La violencia entre colono y colonizado en América Latina como búsqueda de la descolonización. Parte 1 de 2

El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red como el artículo más leído del mes de agosto del 2021.

Nuestra América Latina ha sufrido en carne propia las devastaciones que nos han impuesto desde fuera, hemos agachado la cabeza frente a las injusticias, las cuales nos hicieron ver durante mucho tiempo, que todo era justo para nosotros, cuando en realidad no era así. Europa ha traficado esclavos negros desde el África para explotarlos en América o en sus colonias. «En nombre de Dios, exterminaron a qué sé yo cuántos millones de indios en las Américas y arrancaron a quién sabe cuántos millones de negros del África» (Galeano, 1998, p.36). Todo esto con la finalidad de esclavizarlos en las ciudades que se estaban construyendo a base de sudor, sangre y sacrificio. Fanon (1983) afirma que: «El bienestar y el progreso de Europa han sido construidos con el sudor y los cadáveres de los negros, los árabes, los indios y los amarillos» (p.48). La violencia ha generado más violencia. La forma en que los negros fueron colonizados o arrancados de sus raíces implica que ellos en el fondo ansíen ser como aquellos que se han impuesto en sus tierras.

De esta manera, todo el terreno colonizado se convierte en una tierra hostil, lo que provocará que colono y colonizado se enfrenten en una lucha violenta por la dominación de la tierra, esta agresividad se refleja en que el colonizado no quiere «[…] convertirse en colono, sino […] sustituir al colono» (Fanon, 1983, p.25). A esto se sumó el tráfico de personas por parte de los colonizadores, los cuales siempre buscaban nuevas formas de comercializar a aquellos que consideran inferiores o que no tenían alma. Frente a esta forma de comercio, Galeano (2004), afirma que:

Inglaterra fue, hasta que ya no le resultó conveniente, la gran campeona de la compra y venta de carne humana. Los holandeses tenían, sin embargo, más larga tradición en el negocio, porque Carlos V les había regalado el monopolio del transporte de negros a América tiempo antes de que Inglaterra obtuviera el derecho de introducir esclavos en las colonias ajenas. Y en cuanto a Francia, Luis XIV, el Rey Sol, compartía con el rey de España la mitad de las ganancias de la Compañía de Guinea, formada en 1701 para el tráfico de esclavos hacia América. (p.107) 

La comercialización de esclavos entre las colonias provocó en las grandes potencias de la época, una carrera por la caza de esclavos y su posterior venta al mejor postor en las colonias americanas. Dentro de esta carrera «Lenta, pero firmemente, Inglaterra iba quebrando la hegemonía holandesa en la trata de negros» (Galeano, 2004, p.108). Los cuales les servían como esclavos dentro de las minas en el Perú y otras partes de América. Frente a esta situación, en los colonizados se creaba una profunda «ampliación de las desigualdades, extensión de la dependencia y creciente descontento» (Best, 2017, p.432). Lo que provocará las primeras rebeliones coloniales, las cuales fueron reprimidas de forma violenta, como para que sirva de escarnio contra aquellos que se quieran rebelar a los colonos. En el caso del Perú, fue la de Juan Santos Atahualpa entre 1742 y 1752, que se rebeló contra las misiones franciscanas. Lo ayudaron los nativos de la selva y los indígenas. La otra rebelión, y la más grande, debido a que movilizó grandes cantidades de indígenas, fue la rebelión de Túpac Amaru II, entre 1780 y 1781, lo cual empezó con la captura y ejecución del corregidor español Antonio de Aliaga. En mayo de 1781 fue traicionado por su pariente. Por otro lado, en este artículo abordaré las huellas que deja el colono durante su paso por la colonización, y además se examinará de como la violencia en la colonia es el punto de partida para pretender la descolonización.

Las huellas del colono en tierras extranjeras

Mientras que el colonizado observa como sus tierras son invadidas, desmembradas de su situación original, el colono va construyendo con la fuerza del trabajo ajeno sus ciudades, para gloria de sí mismo, nunca en función de aquellos que edificaron, por el contrario, los han reprimido con la violencia, dejando improntas imborrables en su ser.

