En abril del 2021 un hecho causo la indignación de muchas personas en Argentina: en un show televisivo, en donde muchas personas coinciden en un mismo lugar de trabajo, no existió protocolo sanitario alguno teniendo en cuenta la situación pandémica que nos atraviesa actualmente, con más de 30.000 contagiadxs por día; no se trata aquí de profundizar en ese hecho en particular, sino de utilizarlo para indagar filosóficamente sobre la lógica que impera detrás de estas actitudes que nos trasmiten mensajes de desprecio hacia el cuidado del prójimo.

Antes que nada comenzaremos este ensayo con el análisis de una frase clásica en lo referente a los espectáculos de entretenimiento: “el show debe continuar”. Esta frase marca una enunciación que incluye un sujeto “mínimo”; o al menos un poco de reflexión de parte de los agentes protagonistas del espectáculo. Pensemos: “el show debe continuar“, ¿quién lo hace continuar? Nosotrxs, esos que pensamos que tomando los recaudos necesarios decidimos que podíamos seguir adelante con el show (esta lógica podría aplicarse a otros tipos de actividades también). Con un poco de esfuerzo, hasta nos podemos imaginar un diálogo entre dos actorxs tras bambalinas, unx le dice al otrx: “lo que está pasando es terrible, no sé cómo vamos a seguir con todo esto“, el otrx muy comprensivo responde: “no te preocupes, acordate que el show debe continuar, nos cuidaremos entre todxs y haremos lo posible para que todo salga bien“.

Hasta aquí nada mal, ¿verdad?, hay un diálogo que incluye la enunciación de un problema por parte de uno de los agentes y una posible solución argumentada por parte del otro. Podríamos incluso pensar esto como un gesto democrático consensuado y enmarcado en un conjunto de decisiones colectivas. Sin embargo, propongo que nuestra situación actual en relación con los medios televisivos o computadorizados de entretenimiento es distinta, y esto vale para nosotrxs como consumidorxs, y para los protagonistas como creadores o difusores de entretenimiento; no sólo eso, sino que ese modus operandi se extiende a dimensiones políticas más relevantes(más adelante lo analizaremos). De esa manera, creo que la frase de nuestros tiempos podría ser ligeramente modificada con relación a la que trajimos en un principio: “el show VA a continuar”, parece más apropiada como descripción del tipo de naturalización que gozan los medios masivos de entretenimiento en nuestras vidas. Retomando el ejercicio imaginativo podemos ver como lxs dos actorxs que se encontraban tras bambalinas desaparecen y ya no hay nadie preguntando, respondiendo o reflexionando al respecto. Es cierto, “debe” marcaba un imperativo, pero al menos era uno sostenido por personas reales que dirimen la mejor forma de seguir adelante con sus proyectos; cuando se tiene conciencia sobre una autoridad que se impone se le puede hacer frente (o al menos comprender un poco más la situación propia y de que prerrogativas depende). “Va” marca en cambio una inmediatez absoluta. Ni siquiera llega al estatus de imperativo; la situación forma parte ya del ámbito de lo “natural”, tanto es así que ya no es necesario que una autoridad la avale simbólicamente. La voz proviene de alguna especie de ente invisible pero eficaz que no nos consulta nuestra situación ni finge preocuparse por nuestra sensibilidad, solamente afirma ciegamente la necesidad de que el entretenimiento masivo continúe su marcha triunfante. Propongo que esa es la manera en que estamos consumiendo mucho de lo que aparece en los medios de comunicación y entretenimiento que vemos hoy en día. Redoblo la apuesta: es la forma en que nos relacionamos con muchas otras cosas más(luego seguiremos con este punto).

Para complicar el desarrollo del ensayo pienso que la mejor forma de profundizar en la descripción de nuestra situación y de además atreverme a proponer una mirada con incidencia práctica en nuestra vida cotidiana, sería hacer uso de dos conceptos clásicos de la Filosofía: lo “uno” y lo “múltiple”. Primero voy a proponer una breve caracterización de ambos que, aunque insuficiente y reduccionista, puede servirnos de guía en el resto del escrito.

