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Compra-venta de cuerpos al mayoreo online: las prácticas de consumo del otro en la app de citas Bumble

Durante buena parte del siglo XX, y lo que va del XXI, el mundo ha sido regulado en sus distintas esferas por lógicas capitalistas y defendidas por el neoliberalismo. Que si bien, se difumina entre aspectos que salen del terreno económico, destacan en parecer una corriente más bien conservadora del mismo. El neoliberalismo ha instaurado lógicas cuyas prácticas han permeado en cada una de las esferas de la vida humana al ser parte de racionalidades rectoras que han diseminado sus valores en ellas, y por tanto en sociedad. 

(…) el neoliberalismo se entiende mejor si no se ve simplemente como una política económica sino como una racionalidad rectora que disemina los valores y las mediciones del mercado a cada esfera de la vida y que interpreta al ser humano mismo exclusivamente como homo economicus. 

Brown, p.237

Transformando también la conducta humana, la sociedad y sus instituciones, incluyendo política y derecho, donde debido al desvanecimiento del valor y el léxico, conceptos romanticistas muy arraigados a los valores humanos que han tenido lugar a mutaciones en valencias económicas en sus términos, tales como la igualdad, la autonomía y la libertad. Reduciendo su significado a la mera emancipación y el comportamiento no obstaculizado del mercado. En el marco del neoliberalismo el valor de la soberanía popular se ha rendido en favor del mercado y sus prácticas. Entonces podemos decir que el neoliberalismo es a su vez un fenómeno económico y social.

Neoliberalismo y capital humano

Las prácticas neoliberales y la racionalidad liberal han resultado en la demolición de las normas, los valores neoliberales han desmantelado el estado social al tiempo en que desmoronan los límites de la riqueza y la pobreza. Los ingresos, la rentabilidad, innovación y desarrollo de  tecnologías, bienes y servicios han socavado el lugar de los antiguos valores romanticistas del desarrollo del intelecto, la igualdad social y la libertad.

El reemplazo de valores y prácticas ha devenido en nuevas respuestas a preguntas sobre la identidad, el deber ser y el deber hacer o no, y el porvenir y su multiplicidad. En palabras de Wendy Brown “Los sujetos se configuran a partir de la métrica del mercado de nuestro tiempo”(Brown p.238) Nos hemos convertido en nuestros propios inversores, a fin de no despreciarnos ante el cambiante mercado de vivienda, salud y retiro. Por lo que nos hemos movido a la mercantilización de tal modo en que aumentemos nuestro valor.

Aquí, el concepto de “capital humano” cobra especial relevancia, dado que se restringe a lo individual, a la auto inversión en educación, prácticas y hasta en la forma en que nos relacionamos con otros seres humanos. Ahora “el conocimiento, el pensamiento y el entretenimiento se valoran y desean casi exclusivamente por su contribución a la mejora del capital”, donde no solo apreciamos habilidades técnicas y conocimientos de este carácter, sino que buscamos añadirnos capacidades analíticas, comunicativas, creatividad, ingenio, belleza física y salud, y las buscamos en otros entes cuando organizamos nuestras citas y apareamiento. 

¿Pero, qué es de esta agenda del “romance” cuando nos encontramos cerrados ante estas dinámicas del capital humano y cultural, y aún más, encerrados en casa por motivos de la pandemia, que solo deja espacio a la virtualidad que sustituye los cuerpos, ahí donde los espacios son requeridos?

Los mercados del romance
en tiempos de COVID

¿Por cuántos escenarios durante la pandemia del COVID hemos de pasar antes de que nos demos cuenta de que internet no sustituye a los cuerpos? La lógica actual ha llevado a hombres y mujeres del mundo a llenar distintas esferas que antes eran ocupadas por cuerpos, con cuerpos virtuales en teletrabajos, y redes sociales para la comunicación con el otro.  Y como siempre, la realidad supera a las ficciones, en el escenario pandémico la esfera afectiva, no ha sido la excepción -aun cuando ya se había llenado el espacio previo a la pandemia-, llenándose con más contundencia y explorando nuevas modalidades.

