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Sin embargo, y punto central es que la noción de naturaleza no es la misma que en la KrV; en esta, la naturaleza está en el ámbito de lo fenoménico, de la sensibilidad de modo múltiple, y de lo que sólo puede ser reconocido por la unidad; todo lo anterior mediante la síntesis elaborada por la imaginación y los conceptos del entendimiento. Por todo lo expresado anteriormente, el genio es, por tanto, el talento que da la regla al arte, un don natural, y como tal, el talento es así la capacidad innata productiva del artista.

En otras palabras, la regla pertenece a la naturaleza y con ello, podría decirse que el genio es la disposición natural del ánimo que por medio de la naturaleza da la regla al arte.  El talento natural innato le permite al artista crear sus obras de arte siendo estas originales, sin imitación de por medio. El artista hace estas obras de arte bello porque tiene un genio que le da las reglas de la naturaleza para la realización de este, de esta forma, se comprende que no es la naturaleza misma quien las crea.

Pero dado que el genio es un favorito de la naturaleza[1] que aparece raras veces, su ejemplo para otras buenas cabezas da lugar a una escuela, esto es, a una instrucción metódica según reglas, en la medida en que quepa extraerlas a partir de aquellos productos del espíritu y de su peculiaridad: y en esta medida el arte bello para éstos es imitación a la que la naturaleza da la regla por medio de un genio.[2]

La imaginación

Como puede observarse, y siendo así de suma importancia, la imaginación del artista es en suma poderosa en la creación del arte, la imaginación del genio muestra su libertad frente a las leyes que rigen su uso empírico. A partir de la materia que la naturaleza real le ofrece, la imaginación (en tanto que capacidad cognoscitiva productiva) es muy poderosa en la creación, por así decirlo, de otra naturaleza.[3]

El artista se sirve de las leyes de la asociación al tomar parte de la naturaleza y usarla para superar la representación fenoménica de la naturaleza. Aquí sentimos nuestra libertad frente a la ley de la asociación (que depende del uso empírico de aquella capacidad) según la cual tomamos prestada de la naturaleza la materia, pero donde podemos transformarla en algo totalmente diferente, a saber, en aquello que sobrepasa a la naturaleza.[4] 

Kant daba una capacidad a la imaginación creadora en la que supone la consideración de su carácter empírico y su función trascendental. La imaginación del genio es empírica en la medida en que la materia le es dada por la sensibilidad, pero no se limita a reproducir, sino[5] que con esta materia realiza una síntesis mediante la cual no sólo se relaciona la sensibilidad con el entendimiento, sino ambas facultades con la razón. Al realizar esta síntesis, la imaginación cumple una función trascendental; de esta manera, en la obra de arte se refleja la subjetividad del genio. Con esto se asume que hay una singularidad proporcionada por las facultades de cada sujeto que serán de una manera única e irrepetible; ya que el genio es así, una facultad productora de ideas estéticas originales.

¿el artista posee al genio, su talento, y es capaz de tomar las riendas de lo que realiza?

Cabe considerar así que, en la obra el genio plasma su propia naturaleza, comunica su propio estado de ánimo, el cual se concentra en la obra, cuya representación no es posible encontrarla en un concepto. Dentro de este orden de ideas, estipulo dos preguntas, la primera es: ¿el genio posee al artista, la naturaleza lo envuelve y el este no nacería ni consciente de sus propias capacidades? Y, en segundo término: ¿el artista posee al genio, su talento, y es capaz de tomar las riendas de lo que realiza? Ante estas dos cuestiones, puedo pensar que Kant, formuló un camino intermedio en el que el artista está poseído, pues le es otorgado el talento (en oposición a que esté sea desarrollado o aprendido), pero también el artista posee ese talento, ya que toma cargo del proceso de creación.

En relación con lo anterior y lo que refiere a la originalidad, esta se da en la obra de arte y radica en que su naturaleza no puede explicarse mediante una regla o una ley determinada; es más, no se puede explicar con base en conceptos, como se ha expuesto líneas arriba. No obstante, esto no determina que no exista una ley que determine la obra de arte; Kant advierte que no debemos confundir que hay algo carente de modo absoluto de una ley, ya que no es posible llegar a crear una obra verdaderamente original sin el conocimiento de las reglas teóricas que la actividad artística conlleva.

