“El feminismo aspira a algo más y las mujeres se merecen algo mejor”1, así finaliza un polémico y conocido artículo escrito por Martha Nussbaum sobre el trabajo de la también pensadora norteamericana Judith Butler. De manera irónica, Nussbaum contrapone los progresos del feminismo liberal con el derrotismo académico de Butler cuyas posiciones -denuncia-, abandonan la lucha política y constituyen una especie de bucle simbólico y autocomplaciente que en poco contribuye a mejorar las condiciones materiales de las mujeres reales.

La disputa entre las dos filósofas, que puede parecer superada, se ve actualizada en las posiciones anti-posmodernas de las teorías del cambio social contemporáneo donde aspectos relacionados con las cuestiones más teóricas sobre el poder o las identidades aparecen como perniciosas por desviar la atención de la práctica colectiva.

Sin embargo, aunque las ideas de Judith Butler no se extienden a la acción de los grupos, sí pretenden revisar la capacidad para la transformación social de los individuos en un sistema que parece inamovible. La agencia, o acción genuina, es la acción que permite a los individuos crear soluciones alternativas y es, por ello, condición para la emancipación de determinados colectivos.

Para entender lo que significa una acción genuina podríamos decir que no es cualquier acción que decidamos llevar a cabo, sino la acción que, emprendida, pudiera haber sido distinta; esto es, que no reproduzca necesariamente una convención o norma. Este tipo de acción implica, en primer lugar, tener la capacidad o el poder de hacer algo, pero también y, sobre todo, la posibilidad de que ese algo sea diferente y propio.

Cuando decimos que alguien habla con voz propia, decimos que habla desde un lugar desde donde no se aceptan tutelas2, desde un lugar apropiado o reapropiado. Esto, casi siempre nos remite a un yo, a un sujeto, pero el concepto de sujeto, en el feminismo, como en otros frentes, no está muy claro.

Foucault ya había analizado cómo los individuos se convierten en sujetos bajo el aparato del poder. El sujeto es un producto y no existe antes de que el mecanismo de sujeción lo cree (Foucault, 1982), por ejemplo, un prisionero es un producto del sistema penitenciario, del conjunto de prácticas jurídicas y administrativas que se le aplican. De la misma manera, el sujeto de las reivindicaciones feministas -la mujer- tampoco es algo predeterminado y unívoco, es, como la célebre cita de Simone de Beauvoir, no alguien que nace, sino alguien que se hace (Beauvoir, 1973)

Butler va a concebir el género como una especie de identidad débil que se constituye a través de prácticas y actos repetitivos en el tiempo. Es un “estilo”, algo no sustancial y, precisamente por ello, tiene historia. Los actos que nos constituyen como mujeres, son los que Butler llama, tomando el término de John L. Austin (Austin, 1962), actos performativos.

Para Austin, las oraciones son performativas o realizativas cuando no sólo describen un hecho, sino que lo realizan: por ejemplo, cuando digo “os declaro marido y mujer” no estoy sólo pronunciando un enunciado, sino constituyendo un acontecimiento. Jacques Derrida (Derrida, 1977) añade a esto que, para que una sentencia sea performativa realmente, necesita referirse o citar un modelo social (un sistema repetitivo de prácticas) del cual toma su validez: no podríamos declarar un matrimonio si no existiera una serie de prácticas establecidas al respecto. De ahí, que, en la teoría de Butler, un acto individual no pueda ser performativo; lo performativo es siempre una repetición de una norma que da a las acciones presentes una apariencia natural: parece consustancial, pero oculta su construcción histórica y social, oculta su arbitrariedad.

Los cuerpos, también, son el fruto de la sedimentación de las prácticas sociales: la diferencia sexual, es construida: la sociedad patriarcal atribuye diferencias significativas -naturales y sociales-, a unas determinadas características biológicas, de modo que sobre la base de la diferencia genital se constituye una sociedad binaria.

La performatividad del género surge de este discurso binario y heteronormativo sobre los sexos: en tanto que hay formas autorizadas de actuar, los individuos quedan atrapados y subordinados a realizar ciertas prácticas si quieren ser entendidos y formar parte de su entorno.

Todo esto hace difícil la posibilidad de salir del sistema de producción social. Si somos producto de prácticas sobre las que hay ya una historia, una tradición y un mecanismo regulatorio, ¿qué posibilidad real de escapatoria tenemos?

Aunque el pensamiento de Butler evoluciona en sus obras (Judith Butler, 1988, 1990, 1999, 2011) se puede identificar una propuesta para subvertir la naturalización de las normas, para mostrar su carácter ficticio. Esto se puede hacer mediante la resignificación de las categorías del discurso patriarcal (cuerpo, sexo, género, etc.) y a través de las propias prácticas performativas (lo paródico).

La parodia tiene ese poder de contra-discurso, de táctica subversiva. Cuando Butler dice que lo gay es a lo heterosexual, no como una copia a un original, sino como una copia a otra copia, nos dice que la heteronormatividad no es más que una construcción social, una parodia de la idea misma de que hay algo natural y original a lo que hay que remitirse como referencia normativa (Butler, 1990).

Aunque lo paródico establece una nueva manera de entender la relación entre lo social y lo individual, es cierto que su posición carece de un acercamiento hacia lo colectivo. No es una postura frívola, tampoco. Nos hemos formado a través de la repetición, pero la ruptura con el discurso hegemónico como algo dado naturalmente, visibiliza los mecanismos de subordinación y nos hace más capaces de actuar genuinamente.

La aportación de Butler sigue siendo controvertida, pero la crítica de Nussbaum no tuvo en cuenta que su feminismo va más allá de hacer lo personal, político; hace de las condiciones que construyen nuestra identidad, algo político, lo que permite que podamos hablar con voz propia aunque seamos diferentes.

Notas al pie

[1] Traducción propia: “Feminism demands more and women deserve better” en https://newrepublic.com/article/150687/professor-parody

[2] Como dice a este respecto Raquel Gutiérrez Aguilar en una entrevista concedida a la plataforma rebelión.org, en https://rebelion.org/tener-voz-propia-significa-no-aceptar-para-nuestro-pensar-decir-hacer-relaciones-de-tutela-o-dependencia/

Referencias

Austin, J. L. (1962). How to Do things with words. Oxford University Press.

Beauvoir, S. de. (1973). The Second Sex. Vintage Books.

Butler, J. (1990). Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista. Debate Feminista, 296–314.

Butler, J. (1999). Bodies that matter. In J. Price & M. Shildrick (Eds.), Feminist theory and the body (pp. 235–245). Edinburgh University Press.

Butler, J. (2011). Bodies in Alliance and the Politics of the Street. Transversal, 1–15. http://www.eipcp.net/transversal/1011/butler/en

Butler, J. (2011). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Taylor \& Francis.

Derrida, J. (1977). Signature Event Context. In Limited Inc (pp. 1–24). Northwestern University Press.

Foucault, M. (1982). The Subject and Power. Critical Inquiry, 8(4), 777.

McNay, L. (2013). Gender and Agency: Reconfiguring the Subject in Feminist and Social Theory. John Wiley & Sons.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Leticia Prado (autora invitada):
Titulada en Filosofía y Sociología Cultural. Sus intereses son la Ética, la Política y los Movimientos Sociales.

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por autores invitados

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