Quienes tenemos Tinder sabemos (¿o no?) que nos prestamos a ser un cromo a cambio de coleccionar otros tantos. Sin darnos cuenta (¿o sí?), hemos sometido los afectos hasta el absurdo a la imperante lógica capitalista. Nos convertimos a nosotros mismos en objetos a cambio de objetualizar a los demás.

El País, 2021

Diana Aller ha puesto el dedo en la llaga, al precisar en la colección de perfiles como estampillas o tarjetas, y se da cuenta de cómo las relaciones ahora son llevadas bajo la lógica del mercado. Llevando a los cuerpos y a las psiques a otras modalidades de cambio en los mercados de las citas: Las “date apps”. Espacios como Tinder, Bumble, Facebook parejas y tantos más, donde hombres y mujeres disponen de sí, para entrar en el mercado del amor. Este tipo de aplicaciones han adquirido nuevos bríos durante el escenario de la pandemia del COVID-19, puesto que los sujetos nos configuramos a partir de la reglamentación y métrica del mercado de nuestros tiempos, en estas date apps donde somos al mismo tiempo mercancía y capital, capital humano de auto inversión y sujetos a esta y al mercado para que nuestro valor no se deprecie, ya sea aportando  más contundente  o ajustándonos y previendo cambios en los mercados. Organizamos nuestras citas y prácticas amorosas en modos que aumentan nuestro valor. Y además las exponemos en redes sociales para obtener reconocimiento, y mantener el círculo y su afluencia.

“(…) Internet también hace del yo un producto en exhibición pública” (Illouz, 2006 p. 168) declara Eva Illouz en su libro: “Intimidades congeladas”, y luego de que me propusiera hacer un ejercicio de observación participante, para entender los mecanismos de un par de apps de citas, no puedo estar más de acuerdo. El estudio de caso y la etnografía, son métodos que posibilitan el análisis de los grupos sociales, su cultura y sus dinámicas. Nos posibilita abordar procesos simbólicos como materiales y estructurales. Agrupando técnicas de investigación social centradas en la escucha -lectura en este caso-, la observación, la inmersión en la cultura en cuestión y la traducción literaria de los procesos sociales (cfr. Guereca Torres, 2016. p. 45).

Durante las últimas semanas, he dado un nuevo uso a mis apps de citas, luego de querer participar de la reflexión en torno a si estas, son mercados de cuerpos y psiques. Si bien, ya hace tiempo que me encuentro inmersa en ellas a modo de conocer gente, y combatir el tedio, no había dimensionado el cómo los valores neoliberales operan dentro de ellas. Me hice de una nueva cuenta en Bumble, donde luego de experiencias anteriores en otras  apps de citas, me siento más cómoda y segura por las normativas, aunque luego de dicha experiencia, no dejo de ver que encierra lógicas capitalistas donde los humanos somos consumidos.

Hemos cambiado las reglas arcaicas del juego de citas y del dating online para que puedas chatear y crear relaciones que se basen en el respeto. Sé parte de una comunidad sana, amable y abierta donde buscar un date es una experiencia segura y divertida”. Reza Bumble en su sitio web para invitar al público en busca de pareja y validación a descargar su aplicación. 

Lo cierto es que, aun cuando “las reglas del juego” se plantean como nuevas, y se regulen bajo la bandera del respeto y la apertura, no pierde la estructura de concentrar poder político a través de una sofisticada teatralización del cambio de paradigma donde las mujeres  en el caso de las relaciones heterosexuales, disponen de 24 horas luego de hacer “match” para dar el primer paso, y en caso de relaciones homosexuales el patrón se repite para ambos,  vertiendo a los individuos en la ilusión del conocimiento de sí, del otro, de sus supuestas libertades e incluso, el de participación.

Bumble surgió en 2014, luego de que  Whitney Wolfe Herd (también fundadora de Tinder) tuviera conflictos irreconciliables con las prácticas “misóginas” de la app anteriormente mencionada.Bumble es una red social que te permite entablar ese tipo de relaciones, ya sea a la hora de ligar, buscar amigos o aumentar tus contactos profesionales. Adentrarte en Bumble podría cambiar tu vida.” Señala el blog de la app, y según la misma Wolfe Herd, su creación es consecuencia de: 

(…) because I saw a problem I wanted to help solve. It was 2014, but so many of the smart, wonderful women in my life were still waiting around for men to ask them out, to take their numbers, or to start up a conversation on a dating app. For all the advances women had been making in workplaces and corridors of power, the gender dynamics of dating and romance still seemed so outdated. I thought, what if I could flip that on its head? What if women made the first move, and sent the first message?