Por un lado, “lo uno”, es lo que se muestra como inconmovible, lleno, total y siempre existiendo sin importar los cambios que puedan acaecer en la superficie visible de las cosas (esa es la victoria del “uno”, se muestra invencible e invisible al mismo tiempo); es “mudo” en tanto la paradoja de su totalidad yace en que está siempre allí no estando. “El uno” es la estructura subyacente a todo lo que se nos presenta como existente, es lo que nos atraviesa constantemente haciéndonos cantar las glorias del sentido común. Lo “múltiple” es todo aquello que se muestra como diferencia, singularidades que siempre corren el riesgo de sucumbir ante los tentáculos absorbentes del uno. Teniendo en cuenta todo el desarrollo anterior sobre la estructuración actual de los medios de entretenimiento e incluso extendiéndola hacia otros ámbitos, no deberíamos atenernos a la pura crítica de lo múltiple como si toda importancia se juegue allí.

Por supuesto, es necesario reflexionar sobre las multiplicidades que nos habitan y tratar de “elegir” las mejores (una diputada con una visión tolerante y pluralista es mejor que un senador arcaico y misógino) pero también es insuficiente. Lo importante de todo esto es que no se trata de hacer de lo múltiple nuestro “chivo expiatorio” porque en ese caso dejaremos al uno intacto. Remarco nuevamente que no estoy sugiriendo que lo múltiple no debe ser discutido sino que como dice Pablo Pachilla: “(…) habrá que pensar entonces de qué maneras puede lo uno subordinarse a lo múltiple; como puede lo mismo decirse de lo diferente(…)“, (Pachilla, Introducción en diferencia y repetición, p.25, 2020). Es decir, lo múltiple es nuestra “arma” para moldear el uno a nuestro gusto y que este se vea disminuido (ya que es posible que siempre habrá de ser necesario un grado mínimo de “uno necesario” para construir el vínculo comunitario).

Para terminar, voy a repasar algunos de esos puntos que tal vez son más difíciles de trasmitir para intentar de mejorar nuestra comprensión del asunto e intentar a su vez vincularlos con nuestra experiencia en aquellos espacios que habitamos. Voy a volver al ejemplo del espectáculo del cual me despegué muy convenientemente por un momento; en este contexto, si nos empecinamos en solamente asegurarnos un intercambio más favorable de lo múltiple (algún conductor no tan machista, hombres y mujeres bailando en la escenografía en vez de solamente mujeres, una sección que pretenda cierta empatía con alguna problemática actual, etc.) corremos el riesgo de “hacerle el juego al uno”; esto debemos evitarlo, el uno es lo suficientemente fuerte para jugar sólo sin compañerxs que lo ayuden, ya que él se encuentra en cada unx de nosotrxs, en nuestro instinto de conservación, en la certidumbre que a veces buscamos en nuestra vida cotidiana. Es muy importante poder vincular estos planteamientos al aspecto político de nuestras vidas, en nuestras luchas diarias tanto individuales como colectivas. Muy pocas personas pueden negar la necesidad de cambios en la estructura política, en la democracia tal y como está planteada en estos momentos y muchas otras cuestiones que son muy profundas y merecerían una atención mayor. El punto es que siempre opera una suerte de “olvido del uno” que consciente o inconscientemente invisibiliza el impacto que tiene la estructura sobre las prácticas que se ejercen en la misma. Es como si el acceso a posiciones de poder en la estructura hiciese que la multiplicidad rápidamente se simbiotice con lo uno. Así, la cosa quedaría como decía Heráclito:

“El dios:
día noche, invierno verano,
guerra paz, saciedad hambre,
toma diferentes formas, al igual que el fuego,
que, cuando se mezcla con especias, es llamado según el aroma de cada una”

Heráclito (DK 22B67).

En este ensayo me traté de guiar por la intención de rodear un tema muy complicado y que demanda una profundidad mucho mayor de la que puede pretenderse conseguir en unas pocas páginas. Lo que sí pretendo es haber logrado delimitar el problema y haber podido dejarlo planteado para buscar mejores respuestas en el futuro. Se trata nada más y nada menos de hacerle frente a la mismidad que aprovechándose de nuestro instinto de conservación nos intenta hacer presa de sus garras sometiéndonos una y otra vez al yugo del sentido común e imponiéndonos a su vez la mecanización del consumo. Deberíamos preguntarnos siempre como queremos que continúen los “shows” que se despliegan en nuestras vidas: el show del espectáculo, el de la política, el del deporte, el de los medios de entretenimiento, el del cuidado mutuo, etc. Un comienzo puede ser el pensamiento activo que nos despoje de la posición de espectador sumiso y nos devuelva la dignidad de la actividad transformadora.

Bibliografía

Pablo Pachilla, P. (2020). Introducción en diferencia y repetición. Argentina: Ragif

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Sacha Molinero Dávila (autor invitado):
Argentino. Estudiante de Filosofía y amante de la misma en todas sus manifestaciones.

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por autores invitados

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