Fue Platón uno de los primeros autores clásicos –si no el primero– que trajo a la cultura occidental, en uno de sus diálogos, el  mito del dios egipcio Theuth también conocido como Thoth.

Concretamente, en el Fedro, uno de los famosos diálogos de Platón, nos relata en palabras de Sócrates cómo éste supo de la existencia, en la ciudad egipcia de Náucratis, de una divinidad cuyo nombre era Theuth. Dicha divinidad, según explicará Sócrates, fue quien primero descubriría la escritura, el número y el cálculo, la geometría, la astronomía, y además de todo esto, el juego de damas y dados.

Continúa Sócrates con el relato diciéndonos que el dios Theuth o Thoth, se presentó ante quien era en ese momento el rey de Egipto, Thamus, para mostrarle sus artes y para transmitirle su deseo de que dichos conocimientos pasaran a manos de todos los egipcios.

Según Thoth iba relatando al rey Thamus cuáles eran dichos conocimientos, el rey iba poniendo, en algunos casos, objeciones o matizaciones hasta que, finalmente, llegaron a las letras. Dirá Thoth literalmente: «Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría».1

Pero el rey Thamus no estaba muy conforme con lo que la divinidad le decía acerca de la escritura, a lo que respondió: «… Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad».2

O sea que, contrariamente a lo que opinaba el dios Thoth, Thamus creía que la verdadera sabiduría se alcanzaba almacenando en la memoria los conocimientos y no dejándolos a merced de la escritura, algo ajeno de la mente de aquel que pretenda aprenderlas.

Pero independientemente de la belleza y exotismo literarios que tenga todo el pasaje, no es una cuestión baladí por la que Platón reflejó este mito en uno de sus diálogos. Y es que todo el pasaje hace referencia a los principios que rigen la epistemología platónica. Según dirá en su diálogo Menón (81b), conocer es recordar, pero desde dentro; y con la exterioridad de la escritura y la insistencia en este hecho aludirá, a su vez, a uno de los problemas esenciales de la pedagogía.

Una vez que el breve diálogo entre Thoth y el rey Thamus concluye, Sócrates comenta cuáles son los aspectos esenciales del mismo, realizando un análisis hermenéutico dentro del propio diálogo del Fedro que, por otro lado, será muy parecido al que realiza en el comienzo del libro VII de la República relativo al «mito de la caverna».  

En resumen, lo que Platón quiere transmitir en ese breve diálogo entre el dios y el rey es que el lenguaje escrito está necesitado de una ayuda que lo haga inteligible, o sea, que lo haga hablar. Las palabras escritas, siguiendo el mito egipcio, serán silenciosas efigies, incapaces de dar razón de sí mismas; no hay letra viva. La escritura en la que piensa Platón tendrá su máxima expresión en el diálogo; quizás por eso utilizó el diálogo escrito como uno de sus mejores métodos de transmisión del conocimiento.

Tampoco es baladí el hecho de que Platón haya recurrido a la mitología egipcia para transmitir sus ideas epistemológicas. La tradición siempre ha mantenido que grandes filósofos griegos como Solón, Tales o el mismo Platón visitaron Egipto en algún momento de sus vidas, llegando éste último a permanecer allí durante un tiempo para dedicarse al estudio de la sabiduría ancestral egipcia. Y hasta autores como Plutarco aseguran que el mismísimo Pitágoras viajó a Egipto, donde fue muy admirado, pudiendo haber llegado a utilizar simbología egipcia y algunas de las enseñanzas ocultas que allí aprendió en sus obras. Concretamente es en la ciudad que los egipcios llamaron Annu y que los griegos conocerían como Heliópolis, «ciudad del sol», donde acudirían los citados personajes con la intención de formarse en la sabiduría egipcia, puesto que la citada ciudad, era, en aquel momento, el centro por antonomasia del conocimiento egipcio.