(Wolfe Herd, 2021)

Rompiendo así, supuestamente con el paradigma de las dinámicas del cortejo y el romance, y tomando consignas como Black Lives Matter, y apoyando causas como la equidad salarial, los derechos humanos y el acabar con el hambre mundial. Valores con los que los millennials -su target- nos sentimos identificados, utilizando dichos valores para llegar a más público, denotando la infiltración de lógicas del neoliberalismo dentro de la app, cuyas acciones  cotizan en BMBL (NASDAQ) USD 59.78 -0.51 (-0.85 %). (Google zoeken. 2021). Lo que indica que el romance online es un negocio lucrativo.

Abejitas en busca de miel:
encuentros virtuales

He de contar aquí mis experiencias -las afortunadas y desafortunadas luego de mi poca experiencia en etnografía digital- en torno al uso de la app de Bumble, que asegura luego de haberla instalado en el móvil, y hacerme la cuenta, que: “(…) tratamos a todas las personas con amabilidad y respeto; sin importar su religión, nacionalidad, etnia, color de piel, capacidad, talla, sexo, identidad de género u orientación sexual”, y cuyos valores parecen ir ad hoc a la agenda de la inclusividad y la diversidad -los nuevos ideales románticos a perseguir de la sociedad actual-. 

Desde el primer momento, se me hizo ver mi presunta capacidad de “elección” dentro del mundo virtual y el catálogo de perfiles que ofrece la app, tienes “24 horas para dar el primer paso, conversar con tus matches o estos caducan”, “las mujeres dan el primer paso. Cuando hagas match con alguien, tú debes enviar el primer mensaje”, son las leyendas que aparecen para convencerme de la seguridad de las transacciones. 

“(…) el encuentro se organiza bajo la égida de la ideología liberal de la “elección”. (…) el concepto del yo como “elector” y la idea de que el encuentro romántico debe ser resultado de la mejor elección posible. El encuentro virtual se organiza literalmente en la estructura del mercado” (Illouz, 2006. p. 171).

Mandamientos del panal

Luego de aceptar los “Principios de Bumble”, los mandamientos de la institución que “fomentan” el respeto a las creencias, intereses y propiedad de los demás, no puedo evitar ver de principio en la moral ofrecida, los valores liberales que los humanistas hemos perseguido los últimos siglos, hasta me siento cómoda por momentos al observar la tolerancia cero a actitudes y actos discriminatorios y los pregones de comunidad, amor y respeto, hasta la máxima cuasi kantiana de “Compórtate en Bumble igual que lo harías en la vida real” y me siento parte de la lógica del vigilar y castigar elaborada por los mismos ciudadanos como agentes en la gobernanza y el cuidado de las “buenas formas” con la invitación a la señalización con el: “(…)denuncia a cualquier usuario que no siga estas normas”, ahhh, huele a liberalismo rancio impregnado de conservadurismo y derecha.

Respeta a todos los usuarios, Envía mensajes originales a los demás usuarios, no pretendas ser quien no eres, no subas fotos de niños – me parece responsable-, no subas fotos en ropa de baño en espacios cerrados, ni en ropa interior, no torsos desnudos, ni donde el rostro no se vea claramente, ni con texto o marca de agua, no al contenido pornográfico -(esta me parece ok)-, no subas fotos de caza o con armas… Y el liberalismo de derecha se ha hecho presente en todo su hedor, ¿qué ha pasado con la propuesta más liberal de agenda incluyente que supuestamente propugna? Aquí también opera la cultura de la cancelación, y entre comillas, puesto que una vez ingresas a los perfiles, te encuentras con fotografías hipersexualizadas de varones al por mayor -al menos desde mi perfil de mujer joven heterosexual-. Aunque aún no vamos con ello.

