver hacia dónde se moverá en la siguiente década con estas políticas, pero lo cierto es que los gobiernos provinciales y municipales, así como la incipiente industria de la educación privada y la inevitable ósmosis cultural proveniente de la apertura moderna, irán cambiando el sistema educativo a base de necesidad. China es un leviatán que nunca hace cambios rápidos, pero si los últimos 20 años son  buena indicación, terminará por hacer ese clásico gesto de tener una “Educación Moderna y Crítica.. Pero Con Características Chinas”.

Referencias

Li, Lanqing. Education for 1.3 Billion. Beijing: Foreign Language Teaching and Research Press, 2004.  pp. 336-346.  

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Alfonso Araujo (autor invitado):
Originario de Monterrey, México. Ingeniero Industrial y Músico. Radica en China desde el 2000. Ha traducido algunos libros clásicos chinos al español. Es director del IHUB TEC (plataforma de colaboración tecnológica entre China y Latinoamérica).

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por autores invitados

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