El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red como el artículo más leído del mes de julio del 2021.

La filosofía actual debería alejarse de la incómoda tradición que empuja a abrir un abismo entre sus reflexiones y la tecnología, pues es una disciplina de carácter claramente práctico por los dilemas y realidades que tiene que afrontar de manera cotidiana. Es necesario aclarar que no existe tal abismo. El principal reto radica en la ruptura con esta creencia, en ser capaces de lanzarla al fuego o deshacerse del doloroso estigma. No es ninguna majadería afirmar sin titubeos que la filosofía debe tener un espacio reservado en el mundo de las tecnologías, pues no se trata de una porción de la realidad que esté exenta de problemáticas -muchas de ellas sociales, otras directamente relacionadas con la naturaleza y curso de la existencia humana- y dilemas éticos. Un lugar desde el que evaluar y reflexionar las realidades que acontecen y las que acontecerán, pero también para ser capaz de referirse y detallar los porqués y sus consecuencias, ventajosas o nefastas. Los profesionales de la filosofía han de saber sumergirse, sin rodeos ni miramientos, en los rasgos que caracterizan las sociedades que habitan, en las que existen.

 No creo que sea arriesgado hablar de la tecnología como la fuerza que lo determina todo en las sociedades digitales o digitalizadas: desde los modos de comunicarnos y socializar hasta los de pensar, desde las formas de gobernar y hacer política hasta las de educar. La digitalización de la vida cotidiana ha modificado el concepto de las sociedades y del mundo en el que están inmersas. Algunas de estas sociedades existen ya bajo el reinado -o yugo- de la hiperconectividad, pues desempeñamos buena parte de nuestras tareas y obligaciones en los planos de digitales, ésos que permiten que extendamos nuestra existencia mediante la descorporeización. Pensemos durante unos instantes en cómo conocemos gente nueva o en las compras que hacemos. ¿Cuántas de esas compras son a través de Internet? Y qué decir del creciente interés por las criptomonedas. No sé si es resultado directo de la pandemia o se debe a otros factores, pero durante estos últimos meses es un tema que ha ocupado más conversaciones de las deseadas. No sé si los lectores y lectoras comparten esta opinión conmigo, pero demasiados son los que se han lanzado a lo que creen que es invertir. Estos interrogantes deben ser indiscutiblemente reflexionados -trabajados- de la mano de la reflexión y el pensamiento crítico, sobre todo cuando las realidades con las que se interconectan trascienden los límites que acercan al ser humano al fangoso terreno de las desventajas.

 Poco a poco, el lector es consciente de que hay claros campos en los que la filosofía debe trabajar en relación con la tecnología. La ética es uno de ellos, así como las reflexiones acerca de la libertad humana -su alcance-, que debe entenderse como sinónimo de responsabilidad, de una responsabilidad que es interesante abordar desde el trabajo del filósofo alemán Hans Jonas, por el llamamiento que hizo a la acción responsable del ser humano ante las devastadoras consecuencias de la técnica. Mencionar la técnica es desgranarla. Definiciones hay muchas -y no soy partidaria de deshacerme en definiciones-, pero me gustaría quedarme, de algún modo, con lo afirmado por José Ortega y Gasset. La técnica es lo que nos hace plenamente humanos. Pero también el dominio sobre la naturaleza, si siguiéramos a Jonas. Afirmar que la técnica es lo plenamente humano podría ser sometido también a debate, pero lo he citado porque me gustaría que fuéramos capaces de interiorizar esa concepción de la técnica como una extensión del humano: como parte integrante e inseparable de la cotidianidad. Señalaba Ortega, en Meditación de la técnica, que, a diferencia del resto de especies animales, que viven encerradas en su presente, el ser humano es capaz de meterse en sí mismo, bucear en lo que conforma su mundo interior, para pensar. Y precisamente en ese pensar encontramos la génesis de las herramientas. La técnica, la tecnología, necesitan de la reflexión y pensamiento humano.

 La técnica es, análogamente, el modo de relacionarnos con el mundo. Somos capaces de crear mundos artificiales, porque nuestro modo de ser en el mundo es artificial. Los objetos producto de la técnica replican las relaciones que construimos los seres humanos. Hay que reflexionar toda esta tecnología que construimos y hacerlo desde una perspectiva crítica, ya que en ella nos reflejamos sin tapujos, mostrando tanto lo que puede ser considerado bueno como aquello que preocupa. Analizar las tecnologías, sus usos, rasgos y consecuencias es analizar, por extensión, al ser humano.

Nos acercamos, así, al concepto de filosofía de la tecnología. Se trata de una subdisciplina -y extensión de la filosofía de la ciencia o de las ciencias- cuya misión principal es explicar cómo -de qué manera o maneras- influye la tecnología tanto en la sociedad como en la existencia del ser humano. Detenerse a explicar estas cuestiones, ahondar en ellas, ha de hacerse de la mano del pensamiento crítico y reflexivo. El enfoque de la filosofía de la tecnología es el enfoque fundamental para analizar y debatir o reflexionar las realidades relacionadas con la tecnología. Hay que ser capaz de discernir entre lo pernicioso y lo que no lo es, para no caer en el tremendismo ni glorificar sin filtros.

