El sol está despuntando en el horizonte y dos personas están observando esta misma situación, son los dos grandes científicos del siglo XVI: Tycho Brahe y J. Kepler, los cuales estaban comprometidos con diferentes teorías sobre la configuración de los cuerpos celestes. Por un lado, existía una teoría geocéntrica bien consolidada y, por otro, estaba la reciente propuesta heliocéntrica que empezó a cuestionar la física aristotélica que culminó en lo que Koyrè llamó la Revolución Científica del dieciséis.

Como un precedente al debate sobre qué teoría explica mejor los fenómenos observados, está una pregunta importante que el filósofo N.R. Hanson hace al respecto de los observadores: ¿ambos están viendo la misma cosa? La cuestión no versa sobre cómo impactan las imágenes en sus retinas, tampoco sobre la percepción y menos aún sobre la interpretación que cada uno tiene sobre la aparición del sol en el horizonte. La conclusión a la que se llega es que hay un sentido, no trivial, en el que ambos no ven lo mismo debido a la adopción de supuestos totalmente diferentes al momento de confeccionar una explicación para el mismo fenómeno que perciben. Siguiendo la línea argumentativa de Hanson, cuando se pregunta sobre cómo se origina el cambio científico es importante mencionar que esto depende del conocimiento de fondo del investigador@, de sus habilidades, su experiencia y su capacidad de conectar los datos disponibles de una manera totalmente novedosa y creativa en el contexto epistemológico donde se desarrolla.

La creatividad es un elemento fundamental en los procesos de innovación y cambio científico, la cual está asociada a varios factores epistemológicos entre los que destacan los diferentes tipos de razonamiento inferencial. Actualmente, se reconocen al menos tres tipos de razonamiento que permiten obtener conclusiones a partir de una serie de premisas o evidencias: la deducción, la inducción y la abducción. Esta última ha sido considerada desde Peirce, como aquella que favorece la creatividad para el surgimiento de hipótesis plausibles para dar cuenta de situaciones novedosas, anómalas o inesperadas que surgen en el curso de la investigación científica.

Pero, ¿cómo sucede este proceso creativo en el cual se formulan hipótesis plausibles y cómo esto favorece el cambio científico? La respuesta no es tan simple como se ha creído, porque la construcción de hipótesis en la práctica científica ni se da en un repentino momento de inspiración à la eureka, pero tampoco parece emerger siguiendo una receta metodológica unívoca en donde la observación es la primera fase y la contrastación es la última. Los procesos de creatividad para el cambio científico involucran un tipo específico de razonamiento llamado Abducción que requiere de ciertos conocimientos previos los cuales permiten detectar cuándo los resultados obtenidos no son los esperados y, por tanto, son considerados anómalos o sorprendentes.

El razonamiento abductivo, en palabras del filósofo C.S. Peirce, consiste en advertir un fenómeno sorprendente, buscar las circunstancias pertinentes, hacer una pregunta, formar una conjetura, remarcar que la conjetura parece explicar el fenómeno sorprendente y adoptar la conjetura como plausible para luego someterla inductivamente a prueba. Este proceso no se da necesariamente de manera lineal tal como se captura en un modelo lógico, más bien, es de tipo recursivo en donde hay un ajuste tanto experimental como teórico a partir de la evaluación de escenarios posibles y la actualización de la evidencia.

El diagnóstico médico es otro ejemplo, aparte del citado de Hanson, que ilustra adecuadamente el curso del razonamiento abductivo que permite la construcción de hipótesis plausibles en situaciones novedosas o anómalas: Imagine un escenario hipotético como una sala de especialistas que están intentando obtener un diagnóstico adecuado para un paciente que presenta un cuadro clínico que es compatible con la enfermedad A. Después de un análisis contrastativo se llega a un veredicto con base en su conocimiento y experiencia médica y se le asigna un tratamiento para A. Desafortunadamente el tratamiento no funciona y, por el contrario, se enfrentan ahora a un cuadro de síntomas que no habían visto antes como asociadas a la enfermedad A. Inmediatamente, formulan hipótesis plausibles que expliquen esta situación novedosa y que además solucionen la afección del paciente. El proceso se actualiza y reconfigura tantas veces sea necesario hasta llegar al diagnóstico correcto.

Los procesos inferenciales asociados a los ejemplos de caso presentados aquí, siguen un patrón de razonamiento que como menciona Schurtz (2008), funciona como una estrategia de búsqueda que nos lleve, para un determinado tipo de escenario, en un tiempo razonable a una conjetura explicativa muy prometedora que luego se somete a más pruebas. Sin embargo, hay algo muy importante que mencionar aquí, el escenario es la consecuencia observable por algún medio, de alguna causa hipotética que estamos indagando: es un razonamiento “hacia atrás”. Tanto en el caso de los observadores del sol como en el del diagnóstico médico existen circunstancias que originan preguntas contrastativas para indagar las causas: ¿por qué el sol se mueve, y no la tierra, como sugiere el modelo ptolemaico?, ¿por qué el paciente presenta un cuadro clínico asociado a A pero también compatible con B?

Las respuestas plausibles a los casos novedosos o anómalos en la ciencia algunas veces generan un cambio de paradigmas en la ciencia o bien requieren de la construcción de explicaciones, también plausibles, dentro del mismo marco epistemológico, pero que requieren de la capacidad creativa del agente que está intentando dar cuenta de un hecho sorprendente. En este sentido, el cambio científico o la formulación de hipótesis no inicia en la observación, o al menos en una observación que no presuponga ya una teoría, pero tampoco surgen en un momento sui generis eureka. Son producto de un proceso de razonamiento llamado abducción que necesita de un conocimiento de fondo para conectar, de manera novedosa, los conocimientos que ya se tienen con la nueva evidencia disponible.

Brevemente, lo que se ha dicho hasta ahora es que la abducción puede explicar los procesos de cambio e invención en la ciencia, además, nos muestra que todo saber es inferir. No obstante, inferir no es acto instantáneo, ocurre en una serie de pasos no lineales que requieren de acciones comparativas que involucran al menos un tipo de razonamiento aplicado en un lapso de tiempo más o menos considerable (Magnani, 2005) lo cual nos permite descartar las perspectivas ingenuas de la ciencia al estilo denominado “momentos eureka”.

Bibliografía

Aliseda, A. (2017). “El Lugar de la Lógica en la Razón Creativa”, Creatividad e innovación en Ciencia y tecnología, UNAM,

Douven, I. “Abduction”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2017 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/sum2017/entries/abduction/>.

Hanson N.R., (1958) Patterns of Discovery an Inquiry Into the Conceptual Foundations of Science, Cambridge University Press.

Magnani, L. (2004) “Model-Based and Manipulative Abduction in Science”, Foundations of Science, 2004.

Peirce, C. S. [CP]. Collected Papers of Charles Sanders Peirce, edited by C. Hartshorne, P. Weiss, and A. Burks, 1931–1958, Cambridge MA: Harvard University Press.

Imagen | Freepik

Artículo de:

Elizabeth Martínez Bautista (autora invitada):
Doctora en Filosofía de la Ciencia-UNAM. Con intereses en la filosofía de la biología y la Epistemología de las inferencias en la ciencia.

#ciencia, #paradigma, #razonamiento

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!