Productos del genio

Kant determinó que los productos del genio debían ser originales, ya que estas van a ser un modelo o ejemplar que regule la creatividad artística y es precisamente este carácter ejemplar de la obra de arte la que será la única norma o ley. Estos productos serán así, modelos para que otros genios que despertarán su propia originalidad. […] sino para la sucesión por parte de otro genio, al cual, gracias al producto del genio precedente, se le despierta el sentimiento de su propia originalidad para ejercitar la libertad frente a la coerción de las reglas del arte, de modo tal que éste, gracias a lo mismo, recibe una nueva regla, de suerte que el talento se muestra como modélico.[6]

Resulta cierto que posiblemente no “regula” la creatividad, la despierta; y las “leyes”, aunque en efecto Kant afirmó la importancia de la parte académica, etc., en este específico contexto se refieren a esas leyes que un artista con genio dejó plasmadas en una obra y que otro artista con genio es capaz de extraer de dicha obra, este último usando reglas del enjuiciamiento o discernimiento.  

[…] en el juicio de gusto, lo que tiene derecho a ser atribuido universalmente y necesariamente, es el placer como conformidad a fin subjetiva de la representación con respecto a las facultades de conocimiento en el enjuiciamiento. Es la validez universal del placer, como predicado del juicio de gusto, lo que es representado a priori. Esto supone que en todos los hombres las condiciones subjetivas de esta facultad (es decir, el acuerdo recíproco de imaginación y entendimiento con respecto a la forma representada del objeto) sean idénticas, y que el juicio no esté enlazado con concepto alguno. No llamamos algo bello a menos que pretendamos, a priori, que todos aquellos que nos rodean, y más allá de ellos, encuentren el juicio válido.[7]

En lo concerniente a las bellas artes, estas son identificadas por Kant como las obras del genio; en tanto que, mediante él sea posible que la naturaleza le dé sus reglas al arte. La obra de arte es libre porque el genio crea con su necesidad interior y su propia naturaleza, a él la regla no le viene dada desde el exterior. Y, en recapitulación, podemos aseverar que Kant destacó las cualidades del genio, donde este tiene el talento para producir aquello la naturaleza le da la regla, en otros términos, la originalidad es así, lo que distingue al genio y en esta se dan los productos modélicos o ejemplares, es decir, productos que no imiten a ningún otro y que al mismo tiempo se constituyan en reglas para juzgar a otros.

Bajo términos propios, me atrevo a pensar que este proceso de originalidad creadora permanece oculto para el propio genio, por lo tanto, él no puede comunicarse mediante conceptos, él se expresa mediante la creación de obras bellas. Grosso modo comprendemos que el genio sólo provee de material mientras la forma que se le dé es académicamente enseñada de manera que pueda pasar eventualmente por un juicio reflexionante. Por otra parte, este incorpora a la capacidad de producir la obra, así como, la capacidad de crear obras apropiadas sin que esto sea enseñado. Sin embargo, si el gusto es externo al genio, ¿cómo le da la regla al arte puesto que el mismo dice que tener ideas originales, no es tan necesario para la belleza como lo es la conformidad con el gusto? Y si el gusto es interno, ¿cómo debemos entender que repetidamente mencione que requerimos práctica para desarrollarlo?

Una posible interpretación es que la separación del genio y del gusto sólo procede de un orden y en realidad forman parte de un todo. Quizá en vez de ser dos operaciones cognitivas opuestas, tanto el genio como el gusto podrían ser elementos de un solo proceso de ejecución creativa de la obra de arte.

Ahora bien, el genio puede ser explicado por el principio del espíritu, y espíritu como la habilidad de exponer ideas estéticas. El espíritu es el principio de animación de la mente, de las actividades del genio, la que está asociada con el espíritu es aquella a través de la cual se encuentra la manera de expresar estas ideas y nos permite comunicarlas a otros, éste es el talento del espíritu. Su función es expresar una idea de manera que permita comunicación estética de un concepto racional y no es una facultad como la imaginación, el entendimiento o juicio. Es un principio que anima el poder cognitivo de manera que hace la expresión estética posible.

La obra de arte es representación

La obra de arte es una representación de la imaginación; con su creación, el genio realiza de esta forma un enriquecimiento ontológico de la realidad natural dada. De esta forma, en y con el arte la naturaleza se multiplica con el talento del genio.  En igual forma, Kant denominó espíritu a la instancia sintetizadora, esta lleva a cabo los productos del genio, y es gracias a esta instancia que estos productos son “geniales”. Es por ello, que hay algunos productos que carecen de espíritu pues no hay como tal algo sintetizador que permita la genialidad de estos, no hay un principio vitalizante en el ánimo.