 Tal vez una de las aplicaciones -e implicaciones- más importantes de la filosofía sea la relacionada con la ética, debido a la creciente necesidad de incorporar las herramientas pertinentes para reflexionar sobre cómo se está procediendo en el ámbito tecnológico, tanto en los procesos como en su incorporación a la vida cotidiana, teniendo en cuenta sus consecuencias, pero también en relación con el propio individuo. Tanto el uso que hacemos de las herramientas tecnológicas como nuestras conductas en los planos digitales no hacen sino proyectar lo que somos en el mundo tangible a nivel individual y colectivo. Reflejamos una serie de conductas que, en diversos casos, han de ser atendidas y analizadas desde una mirada crítica que sea capaz de comprender qué es lo que está ocurriendo. En este sentido, el amplio metaverso de los videojuegos es el que mejor muestra esos modos de proyectar nuestras realidades en esos planos donde los límites de la libertad son tan amplios como inusitados. No obstante, y debido a que nuestra vida se extiende al plano digital, éste no debería desarrollarse en ausencia de ética y moral. La inexistencia de sanciones o consecuencias punitivas derivadas de acciones cuestionables ejecutadas dentro del videojuego puede llegar a ser preocupante. Por este motivo, la reflexión filosófica es de vital importancia

Dentro de la ética cabe referirse a la biotecnología. Quiero compartir algo curioso a la par que interesante. Saben que las prácticas en biotecnología han suscitado las mismas dudas que dilemas éticos por el uso de seres vivos en la experimentación. En 2011, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford comenzó a trabajar en un proyecto interesante: los Juegos Bióticos. Se trata de una suerte de adaptación de videojuegos clásicos, como Pac-Man, a algunas prácticas realizadas en biotecnología. El objetivo es no causar sufrimiento y aprender nociones básicas. ¿Lo interesante de los Juegos Bióticos? Su capacidad para brindar un aprendizaje que rompe con las barreras de la ética, pues no hay sufrimiento.

Por otra parte, el ejercicio del pensamiento crítico es fundamental. Estamos atravesando una época plagada de bulos y noticias falsas; un tiempo en el que es posible ahogarse en mares de (des)información. Las cantidades ingentes de ésta tornan complicada la necesidad de saber lo que se escoge. Con la tecnología ocurre algo similar, sobre todo cuando tratan de desvirtuarla. El papel activo de la filosofía debe mantenerse, contra viento y marea, para fomentar el pensamiento crítico y las elecciones racionales.

La filosofía también debe de gozar de un espacio sano e inclusivo en el desarrollo de IA, a saber: los coches autónomos, por los dilemas éticos que enfrentan. Recomiendo encarecidamente visitar la página web de la UNESCO para leer más en detalle algunos dilemas éticos relacionados con las inteligencias artificiales.

 ¿Y qué decir de las reflexiones acerca de la identidad? Los videojuegos son una de las herramientas tecnológicas más permisivas son en cuanto a la libre construcción de la identidad, pues nos permiten existir en un entorno donde los límites son muy diferentes a los de la vida real. Podemos modificar nuestra identidad, jugar con ella o incluso dejarla atrás a través de los personajes que creamos. No todos los juegos ofrecen la posibilidad de crear un personaje, algunos de ellos se desarrollan a través de identidades narrativas, pero aún así, permiten que nos metamos -en sentido figurado, claro está- en otro cuerpo y otras realidades, adaptando nuestro pensamiento y sistema de valores a los del personaje en cuestión. Cabe detenerse a reflexionar sobre ello y qué impacto tiene sobre la identidad real. La libertad para confeccionar una identidad en planos digitales, es un arma de doble filo que puede atraparnos demasiado tiempo en un plano que no es del todo real, tornando complicada la cuestión de la autenticidad.

Navegar por internet es sinónimo de hallar información que nos revela que empresas tecnológicas de la talla de IBM o Google están interesadas en la incorporación de filósofos a sus filas. Se trata de una afirmación de difícil digestión, al menos para los que nos hemos titulado y vivimos en España. La idea no es descabellada, pero es costumbre arraigada ésa de asociar la filosofía a cualquier otra rama antes que a la tecnológica. No obstante, lo cierto es que los filósofos y filósofas cuentan -o contamos- con una amplia formación en Lógica y argumentación, además de manejar herramientas necesarias e importantísimas para el diálogo y la resolución de problemas, además del pensamiento crítico. El único modo de integrar la filosofía en el sector tecnológico no es otro que el de incorporar profesionales de esta área en las empresas. La apertura general de mentes en el mundo empresarial del sector tecnológico es urgente, pues el único modo de permitir que la filosofía se centre en estos asuntos -de tan necesaria reflexión y muchas veces, reorientación- es generar puestos de empleo, pero es imposible si no se valora nuestro trabajo.

Bibliografía

JONAS, H. (1995). El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Herder, Barcelona.

ORTEGA Y GASSET, J. (2004). Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Alianza Editorial, Madrid.

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Esther Sánchez González (autora invitada):
Doctoranda en Filosofía (UNED); y docente de Filosofía de la Ciencia en la Universidad del Azuay. Maestra en Filosofía Teórica y Práctica en la especialidad de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia; graduada en Filosofía y graduada en Educación Primaria.

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por autores invitados

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