De por qué la “narcocultura” no es cultura en sentido propio

En las últimas décadas hemos escuchado hablar de la “cultura del narcotráfico” o “narcocultura”. En México el asunto tuvo su particular impulso en el sexenio del presidente que hizo de la guerra a los carteles su distintivo. Sin embargo, esto no es un fenómeno nuevo y ya desde los años 80’s, y con el nacimiento del rap en EUA, se hablaba de una cierta cultura generándose alrededor de la actividad delictiva con drogas. Pues bien, a pesar de haberse dicho ya tanto, nos parece que el tratamiento de dicha cuestión ha sido inapropiada, sobre todo porque no se ha reparado en una cuestión que es fundamental para entender esto como un problema social: ¿qué es cultura?

La pregunta cobra relevancia en el ámbito práctico cuando vemos a un gran número de jóvenes queriendo replicar el modo de ser de los matones de Sinaloa (estado al norte de México), por ejemplo, porque han de considerarlo como el mejor. Claro que podemos rastrear las raíces de todo esto en la visión materialista del mundo, pero previo a eso tenemos que, en general, no se ha tenido cuidado de presentar este tema en su justa medida, es decir, evitando la relativización de las manifestaciones humanas y haciéndolas pasar todas como si tuvieran igual valor. Esto no es más que anclar en las mentes la idea de que cualquier estilo de vida o modo de ser vale exactamente lo mismo, que, por ejemplo,  hablar con propiedad o no es una cosa de estilo propio más que una cuestión de perfeccionamiento humano.

Pues bien, tratemos de contestar a la pregunta antes mencionada para hallar el meollo del asunto.

“Cultura” puede entenderse en dos sentidos: uno impropio y otro propio. Del primer modo, llamamos “cultura” a cualquier manifestación humana característica de un lugar o a un modo especial de relacionarnos con el mundo y así, por ejemplo, nos referimos a “cultura alemana”, “cultura tolteca” o “cultura de la violencia”, etc. tratando de evidenciar un modo particular de ser. Importante es notar que en este sentido “cultura” no refleja la conveniencia de tal o cual manifestación humana, sino que simplemente se detiene a describir el fenómeno humano, y por ello decimos que este es su sentido impropio.

Por otro lado, en sentido más profundo,  decimos “cultura” es aquello a lo que los alemanes llaman “bildung”, es decir, el cultivo de uno mismo. Aludiendo a su etimología comprendamos, de manera ilustrativa, que es, en analogía con una planta, todo aquello que hace crecer al hombre en tanto tal, es decir, aquello que le ayude a desarrollar su naturaleza de manera apropiada, es cultura. El filósofo Carlos Valverde habla de cultura como: “… conjunto de verdades que ayudan a la persona a realizarse como tal.” De modo que podemos observar como en el término “cultura”, en sentido propio, está sustancialmente contenida la idea de la conveniencia de ciertas actitudes para el hombre. Es decir, de cosas que resultan apropiadas, adecuadas, buenas para él.

Ahora bien, si el término cultura puede entenderse, en primera instancia, en estos dos sentidos, el término narcocultura, por estar conformado por él, puede caer bajo el mismo análisis. Así tenemos que, narcocultura en sentido impropio es lo que el sociólogo Valenzuela entiende como procesos y dispositivos que participan en la construcción de sentido y significado del mundo[1]. Es decir, los narcocorridos, las narcoseries televisivas, la narcoliteratura, las películas con narcodramas, la narcoarquitectura, etc. son manifestaciones que expresan el modo de entender la vida de aquellas sociedades, sobre todo latinoamericanas, que se han visto envueltas, sin quererlo, de manera cotidiana, en la dinámica del tráfico de drogas y nada más. Esta, pues, es la manera en la que se nos presenta el asunto en los medios de comunicación y difusión cultural, que si bien, hasta ahora la mayoría no niega que se trata de un problema social, consiguen que la audiencia de poco criterio relativice las manifestaciones humanas y no anticipe que se trata de algo más que un simple “modo de ser” del hombre.

Por otro lado, narcocultura entendido en sentido propio simplemente no existe, pues si cultura es aquello que aporta a nuestro crecimiento espiritual para ser mejores en tanto nuestra naturaleza, es decir, en cuanto hombres, el narcotráfico vendría a ser todo lo opuesto, pues en él están contenidos actos completamente inhumanos[2] que, por ser tal, denigran lo que el hombre es. De modo que descubrimos que dicho término encierra, internamente, una contradicción y que por la misma razón, no puede estar referido a una realidad concreta sino a una fantasía, algo ilusorio, algo que no es y, puesto que todo concepto pretende atrapar la esencia de aquello a lo que se refiere, resulta entonces que narcocultura es un pseudoconcepto.

Ahora bien, bajo este análisis se desenmascaran muchos otros pseudoconceptos, con los que estamos muy familiarizados, relacionados también con la cultura. Por ejemplo “cultura del reguetón” -tan defendida por el asunto de los Grammy 2019-[3] o “feminismo cultural” que en verdad, y por las mismas razones expuestas anteriormente, no refieren a nada y  no hace más minar nuestro buen entendimiento del que fuimos dotados naturalmente, pues para entenderlos no tenemos más que falsear la realidad y con ello pensar, no el ser, si no la nada y esto no es pensar en lo absoluto.

De modo que, consideramos que cualquier análisis de lo cultural debe hacerse a la luz de esta distinción para poder ofrecer respuestas verdaderas al problema al que evidentemente nos enfrentamos, pues, esto implica comprender primero la naturaleza de tal fenómeno para después explicar en qué consiste lo problemático de ello. Pues de otro modo, no se estará más que luchando con políticas costosas e inútiles sobre un hombre de paja.

Notas al pie

[1] Valenzuela, J. (2010). Jefe de jefes. Corridos y narcocultura en México. México: El Colegio de la Frontera Norte

[2] Está de más enumerarlas aquí para alimentar el morbo del lector.

[3] Carbonell, O. (2019, 3 octubre). El reggaeton es cultura (a pesar de Maluma). Beatburguer. https://beatburguer.com/el-reggaeton-es-cultura-a-pesar-de-maluma/

Artículo de:

Vanessa R. Pérez (autora invitada):

Filósofa de profesión y católica por gracia inmerecida. Co-fundadora de Philosophicum Consilium (antes El amanuense) proyecto que nace de la firme convicción de que la filosofía, bien entendida, siempre es aplicada.

Imagen | Collage de la autora

[cite]

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por autores invitados

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