Tampoco se me permiten las actividades ilegales (¿deberían aclarar a qué o cuáles se refieren?) señalando la eliminación o restricción sobre el perfil y si y solo sí es oportuno, la denuncia a las autoridades competentes. Está prohibido vender productos o servicios, alegando que si se usa como sitio de ventas se te eliminará de inmediato. En la lógica del capitalismo neoliberal, es más pecado usar espacios para la autogestión económica, que lo ilegal ante el Estado, y Bumble no es la excepción. En la app, lo único que puedes vender, es a ti mismo, y puedes consumir tanto como los swipes de su versión sin pago, te permitan. A menos, que eleves la cantidad de terreno a trabajar, pagando la versión Boost, en la que las reglas cambian a “favor” del consumidor de élite. 

En Bumble Boost, puedes acceder a conectar directamente con las personas que le han dado ya like a tu perfil, a poner filtros ilimitados para “encontrar exactamente lo que estás buscando” en este mercado de cuerpos y psiques virtuales. Tienes también la opción de cambiar de opinión y “darle otro chance” a quienes te han dado like, y has rechazado por error, o intencionalmente, y hasta aumentar el tiempo de respuesta -ya no solo las 24 hrs. para responder- de tus matches o tuyas. Es el boleto dorado de la fábrica de chocolate, el carnet de consumidor de élite, la burguesía de las relaciones románticas online. Aunque seguramente -y aun con el poder de consumo a favor-, el capital humano y cultural de la mercancía que ofrecemos en la web nos vuelve paradójicamente, al mismo tiempo consumidor y producto. Lo difícil aquí será, desde mi experiencia en la versión sin pago,  también ser un producto de alta calidad para ser consumidos por quienes buscamos consumir.

Capitales humanos

Pienso que, y de acuerdo con Wendy Brown “el conocimiento, el pensamiento y el entretenimiento se valoran y se desean casi exclusivamente por su contribución a la mejora del capital. Donde se busca mostrar en los perfiles no solo la profesión y las “habilidades técnicas y conocimientos de este carácter, sino capacidades analíticas, comunicativas, plurilingüismo, creatividad artística, ingenio…” (Cfr. Brown p.33-339) son actores para darnos plusvalía en el juego de las citas online, pues son características que la app exige para que el perfil sea completado.

La aplicación exige seis fotos, verificación del perfil, llenar un recuadro donde hablemos sobre nosotros mismos, contestamos preguntas personales y elijamos cosas que nos interesan. Los intereses se categorizan y van desde lo popular como videojuegos, mascotas y café, pasando por creativos como arte, baile, canto, etc., cine y televisión, lectura, géneros musicales, alimentación y bebida, incluye una categoría para viajes, y una que supuestamente nos lleva más lejos en la ideología del match que soy o puedo consumir  al agregar valores morales y personalidad, causas que apoyas dentro y fuera de la app de citas americana -como feminismo, derechos humanos, y el Black lives matter anteriormente mencionado-, nos insta a colocar nuestros intereses en deportes, y salidas, y recientemente incluye una  nueva modalidad de intereses ahora que se pondera quedarse en casa por la situación pandémica, socavando así los límites de la vida pública y la privada

Como usuario construyes tú yo por medio de las categorías, y espacios sobre hábitos de ejercicios, si se fuma o no, bebida, si se tiene hijos o si se los quiere tener, las prácticas religiosas y convicciones políticas, la educación y su nivel, el tipo de relación que se busca dentro de la app, y hasta el signo zodiacal para aquellos que buscan el “match astral perfectamente compatible” y si las seis fotografías no son suficientes, un espacio para introducir nuestra estatura. Hay un espacio para llenar con más información “básica” como nuestro género, lugar de residencia y de nacimiento, y hasta puede ligarse a redes sociales como Instagram para ver más contenido, y  Spotify para comprobar los gustos musicales, donde “(…) el yo se construye descomponiéndolo en categorías discretas de gustos, opinión, personalidad y temperamento” (Illouz, 2006. p. 169) insisto en el convertir y socavar los límites de la vida privada a representaciones públicas ante audiencias anónimas, que siguiendo a Illouz no son un público en el sentido habermasiano del término sino un conjunto de yos privados. (cfr. Illouz, 2006. p. 170)  Hay que hacer de oráculo de delfos de nosotros mismos, conocernos en tanto como nos percibimos, hasta nuestros anhelos y deseos, nuestros ideales y la búsqueda del amor platónico (en sentido filosófico del ideal). Y una vez completado el perfil en Bumble, somos colocados en un mercado abierto de competencia con otros que no podemos ver. 

