Estaba navegando en Internet y me topé con un artículo que planteaba, con base en una serie de estudios, que a lo largo de los años, los niños y niñas no han cambiado sus preferencias por los juguetes. Aquellas investigaciones me parecieron sumamente interesantes y me hicieron plantearme algunas cuestiones sobre los estereotipos de género como imposición social.

Sin embargo, al comenzar a observar el tipo de personas que compartían y comentaban aquel artículo (no quienes lo escribieron), tuve la impresión de que lo hacían intentando desmerecer los estudios sobre la construcción sociocultural de los roles de género. Por lo que empecé a indagar a rasgos generales sobre ello.

¿Los estereotipos de género son realmente “construidos“?

Si nos vamos hacia las definiciones, según la RAE “un estereotipo es una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”, por lo que el ser humano tiende generalmente por costumbre y por convenio, a clasificar y etiquetar a las personas con base en estos ideales.

Entonces los estereotipos con relación al género en definitiva son creados de algún modo por la sociedad y su cultura, sin embargo no creo que sean totalmente inalterables, ya que si bien no hablamos de un convenio dicho explícitamente, si hablamos de un consenso inconscientemente aceptado en una determinada época, lo cual implica que este puede cambiar.

Por lo que al final, los estereotipos que perduran en el tiempo suelen hacerlo por dos razones: 1) porque efectivamente son una norma general (es decir, la mayoría de las personas la cumple) y 2) por la existencia de una imposición social para que todos cumplan con aquella norma, incluso si en realidad no pertenecen a ella.

¿Qué es lo que realmente nos molesta sobre los estereotipos género?

Al final lo que realmente nos molesta es la razón número 2: la imposición social. Y es que la problemática no está en que los estereotipos existan y tengan cierto contraste con la realidad, puesto que son otra forma más de clasificar experiencias y ubicarnos en el mundo, sino en que se obligue a otros a encajar en esas experiencias.

El otro es simplemente otro, es distinto, subjetivo e irrepetible, y el siquiera pensar que todo ser humano puede y “deba” encajar, aunque sea a reprimendas, a una misma idea o experiencia de género, no solo es un error, sino también un delirio, ya que objetivamente es una imposibilidad.

Finalmente creo que el verdadero problema surge cuando se juzga y se “castiga” a la persona que no cumple con el estereotipo, quien se sale de la norma es quien sufre consecuencias negativas en su experiencia de vida y quien es señalado por ello.

Es esa especie de “obligatoriedad” impuesta socialmente que contienen en el fondo los estereotipos de género, y no los estereotipos en sí, lo que en realidad debe resolverse. Así que dejemos a las personas ser quienes son, jugar, vestir, usar y experimentar las cosas como así lo sientan en su propia identidad, más allá del género que sea.

Artículo de:

Belén Romero (autora invitada):

Estudiante de Filosofía en la UBA y creadora de contenido de divulgación, arte y escritura en redes sociales.

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Imagen | Diseño de la autora en base al banco de imágenes de Canva.

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por autores invitados

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