“¡Hola, audiencia! Bienvenidos al reality show: En búsqueda de las virtudes. Como ha sido durante los últimos 10 años, hoy nos encontramos acá para hallar a una persona incorruptible, educada, con visibilidad de las consecuencias, fuerte razonamiento, sabiduría demostrable y lo más importante con gran disposición para hacer el bien, nos encontramos acá para designar al futuro presidente de este país“.

Chale, ¿se imaginan un reality show así?…

Probablemente el más visto… y tal vez una estrategia mediática para sacarle provecho a la gran -aunque también muy criticada- idea que tenía Platón acerca de cómo manejar correctamente un gobierno.

Platón decía que los hombres estaban compuestos por 3 almas y de acuerdo al tipo de alma, les correspondería un cargo distinto dentro del estado; alma de gobernantes, alma de guerreros y alma de artesanos. Es decir, dentro del reality show, tendríamos a personas de todo tipo, y por supuesto una selecta línea de jueces (probablemente filósofos,  si los hay).

Los participantes estarían sujetos a pruebas diferentes y de todo tipo (la mayoría de ellas inesperadas) para llegar hasta eso que poco sabemos de los presidentes actuales: ¿Qué tan virtuosa es esta persona?

Se leerá un poco absurdo y hasta chistoso, pero la idea de Platón era que las personas más capaces para un cargo fueran quiénes lo asumieran; se lee lógico, pero hoy es algo que no se aplica a la realidad. Una persona capaz podrá ver de una forma más clara la justicia, y la justicia conlleva a la felicidad, o debería conllevar a la felicidad.

No se puede negar que, en ciertos aspectos, vivimos en un mundo mucho más “cómodo” que el de hace un par de décadas, pero también es cierto que no todos tienen acceso a esa “comodidad”. Además de que la forma en como la hemos obtenido está muy lejos de lo que Platón propuso: con actos corruptos, falta de visibilidad por todos los procesos insostenibles y en sí, vaga sabiduría. Nos encontramos frente a un estado que tiene una indudable preferencia por lo económico ante lo virtuoso y de ahí parten casi todos nuestros males, depresiones y muy probablemente nuestras infelicidades.

A medida que vamos creciendo e independizándonos nuestros pensamientos y convicciones se resumen en ganar más dinero para poder… (lo que sea). Entonces… ¿Es el dinero quien nos da la capacidad de hacer cosas que nos hacen felices?

Nuestros trabajos nos absorben sin medida y poco queda del tiempo valioso para cultivar esto tan difícil, y que a muchos les cuesta una vida encontrar: la felicidad. Hemos creado, si “hemos”, un mundo que le da prioridad a lo material ante lo virtuoso.

Es justamente ese ciclo que termina llevándose nuestra vida y nuestra única posibilidad de encontrar la felicidad, quizás nunca lleguemos a tener todo el dinero que necesitamos para hacer eso que queremos, entonces habremos pospuesto nuestra felicidad a tal vez un: Nunca.

Entonces, si la propuesta de Platón nos hace encontrar más rápido la felicidad, ¿estará tan mal? Creo que no.

Necesitamos un cambio de paradigmas y atrevernos a probar otras formas de hacer “polis“. Quizás lo que planteó Platón es un sueño y realmente no funcione, pero ¿está funcionando lo que estamos haciendo hoy?

Artículo de:

Eugenia Pérez (autora invitada)

Relacionadora publica, Lic. en Ciencias de la Comunicación y estudiante de la vida.

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Imagen | Canva

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