El siglo XIX fue un periodo prolífico en muchos sentidos, peculiar, nada indiferente a la vista de doctos y curiosos casuales de la historia; he aquí el nacimiento de grandes movimientos revolucionarios en busca de una voz para aquellas y aquellos que habían estado a la sombra y que aún continúan en pie de lucha. En este siglo el sonido del metal y la pólvora resuena en todo el mundo: Inglaterra en china, Prusia contra Francia, Napoleón en España y otros tantos países; en Norteamérica se escuchaba de norte a sur el golpe del cañón mientras que en Latino y Sudamérica se escucha además el grito que busca la emancipación de Europa. De igual forma la revolución industrial comenzó, el viajar en tren o barco unido a la implementación de demás máquinas de vapor darán génesis a lo que ahora conocemos como contaminación ambiental; por otra parte tenemos el movimiento del romanticismo, casi extinto el siglo dará al mundo la cinematografía, Marx lanzará el grito que buscará despabilar al proletariado y una larga lista de personajes que aportaron bastante al desarrollo humano. De esta índole rescataremos a dos peculiares figuras: atormentados, solitarios, melancólicos, intempestivos y desde luego ególatras.

Una cosa soy yo
y otra cosa mis escritos

Por una parte encontraremos a Edgar Allan Poe, nacido en 1809 y muerto cuarenta años más tarde, huérfano de madre desde los dos años; sea quizá prudente quitar el Allan dadas las rencillas que existieron con su padre adoptivo de quien toma el nombre. Por otra parte tenemos a Friedrich Wilhelm Nietzsche, nacido en 1844 y muerto en 1900, huérfano de padre desde los cinco años; sea por demás prudente omitir el Wilhelm dado que adquiere este nombre por Friedrich Wilhelm IV de Prusia, figura a la cual él detestó. Se tiene aquí a dos personajes que sólo compartirían un puñado de años el mundo, pero que dadas las circunstancias, no tuvieron oportunidad alguna de entablar conversación.

Nietzsche y Poe, son de esos autores cuya vida misma compite en interés con su obra y que, pese a lo que diga el filósofo alemán, no puede separarse[1] ¿Acaso no la misoginia de Nietzsche resuena con los específicos nombres de Elisabeth, Fransiska y Salome? O ¿Qué no acaso Lady Madeline Usher podría también llamarse Virginia Clemm? De estos dos escritores no podemos separar su obra y su vida, Nietzsche sin la enfermedad que le lleva a la razón, resultaría un mero quejumbroso alemán y Poe sin su apego al alcohol tan sólo sería un hombre demasiado perturbado por la tumba.

 Dentro de las similitudes que podemos encontrar en estos dos está, desde luego, el amor por los griegos, el desprecio por la aristocracia noble[2] o de dinero[3], su alistamiento en el ejército en la división de artillería, pero por sobre todas las cosas el Delfos de estos dos sujetos es París; si algo pudiesen haber tenido por siempre estos dos es, sin lugar a duda, esta ciudad europea. Nietzsche y Poe habrían podido pasar horas hablando de la cultura, calles, estilo literario y demás que aportaba al mundo; por un lado Poe va a influir en figuras de la talla de Baudelaire, Mallarmé o Verne y desde otra óptica Nietzsche quedará fascinado de la pluma de estos; si hay algo en lo que, americano y alemán habrían coincidido es en decir que: “Quien es artista no tiene, en cuanto tal, patria alguna en Europa, excepto en París.”[4]  

La tendencia
del corazón a la tortura

Pero seguramente este encuentro ficticio hubiese acabado después de alejarse de París. Poe habría insistido demás en comenzar a beber y el autoproclamado “discípulo de Dioniso”, abstemio irónicamente, harto de la compañía del poeta habría retornado junto a su águila y serpiente a la comodidad de su soledad. Permítame el lector el realizar aquí una divagación necesaria.

 Desde El nacimiento de la tragedia, Nietzsche encuentra una predilección por Dioniso (¿Quién no lo haría?), a tal grado que si cataloga a algo como dionisíaco es en la medida en que esto es la expresión más alta del espíritu artístico, contrario a este elogio existe el adjetivo de lo cristiano como lo más bajo, y a lo largo de su obra se verá este simbolismo escondido en las figuras que utiliza: Dioniso Zagreo como el niño y el camello como un cristiano en misa[5].

