Imagina que un día te levantas, es una mañana lluviosa, por alguna razón no puedes encontrar tu paraguas por ningún lado, así que decides salir sin este para no llegar tarde a un compromiso, en el camino te detienes a comprar un café, pero al salir de la cafetería te estrellas con una persona y tiras tu café, llegas tarde a tu compromiso. Normalmente, pensarías que es mala suerte, pero recuerdas que el día anterior te negaste a ayudar a una viejita a cruzar la calle y dos días antes huiste al chocar accidentalmente con otro auto en el estacionamiento. Brevemente, haces memoria de tus últimos días y al cuestionarte por qué a mí, llegas a la conclusión: es mi karma. 

Me sorprende que hoy en día un concepto tan complejo como el karma haya sido simplificado. Vivimos con la idea de que el karma funciona de una manera mágica e inmediata, por lo tanto, si hago algo malo hoy, inmediatamente mañana o a más tardar la semana siguiente, algo terrible me pasará. Así sin usar la lógica, concibiendo el karma como una superstición más y viviendo aterrados por lo que pueda pasar.

La buena noticia es que el karma no funciona de una manera mágica e instantánea. Empecemos por definirlo. La palabra karma proviene del sánscrito y significa acción; sin embargo, no toda acción es karma, esta debe ser motivada por la voluntad. De esta manera, el conjunto de acciones, mente, palabra o cuerpo, animadas por la voluntad, conforman el karma. Desde la voluntad, existen principalmente dos tipos de acciones que como seres humanos podemos ejecutar, las cuales son virtuosas y no virtuosas.

Tomando en cuenta que el karma no es más que un conjunto de acciones, recordemos la tercera Ley de Newton: a toda acción corresponde una reacción. De esta manera, cada acción virtuosa tendrá una retribución de la misma naturaleza, y una acción no virtuosa tendrá una retribución no virtuosa. Sin embargo, para determinar la naturaleza de las acciones, y así el karma, es necesario entender el impacto que estas tienen dentro de la realidad interdependiente en la que habitamos. 

Difícilmente, el ser humano promedio realizará únicamente acciones virtuosas, o acciones no virtuosas. La realidad es que la mayoría de nuestras acciones terminan generando un karma mixto y que va siendo retribuido a lo largo de toda nuestra vida.  Si bien a cada acción corresponde una reacción, esta no se da de manera lineal, aislada e inmediata. 

Si logramos comprender que la suma de todas nuestras acciones pasadas determinan nuestra experiencia presente, lograríamos revolucionar nuestra existencia y empezar a generar acciones presentes que nos permitan aspirar a un futuro que no nos tome por sorpresa.

El problema es que la mayoría de los seres humanos vivimos en piloto automático, sin mostrar atención a nuestras acciones cotidianas, creyendo que no tienen un impacto en nuestra vida o en nuestra realidad, cuando debemos reconocer que es todo lo contrario y que habitamos una realidad interdependiente. Si lográramos estar más atentos a nuestras acciones, pensar en las consecuencias no solo personales sino para el entorno, entonces podríamos empezar a discriminar y dejar las acciones que no aportan bienestar a nuestra vida y de esta manera empezar a vivir plenamente la vida que elijamos.

Imagen | Flickr

Artículo de:

Alba Rodríguez (autora invitada):
Mexicana. Estudiante y practicante de budismo tibetano. Apasionada por descubrir el verdadero potencial de su mente.  

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por autores invitados

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