Así pues, fue seguramente en Heliópolis o Annu para los egipcios, donde Platón tuvo conocimiento de las virtudes del dios Thoth. Dios por otro lado, que la tradición egipcia ha representado tradicionalmente con la figura de un ser antropomorfo con cabeza de ibis; aunque en un comienzo se le representó con la figura de un mono babuino.

Asimismo, aunque Thoth fue visto como el dios de la sabiduría en general lo cierto es que, para la mitología egipcia, éste era más específicamente conocido como dios de la ciencia y de la medicina, todo ello debido a que fue Thoth el encargado de proporcionar a Isis los encantamientos que permitieron devolver la vida a Osiris el tiempo necesario para poder concebir a Horus; o por ser el dios que sanó a Horus de las picaduras de los escorpiones, según relata la misma mitología egipcia.

Pero si Platón se sintió atraído por la figura de Thoth, tuvo que ser precisamente por las virtudes que al dios se le atribuían, como la fundación de la retórica –tan importante para Platón–, de los nombres de los objetos y el alfabeto –el diálogo platónico de Crátilo versará sobre este asunto–, inventor de la escritura jeroglífica, de la aritmética y de la astronomía; llegando a ser uno de los dioses más poderosos e influyentes de la mitología egipcia.

Y como para los egipcios era de vital importancia estar listo para cuando tuvieran que emprender el viaje hacia el más allá, se preocuparon por tener una guía que facilitara el tránsito y la estancia una vez allí; así el Libro de los Muertos era el instrumento ideal para dicho propósito; conjunto de plegarias que facilitarían un tránsito tranquilo y seguro y, una vez asentados allí, una vida feliz.

Por tanto, viendo la importancia que el Libro de los Muertos tenía para los egipcios, no es casualidad que la primera plegaria con la que empieza el libro haga referencia al primero que realizó el camino; es decir, el dios Thoth:

He aquí lo que debe ser recitado el día de la sepultura para entrar (en el más allá) después de abandonar (la tierra).

Palabras dichas por N (el difunto):

“¡Salve, oh Toro del Occidente!”, dice Thoth al rey de la Eternidad, “soy el más divino de los dioses protectores. He luchado por ti. Soy uno de los dioses del tribunal que ha proclamado justo a Osiris contra (la opinión de) sus enemigos en el día del peso de las palabras. Pertenezco a tus gentes, Osiris. Soy uno de los vástagos de Nut que masacraron a los enemigos de Osiris y que capturaron a los que se habían rebelado contra él.

Formo parte de tus gentes, Horus, porque he luchado por ti. Yo me he presentado en tu nombre. Soy Thoth, el que ha proclamado justo a Osiris contra sus enemigos en el día del peso de las palabras, en el Gran Santuario del Príncipe, que se halla en Heliópolis…”3

Vemos cómo nuevamente el dios Thoth sirve de maestro para los egipcios; pero, en este caso, como maestro o guía para el viaje más importante que un egipcio realizaría en todo su periodo vital; ese viaje que le llevaría a la felicidad eterna.

Por todo ello no es de extrañar que Platón se sintiera fascinado por semejante personaje y que quisiera darlo a conocer en uno de sus diálogos a todos aquellos que no tuvieran una noción precisa de las grandezas de ese dios instructor.

Notas a pie de página

  1. Platón. Fedro, 274e. Editorial Gredos
  2. Ibidem, 275a
  3. Libro de los Muertos, Capítulo 1A. Editorial Tecnos (2018)

Bibliografía

  • Platón. Diálogos II y III. Ed. Gredos.
  • Armour, Robert A. Dioses y mitos del Antiguo Egipto. Alianza editorial.

Imágenes | Pixabay, Wikipedia

Artículo de:

Rubén García Díaz (autor invitado):
Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. Estudiante y apasionado de la Filosofía, de la Literatura, de la Historia, del Arte y de la Cultura en general.

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