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La carencia que provoca heridas: emergencia de una didáctica feminista

Estoy completamente segura de que tod@s tenemos, o al menos hemos tenido con anterioridad, un grupo de amistades donde más de una vez nos ha tocado el arduo papel de corregir ciertas actitudes que perpetúan ideologías discriminatorias. Y no solo fuera del mundo virtual, puesto que dentro de este también podemos visualizar comportamientos que sobrepasan límites concretos muy a menudo.

Recientemente, con la llegada del nuevo reality show español “La Isla de las Tentaciones”, he llegado a visualizar por varias redes sociales comentarios al respecto de todo tipo: desde algunos con un gran sentido del humor, hasta otros que personalmente me atormentaban la vista. Entre esta última categoría, encontré comentarios donde se hablaban de las concursantes con pareja de forma despectiva llegando a insultos terriblemente bajos por haber sido infieles a sus respectivas parejas. Al menos en este caso, la defensa de lo moralmente correcto a nivel sexo afectivo eximió a l@s autor@s del tuit de sacar a relucir su misoginia a la primera de cambio. ¡Por supuesto que ser infiel o desleal está mal! Pero eso no implica que debamos calificar a las mujeres de forma despectiva y destructiva, llegando a reproducir características más machistas. Se puede expresar el rechazo y la condena a ciertas actitudes sin caer en posiciones dañinas.

¿Cuántas veces hemos tenido a un conocido o amigo cercano que, en su intento de realizar una crítica constructiva para remarcar su desprecio y rechazo a un acto, cae en un juicio destructivo donde consideramos que hay que darle un toque de atención por el contenido de sus expresiones? “Esta chica ha estado con uno, y al día siguiente con otro, va de flor en flor y es una fresca”. Más de una vez habremos escuchado o visualizado este comentario. Y como consecuencia, es posible que lo hayamos corregido con su debida explicación pedagógica.

Hace relativamente poco leí un artículo llamado Construcción de una pedagogía feminista para una ciudadanía transformadora y contrahegemónica. Y su duración no nos puede engañar de ninguna de las maneras, ya que contiene la cantidad de información suficientemente sintetizada para que logremos entender el porqué de esta necesidad pedagógica. En esta publicación, me dedicaré a reseñar su publicación parcialmente mientras incluyo mis reflexiones personales al respecto. La autora, Irene Martínez Martín, ejerce como profesora ayudante y doctora en la facultad de Educación por la Universidad Complutense de Madrid. Licenciada en Psicopedagogía con una diplomatura en Educación Social, encontramos también su tesis llamada Reconstruir la educación básica de las niñas: educación, cooperación y desarrollo bajo una mirada de género.

Al principio, nos empieza exponiendo que, para entender el hecho de que gran parte de las desigualdades estén conformadas por las mujeres, hemos de comprender antes que la estructura social se compone por 4 características. Así pues, sería:

  • Dicotómica: división del ser humano entre hombres y mujeres, estableciéndose así una oposición del segundo respecto al primero y diferenciación, ambas notables.
  • Hegemónica: superposición del hombre frente a la mujer en los ámbitos sociales, económicos y culturales; siendo las de clase obrera las más afectadas.
  • Patriarcal: en referencia a una organización social mayoritariamente encabezada por el hombre, dejando así a la mujer en una posición inferior.
  • Heteronormativa: siendo la orientación heterosexual la norma predominante por la cual se rige la sociedad.

A partir de esta premisa, Irene expone que las relaciones de género que se establecen posteriormente se basan, desde un principio, en desigualdades de poder. De hecho, todo nuestro sistema contiene unas estructuras y mecanismos así. Para acabar con dichas relaciones desiguales, es necesario tomar consciencia plena de ellas a partir de un proceso de deconstrucción (entendiendo este término como el hecho de desmontar a través de un análisis específico una estructura conceptual) con la posterior reconstrucción de nuevas formas de ser.

