Los arbustos del jardín de tu casa, los vegetales que llevas para el almuerzo, las flores de la maceta que has colocado en el escritorio, las especies de árboles que pueblan el jardín botánico de la universidad y un sinfín de plantas que producen frutos, han permanecido sin cambios significativos observables desde el tiempo en que el naturalista británico Charles Darwin escribía sobre el intrigante misterio evolutivo de las plantas con flores en una carta a su amigo Joseph Hooker.

La construcción de un rompecabezas evolutivo empezó con Darwin y no logró descifrarse hasta finales del siglo pasado con el arribo de la revolución molecular. La creatividad epistemológica y tecnológica de los biólogos, tuvo que afinarse al menos dos siglos más. Esto hizo posible la inferencia de posibles escenarios evolutivos que pudieran explicar “el abominable misterio de las plantas con flores”. Una frase recurrente en la jerga de los biólogos evolutivos.

La frase acuñada en principio por Darwin, refiere a la rápida diversificación del grupo de las angiospermas en un tiempo geológico relativamente corto. Son las plantas más jóvenes en la tierra comparadas con las gimnospermas, los helechos y las licofitas. Sin embargo, son las que presentan una megadiversidad en especies. Además, el hecho de poseer una gran cantidad de innovaciones estructurales y funcionales les permitió la rápida ocupación de los nichos ecológicos en la tierra, generando una radiación adaptativa que derivó en una omnipresencia biológica: encontramos plantas con flores casi todos los biomas del planeta. Y lo lograron a una velocidad escalar geológica impresionante.

El abominable misterio de Darwin resulta un rompecabezas científico a la luz de una teoría evolutiva. Dado que las observaciones significativas en la ciencia no empiezan a tabula rasa, sino que son contrastativas, Darwin se planteaba preguntas “¿por qué?” de cara a varios supuestos epistémicos que hoy nos parecen evidentes, pero que para aquel entonces, emergían como la configuración de una ciencia biológica temprana.

Los supuestos epistemológicos de los cuales partió Darwin suscribían a la idea de que la evolución es gradual. Esto significa que no da saltos en el tiempo. Si esto es así ¿por qué no había evidencia de lo ocurrido entre el surgimiento de las gimnospermas y este grupo más reciente? ¿Dónde quedaban las huellas fósiles de la evolución gradual de las estructuras florales que les permitieron una ventaja adaptativa?

Las posibles respuestas a este puzzle científico, para Darwin, iban desde lo menos posible hasta lo más plausible. Lo menos posible sería el hecho de que un ser omnipotente en un destello de tiempo hubiera hecho surgir las margaritas y todas las flores. Lo más plausible, como lo planteó en una carta a Hooker, sería suponer la existencia de un continente pequeño y aislado en el hemisferio sur. Allí surgieron las primeras plantas superiores. Sólo había que encontrar esa evidencia fósil del continente para probar que, de hecho, las plantas con flor también habían evolucionado gradualmente.

Desafortunadamente, Darwin no pudo ver resuelto “el abominable misterio” que amenazaba con refutar su teoría de la evolución. Tuvo que pasar más de un siglo para que el advenimiento de la secuenciación molecular permitiera la inferencia de escenarios evolutivos. Estos escenarios, a modo de hipótesis, explicarán la rápida diversificación de las plantas florales.

Las hipótesis más plausibles a este misterio, oscilan entre una doble duplicación del genoma y la relación evolutiva entre las primeras angiospermas y su entorno ecológico. Las hipótesis de filogenia, como se le llama hoy en día a estas explicaciones evolutivas, no nos acercan más a la verdad sobre nada. Lo cierto es que a la luz de la evidencia disponible se ignora menos sobre las relaciones evolutivas y sobre la metáfora de la radiación adaptativa de los organismos. La nueva evidencia puede corregir las creencias evolutivas de los biólogos y actualizar sus hipótesis mediante un ciclo inferencial cuasi-recursivo que genera y selecciona las mejores hipótesis disponibles.

La solución de los rompecabezas científicos como el que se ha comentado hasta ahora, en donde se tienen que ir juntando piezas de evidencia, requieren de un proceso inferencial creativo por parte los agentes epistemológicos, con el fin de completar el todo del evento a explicar.

La creatividad epistémica tiene un papel crucial para la explicación de situaciones anómalas o novedosas, de cara a una teoría. Esto sucede porque favorece la ampliación, rectificación, refutación, actualización y corrección de un conjunto de supuestos.

El pensamiento creativo es un proceso que involucra lo ya conocido, para construir nuevas conexiones epistemológicas en donde antes no se habían pensado. Pero, a todo esto, ¿se pudiera decir que hay una lógica en estos procesos inferenciales científicos?, ¿qué tipo de lógica es y cómo diferenciarla de otros sistemas de razonamiento? Es decir, la pregunta fundamental es si podemos dar cuenta de cómo se han resuelto las anomalías que han surgido en las prácticas científicas, vía un proceso formal que capture ese ciclo cuasi-recursivo mediante el cual se generan y seleccionan las mejores hipótesis disponibles.

La lógica de la creatividad

Hacia 1860, el filósofo Charles Sanders Peirce, recuperando lo que ya había planteado Aristóteles en los Primeros Analíticos (II,25), formula una teoría definida de lo que él llama “principios lógicos rectores”. Bajo el supuesto de que en cualquier inferencia, pasamos de un hecho a otro que se sigue lógicamente de él.

La cuestión principal de la tarea de los lógicos, según Peirce, es determinar qué tipo de principios permiten ese paso según el tipo de razonamiento que se esté llevando a cabo. Siguiendo esa idea, en lo que se conoce hoy en día como las tres grandes formas de razonamiento (deducción, inducción, analogía), el paso de las premisas a la conclusión no es gobernado por los mismos principios lógicos.