Pero Nietzsche es parcialmente dionisíaco ¿Qué clase de sátiro pone distancia al vino y relega amistad a lo femenino? Sea tal vez el filósofo una encarnación de Penteo[6] y bueno su desenlace no es tan ajeno al también perder su cabeza de repollo*. Nietzsche fue poeta y músico, pero sobre todo filósofo, con todos los vicios y virtudes que acompañan el término, es decir, busca la verdad (o las interpretaciones de la misma) y cual amante celoso va a repudiar las formas distintas de buscarla, principalmente a la poesía; aquí una frase que escandalizará al filósofo pero seguramente más a sus malogrados herederos: Nietzsche es más platónico de lo que le gustaría reconocer. Y con platónico entiéndase desde luego, apolíneo, Nietzsche es mesurado, a pesar de llamarse poeta prefiere la prosa, su violencia es la de Apolo, con un carácter de purga, como médico de la cultura, llevaba tal vez Zaratustra, además de sus animales, un olivo consigo. Nietzsche estaba enamorado de Dioniso, anhelante de llegar a ser como ese dios desconocido, aunque no por ello dejó de pertenecer a Apolo. Al igual que Platón, Nietzsche arremete contra los poetas, el parágrafo decimo de El nacimiento de la tragedia es un desacreditar a Eurípides[7] como el más trágico de los poetas y es preciso recordar, además, las palabras que en su Zaratustra dirige precisamente a este sequito:

Y todos los poetas creen esto: que quien, tendido en la hierba o en repechos solitarios, aguza los oídos, ese llega a saber algo de las cosas que se encuentran entre el cielo y la tierra. Y si a ellos llegan delicados movimientos, los poetas opinan siempre que la naturaleza isma se ha enamorado de ellos.[8]

Como ya se dijo, Nietzsche se decantó por un lado y la tradición siempre ha marcado distancia para con la poesía; a la filosofía le asusta, le asombre, envidia y rechaza la poesía, porque ahí donde esta última muestra la primera tiene que demostrar. Traigamos pues a Poe del descanso que le hemos permitido, el tema no le es por demás extraño tanto en La filosofía de la composición y en El principio poético manifiesta su palabra al respecto. Para el poeta la discusión sobre si hay verdad en la poesía y lo que esta busca y el modo, se acaba explicando de que habla cada forma de escribir; mientras que la verdad y la pasión se expresan en prosa, la belleza se expresa en poesía, no por eso la poesía no va a cantar verdad alguna, pero de acuerdo con Poe no debe ser esta ni su propósito ni su obligación:

“No se sigue, de ninguna manera, que las incitaciones de la pasión o los preceptos del deber o incluso, las lecciones de la verdad no puedan ser introducidas en un poema. No se sigue, de ninguna manera, que las incitaciones de la pasión o los preceptos del deber o incluso las lecciones de la verdad no puedan ser introducidas en un poema, y con ventaja; porque pueden favorecer incidentalmente, de distintas maneras, los fines generales de la obra. Sin embargo, el auténtico artista siempre se las ingeniará para bajarlas de tono, sujetándolas adecuadamente a la belleza, que es la atmósfera y la esencia real del poema”.[9]

Si un poema es inmoral, pervertidor, anticultural o lo que sea, es algo que no debe importar en tanto el autor buscara la belleza y luego representar cualquier cosa, por ello, desde Poe (el cual dicho sea de paso también posee un aire platónico) una expulsión de poetas o arremeter contra ellos en tanto su contenido y no la forma es un ejercicio por demás torpe; El poeta norteamericano responderá además a la quimérica opinión que tiene, no sólo Nietzsche sino muchos, respecto a una conjunción entre ambas disciplinas

Debe estar ciego ciertamente quien no percibe la diferencia radical y abismal entre los modos verdadero y poético de fijar las ideas. Debe ser fanáticamente teórico, más allá de toda redención, quien, a pesar de estas diferencias, persista aún en conciliar los obstinados aceites y aguas de poesía y verdad[10]

Claro que Nietzsche podría tomar bastante personal estas líneas, no porque no vayan de acuerdo con su percepción de un filósofo-poeta, sino por los periodos en los cuales, de manera no figurativa, él era víctima de la ceguera.

Dos Hosios

Se dice que en Delfos existió una orden pequeña de sacerdotes encargados de velar por los misterios de este templo gobernado por Apolo y Dioniso; Se ve en Nietzsche y Poe el legado de ésta orden. Delfos se ocupa de lo humano en una dimensión distinta, no sólo como pasión y mesura, y de esta forma los autores aquí confrontados se preocupan más allá del intelecto y el alma, atienden con mayor atención al espíritu, eso que convulsiona a los lectores y vuelve intempestivos a los autores y sus letras.

