La búsqueda de Dios, con mayúscula, ha sido algo que ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia, aunque fue, principalmente, cuando el hombre “tuvo tiempo” para pensar, para reflexionar y cuestionarse no solo sobre lo que hay más allá sino si hay Alguien que puede dar razón o comprensión al entorno incomprendido, que esta búsqueda comenzó.

Confrontar las ideas sobre la divinidad es una tarea más que imposible, utópica, sumado a que dentro del campo de la filosofía intentar trazar la historia del concepto es complejo. En este texto me gustaría más que debatir si existe o no un dios todopoderoso, esbozar un pequeño resumen de la evolución de dicho concepto a lo largo de nuestra historia.

Cuerpo y desarrollo

Lo primero que tenemos que definir en esta aventura histórica es lo que entendemos por dios. O a lo que, conceptualmente, nos referimos cuando mencionamos esas cuatro letras. Desde la idea latina, dios es un Ser Personal que sale al encuentro de su criatura. Incluso, si vamos más allá, la cultura occidental entiende a Dios como el Dios de Abraham, ese dios que se encuentra con el anciano de Ur de Caldea para ofrecerle una tierra y una nación fecunda.

Así pues, la idea de Dios parte más atrás que del pensamiento cristiano. Incluso vemos como la idea de un dios personal viene y se deposita en lo que llamamos la base del pensamiento monoteísta: el judaísmo, que a la postre dará forma y será la base del islam y el cristianismo.

Remontándonos al pensamiento como tal, partimos del devenir griego quiénes de una u otra manera buscaban el Arjé o Principio de alguna manera, ya sea mediante las religiones naturalistas o mediante epopeyas pero hubo un punto de inflexión en donde algunos de ellos se negaron a seguir aceptando explicaciones mágicas, y es por esto que comenzaron a cuestionarlo todo buscando en estas introspecciones y reflexiones una causa para todo, algo que fuera más allá de los mitos o de los caprichos de un ser con las mismas pasiones y vicios que los hombres.

Avanzando un poco en la historia, nos topamos con los jónicos quiénes encontraron en los elementos de la naturaleza una Causa de las cosas. Luego vienen los pitagóricos quiénes hicieron lo propio con los números.

Heráclito fue un poco más allá, dando unos pequeños esbozos de metafísica con su Ser y Devenir. Por su parte, los atomistas vieron en el átomo a la fuerza motora y Anaxágoras con su Nous intentó encontrar sentido a las cosas.

Pero no será sino hasta Sócrates y Platón que comenzaremos a ver -y después se retomó en el medievo- las bases de la concepción divina actual. Y desde la cual se buscará encontrar o no argumentos a favor de la existencia de ese dios al que aludieron ese par de griegos, y los pensadores posteriores, que tomaron sus reflexiones como base para sus trabajos filosóficos y teológicos.

Sócrates con su método mayéutico buscó el bien de los hombres buenos. Por su parte, Platón hizo lo propio con su Sumo Bien.

Luego pasamos por una etapa más o menos compleja con los postaristotélicos, entre el estoicismo y el epicureísmo para dar paso al neoplatonismo. Diferentes –aparentemente– reinterpretaciones de los conceptos que darán su culmen, primero, con Anselmo.

Anselmo propuso uno de los cinco argumentos más comunes acerca de la existencia de Dios: el argumento ontológico. En su Proslogium propuso que, si cualquiera puede concebir la idea de un Ser Supremo entonces, por consecuencia, Ese Ser Supremo debe de existir.

Por su parte, Agustín desde su interioridad, encuentra a Dios como El fundamento de toda verdad ontológica o real. Dentro de esta línea leemos también a Buenaventura quien encuentra en el conocimiento la percepción de un Valor Absoluto: concibiendo el acercamiento a Dios desde tres maneras: o por razonamiento, o por la experiencia o por intuición.

En esta etapa medieval nos encontramos también con Tomás de Aquino quién nos dará, en su Summa, cinco vías para confirmar la existencia de Dios. Estas cinco vías van en línea aristotélica descendente explicando o justificando lo metafísico de lo empírico, a lo metaempírico, encontrando en su reflexión a un Dios trascendente, único, infinito.

Recurriendo ya a la filosofía contemporánea, llegamos a Descartes y Kant quiénes conciben como el centro de su saber no al Ser sino al Hombre, dando un giro radical al enfoque de la filosofía. Kant, por ejemplo, negó la metafísica como ciencia y formuló una vía práctica-ética relegando a la afirmación de Dios como un postulado solo de la Razón.

Hegel, por contraparte, aunque retoma en cierta manera el concepto metafísico, menciona que el ser es una autoconciencia de Dios, quien se alinea con la naturaleza en tres momentos: el subjetivo, con la fenomenología; el objetivo, con su aporte jurídico, moral y ético; y el absoluto, en el arte, religión y la filosofía. Esta manera de racionalizar lo infinito dará paso, a posteriori, a la negación de Dios como Ser Absoluto.

En la época actual la ciencia a quitado, de cierta manera, la labor de buscar o encontrar a Dios. Y no es que su objetivo sea encontrarlo pero quizá, en la medida que comprendemos el cosmos, este pierde su misticismo y por ende, al encontrar una razón para todo, al darle sentido a las cosas, la idea de un Ser Supremo, pierde todo coherencia.

Diría Stephen Hawking, entendiendo, del inglés original, al pensamiento de Dios, no solo como pensamiento sino también como plan:

“…si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”

Quisiera exponer las principales vías de demostración de Dios que, ajeno a una conclusión, le aportan al filósofo una forma de entender y comprender la evolución de cómo el hombre ha ido entendiendo -y defendiendo, o justificando- la idea de un Ser Supremo.