En los Collected Papers, Peirce menciona que existe un tipo de razonamiento inverso o re-introductivo al silogismo deductivo, que se caracteriza por conducir el paso desde un consecuente, de una consecuencia admitida, a su antecedente. Este tipo de razonamiento “hacia atrás” le llamó “abducción”. De este afirmó, con toda certeza, que “es la única operación lógica que introduce una idea nueva” (CP 5.172, 1903). El esquema para este tipo de razonamiento sería: B, A→B :. A

Se ha observado una situación novedosa B

Si A fuere el caso, B sería una consecuencia natural

A es el caso

Este tipo de razonamiento “puede ser comprendido como la inferencia de un caso (A) a partir de una regla (A→B) y un resultado (B). Tiene un grado débil de veracidad o, en términos de Peirce, alguna cosa puede ser el “caso” (CP 5.171) si es una creencia aceptada por inferencia a partir de los conocimientos preestablecidos en las premisas –regla y resultado–” (Moscoso, 2019). Como en el caso del rompecabezas del “abominable misterio de las plantas con flores”:

Se ha observado una rápida diversificación de un grupo de plantas (B)

Si fuere el caso de una doble duplicación del genoma entonces habría una rápida diversificación (A→B)

Se ha encontrado una doble duplicación del genoma                           (A)

Siguiendo la línea argumentativa de Peirce, la lógica que subyace a los razonamientos que presentan este esquema de re-introducción, se adecuan a un particular curso del pensamiento. Este consiste en advertir el fenómeno sorprendente y buscar las circunstancias pertinentes. Después hacer una pregunta, formar una conjetura, remarcar que la conjetura parece explicar el fenómeno sorprendente y adoptar la conjetura como plausible. Como él dice:

“[la] abducción es el proceso de formar hipótesis explicativas. Es la única operación lógica que introduce una idea nueva” (CP 5.172).

La característica fundamental de la abducción es su carácter ampliativo del conocimiento, ya que introduce al corpus inicial una idea que no estaba previamente contenida. Esto constituye una diferencia sustancial frente a otros tipos de razonamiento basados en la deducción, inducción o la analogía.

Como Moscoso (2019) menciona a propósito de Peirce, la inducción hace la apuesta de que alguna cosa que ha sido constatada es bastante probable para los casos no constatados. Por otra parte, la abducción concluye una cosa nueva, pensada sobre la base de la observación, pero diferente a todo lo que ha sido observado (CP 2.636).

Ahora bien, sólo falta mencionar por qué la inferencia abductiva es también parte de un ciclo recursivo o casi recursivo en el curso de razonamiento. Esto se debe a la segunda formulación peirciana sobre la abducción. Inicialmente, Peirce había concebido la lógica deductiva como la lógica de las matemáticas y la lógica inductiva y abductiva como la lógica de la ciencia. Sin embargo, a lo largo del desarrollo de su obra concibió a la abducción como un proceso de razonamiento constituido por tres etapas diferentes de investigación en lugar de diferentes tipos de inferencia empleados en diferentes áreas de la investigación científica. Así, la abducción engloba “todas las operaciones mediante las cuales se engendran teorías y concepciones” (CP 5.590).

Este desarrollo requiere una exposición más amplia que no se conseguiría satisfactoriamente en este escrito, por tal razón, en la siguiente lectura se abordará este tema. Mientras tanto, mencionaré algunas consideraciones finales a modo de conclusión para mostrar la relación entre el estudio de caso y el razonamiento abductivo.

Lo que se ha dicho hasta ahora es que en la práctica científica surgen eventos anómalos o novedosos en el contexto de teorías o supuestos establecidos. Estos puzzles científicos, como les he llamado aquí, requieren de un curso de razonamiento creativo-ampliativo que corresponde a un tipo de inferencia llamada abducción. Si la abducción introduce, de hecho, ideas novedosas o ampliativas es una discusión interesante, pero que no se retomará en este escrito. El hilo conductor que ha guiado la exposición hasta ahora, consiste en la idea de que existe una lógica que explica el razonamiento creativo. Así, cuando se trata de resolver y explicar anomalías en la ciencia, importa tanto el proceso de construcción del razonamiento como el producto final. Una idea contraria a lo que se afirmaba todavía hasta mediados del siglo pasado.

Bibliografía

Aliseda, A. (2017). “El Lugar de la Lógica en la Razón Creativa”, en Creatividad e innovación en Ciencia y tecnología, UNAM, p. 171-184.

Angiosperm Phylogeny Group IV. (2016), An update of the Angiosperm Phylogeny Group classification for the orders and families of flowering plants: APG IV. Bot. J. Linn. Soc181, 1–20.

Darwin, C. (1903) in More Letters of Charles Darwin Vol. 12 (eds Darwin, F. & Seward, A. C.) Vol. 2, 12–13 (John Murray, 1903).

Moscoso N.J. (2019), Razonamiento Abductivo: una contribución a la creación del conocimiento en educación, Cadernos de Pesquisa [online]. v. 49, n. 171.

Peirce, C. S. [CP]. Collected Papers of Charles Sanders Peirce, edited by C. Hartshorne, P. Weiss, and A. Burks, 1931–1958, Cambridge MA: Harvard University Press.

Soltis, D. E. et al. (2011) Angiosperms phylogeny: 17 genes, 640 taxa. Am. J. Bot. 98, 704–730.

Imagen | Freepik

Artículo de:

Elizabeth Martínez Bautista (autora invitada):
Doctora en Filosofía de la Ciencia-UNAM. Con intereses en la filosofía de la biología y la Epistemología de las inferencias en la ciencia.

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por autores invitados

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