China siempre ha sido una cultura de contrastes y quizá nada la representa mejor que el símbolo del Yin-Yang en donde coexisten los extremos en constante movimiento. Y si bien esto es más generalmente parte del ser humano, en este país ha tomado cierto dramatismo digno de ser estudiado. Tomemos por ejemplo la religión y en general el pensamiento acerca de lo sobrenatural. A diferencia de sus vecinos en la India, la cultura china nunca ha sido particularmente fervorosa en su práctica religiosa, pero sí ha desarrollado desde tiempos remotos una intensa afinidad por la superstición, derivada de una concepción del mundo que está llena más que de dioses altísimos, de espíritus o fuerzas que habitan el mundo y de correspondencias metafísicas entre ellas, el lenguaje, las acciones y los objetos visibles.

Las religiones autóctonas chinas son el taoísmo y el culto de los ancestros. En su estado más primitivo y simple, la primera es una filosofía para entender los mecanismos del mundo, mientras que la segunda es primariamente la idea de la permanencia del espíritu después de la muerte. Ambas están desprovistas de las complejísimas cosmogonías de la mitología griega o hindú, pero al mezclarse a través del tiempo con un sinfín de supersticiones locales así como de constantes revisiones y exégesis, desarrollaron (sobre todo el taoísmo) una postura propiamente religiosa y con mucha complejidad ritual, siendo ésta última un intento de representar las ya mencionadas correspondencias metafísicas entre las cosas del universo, y propiciarlas a través de la armonía con ellas. También se mezclaron en buena medida con el budismo proveniente de la India y con la ética confuciana, que poco a poco fueron dándole a la concepción china del mundo su forma característica.

En todo esto, las supersticiones jugaron siempre un papel importantísimo y eran en muchos casos la forma más visible de las ideologías. El taoísmo hace énfasis en entender el funcionamiento del mundo y “alinearse con las cosas”, entiéndase tanto la naturaleza como la sociedad humana, para que las situaciones sean propicias. Pero esta postura filosófica se fundió y llegó a ser casi indiferenciada de antiguos ritos propiciatorios, perpetuándolos.

Por poner un ejemplo de entre cientos, en el influyente Libro de las Mil Palabras (千字文) del erudito Zhou Xingsi (周興嗣/周兴嗣; ?- 521) se encuentra esta frase:

Que los herederos continúen las ceremonias y oblaciones;

ritos y ofrendas en invierno y en otoño.

(嫡后嗣续  祭祀烝尝; Dí hòu sì xù, jì sì zhēng cháng)   

Se menciona que sólo los herederos principales (hijos de la reina, no de las concubinas) pueden ser elegidos para continuar con esta responsabilidad real. Este tipo de celebración en odas, poemas y textos eruditos y taoístas contribuyeron a lo largo de toda la historia a cimentar la importancia conferida al ritual, y por extensión a la superstición local, que era muy variada y se veía reivindicada en este tipo de textos.

Por otro lado, dentro de la misma tradición taoísta y en diversas corrientes que para fines prácticos podrían llamarse humanistas y naturalistas, existe una riquísima historia paralela de crítica de las supersticiones. Esta es una historia típica de esta vertiente de la cultura china:

En tiempos de la Dinastía Han Oriental (25-220) vivió el letrado y oficial Di Wulun (第五伦), hombre práctico y convencido de que debía mejorar la vida de los campesinos. Cuando fue nombrado regente del distrito de Kuaiji (會稽/会稽; Kuàijī; en la moderna provincia de Zhejiang), de inmediato se puso a inspeccionar la situación de la gente.

Horrorizado, se dio cuenta de que los campesinos, simples e inocentes en sus creencias, estaban a la merced de gran cantidad de chamanes y hechiceros de un taoísmo degenerado, que insistían en que se realizaran sacrificios de reses porque eran necesarios para la buena ventura. Los pobres granjeros, espantados de no poder ofrecer los rituales, tenían que endeudarse o hasta matar a sus propios animales de trabajo para poder realizar las ofrendas que les pedían los infames magos.

Viendo esta terrible situación que arruinaba a familias enteras, Di Wulun de inmediato prohibió todos los sacrificios de reses y volvió a instaurar los sencillos ritos antiguos, con ofrendas de agua dulce y hierbas.

Al principio la gente se asustó, pero Di Wulun no se dejó intimidar y decretó un edicto oficial para que se detuviera de tajo este tipo de práctica y además se castigara o expulsara a los brujos responsables de tanta miseria. Con el tiempo, la gente aceptó de buen grado las nuevas disposiciones cuando vio que su vida mejoraba sensiblemente, y nunca volvieron a los sacrificios extravagantes.

En tratados taoístas clásicos como el Huainanzi (淮南子, 139 a.C.) y Los Anales de Lu Buwei (吕氏春秋, Lǚ shì chūnqiū, 239 a.C.), podemos ver no sólo descripciones de lo abstracto y lo filosófico, sino aplicaciones prácticas de los principios taoístas y de muchas de las ideas de las llamadas “100 Escuelas de Pensamiento” (诸子百家, zhūzǐ bǎijiā) que florecieron en el periodo inmediatamente anterior a su escritura (siglos VI-II a.C.). En sus capítulos da explicaciones de la naturaleza del universo, del rol del hombre en él, y de la estructura ideal de un gobierno basado en el entendimiento de ambos. Muchos de sus capítulos tratan con la idea de combatir ideas falsas.

