Sócrates fue una de las figuras más importantes de la Antigua Grecia (siglo V a.C). Él provenía de una familia de artesanos, su padre era un escultor y su madre, partera. Se desempeñó en sus comienzos siguiendo los pasos de su padre, tiempo más tarde dejó la artesanía para dedicarse a despertar y educar conciencias.

La profesión de la madre lo influenciaría para el resto de su vida, ya que se dedicaba a ir por las calles de Atenas, interrogando a las personas, sin importar a que se dedicaba ni su estatus social. Simplemente debatía con distintos miembros de la polis, pero estos detectaban algo en él que les inquietaba: preguntaba y analizaba bastante lo que ellos decían.

Así iba Sócrates por la ciudad de Atenas debatiendo. Una vez, hablando con Eutidemo, le comentó si se había percatado de la inscripción que se encontraba en Delfos, a lo que este le responde obviamente que no. El filósofo le recordó que en dicha inscripción se leía: “Conócete a ti mismo“; Eutidemo argumentó que nunca se lo había puesto a pensar, ya que creía conocerse completamente. En consecuencia, Sócrates comenzó el trabajo de preguntar y repreguntar para demostrarle que no estaba en lo cierto. Él buscaba con esto hacer entrar en crisis tanto a Eutidemo como a cualquier otro, para lograr que reconociese que no poseía todas las respuestas y lo que creía saber, era errado.

Volviendo al análisis de la frase “Conócete a ti mismo“, el filósofo italiano Rodolfo Mondolfo afirma que debemos adquirir conciencia de nuestro fin y de nuestras faltas, el no reconocer que poseemos estas últimas, es la falta de conocimiento de nosotros mismos y de la verdad que se esconde bajo la ilusión y la pretensión de sabiduría. En efecto, tenemos que adquirir conciencia de los problemas y lagunas que escapan a la pretendida sabiduría, esta es la sabiduría primera, concluye Mondolfo.

Es sublime el análisis que hace Mondolfo sobre la frase de Sócrates, con el cual estoy completamente de acuerdo porque al conocernos a nosotros mismos en profundidad podremos descubrir nuestra verdad, siendo posible esto si reconocemos nuestros errores y faltas si no es completamente inviable. De esta manera, el nombre que recibe el momento en el cual el gran maestro logra que el otro entre en crisis al darse cuenta de que en realidad no conoce lo que cree conocer firmemente, es mayéutica. Gracias a esta, pudo despertar muchas mentes en Atenas, les hizo conocerse a sí mismos.

Recordando la profesión de la madre, la cual era partera, él a través de la mayéutica lograba hacer parir la verdad de cada uno de los miembros de la polis. Lograba que tomaran conciencia de su ignorancia, lo cual representa una verdadera sabiduría: “el que no sabe y cree saber, pues origina todos los errores que cometemos con nuestra inteligencia“.

Sócrates era un gran maestro y fue el maestro de los maestros, su discípulo fue ni más ni menos que el gran Platón y el discípulo de este, el gran Aristóteles. Ambos son la base de la filosofía occidental y los padres de la misma. Sin Sócrates no hubiera existido Platón, ya que lo tuvo de protagonista en la mayoría de sus escritos, como figura principal. Platón no dudó en inmortalizar a su maestro, ya que este nunca escribió nada, todo lo que recibimos fue gracias a su discípulo y alumno.

Las enseñanzas de Sócrates siguen estando presente hasta la actualidad, es posible poder ser como él. Este fue un gran guía de sus alumnos y discípulos, ya que no les transmitía la verdad, sino que los ayudaba a que por su propia cuenta la descubran en ellos mismos. Por eso mismo, el método socrático en la docencia es vital para que aflore el conocimiento en el aprendiz, no debemos creernos dueños de la verdad ni que poseemos toda la sabiduría. De esta manera, hay que ser los guías de nuestros aprendices, que a través de nuestras preguntas vean que nos intriga saber que es lo que piensan de lo que estamos enseñando, que es lo nuevo que pueden aportar.

Es increíble todo lo que te brinda el alumnado a la hora del debate cuando se analiza determinada situación o concepto, por eso nosotros los filósofos que nos dedicamos a enseñar, nunca debemos perder esa alegría por descubrir el conocimiento que posee el otro y jamás tratar de imponer nada sino que ellos mismos descubran su saber y su verdad.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Sol Maria Catolino Carísimo (autora invitada):
De Buenos Aires, Argentina. Profesora de filosofía egresada del instituto Pbro. A. M. Sáenz y lic. en filosofía en la UCALP de la ciudad de la Plata.

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