En su libro México profundo: una civilización negada, el autor Guillermo Bonfil Batalla en el año 1987, plantea una separación de la sociedad mexicana entre: el México profundo y el México imaginario que hace cuestionarnos: ¿aún es vigente esta división?; pero antes de responder tenemos que explicar de qué se conforma cada uno. En el siguiente cuadro comparativo les mostraré. Según Bonfil Batalla la cultura mexicana se divide en:

México imaginarioMéxico profundo
NacionalIndígena
SuperiorInferior
Negación de lo indioIndio
Imitación del modelo europeoIdentidad mesoamericana
UrbanoRural
MateralistaEspiritual
Prostitución de la Madre TierraNaturaleza (Madre Tierra)
IndividualistaColectivista
DependenciaAutonomía

Ahora que sabemos de qué se conforma cada México, mi respuesta es sí. Sin embargo, los nombres han cambiado, al igual que su entendimiento. Lo que ahora conocemos como Whitexican, por ejemplo, viven en el México imaginario.

Podríamos entender esta teoría como clases sociales alta y baja, pero es muy limitado; por esto también se habla de clase media-alta y media-baja, es decir, afirmar que la sociedad sólo se separa de forma dual es limitado, inconcluso, pues no toma en cuenta a los indígenas que se han incorporado a lo nacional y viceversa.

La propaganda sobre indígenas buscando oportunidades laborales dentro del contexto de la sociedad nacional -México imaginario- es bastante común; se ha llegado a tanto que incluso los mismos indígenas terminan reuniéndose con los presidentes para que se les considere dentro de la toma de decisiones de la nación, y el no acceder a ello sería considerado discriminación, cuando, anteriormente, más bien lo que los indígenas pedían es que se les respetara su autonomía como pueblo, o sea, que el gobierno no se metiera en sus asuntos y decisiones internas. Pero esto se ha dejado de lado debido a que el gobierno y todo lo que engloba el ser “nación” afecta ahora de maneras tanto directas como indirectas a las comunidades indígenas, pues muchos se ven obligados a incorporarse al sistema debido a la gran explotación de recursos y tierras.

De la misma forma sucede con el México imaginario, queriendo incorporarse a lo indígena, lo cual, probablemente, es por moda o influencia de las redes sociales, pues, al considerar a esas comunidades como “inferiores” creen que las están ayudando, cuando toda la cuestión espiritual se deja a un lado y sólo se aborda de manera superficial.

Entonces, no sólo hablamos de un México imaginario y México profundo, sino de un México imaginario-profundo y un México profundo-imaginario una entremezcla entre ambos “mundos” con intenciones distintas. El primero, generalmente, se forma con intenciones superficiales y egocéntricas, no porque en realidad se sienta esa conexión con el pueblo indígena y su cosmovisión -me refiero al mexicano de la sociedad moderna que busca adherirse a los pueblos indígenas-, sino por el simple hecho de ser vistos como “inclusivos” y “buenas personas”; y el segundo se hace por necesidad debido a que, aunque no se busca abandonar en su totalidad a su pueblo, tiene que hacerlo para satisfacer las necesidades básicas, pues parte de su autonomía era sembrar alimentos propios, conseguir agua, hacer su ropa, etc., la mayoría de la materia prima ha sido saqueada o contaminada. Esta situación los ha orillado a formar parte de profundo-imaginario, es decir, el indígena que se adhiere a la sociedad moderna.

Queda claro, entonces, que el indígena que busca ser parte de la sociedad moderna lo hace meramente por necesidad, pero cuando sucede al revés, ¿cuál es el detonante si no es la necesidad? Debido a la gran influencia que se tiene de las redes sociales, se exponen muchas fotos de ciudadanos con indígenas, sobre todo los pertenecientes al ámbito político, lo cual es una lástima pues sólo forma parte del marketing político.

Me parece conveniente recordar el texto de El perfil de hombre y la cultura en México del escritor mexicano Samuel Ramos, quien analiza psicológicamente al hombre y la cultura mexicana concluyendo que existe un sentimiento de inferioridad que hace al rechazo de lo indio parte de la sociedad. También es necesario recordar a Octavio Paz con su obra El laberinto de la soledad, en donde, posterior al libro de Ramos, contesta aclarando que no es precisamente un sentimiento de inferioridad, sino que es la soledad la que lo impulsa a eso mismo, entre la confusión de no saber su identidad: si pertenece a lo indígena o a lo español a partir de la conquista.

Ambos mencionan puntos importantes y, como menciona Paz en su libro: “Nuevas circunstancias generan nuevas reacciones“. Es esto lo que nos remite a las redes sociales, pues al ser una nueva tecnología, evidentemente generará nuevas reacciones, así como una nueva manera de exponer la problemática.

Bibliografía

Bonfil Batalla, G. (1987). México profundo: una civilización negada. México, D.F.: Ed. Debolsillo.

Paz, O. (1950). El laberinto de la soledad. México, D.F.: Ed. Fondo de cultura económica.

Ramo, S. (1934). El perfil del hombre y la cultura en México. México, D.F.: Ed. Espasa.

Artículo de:

Cynthia Santana (autora invitada):

Lic. en Filosofía (Universidad de Guadalajara), host del podcast Laberinto del Pensamiento, creadora de contenido, audiolibros y correctora de textos.

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