Pero si realmente esta fórmula fuese tan mágica y sencilla como parece exponer la autora en un primer momento, a día de hoy no seríamos capaces de percibir o vivir desigualdad alguna. Nuestras vivencias serían muy diferentes, hasta tal nivel de alcanzar una utopía. Así pues, no tan solo se requiere de una revisión crítica en todos los ámbitos vitales, sino también una aplicación práctica que demuestre nuestra óptima comprensión de las circunstancias o condiciones desiguales. Todo esto teniendo en cuenta que es un proceso largo, costoso e intenso.

El sistema educativo, en disputa

¿Cuál sería, pues, la forma en la que podemos lograr asimilar las causas conceptuales de las desigualdades? Personalmente, creo que puede resultar bastante obvio: la educación. Y según Irene, teniendo en cuenta que esta institución social no es neutral debido que puede llegar a reproducir desigualdades y transformar sociedades, se puede llegar a enfocar como una práctica en pos de la libertad, de tal forma que se promuevan valores transformadores y transgresores para crear una posibilidad palpable de cambio. Una educación afín al pensamiento feminista, pues, tiene la posibilidad de conllevar a una pedagogía crítica y emancipadora que incluya la perspectiva de género en todas dimensiones. A su vez, cabe destacar uno de los retos que la autora remarca, consistiendo en incluir las diferencias culturales e identitarias en la elaboración de una pedagogía y ciudadanía respectivas.

Como vemos, Irene contrapone la educación como propagación de disparidades frente a aquella de tipo analista, acorde a una metodología transformadora. Este último tipo de educación tiene varios objetivos: evidenciar los constantes problemas de desigualdad que existen, incluir perspectivas de género y producir un cambio cultural sustancial, donde se cuestione esta misma. Por consiguiente, se plantea la posibilidad de conseguir una población crítica y reflexiva, con ciertos pigmentos de emancipación.

Es aquí cuando debemos plantearnos una cuestión fundamental: ¿Quién ha de llevar a cabo este tipo de educación aparentemente tan concreta y difícil? ¿Debe ser el colectivo feminista (el cual parte de el carece de formación pedagógica o de información suficiente) quien ha de estar constantemente corrigiendo actitudes y haciendo el intento de educar? Por poco trascendental que parezca, gran parte de las personas que pertenecemos al movimiento no poseemos herramientas relativas a la pedagogía para llevar a cabo una enseñanza a individuos. Aún más, ni tan siquiera queremos dedicarnos a enseñar: es totalmente lícito negarse a ello cuando es completamente sabido que se dispone de múltiples recursos gratuitos en varias plataformas de internet para aprender (léase PDFs, artículos o papers en Google Scholar, y un gran etcétera). Por lo tanto, aquel individuo que quiera adquirir conocimientos tiene a su disponibilidad una cantidad inmensa de recursos. Aunque esto requiera cierta audacia y curiosidad por parte del sujeto que muchas veces ni se tiene, ni se muestra. Y es totalmente comprensible, puesto que ubicarse en una posición que no implica una lucha por el mero hecho de existir puede conllevar a tener más comodidad personal, sumando que es más cómodo escuchar a una persona cercana todo aquello que le irrita. En todo caso, buscamos vivir tranquilas dentro de una burbuja de lucha constante. El hecho de ser afín al movimiento nos encasilla en una posición de lucha y oposición contra otros tantos. Por el momento, esta lucha implica defendernos con las armas que podamos y tengamos: una de ellas son nuestros argumentos justificando día tras día por qué no me puedes gritar piropos groseros por la calle o por qué no puedes asumir que soy incapaz de hacer algunas tareas que socialmente están asignadas a tu género. Y no, no me estoy contradiciendo: vivir dignamente no implica ni pasa por querer enseñar a todas horas aquello que está bien y que está mal, de la misma forma que argumentar y justificar eventualmente puede ser algo más que pasable, pues no supone el mismo esfuerzo e intensidad.