Wang Chong (王充, 25-220), el primer gran filósofo naturalista chino, habla de esta forma en el capítulo “Nociones incorrectas acerca de la felicidad”, de sus Ensayos Críticos (論衡, Lùnhéng):

Hay una superstición común que dice que aquel que se encuentra una serpiente de dos cabezas, morirá en poco tiempo. Cuando Sun Shu’ao encontró una serpiente de este tipo, rápidamente la mató y la enterró. ¿Quiere decir que la vida y la muerte de un hombre no dependen más que del destino de un animal cualquiera?

Tie Jiwen nación el quinto día del quinto mes lunar. Su padre Tie Tiying no quería criarlo, diciendo a su esposa que “un niño nacido en el quinto mes lunar crecerá alto como una puerta y matará a sus padres”. Su esposa contestó, “¿El destino del hombre depende del Cielo o de la medida de una puerta? Si dices que depende del Cielo, no te quejes; y si dices que de una puerta, ¿estás mal de la cabeza?”

Sun Shu’ao no murió inmediatamente, pero eso no tuvo nada que ver con enterrar una serpiente. Si al día siguiente hubiera recibido un favor, ¿se hubiera puesto a matar y enterrar serpientes?

En épocas modernas, Lu Xun (鲁迅, 1881 –1936) y muchos otros autores de finales de la Dinastía Qing renovaron sus ataques contra la superstición y durante la época maoísta, que estaba en contra de todo lo “obsoleto”, hubo una explosión de textos en contra de este tipo de creencias, como No temer a los fantasmas (1961).

Sin embargo una forma de ver el mundo tan arraigada no fue erradicada con tres décadas de rigores y prohibiciones. Hoy en día la sociedad china sigue perpetuando sus supersticiones de toda la vida y son un tópico en muchos sitios de cultura china. Para ser justos, muchas de las prácticas más dañinas como las referidas en la historia del oficial Di Wulun ya no existen, pero en el seno familiar se sigue realizando esta educación en las antiguas formas de pensamiento de correspondencias misteriosas del mundo. Así, tenemos la muy antigua tradición de los fuegos artificiales en Año Nuevo, que son para ahuyentar malos espíritus con la alharaca producida; la tradición de la cuarentena y el consumo de la placenta de la madre; o bien el tema de no colocar los palillos en vertical en el plato de arroz, para no invocar la imagen de poner inciensos para los muertos: la familia invariablemente le explicará al niño que es una práctica nefasta.

Finalmente, está las más inocuas supersticiones basadas en las correspondencias de lenguaje, que ya en el s. II se manifestaban en trabajos como el diccionario llamado “Explicaciones de Palabras”  (释名, Shì míng), Liu Xi (刘熙), en donde se explican muchos “significados ocultos” de las palabras basándose en relaciones curiosas entre las partes que las componen en su escritura. Por ejemplo, acerca de la palabra Ventana, Liu dice:

La Ventana implica conocimiento.

Ver las cosas que están fuera, desde dentro; esto es inteligencia.

窗, 聪也;于内窥外,为聪明也。

(Chuāng, cōng yě; yú nèi kuī wài, wèi cōngmíng yě).

Haciendo notar que Ventana (窗, chuāng) e Inteligencia (聪, cōng) comparten trazos, y por lo tanto, hay una relación de significado entre ellas.

Una extensión de esta práctica, parecida a las correspondencias numerológicas de la Gematria judía, es la correspondencia de buena o mala suerte entre dos palabras que son homófonas, dando los conocidos ejemplos de que pez (鱼, yú) y murciélago (蝠, fú) son de buena suerte porque se pronuncian de forma similar a la palabra “abundancia” (余, yú; como en la frase “cada año tener más”, 年年有余) y a la palabra “fortuna” (福, fú). Por otro lado, el número 4 (四, sì) es de mala suerte porque se pronuncia parecido a la palabra “muerte” (死, sǐ) y en la vida diaria, los niños aprenden a sacarle la vuelta al 4 hasta en cuartos de hotel y números de teléfono. De forma opuesta, hay maternidades que usan el “666” porque el número 6 (六, liù) suena parecido a la palabra “fluir” (流, liú).

Las formas más extremas de vivir estas supersticiones se pueden ejemplificar por las sumas ridículas que a veces se llegan a pagar por números de teléfono de buena suerte, con el récord de alrededor de 300 mil dólares pagados por Sichuan Airlines para tener el teléfono 8888-8888.

¡Qué diría Wang Chong si viera semejante barbaridad!

Imagen | sohu

Artículo de:

Alfonso Araujo (autor invitado):
Originario de Monterrey, México. Ingeniero Industrial y Músico. Radica en China desde el 2000. Ha traducido algunos libros clásicos chinos al español. Es director del IHUB TEC (plataforma de colaboración tecnológica entre China y Latinoamérica).

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por autores invitados

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