Internet también hace del yo un producto en exhibición pública. El proceso de búsqueda de una pareja a través de Internet es al mismo tiempo la conjunción de un intenso subjetivismo -que adopta una forma psicológica- y una objetivación del encuentro por medio de la tecnología y de la estructura de mercado del sitio, lo que a su vez representa un significativo alejamiento de la tradición de amor.

Illouz, 2006. p. 169-170

Estoy aquí buscando encontrarme con personas con súper bella vibra” anuncia el perfil de J., un chico de 25 años que posa sonriente y comparte sus fotografías en lo que parece la playa, y despedazando su yo en su empleo, su gusto por la bebida “artesanal” y los lugares a donde me llevaría si el match conmigo fuera más allá del like. “Dame follow en insta” propone S., también en sus 25, invitándome a participar de la misma lógica neoliberal y que se ajusta a la teoría del reconocimiento que Honnet plantea en su concepción de la sociedad moderna y el papel que esta cumple. E incluso, más atrevido y apelando a los valores de la sociedad joven actual, C. de 22 años expresa: “Sería muy poco inclusivo que no me dieras match solo por mi tono de piel… No falles como millenial”  no puedo más que concordar con Aller cuando expresa para “El País” que: “Hemos normalizado que las relaciones sexoafectivas se vaya exigiendo. Que de primeras, la gente pida unas características y rechace otras. Vamos a por el amor como si fuéramos de rebajas: buscando unas prestaciones al mínimo coste” La actualidad es un momento clave en lo relativo a la negociación y presentación del yo como objeto de consumo y consumidor, el cómo nos anunciamos y nos presentamos con tal de causar impresiones calculadas a fin de complacer y seducir a la mayor cantidad de personas, incluida la “correcta”. 

En el caso de los sitios web de citas, la autopresentación adopta un carácter opuesto: presupone un movimiento introspectivo, hacia el interior del yo (quién soy y qué quiero); es general y estandarizado. (…) El trabajo de autopresentación se aleja varios pasos de la verdadera representación social y se realiza en términos visuales y lingüísticos, no para un otro específico y concreto sino para un público generalizado y abstracto.

Brown,. p.173-174

Consúmeme, descorporalízame e hipersexualízame, baby

Un público al que le permito coleccionarme, a cambio de poseerlo también de alguna manera, y al que adquiero por su capital humano y cultural. Como he citado anteriormente, lo risible es que aunque hayamos adquirido la membresía de Bumble Boost o no (o en cualquier otra app de citas),   -y aun creyéndonos con el poder de consumo a favor-, el capital humano y cultural de los yo-mercancía que ofrecemos en la web nos vuelve paradójicamente, al mismo tiempo consumidor y producto. Lo difícil aquí será, -desde mi experiencia en la versión sin pago-,  también ser un producto de alta calidad para ser consumidos por quienes buscamos consumir. La apariencia física es importante casi crucial en las fotos que agregamos a nuestro perfil y en las redes sociales que vinculamos a este, aun cuando la virtualidad nos descorporaliza “la belleza y el cuerpo son omnipresentes, pero ahora porque quedaron congelados, convertidos en imágenes que congelan el cuerpo en el eterno presente de la fotografía, y porque esa fotografía se encuentra en un mercado competitivo de fotografías similares, por lo que los sitios web de citas generan intensas prácticas de autotransformación corporal. En realidad, como la foto vale por la persona, hace que muchos se embarquen en grandes cambios corporales” (Illouz. 2006. p.175) Y a los que me confieso sujeta aun cuando no me es posible ver los perfiles de mi “competencia” abstracta, he conversado con chicos que mienten con respecto a su estatura, o que como yo terminamos disculpándonos por nuestro peso y que no tengamos fotos a cuerpo completo por miedo al estigma y rechazo, aclaramos bajo recursos lingüísticos la forma de nuestros cuerpos, excusándonos por no ser “suficientemente atractivos” para los valores estéticos actuales, y esperando no provoque en “unmatched”. 

