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Estableciendo un diálogo con Rousseau, las estructuras sociales producen en mayor o menor medida desigualdades sociales, es decir, distribuciones desiguales de recursos entre las diferentes posiciones estructurales que las caracterizan (Rousseau, 1754, pp.113-116). De este modo, en este breve ensayo investigaremos en busca de aquello que capacita y empuja a un sistema social hacia la corrupción, la desigualdad y la diferencia entre personas. Dada la brevedad de este análisis, procederemos sobre un archipiélago de ideas  comunes que supondremos válido y que es ni más ni menos que la inevitable historia de la desigualdad en la misma naturaleza humana. 

El origen de la desigualdad
como factor institucional

Desde un enfoque dualista, ha habido muchos autores que han correlacionado o estudiado paralelamente las desigualdades sociales y las naturales. Siguiendo esta línea, el economista premio Nobel y filósofo reputado indio Amartya Sen, en su ensayo Nuevo examen de la desigualdad, lo explica del siguiente modo: 

Los humanos somos profundamente diversos. Cada uno de nosotros es distinto de los demás, no solo por las características externas, como el patrimonio heredado, o el medio ambiente y social en el que vivimos, sino también por nuestras características personales, por ejemplo, la edad, el sexo, la propensión a la enfermedad, las condiciones físicas y mentales. (Sen, 2003, p.13).

Sen nos hace pensar que si los humanos fuésemos iguales entre nosotros de forma natural, no habría problemas de desigualdad. Pero somos distintos, luego existe la desigualdad, pero no natural. A mi parecer, ese es el detalle que autores como Rousseau o Sen han sabido detallar con gran lucidez: que las diferencias (en paralelo a desigualdad) entre Homo sapiens no se deben simplemente a su propia naturaleza, sino que son las estructuras sociales y su pertinente estratificación quienes definen las desigualdades sociales con base en unas características físicas. En palabras de Requena, Salazar y Radl: “las estructuras sociales convierten la inevitable diversidad humana en desigualdad social”. (Requena et al., 2013, p. 13).

En síntesis, lo que podríamos sugerir es que las desigualdades más importantes vienen dadas de nacimiento (sexo, clase, renta, poder, prestigio, edad, etc.) pero son fortalecidas por las estructuras sociales. Un caso que es clarísimo es el patriarcado en el desarrollo de la ciencia. Ni las mujeres han sido más torpes en la filosofía experimental ni menos imaginativas en la lírica, simplemente su condición sexual les selló su destino social. Aunque no todas las diversidades humanas producen desigualdades sociales, el ente sociológico es el encargado de discernir y apuntar aquellos rasgos que se verán afectados. No debemos subestimar la capacidad de las sociedades humanas de crear desigualdad. Por ende, mi tesis no es otra que la que sigue: toda desigualdad social es una desigualdad estructural, una diferencia estructural.

De todo esto, la pregunta que se sugiere es: ¿quién determina con base en qué parámetros se juzga aquello que será mejor o peor reconocido socialmente? Siguiendo la obra del ginebrés, podremos reducir rápidamente esta cuestión a la anterior. “Los parámetros estructurales son criterios de distinción porque implican juicios de valor sobre las diferencias y desigualdades y hacen que prefiramos unas posiciones a otras (…). Todas las desigualdades sociales suponen de una u otra forma desigualdades de prestigio” (Requena et al., 2013, p. 14) De ser así, podríamos rescatar lo que expone Rousseau y afirmar que la desigualdad viene dada por una estructura social en el momento de comparar a los seres humanos y crear en el imaginario colectivo un tipo de bonificación hacia ciertos rasgos. Esto, en un principio, no sería muy relevante, pero una pequeña desigualdad terminará abocando en un abismo estructural tan inmenso como inimaginable

Cuatro tipos de desigualdades
socialmente importantes

Hemos avanzado una de las tesis más relevantes del pensamiento rousseauniano, la naturaleza perversa de la institución social en cuanto a creadora de desigualdades sociales partiendo de los rasgos naturales -diferencias biológicas-. A lo largo de la historia, podemos ver cuatro tipos de desigualdad socialmente permanentes con distintos orígenes que, en mayor o menor medida, están muy correlacionados.

