Cuando era niña era curiosa. ¿Quién no lo es cuando eres niño? Las personas hablan de su mundo de adultos, se ponen tristes, se enojan y se toman las cosas en serio. Los niños los cuestionan y preguntan, ¿por qué no podemos ir al parque?, ¿por qué estás enojada? Los padres con tal de acallar estas preguntas responden simplemente porque sí o porque no, sin más.

Crecemos un poco más, pero todavía presentamos unos grados de curiosidad más elevados que ellos, la paciencia es una virtud, ciertamente, pero muchos adultos no la poseen y lo único que pueden contestar al respecto es decir “la curiosidad mató al gato”, es decir, “no cuestiones todo lo que digo y aprende a callar”. Es así como terminas por reprimir la curiosidad, pero no la matas.

A veces me pregunto dónde ha quedado la mía, dónde he dejado mi curiosidad, si la he refundido en algún cajón olvidado de mi mente o se presenta ahora de formas distintas. Ahora entiendo a los adultos, porque soy una. No podemos andar por la vida preguntándoles cosas a los demás como si ellos tuvieran todas las respuestas, quisiéramos que ellos tuvieran todas las respuestas, aunque desgraciadamente nadie las posee. Ni siquiera la filosofía.

¿Y qué pasó con el gato?, ¿Por qué la enseñanza de este dicho es la muerte? Nunca creí que literalmente vería a un gato muerto, matado por su curiosidad. Era un 07 de junio, lo recuerdo muy bien, pasé por aquella esquina y justo cuando iba a dar un paso me sobresalté al ver aquel pequeño animal, tirado en la calle, en frente de una casa abandonada. Removió emociones que no sabía que era capaz de tener a las ocho de la mañana, cuando mis días son tan rutinarios y mis planes de lo más tranquilos. Me conmovió aquel acto, siempre me conmuevo ante los animales. Escribí un intento de poema llamado la esquina del gato muerto, pero lo leo ahora y no surte el mismo efecto que aquella primera vez que lo creé. Su muerte significó algo para mí, y entonces lo supe: el gato había puerto por su curiosidad. ¿No mueren nuestras esperanzas cuando la curiosidad nos lleva al límite? La muerte, aquel susurro inesperado en el oído, la muerte de otros, el duelo, el recuerdo y el olvido.

La muerte sólo se presenta cuando la curiosidad es demasiada, cuando el hambre de saber o conocer nos absorbe y dependiendo de qué quieras saber es igual la caída, o la gloria. Marie Curie decía que hay que tener menos curiosidad por la gente y más curiosidad por las ideas, si ella supiera que es difícil ver a los otros como simples seres unidimensionales, que tenemos que agregarles textura y una pizca de drama para poder verlos “interesantes”.

Al final, la curiosidad se presenta en todos nosotros, ya sea que la usemos para nuestro bien o para nuestro mal, para entender a otros o para destruirlos. A veces el dicho puede convertirse en algo literal, como me pasó a mí, como les pasa a muchos otros, a veces la muerte llega cuando la curiosidad golpea. Al final ese gato fue removido de ahí, llevándose consigo todo: aquel espanto y aquella muerte.

Artículo de:

Brenda Mortara (autora invitada):
Originaria de la Ciudad de México. En trámites para obtener el título de Lic. en Filosofía. Co-creadora del podcast colaborativo Kairós, donde habla de filosofía.

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por autores invitados

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