La lógica del consumo de los cuerpos, permite que se dé la relevancia a la fotografía para la obtención de likes nos vuelva hiperconsientes de nuestro aspecto físico, que es además la fuente primaria de nuestro valor económico y social dentro y fuera de la app en el mundo: 

“El cuerpo, como lo que es inferior y sometido, es objeto de burla y maltrato, y a la vez se lo desea, como lo prohibido, ratificado, extrañado”. (Illouz, 2006. p.176). Concuerdo con Aller en que “en nuestra proyección digital y en nuestra interacción con el mundo: nos autoexplotamos y nos objetualizamos para entrar en el juego de la aceptación. Trabajamos muy duro para que nos asignen un valor y un estatus.” (El País, 2021) Entramos en las lógicas del mercado del romance para “(…) reclamar la promesa moral de la idea romanticista del amor, llamando la atención sobre las necesidades o los deseos que en la praxis institucionalizada de las relaciones íntimas no han encontrado la sensibilidad adecuada y la correspondiente disposición de respuesta. (Honneth. 2009. p.393) Pero al mismo tiempo las relaciones interpersonales se caracterizan, cada vez en mayor medida, por la “falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser más fugaces y superficiales”. (Bauman, 2003). Buscamos en estas apps algo propio del consumismo: utilidad e inmediatez para combatir el tedio, y la rutina del encierro que solo ha agravado la ya existente mercantilización de los cuerpos, y como ya anunciaba Kierkegaard en su “Diario de un seductor”, hacemos rotación de cultivos, al coleccionar matches que hagan sentir al yo-óntico un yo-existente bajo la validación frugal de cuantos matches seamos capaces de adquirir que es al mismo tiempo, que tan consumible puede ser.

Esta app es para cog*er…

Durante mis semanas en esta red, pude observar distintos tipos de interacciones sociales, desde las que iban de “estoy aquí para conocer gente y charlar para abstraerme de mi encierro”, hasta las que se ajustaban más al extremo patológico del consumo de los cuerpos (femeninos, en mi caso) “Esta app es para cog*er, si solo vienes a buscar “amigos” no estés chin***” rezaba el perfil de A., en sus treinta y tantos, fenómeno que me pareció muy curioso dentro de mi estancia, puesto que el grupo asignado por mi edad entre los 22 y 31, solía ser más amigable y menos “consumidor” de los perfiles con fines sexuales (al menos no explícitamente), más cuando hice el movimiento de ampliar el rango de edad, me encontré que los varones de 31 a 40 años se insertan más en la lógica que postula Bauman de consumo exacerbado, frío, fugaz, insustancial y superficial de las relaciones humanas, promueve:

La superficialidad y la frustración: el objeto no nos satisface del todo, nos aburre o tiene unas contraprestaciones que no estamos dispuestos a asumir. Mercantilizamos a los demás y ponemos condicionantes, antes que darnos al otro y a la experiencia. Nos aburre el concepto tradicional de pareja porque hay que aguantar, hay que sacrificarse y hay que vivir para el otro. Se asemeja a una carga hipotecaria. Una inversión demasiado costosa para el beneficio que se puede obtener (¡y encima nadie nos lo asegura!).

El País, 2021

Y que seguramente también tiene que ver con una economía del exceso de consumo que no permite experiencias asociadas con la experiencia del amor romántico, impidiendo la novedad y la emoción de sus congéneres de menor edad que recientemente se adhieren al mercado de las citas, y cuyo volumen de interacciones aunque en aumento, aún no se compara con los que tienen en las apps de citas (en su mercado) más tiempo siendo consumidor y objeto de consumo.

Idealismos posmodernos
de las prácticas amatorias

Me pareció curioso el hecho de que algunos sujetos dan “swipe” al mayor número de chicas a fin de maximizar la eficacia, “el capitalismo rápido” que Ben Agger postula, pues la tecnología capitalista tiende a buscar el aumento de eficiencia económica. Y es que, al tener muchos matches con quienes socializar, el capitalismo rápido limita las interacciones con las personas y borra los límites al negarles espacio y tiempo privados como antes se hacía en las citas más personales, y donde la tecnología coloniza la mercancía de los cuerpos, del espacio y el tiempo, deficiencia o virtud según se vea, que Bumble aprovechó para crear los Spotlights para ser más visibles y los súper swipes.