Una semejanza más estrecha que no pasa sólo únicamente por coincidencia, como podrían tomarse las descritas más arriba, es la maestría y predilección por la brevedad en los escritos. Desde Nietzsche, con el aforismo no sólo se rechaza la tradición de estilo y forma de la filosofía que la vuelve de aires absolutistas y cuasi dogmáticos[11], la brevedad del filósofo alemán permite su contacto con el mundo, el vitalismo que profesa no se queda en el libro y por tal razón debe salir a conocer el mundo. El problema con el aforismo radica en aquello donde encuentra virtud lamentablemente, la brevedad juega en su contra como lo sugería ya Poe al hablar de poemas breves: “La brevedad indebida degenera en mero epigrama. Un poema muy corto, mientras que de tanto en tanto produce un efecto brillante o vívido, nunca produce un efecto profundo o duradero.”[12] Claro que aquí se está hablando de dos formas de escritura tanto en cuerpo como en alma, aún así la brevedad del aforismo de Nietzsche no siempre resulta profundo y duradero, por ello el filósofo alemán es de los más populares pero también, lamentablemente, de los mayormente malinterpretados. En el caso de Poe la brevedad implica que el lector capte la esencia de aquello que lee en un tiempo menor a una hora, algo que le haga estremecerse sin interrupciones. Ambas, filosofía y poesía de cada autor, oscilan entre los periodos de soledad y vivencia pública.

Por último, debe mencionarse, el valor primordial que debe tener todo aquel que tenga a bien desenvainar la pluma; sin importar si se trata de un ensayo, novela, poema o discurso en aforismos, las letras deben encontrar nacimiento en el espíritu del autor, claro que sin olvidar la técnica, la escritura sin pasión es un pase de lista, pero sin técnica es sólo tinta en papel. En palabras de Poe el autor debe tener: “siempre presente la voluntad de lograr una obra universalmente apreciable.”[13] En palabras de Nietzsche: “Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.”[14] Poe y Nietzsche consiguen lectores precisamente por su honestidad, por la universalidad que tienen sus escritos.

Sea pues todo lo dicho no solamente un pretexto o invitación para leer a los autores, y con ello juzgar de correctas o incorrectas estas líneas, sino también una invitación a poner sangre en nuestros escritos para llegar a ser universalmente apreciables.

Referencias

[1] Nietzsche, Ecce Homo (2013), pág. 72

[2] Op. Cit., pág. 34

[3] Poe, Complete Tales & poems, (2001), pág. 415

[4] Nietzsche, Ecce Homo (2013), pág. 60

[5] Cfr. Nietzsche, Así habló Zaratustra (2013)

[6]Cfr. Eurípides, Tragedias T. III (2015)

[7] Cfr. Nietzsche, El nacimiento de la tragedia (2014)

[8] Nietzsche, Así habló Zaratustra (2013) p.p. 219 – 220

[9] Poe, Obras maestras (2015) pág. 509

[10] Op. Cit. pág. 507

[11] Niemeyer, Diccionario Nietzsche (2012), pág. 35

[12] Poe, Obras maestras (2015) pág. 504

[13] Op. Cit. pág. 495

[14] Nietzsche, Así habló Zaratustra (2013) pág. 88

Bibliografía

Eurípides, Tragedias T. III (2015), Madrid, Gredos

Niemeyer Christian, Diccionario Nietzsche (2012), Madrid, Biblioteca nueva

Nietzsche Friedrich, Así habló Zaratustra (2013), Madrid, Alianza

Nietzsche Friedrich, Ecce Homo (2013), Madrid, Alianza

Nietzsche Friedrich, El nacimiento de la tragedia (2014), Madrid, Alianza

Poe Edgar A., Complete Tales & poems (2001), Nueva York, Castle books

Poe, Obras maestras (2015), México, Editores mexicanos unidos

Anexos

Se hace mención al repollo (kohlkop o cabbage), dado que tanto en philosophy of forniture y Ecce Homo, Poe y Nietzsche respectivamente, utilizan el insulto, parece ser algo propio de la época

Artículo de:

Alex Rivera (autor invitado):
Lic. en filosofía por la UAE, cofundador del podcast ahí les va la res extensa. Actualmente, imparte clases de lógica en preparatoria, miembro del Colegio Profesional de la COMEFI.

Imagen | Pixabay

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