Partiendo ya de una base marxista, podemos señalar que las desigualdades más importantes son las económicas. De hecho, su surgimiento se puede estudiar como el mero desarrollo de los otros tipos de desigualdad que son sociológicamente imprescindibles: diferencias de clase, sexo y etnia. Así pues, procederemos a analizar estas tres formas de desigualdad. 

En primer lugar, una de las desigualdades más importantes que existen es de género. Tal y como muestra el activista y economista Oliveres en su última obra, los veinte hombres más ricos del planeta sustentan una riqueza superior a la de TODAS las mujeres del mismo. O lo que viene a ser lo mismo: 20 personas son más ricas que 3.811.000.000.000 (Oliveres, 2021, p.118). Debe quedar claro que cuando nos referimos al género no solo hacemos referencia al sexo sino a lo que socialmente se hace del mismo. 

Descubrir el origen del machismo y el patriarcado es una tarea tan agotadora como extensa, a la cual solo podemos dedicar unas líneas. Siguiendo los razonamientos de la pensadora Federici, uno de los orígenes de la actual repartición desigual de los recursos económicos viene del nacimiento de la modernidad. Según la filósofa, el capitalismo se aprovechó de la fuerza de trabajo de los varones y, al mismo tiempo, de las mujeres que se quedaron a casa cuidando de los hijos y haciendo las labores domésticas a cambio de nada.

Por todos es sabido que la mujer siempre ha ocupado más tiempo en casa y con los hijos, tiempo que el hombre ha tenido para desarrollarse mejor en la ciencia, en los estudios artísticos o en la Filosofía. Así pues, una división anómica e injusta del trabajo habría propiciado una infantilización económica del género femenino hasta día de hoy, hecho que en el medievo era más inusual, siguiendo el razonamiento de la experta Federici (Federici, 2018). Luego, una diferencia natural se ha convertido en una desigualdad social. 

En segundo lugar, un tipo de desigualdad que provoca estragos económicos entre la población a partir de unos rasgos de nacimiento que son menospreciados a partir de unos parámetros institucionales, siguiendo a Rousseau, serían las desigualdades étnicas. Estas desigualdades surgen en el momento que unos rasgos culturales o físicos se prefieren en lugar de otros, siendo los infravalorados discriminados.

Es una desigualdad muy relevante hoy en día porque según el color de la piel, el acento o la religión, uno puede verse expulsado de múltiples actos. Una diferencia de nacimiento como es el color de la piel se convierte en un germen para la desigualdad social en cuanto alguien prejuzga a otro por ello y dualiza entre color normal y negro, o a la inversa. De este modo, a través de los prejuicios hacia la diversidad biológica (tamaño de los ojos y nariz, color de la piel, etc.), se ha convertido un hecho meramente superficial en una gran barrera social. 

Finalmente, siguiendo los postulados de la filósofa Cortina, la desigualdad más importante que hay es entre clases -aporofobia-. El racismo y el machismo se vuelven más superficiales en las grandes fortunas. Hoy en día, mientras la vicepresidenta de los Estados Unidos es negra y mujer, miles de negros son acusados y encarcelados por el color de su piel. Las desigualdades de género y racistas aún siguen vigentes, pero se acentúan en las familias pobres (Sotelo, 2006). El mero hecho de nacer en una clase determinada te marca a hierro toda una vida. Aquí podemos ver cómo funcionan los parámetros institucionales en su tarea de repartir el acceso a los recursos dependiendo de unas características biológicas diversas. Normalmente, las clases obreras comparten los rasgos más mal vistos, las cuales se esfuerzan considerablemente a través del consumismo a llegar a las clases más altas.  

Consecuencias de
la desigualdad social

Il disait encore : — À ceux qui ignorent, enseignez-leur le plus de choses que vous pourrez ; la société est coupable de ne pas donner l’instruction gratis ; elle répond de la nuit qu’elle produit. Cette âme est pleine d’ombre, le péché s’y commet. Le coupable n’est pas celui qui y fait le péché, mais celui qui y a fait l’ombre.

