Tenemos una tendencia especial al ver. Esta encuentra su arraigo en el hecho de que el ver puede dar una multiplicidad de sensaciones que pueden llevar tanto a un conocimiento como una mera percepción o placer de lo visto; aunque asimismo lleva ínsito un no-conocer, una falta de percepción o un displacer. Por el ver conocemos y percibimos los colores y sus matices (el ojo puede captar más o menos un millón de tonalidades de matices de colores), pero también creemos no conocer alguna cosa, pues aquello que no se puede percibir con la vista está como ausente. Cuando se está en un lugar oscuro, esta sensación de falta de visión lleva al no conocimiento o falta de percepción por medio de la mirada, se siente uno como ciego.

Por otro lado, puede operar en la mirada un placer estético ante aquello que el ojo, entrenado por la convención para ello, considera bello o feo, reprobable, es decir, percibiendo un displacer que causa la cosa vista.

Entre estos modos de la tendencia al ver se pueden destacar los aparatos creados para ver más allá de lo que se puede ver con el ojo, incluso para ver aquello invisible o para reparar una visión dañada.

Asimismo, la publicidad se basa en un fuerte modo de visión, igualmente la construcción corporal, la imagen e incluso la formación intelectual que nos da para leer aquello sabido o visto por otros.

La importancia del testigo visual, igualmente, está por sobre un testigo auditivo en la mayoría de los casos.

También puede pensarse en la relación de visión y pensamiento, pues este último ilumina las cosas para hacerlas claras, cuestionables, etc. Las metáforas visuales pueden ser además más patentes que las auditivas, que las gustativas, etc. En el habla se dice que no se ve claramente “algo”, que uno no ha visto “alguna cosa”, pero este “algo” o “alguna cosa” pueden ser remplazados por cosas tan poco visuales como perceptivas; por ejemplo: uno no ve claramente las “posibilidades” de tal o cual situación, uno no ha visto “las relaciones” de tales o cuales cosas.

No es nuestro interés hacer aquí una descripción de los diferentes modos del ver ni de sus formas contrapuestas a las demás percepciones. Nos interesa más bien, a partir del presupuesto (de que hay una tendencia y primacía del ver), plantear pregunta e intentar una hipótesis o respuesta para esta.

¿En qué se funda esta tendencia al ver y la primacía de esta? ¿Acaso la multiplicidad de lo visto es el fundamento da la tendencia a la visión? Para la filosofía aristotélica así puede ser. Sin embargo, se intentará aquí plantear una breve reflexión sobre la tendencia al ver en relación con la distancia. Es decir, la tendencia al ver no solo se constituye porque los ojos muestren una multiplicidad de cosas ante las cuales la mirada ciertamente queda absorta, sino que esta tendencia se constituye porque lo visto y el ver están distantes, no tocan (más que en la distancia) propiamente a quien percibe.

La tendencia al ver se dirige hacia lo que está distante de uno, aunque esto no indica que uno no se pueda acercar. El acercamiento a las cosas indica que estamos distantes de ellas y que queremos saltar esa distancia. Puede ser que la distancia sea reducida a lo más mínimo, pero nunca anulada, pues hacerlo sería justamente anular la visión. Pero esta distancia no debe ser pensada como una cosa mensurable (aunque lo puede ser), sino más bien como un ámbito de separación entre las cosas que hace que cada una sea una, tanto vista o vidente, pero también en la separación propia de lo vidente de sí mismo. En el primer caso se podría pensar esta distancia como la que hay entre sujeto-objeto, en el segundo caso puede pensarse en el objeto-sujeto, en la cual el sujeto es objeto de su misma subjetividad.

La tendencia al ver está constituida por la distancia, pero esta distancia es constitutiva aquel que ve, puesto que si no fuera así este sería un ser absolutamente cercano a las demás cosas y se fundiría en ellas. Tal vez una experiencia de fundición podría darse, pero esta requiere preparación y hasta la muerte del sujeto como aquel separado. En cualquier caso, esta fundición tendría como base la separación, pero esta distancia no es una división de lo otro que no es el sujeto o el que ve, sino que es la posibilidad de sí mismo de estar tendiendo hacia las demás cosas. Por ello puede ser un ente trascendente, incluso trascendente hacia lo imaginario o ficticio.

La prioridad del ver surge de la distancia, pero no la reduce, sino que la ejecuta, puesto que la distancia es la formación del ser individual que siempre es uno. En la filosofía francesa del siglo pasado se llamó a esto “discontinuidad de los seres”, indicando una especie de separación entre cada ser que permanece en su existencia individual a pesar de que otro ser, tal vez cercano, muera. Ciertamente la distancia se mantiene en la muerte, pero ello no indica que no se pueda ver al otro en condición de agonía o en los estertores de su último suspiro. Esta distancia y tendencia al ver permite justamente el enlace de uno con otro, pues permite experimentar una cosa otra como otra, sin la aniquilación total del ser individual (como en la muerte).

Lo que pretende este breve escrito es plantear la hipótesis de que la tendencia al ver surge de la distancia y esta es la posición existencia de cada singular que permite tanto enlaces como rupturas, o dicho en otros términos, spinozianos, esta distancia permite los afectos de alegría y los de tristeza. La distancia permite la disposición al objeto amado, así como la repulsión del objeto odiado. Pero disposición y repulsión, en este caso, son modos de la tendencia que debe superar en cada momento la distancia de los seres. Este intento de superación es el ver.

Quien no pretende la superación de la distancia, aunque esto sea imposible, permanece impertérrito e indiferente ante lo que pasa, por eso no puede ver lo hechos o los acontecimientos del mundo y tomar postura ante estos, por ello se encarga de velarlos, de oscurecer lo visible, para tergiversarlo todo en conspiraciones, sean las políticas o las del placer. Pero el oscurecer solo es una especie negativa de la conspiración, puesto que esta también vela lo visto en otras máscaras para poder hacer cada vez más visible aquello a lo que se tiende, piénsese en los velos que cubren de anónimo para poder hacer más visible lo ya visible de una situación política o de una relación amorosa.

Se mencionan aquí dos formas de velar, pero también dos casos de este velar: la política y la relación amorosa. Estas siempre van de la mano, pues intentan guiar lo visto a lo otro y le instan a ver. Pero ¿ver qué?: que la existencia se mueve en una tendencia y que en ella opera una distancia que hay que procurar salvar, pasar el umbral de la distancia para superar cualquier tipo de oposición y hacer de lo invisible lo más visible: la distancia que siempre une.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Gerardo Córdoba:
Filósofo por la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia). Maestro en filosofía por la Benémerita Universidad Autónoma de Puebla (Puebla, México). Integrante del Centro de Estudios Filosóficos y Culturales. Doctorando en Filosofía.

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por Centro de Estudios Filosóficos-Culturales

El Centro de Estudios Filosóficos-Culturales (CEFC) es un centro internacional de estudios enfocado en la divulgación de temas filosófico- culturales contemporáneos como: estudios filosóficos contemporáneos continentales, literatura y poesía reflexiva contemporánea, estudios sobre la imagen y el audiovisual con perspectiva filosófica, estudios sobre poshumanismo.

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