Tomemos las posturas actuales más aclamadas: la ontológica, la modal, la cosmológica, la teleológica y la moral; aunque también es importante señalar que existen posturas como el diseño del ajuste fino, la teoría cosmológica kalam, la aristotélica, el argumento neoplatónico, el agustiniano e incluso la racionalista. Estas son vías más o menos aceptadas que demuestran la existencia de Dios. Y, claro está, está la comprobación más compleja y de imposible refutación: la fe.

Antes de tocar los cinco modelos más comunes para demostrar la existencia de Dios, me gustaría casi como un apéndice sin serlo, mencionar a Jenófanes de Colofón quien, siglos antes de los pensadores griegos, planteó las bases de la teología negativa, aquella que no busca primero explicar quién es Dios sino lo que no es, concluyendo que es Inmóvil, Inagendrado y Eterno. Este pensamiento sería tomado siglos posteriores por algunos Padres de la Iglesia, por ejemplo, Clemente de Alejandría, para argumentar que desde la antigüedad estaba la semilla del pensamiento religioso en la humanidad, claro está, de acuerdo con el prisma cristiano.

El argumento ontológico: Anselmo propuso que, si podíamos pensar en un Ser Supremo, entonces Ese Ser Existe. Uno de sus principales oponentes fue Gaunilo de Marmoutiers para quien esa lógica, aplicada a otras cosas, puede hacer existente a muchas cosas que ciertamente no existen. Schopenhauer será otro de los filósofos que, siglos más tarde, también se postularían en contra.

Otra de las posturas para buscar comprobar la existencia de Dios es el argumento modal. Este se basa, o actualiza más bien, el argumento de Anselmo, pero Plantinga lo enmarca en una demostración más o menos matemática, en la que se deduce la existencia de un Ser Perfecto.

El otro argumento es el cosmológico. Este se resume en el hecho de la contingencia del mundo. Se remonta un poco al Motor Inmóvil de Aristóteles y también al nada surge de la nada de Perménides dando así origen a la segunda vía de Tomás de Aquino: todo lo contingente tiene una causa por ende debe de haber Una causa primera, y esa causa, es Dios. Este argumento ha sido uno de los más fuertemente confrontados, desde por filósofos como Kant y Hume en su crítica a la causalidad, como por Rusell, por ejemplo, quien redujo al universo como un hecho bruto el cuál está solo porque está. Posteriormente, astrofísicos como Hawking han reiterado dicha postura.

Otro de los argumentos a favor de Dios es el teleológico. En este se apuesta porque el mundo debe de tener una finalidad y de que hay un diseño inteligente detrás de todo. Es decir, todo está tan perfectamente hecho que es imposible que sea causa de la casualidad. De este concepto vemos los primeros esbozos en los estoicos quiénes bajo la influencia de Platón y Aristóteles concibieron el argumento del diseño. Esta planeación inteligente ha sido también, junto con el argumento ontológico, uno de los más recurridos por teólogos para justificar o argumentar a favor de la existencia de dios.

Finalmente, la postura moral. Esta postura sostiene que todos tenemos, de cierta manera, implícita en nuestra naturaleza, conceptos o ideas morales, que no nos son aprendidos de alguna manera, sino que son innatos. Esta moralidad de nacimiento reflejan, de acuerdo a dicha postura, que Dios pone su impronta en todas sus criaturas. Y, consecuencia de ese Bien común, es que Dios existe.

Dentro de todos estos argumentos Feuerbach tiene uno súper interesante. Él propone que es dios quién está hecho a imagen y semejanza del hombre, y no a la inversa. Es decir, la concepción de dios refleja las cualidades y deseos no realizados del hombre. El hombre enajena sus deseos en ese dios que proyecta porque es algo que necesita pero que no puede lograr inmediatamente.

Conclusiones

Evidentemente hablar de Dios, en cualquier plano, es una tarea no solo imposible sino utópica. Invariablemente desde la perspectiva que se aborde, ya sea teológica o filosóficamente, nunca habrá un consenso ya que dios es algo –o Alguien– que no se puede cuantificar de ninguna manera. Es, ya sea un concepto o un Ser, algo que trasciende más allá de lo comprensible y por ende su existencia será subjetiva. Además, si añadimos a la ecuación el concepto fe, la existencia o inexistencia de dios se vuelve una labor más que compleja.

Sin lugar a duda, concluyendo, concebir –pensar– a dios ha sido una labor meramente humana. Desde lo más remotos tiempos, al ser finito, el hombre ha despertado en sí su faceta religiosa en búsqueda de consuelo, explicación o incluso, culpa. Dios siempre ha sido, a lo largo de la historia -y lo seguirá siendo- ese elemento que no puede faltar ya que, ante los sucesos inexplicables, como una epidemia, la muerte, la enfermedad…. el ser humano siempre buscará una causa, un motivo… un Alguien o Algo que le consuele y anime, o a quién culpar y recriminar.

Bibliografía

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Sitio web: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632014000100011

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Vélez Correa, S.J., Jaime. 1987. “La Reflexión Filosófica Sobre Dios”. Universitas Philosophica, 1987.

Filosofía desde Cero. (2020). ¿DIOS EXISTE? Preguntas sobre Dios desde la Filosofía. Abril 01, 2021, de Youtube Sitio web: https://youtu.be/cxHxcte8GlQ

Imagen | Pixabay

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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