Les Misérables. Victor Hugo. Première partie, livre un, trois

Aristóteles ya nos avisó, que nadie sea demasiado pobre ni demasiado rico como para que la diferencia entre ambos haga florecer la conflictividad. Como hemos ido desgranando, el contrato social, el orden constitucional y el imperio de la ley son fundamentales para solventar el problema radicalmente. Sin embargo, aquello que se nos proyecta como una rosa también tiene espinas; la desigualdad social también es producto de esta institucionalización y una división del trabajo anómica (en palabras de Durkheim).

Bong Joon-ho fue capaz de plasmarlo en una de las mejores filmografías de la década: Parasites. Como hemos venido diciendo, la estructura social garantiza la precariedad de un grupo de personas que al mismo tiempo, mediante el uso monopólico de la violencia, destruye anímicamente. Kang-ho Song (como Kim Ki- taek, el padre) y también el “sin nombre” que habita en el sótano, se dan cuenta de esta estratificación social, donde los ricos, la única minoría peligrosa, destruyen sus posibilidades de existencia mientras se aprovechan de sus recursos más esenciales.

Conclusiones

Finalizamos este ensayo haciendo un breve resumen de lo que hemos estado estudiando a lo largo del análisis. La contribución sociológica de Rousseau es muy rica y como hemos  mencionado, ha contribuido a un cambio muy significativo en el modo de ver la desigualdad. Uno de los mayores aciertos de su contribución es la búsqueda ineludible de aquello por lo que existe la desigualdad, no solo ver que efectos provoca. 

Es menester en la sociedad actual estudiar el origen de nuestras desigualdades, y sobre todo, entender que estas son simplemente (vaya…) sociales. Es decir, recuperando la tesis trabajada en las páginas anteriores, que toda desigualdad social es una visión estética (juicios valorativos) de unas determinadas diferencias físicas que nos distinguen los unos de los otros. Como bien analiza Rousseau: “Cada cual empezó a mirar a los demás y a querer ser mirado él mismo, y la estimación pública tuvo un precio. Aquel que mejor cantaba o bailaba, o el más hermoso, el más fuerte, el más diestro o el más elocuente, fue el más considerado; y este fue el primer paso hacia la desigualdad y hacia el vicio al mismo tiempo” (Rousseau, 1754, p. 31). No podemos menospreciar la facilidad de nuestras sociedades para crear desigualdades a partir de unas diferencias étnicas, sexuales, etc. 

Por consiguiente, desde una cosmovisión republicana (o marxista, heredera de Rousseau y Kant) y humanista, remediar la desigualdad ha de ser un principio básico e indudable. Para ello, conocer el origen de la misma es vital, recordar que al fin y al cabo, como dijo Heidegger, “poéticamente, el hombre habita el mundo”. Que todo lo que nos rodea no es más que un constructo social y epistemológico que debemos cambiar para poder florecer como humanidad. Siempre ateniendo a sus correspondientes bases materiales.  

Bibliografía

Camps, V. (2013). Breve historia de la ética. RBA.

Federici, S. (2018). Caliban i la bruixa. Virus.

Fontana, J. (1999). Introducción al estudio de la Historia. Crítica.

Montoya, J. (2006). Rousseau. En Historia de la ética. (Vol. II. “La ética moderna”, pp. 245-280). Crítica.

Oliveres, A. (2021). Paraules d’Arcadi. Què hem après del món i com podem actuar. Angle editorial.

Requena, M., Salazar, L., & Radl, J. (2013). Estratificación social. UNED/Mcgraw Hill Education.

Rousseau, J. J. (1754). Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Alhambra.

Rousseau, J. J. (1762). Del contrato social. Alianza editorial.

Sen, A. (2003). Nuevo examen de la desigualdad. Alianza.

Sotelo, I. (2006). La crisis del estado social. En El cambio social en España. Visiones y retos de futuro (pp. 223-235). Centro de estudios andaluces. 

Artículo de:

Ximo Palau Marzà (autor invitado):

Estudiante de Filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona y Antropología Social y Cultural en la Universidad Nacional a Distancia. Apasionado por la Filosofía política y el estudio de las culturas humanas en su conjunto.

Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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