Un poema puede ser bonito y elegante, pero carece de espíritu. Un discurso solemne es profundo y al mismo tiempo grácil, pero sin espíritu. Una historia es exacta y bien ordenada, pero sin espíritu. Ciertas conversaciones resultan entretenidas, pero, en efecto, sin espíritu. Incluso de una mujer se dice que es bella, afable y cortés, pero sin espíritu.[8]

Es así como el poeta en efecto cuenta con una imaginación animada por el propósito del espíritu de expresar ideas racionales, pero si su juicio no está igualmente animado por el objetivo del espíritu de exponer ideas estéticas, entonces su poesía no tendrá espíritu. El poder del genio se Crea una obra de arte en la medida en que logra representar estas ideas. En la creación artística la naturaleza misma es el sustrato del genio; es ella la que los constituye dándole la regla para su creación y de este modo la naturaleza se manifiesta en la obra de arte.  Así pues, para el arte bello se exige imaginación, entendimiento, espíritu y gusto.[9]

Notas al pie

[1] ¿Cómo se determina este favorito?

[2] Ibid. p. 286 §49 B201

[3] Ibid. p. 281 §49 B193

[4] Ídem.

[5] En el proceso creativo va de razón (concepto o idea) a imaginación (atributos e ideas estéticas) y luego a juicio (aplicación del gusto para determinar manera de expresar a los otros). La relación en medio de imaginación y entendimiento en arte no está sujeta a las leyes del entendimiento normal y es libre de conceptos y de juicios determinados dentro de ciertos límites del entendimiento. De cualquier manera, en la imaginación resultan contenidos más allá de lo sensible sobre cosas sensibles. El genio debe encontrar una versión sensible para esto, más allá de la naturaleza, y esto se puede hacer sólo con la razón Posiblemente a través de juicios reflexivos se encuentran conceptos racionales carentes de contenido conceptual. Así, si se usan estos juicios (con la razón) el genio puede crear la contraparte estética y sensible de lo puramente racional. Una idea estética le da vida, pues, a una puramente racional. Se puede pensar entonces, que esta podría ser la relación entre sensible-imaginación-entendimiento-razón.

[6] Kant, Immanuel (2003) Crítica del discernimiento. Edición de Roberto R. Aramayo y Salvador Más. Madrid: Machado Libros. p. 285 §49 B200

[7] Da Silva, José Luís. (2005). Aproximación al concepto de Autonomía en la Tercera Crítica Kantiana. EPISTEME, 25(2), 1-14. Recuperado en 17 de marzo de 2021, de http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-43242005000200001&lng=es&tlng=es.

[8] Kant, Immanuel (2003) Crítica del discernimiento. Edición de Roberto R. Aramayo y Salvador Más. Madrid: Machado Libros. p. 280 §49 B192

[9] Ibid. p. 288 §50 B203

Bibliografía

Kant, Immanuel (2003) Crítica del discernimiento. Edición de Roberto R. Aramayo y Salvador Más. Madrid: Machado Libros

Mendiola, Carlos. “Acerca de la distinción entre la capacidad de juzgar determinante y reflexionante en Kant.” Theoría: Revista del Colegio de Filosofía 8-9 (1999): 79-99 p. 84

Watson, Leah.  The self-taught career musician: Investigating learning sources and experiences. Recuperado en 17 de marzo de 2021, de https://files.eric.ed.gov/fulltext/EJ1146504.pdf

Sánchez, J. EL CONCEPTO DE AUTONOMÍA DEL ARTE EN LA PRIMERA ÉPOCA DE LA REVISTA DE OCCIDENTE (1923-1936) NORBA, Revista de Arte, ISSN 0213-2214, vol. XXXI (2011) / 89-110

Gombrich, EH (1995) The History Of Art. Nueva York: Phaidon Press Limited

Lucie-Smith, Edward (1992) Art and Civilization. Nueva Jersey: Prentice Hall

Farga Mullor, et. al.  Historia del Arte. México: Pearson

Artículo de:

Sofía Alvarado M. (autora invitada):
Mtra. en Filosofía de la Ciencia (UNAM). Estudiante de Griego Moderno en la ENALLT. Especialista en Filosofía de la época moderna y en Historia de la Ciencia.

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por autores invitados

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