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Síntesis de la Sistematización de la Filosofía Educativa. Parte III

En este artículo se pretende destacar que el acto educativo es un principio de la educación pues ayuda a la perfección del hombre, tanto externa como internamente, por lo tanto, eliminar este binomio es desvirtuar el verdadero sentido de la educación y alejar al hombre de la plenitud que le es debida; De esto, se deduce la importancia de tener una cierta aproximación al carácter teleológico que reviste el educar a la persona humana.

El aspecto teleológico de la educación

En esta continuación de los textos anteriores (parte I, parte II), hay que hacer presente que el acto educativo es el principio de la educación, y que éste es doble; por una parte, está la dimensión interna -el educando-, y por otra, el externo -el educador-. Por ende, cualquier reducción del fin educativo al aspecto externo de la actividad educacional, significa desvirtuar el sentido de la educación.

A la luz de esto se pueden advertir tres partes en el problema del fin educativo: (1) la educación en sí misma, ya que debe estar ordenada a algo; (2) surge en relación al hombre y su fin, es decir, si se establece que el fin de la educación es la perfección del hombre, y advertimos que la perfección del hombre es la consecución de su fin, entonces la educación se ordena hacia el fin del hombre; (3) la finalidad de la actividad educativa, ya que todo agente obra por un fin, por lo tanto, las acciones del agente educativo y del educando deben tener cierta conexión, las que vendrían determinadas por las exigencias de la educación misma (González 1963, p. 137-138).

i) La educación se nos ofrece como una realidad accidental y efectuada, es decir, inserta en un sujeto, producida por una causa y regulada por una forma extrínseca, cuyo efecto está finalizado. Ahora, de modo evidente, todo agente que obra es movido por un fin, a tal punto que para comprender una acción de modo adecuado se debe conocer su intención. En consecuencia, la educación también tiene un fin y para llegar a esa determinación se debe considerar que la causa final de los accidentes se debe buscar en la intimidad de la sustancia (Millán-Puelles 2009, p. 147). Junto a ello, los accidentes advienen a la sustancia para su perfeccionamiento o plenitud (De Aquino 2015 [STh I, q.77, a.6]). Por ende, debido a que la educación se comporta como accidente con respecto al hombre, entonces el fin de la educación es el hombre, es decir, su fin es orientar enteramente a la perfección del hombre.

ii) Con respecto al hombre, existe una perfección primera la cual le compete como sustancia y consiste esencialmente en la integridad de las partes. Por ejemplo: cuerpo y alma son partes de la esencia sustancial del hombre.

Ahora bien, según el caso, el cuerpo tiene potencias -las que son informadas por las potencias del alma-, las cuales se llaman facultades. Dentro de éstas se encuentran los hábitos, ya que expresan su perfección; por tanto, también manifiestan la perfección de las sustancias.

Con esto se busca afirmar que la educación, además de ayudar a la perfección primera, también actualiza todas las virtudes naturales del hombre, a fin de que la naturaleza humana obtenga acabamiento y plenitud. Junto a ello, la educación tiene por finalidad servir a la proyección social y trascendente de la persona humana, disponiéndola al cumplimiento de la ley (González 1963, pp. 147-148).

Existe una segunda perfección del hombre, esta es la operación o ejecución y todo lo que consigue. Se debe a que, a medida en que el hombre ejecuta una acción buena, se perfecciona y actualiza sus potencias al mismo tiempo. Esta es una condición propia de los agentes imperfectos que al obrar se ven afectados por algo. Por lo tanto, la educación se ordena al buen ejercicio de las operaciones humanas en cuanto implican la auténtica perfección del hombre, en caso contrario la educación se verá comprometida (González 1963, pp. 150-152).

Con respecto al fin último del hombre se encuentra el existencial y el esencial, el primero refiere al ámbito sobrenatural y la determinación de su naturaleza; en cambio, el segundo, refiere a la realidad natural, por lo tanto, si la educación tiene por fin al hombre, entonces no puede desentenderse del fin último del hombre en su totalidad -sobrenatural y natural- ya que si la educación sólo se reduce a la dimensión natural dejaría de abarcar la integridad del hombre.

iii) En lo referente a la actividad educativa, se entiende como la acción de educar. En el plano de los fines, la educación es el fin-efecto de ella. Dicho de otro modo, la acción educativa es una determinada acción humana, la cual tiene por intención perfeccionar al hombre tanto en su fin existencial y esencial; por lo tanto, para profundizar sobre esta área es menester el estudio de la educación como tal.

Ahora bien, como es sabido, la actividad educativa se regula por las leyes propias de las ciencias pedagógica y/o ciencias de la educación. Sin embargo, no puede olvidarse de ser conductora de una realidad intrínseca al ser humano hacia la perfección del hombre en cuanto tal; por ende, también la actividad educativa tiene que incorporar el aspecto moral.

Finalmente, todos los fines de la actividad educativa estarán en estrecha vinculación con el fin de la educación misma. Cabe señalar que siempre hay que tener en consideración el carácter de secundariedad, de consecuencia y dependencia respecto al fin de la educación (González 1963, pp. 160-163).

Referencias

De Aquino, S. T. (2015). Corpus Thomisticum. Extraído de http://www.corpusthomisticum.org/

González Álvarez, A. (1963). Filosofía de la educación. Buenos Aires, Argentina: Troquel.

Millán Puelles, A. (2009). Fundamentos de Filosofía. Madrid, España: Rialp.

(Extracto del texto L. Rodrigo Camacho (2017). Síntesis de la Sistematización de la Filosofía educativa. En Revista de Filosofía, Universidad de la Santísima Concepción – Chile 16(1), p. 45-60. ISSN 0717-7801).

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por Rodrigo Camacho

Licenciado en Filosofía y Mg. En Educación Superior. Área de investigación: Filosofía de la Educación y Didáctica de la Filosofía. 10 años de Docencia en diversas instituciones de Educación Superior.

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