En las colonias, el extranjero venido de fuera se ha impuesto con la ayuda de sus cañones y de sus máquinas.  A pesar de la domesticación lograda, a pesar de la apropiación, el colono sigue siendo siempre un extranjero.  No son ni las fábricas, ni las propiedades, ni la cuenta en el banco lo que caracteriza principalmente a la “clase dirigente”.  La especie dirigente es, antes que nada, la que viene de afuera, la que no se parece a los autóctonos, a “los otros”.

(Fanon, 1983, p.19)

Este extranjero se convierte en el explotador de los dominados, pero nada les garantiza su superioridad frente a los indígenas o a los negros. En esa búsqueda por el control interno nace un ansia por la represión de aquellos que intenten sublevarse contra el poder. Un poder establecido por la fuerza. «La colonización es entonces “exterior”, en el sentido de que las metrópolis por un lado y las colonias por otro, constituyen entidades distintas, aunque las segundas estén integradas en un espacio político dominado por las primeras» (Fanon, 2009, p.7). Este espacio de dominación de la que el colono se siente orgulloso, buscando perpetuar su dominación frente a los colonizados, insertando sus valores de blanquitud e imponiéndose de forma violenta «[…] en el terreno de la cultura» (Fanon, 1983, p.21). Despojándolo de sus formas ancestrales.

La ciudad del colono es una ciudad de blancos, de extranjeros. La ciudad del colonizado, o al menos la ciudad indígena, la ciudad negra, la “medina” o barrio árabe, la reserva es un lugar de mala fama, poblado por hombres de mala fama, allí se nace en cualquier parte, de cualquier manera. Se muere en cualquier parte, de cualquier cosa […]. La ciudad del colonizado es una ciudad hambrienta, hambrienta de pan, de carne, de zapatos, de carbón, de luz. La ciudad del colonizado es una ciudad agachada, una ciudad de rodillas, una ciudad revolcada en el fango. Es una ciudad de negros […]. La mirada que el colonizado lanza sobre la ciudad del colono es una mirada de lujuria, una mirada de deseo. Sueños de posesión. Todos los modos de posesión: sentarse a la mesa del colono, acostarse en la cama del colono, si es posible con su mujer. El colonizado es un envidioso. El colono no lo ignora cuando, sorprendiendo su mirada a la deriva, comprueba amargamente, pero siempre alerta: “Quieren ocupar nuestro lugar.” Es verdad, no hay un colonizado que no sueñe cuando menos una vez al día en instalarse en el lugar del colono.

(Fanon, 1983, p.19)

Ambos se observan de cerca, pero esta envidia avivada por el colonizado es porque lo están empujando de forma irremediable a la pobreza. De tenerlo todo a no tener nada o a estar sujeto a una servidumbre empobrecida, que sólo recoge las migajas del amo por debajo de la mesa. Galeano (1998), afirma que: «El mismo sistema de poder que fabrica la pobreza es el que declara la guerra sin cuartel a los desesperados que genera» (p.70). Marcando como huella indeleble en el colonizado de que su pobreza será perpetua, que se lo ha ganado por ser inferior al blanco. El colonizado no es tratado como persona por el colono, por el contrario, le profiere calificativos ofensivos. Tal como se retrata en los condenados de la tierra, Fanon (1983), afirma que el colono: 

… deshumaniza al colonizado. Propiamente hablando lo animaliza. Y, en realidad, el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico. Se alude a los movimientos de reptil del amarillo, a las emanaciones de la ciudad indígena, a las hordas, a la peste, el pulular, el hormigueo, las gesticulaciones. El colono, cuando quiere describir y encontrar la palabra justa, se refiere constantemente al bestiario. (p.20)

Referencias bibliográficas

Fanon, F. (1983). Los condenados de la tierra. México: FCE.

. (2009). Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.

Galeano, E. (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. España: Siglo XXI.

. (2004). Las venas abiertas de américa latina. Buenos Aires: Siglo XXI.

Imagen | Pixabay

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por Vladimir Sosa Sanchez

Licenciado y profesor de Filosofía, Ciencias Sociales y Religión. Estudió Maestría en Filosofía. Miembro del grupo de investigación, Filosofía y Liberación - UNMSM (Perú). Miembro de Filosofía en la red (México). Miembro del colegio profesional de la COMEFI (México) y del Instituto Peruano de Investigaciones Filosóficas.

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