Terminar de enunciar las lógicas capitalistas y neoliberalistas en las que tanto la aplicación como los usuarios se suscriben es una tarea que si bien no es imposible, si es ardua, me lleva a dejar espacios de reflexión inconclusos en los que deseo apuntar más adelante,  como el papel que los géneros somos socializados en el mundo de las apps de citas, la heteronormatividad, las políticas de la seducción y el yo abstracto que se ofrece en las interacciones virtuales, así como el patriarcado y la desigualdad social, de género, racial y económica que permea tanto en los capitales culturales de los perfiles que se manejan, como en la misma sociedad donde apps como Bumble han tenido tanto éxito.

Quisiera creer como Aller, que el “sistema afectivo” después de la pandemia está colapsando, pero la realidad en que pareciera que los engranajes del capitalismo operan con máxima y macabra eficiencia, sacando los afectos y el cuidado de las interacciones románticas, y regresando de una forma aún más atroz a los tiempos en que las personas y sus corporalidades, tienen valor económico, aunque ya no en moneda, olvidándonos de que somos seres humanos, y emanciparnos de las relaciones y vínculos que trazamos.

Me gustaría que esta reflexión, permita a sus lectores el buscar otras formas de relacionarse sexo-afectivamente, y de organizar su agenda romantica y copulativa, que nos lleve, como ya dijo Aller a “valorar y demandar nuevos modelos relacionales, alejados del consumo y cada vez más cerca de la comunicación, la risa y la ternura” (El País, 2021). O al menos, a ser claros con nuestros posibles vínculos tanto en lo que somos, como en lo que buscamos, a fin de desmantelar la institución economicista de las relaciones con el otro.

Bibliografía

Aller, D. (2021, 11 abril). Leche, pan y medio kilo de amor, por favor. EL PAÍS.https://elpais.com/eps/2021-04-11/leche-pan-y-medio-kilo-de-amor-por-favor.html?fbclid=IwAR1sclSyTbb4_wKVRiNHNpeHNwvNMNjqf67KBwCRBcLktpe6PpdOzVfDCO8

Bauman, Z.  (2003). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (primera ed.). FCE.

Brown, W. (2017). El pueblo sin atributos. “la secreta revolución del neoliberalismo. Malpaso.

bumble – Google zoeken. (2021). NASDAQ: BMBL. https://www.google.com/search?q=bumble&rlz=1C1GCEU_esMX927MX928&oq=bumble&aqs=chrome.0.69i59j46i433l2j0j69i60l4.4900j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Guereca Torres, R. (2016) Guía para la investigación cualitativa: etnografía, estudio de caso e historia de vida. (Primera Edición). Universidad Autónoma Metropolitana.

Honneth, A.  (2009). Por una renovación moral del mercado: Axel Honneth y la crítica al neoliberalismo. En G. L. Leyva (Ed.), Crítica del agravio moral. «Patologías de la Sociedad contemporánea» (Primera Edición, pp. 389–419). Fondo de Cultura Económica.

Illouz, E.  (2007). Intimidades congeladas. «Las emociones en el capitalismo» (Primera edición). KatznEditores.

Morales, F. C. (2021, 5 marzo). Neoliberalismo. Economipedia. https://economipedia.com/definiciones/neoliberalismo.html

Wolfe Herd, W.  (2021). Bumble – Bumble’s founder and CEO Whitney Wolfe Herd talks building Bumble — and fighting for gender equality. Bumble Buzz. https://bumble.com/the-buzz/a-letter-from-whitney-wolfe-herd-founder-and-ceo

Artículo de:

María Dorantes (autora invitada):

Co-creadora del podcast irreverente de divulgación filosófica “Ahí les va la Res Extensa”. Lic. en Filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro, y actualmente se encuentra estudiando la maestría en Filosofía Social por la Universidad la Salle.

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Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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