El camino hacia una pedagogía feminista
con docentes formados

Es por eso que la pedagogía feminista requiere de ciertas condiciones para ejecutarse de forma idónea. Entre ellas, Irene expone 6 puntos, siendo el último compuesto por otros 6. En primer lugar, la educación debe tener un tinte feminista, y, por consiguiente, los conceptos que predominan sobre la teoría universal de género deben ser deconstruidos: quelas narrativas se descolonicen, se descolonicen o que se ensalce el poder de las mujeres entraría dentro de este segundo punto. A continuación, este proceso de información ha de tener un tinte crítico basándonos en entender que el mundo es transformable y diverso. Al mismo tiempo, es necesario identificar las relaciones de poder predominantes y reinterpretarlas, deshaciéndolas a nivel analítico para otorgarles un nuevo sistema. Otros aspectos posteriores que Martínez señala es enfocar el aprendizaje hacia la construcción de una ciudadanía más local y próxima, repasando así la realidad a la cual pertenecemos y fomentando un círculo de diálogo sano.

Por último, llegamos al octavo y más importante punto: la formación del profesorado, una cuestión aparentemente sencilla que esconde muchas pautas. Partiendo de la base (mencionada anteriormente) de que no cualquier persona está preparada o cualificada para impartir enseñanzas, el profesorado tiene una tarea clave en esta cuestión, ya que no solo debe integrar un enfoque nuevo, sino que también debe tener las herramientas suficientes y necesarias. Para ello, Irene expone el menester de adquirir consciencia y mostrar compromiso por parte de este grupo de profesionales. Como resultado, las condiciones requeridas empiezan por las buenas praxis frente a las discusiones en torno a la desigualdad, de tal manera que los campos estudiados por los y las docentes sean, de nuevo, construidos con nuevas formas y sistemas. Por otro lado, sería adecuado que establecieran nuevos tejidos sociales y grupos, para así fomentar la adaptación de un nuevo enfoque en la educación. De manera paralela, deben adaptarse y equilibrar un discurso correspondido con las distintas realidades que nos rodean y, para ello, deben llevar a cabo ciertas exploraciones entorno determinados conceptos (véase la desigualdad de género) y sus respectivos orígenes, con el objetivo de adquirir consciencia sobre la problemática. Con ello, el contenido de lo que enseñen y su impacto al respecto deben ser evaluados y revisados. Y, por último, la autora remarca la importancia de la comprensión del género dentro de esta formación; basándose en el cuestionamiento de los roles de género, las posiciones de poder, y el rol e historia de las mujeres (entre otros).

En conclusión, como podemos comprobar, Irene nos muestra que el objetivo de alcanzar una pedagogía feminista e inclusiva dentro del ámbito de la educación no es una tarea sencilla: llevarla a cabo constituye una tarea laboriosa que hay que saber practicar y dominar obteniendo los mecanismos necesarios. No solo se trata de definir el feminismo a nivel general o de identificar micromachismos diarios: consiste en llegar mucho más lejos y en profundidad. Aun así, puede ser una pequeña oportunidad para llevar a cabo una transformación a nivel conceptual y dar la oportunidad de comprender cómo se estructura actualmente nuestro mundo, cuáles son las dicotomías principales, cómo nos debemos comportar sin discriminar a ningún colectivo, etcétera. No solo se trataría de las mujeres: recordemos siempre que tanto el racismo como la LGTBfobia siguen presentes, por lo tanto, dichos colectivos sufren una opresión diaria (tanto institucional como no). Con todo esto, buscamos una sociedad inclusiva y que no sea desigual. Aunque puede sonar algo distópico y lejano actualmente, pero al fin y al cabo puede representar un cambio significativo.

Artículo de:

Lidia Giménez (autora invitada):

Estudiante de filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona. Escribo y opino desde el Baix Llobregat.

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Imagen | Diseño de la autora en base al banco de imágenes de Canva y Freepng

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por autores invitados

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