Hablar de Friedrich Wilhem Nietzsche (1844-1900) es hacerlo de una de las figuras más importantes y más influyentes de la filosofía occidental reciente. Nació en Röcken, un pequeño pueblo de Sajonia (Prusia), en el seno de una familia de religión protestante, y en la que el padre era pastor luterano. La muerte prematura de éste en 1849 y la de su hermano menor en 1850, tendrían una enorme repercusión en el pensamiento posterior del joven pensador.

En 1864 comenzaría sus estudios superiores en la Universidad de Bonn con O. Jahn y F. Ritschl, primeramente cursando teología para posteriormente en 1865, trasladarse a Leipzig, donde comenzaría a estudiar filología.

Durante ese año Nietzsche comenzaría a entusiasmarse con Schopenhauer y la música. Allí trabaría amistad con Erwin Rohde y posteriormente con el músico Richard Wagner. Justamente los años de Leipzig, en los que el joven Nietzsche aprendía con gran aplicación el oficio de filólogo bajo la guía de su maestro Ritschl, fueron también los de su fascinación por Arthur Schopenhauer, su maestro de sabiduría como él mismo lo tildaría, y cuyo descubrimiento le supondría una verdadera revolución espiritual. Schopenhauer encarnaría para él, la figura del filósofo educador que sirve para comprenderse a uno mismo y elevarse en sentido espiritual y moral. Aunque no será tanto el contenido doctrinal de su pensamiento cuanto su figura y su ejemplo lo que le impresionarían y despertarían en Nietzsche una simpatía profunda. A partir de este encuentro, la influencia de Schopenhauer se advierte en todas sus reflexiones. Evocará su gran personalidad, admirando su buen estilo, coincidirá con su visión de la historia dominada por la estupidez y la inercia de las masas mientras sólo el individuo es capaz de la creatividad, conectará con su ateísmo y asumirá su contraposición entre una elitista consideración estética de la Antigüedad y la generalizada aproximación puramente erudita.

Aparte de la profunda impronta que dejará en su pensamiento y en su vida el haber nacido y crecido en una familia del clero protestante (estando rodeado casi exclusivamente de piadosas mujeres tras la muerte de su padre), Nietzsche se educaría en el ambiente de los años en que Alemania luchaba por tener una identidad cultural fuerte, y es que el estado alemán de la actualidad poco tiene que ver con la Alemania de la época, amasijo de diversos reinos y territorios gobernados de distintas maneras.

Así pues, prestando atención a los esbozos y escritos autobiográficos del Nietzsche adolescente y joven, redactados muchos de ellos para uso personal o como deberes escolares, nos permiten percibir su viva sintonía, desde muy pronto, con estas expectativas de una identidad cultural germana, y con una profunda dedicación a la tarea de formarse de acuerdo con los principios de la Bildung o formación.

Y esa identidad cultural alemana, no sería sino el desarrollo coherente de determinadas premisas establecidas en los individuos mediante la educación. El neohumanismo de Goethe, Shiller, Winckelmann, Lessing, etcétera, había señalado a la Grecia antigua como la más perfecta unidad de estilo y de carácter en cuanto nación. Constituía, pues, el modelo a seguir en la tarea del cultivo, recuperación y renovación del verdadero espíritu alemán, el cual debía dar su contenido propio a una Bildung capaz de delimitar, moldear y construir la singularidad del individuo y del pueblo alemán y restañar su presente fragmentación desde la fuerza de su unidad originaria.

En esta Bildung, pues, debían confluir concretamente el estudio de la Antigüedad clásica, la religión luterana y la lengua y literatura germánicas. Y la filología, la historia y la filosofía eran los instrumentos idóneos para el conocimiento de los ideales del pasado de los que habría de partir la redefinición del presente. De ahí la preeminencia de los estudios humanísticos en el sistema educativo alemán y en iniciativas tan importantes para la construcción de esta identidad nacional como la creación en 1810 de la Universidad de Berlín, cuyo principal inspirador fue el polímata W. von Humboldt.

Pero si en el ámbito de los estudios reglados de la enseñanza secundaria y universitaria alemana, se consideraba a la filología y a la historia como los instrumentos para el conocimiento de los ideales del pasado, en el nivel popular y en los ambientes familiares de la burguesía culta eran la poesía y la literatura los medios por los que se buscaba restablecer el valor ideal de lo antiguo.

La poesía sería la máxima expresión de la individualidad popular, por lo que antes de ser filólogo había que ser poeta. Así pues, los temas preferidos por el Nietzsche niño y adolescente son los de las leyendas germánicas, de entre las cuales su héroe favorito es Hermanarico, rey de los godos, cuya muerte le inspiraría un poema épico, el esbozo de una tragedia, una composición musical, un ensayo filológico y otro histórico. Los versos finales de dicho poema parecen sugerir anticipadamente un tema del Nietzsche maduro, que es el de la aceptación gozosa de la muerte y su advenimiento a mediodía. Otros temas de sus poesías serán figuras como Alejandro Magno, Prometeo, Manfred o los Nibelungos, mediante los cuales buscará la figura que exprese la fuerza primigenia de la tradición germánica.

No obstante, su impulso poético y su afán de formación llevarían a Nietzsche a ampliar muchos más sus lecturas en las direcciones más diversas.

Por tanto, vemos surgir en nuestro protagonista el interés de confrontar los temas y héroes de la mitología germánica con los de la mitología griega, que aprendería en sus años de formación. Con lo cual, irá formándose una actitud hacia el héroe que será determinante para todo su pensamiento posterior, como genio en cuanto personificación de una fuerza sublimada de la naturaleza que es la que nos eleva y nos hace avanzar.

Sin embargo, la reflexión sobre la filología será una constante en todos estos escritos de juventud. Se preguntará por el sentido y los límites de las técnicas filológicas, el problema de la valoración de las fuentes, testimonios y tradiciones literarias de las que dependen nuestro conocimiento del mundo antiguo. Asuntos como la cuestión de la reconstrucción del contexto cultural en el que se sitúa el texto estudiado, el problema de la comprensibilidad del texto mismo serán corolario de la gran cuestión que surgirá en la mente del Nietzsche estudiante: la relación entre filología y filosofía.

Sería ya como estudiante universitario –contrariamente a lo que su maestro Ritschl opinaba–, cuando en Nietzsche surja la idea –que como se podrá suponer, tendrá una repercusión trascendental–; esa idea será la de la necesidad del uso de la filosofía para una completa aplicación de la filología; es decir, si se quiere que un texto quede totalmente interpretado, será requisito imprescindible la utilización de la filosofía en su interpretación; por tanto, desde ese momento, filología y filosofía irán con el joven Nietzsche de la mano.

Así pues, esa idea de aplicar en las técnicas filológicas de interpretación de textos clásicos un punto de vista filosófico, propuesta por un joven estudiante de filología, supondrá el nacimiento de uno de los filósofos con mayor repercusión en la cultura occidental: Friedrich Nietzsche.

Bibliografía

El itinerario intelectual de Nietzsche. Diego Sánchez Meca. Editorial Tecnos

Obras completas volumen I, Escritos de juventud. Nietzsche, Friedrich. Editorial Tecnos

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Rubén García Díaz (autor invitado):
Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. Estudiante y apasionado de la Filosofía, de la Literatura, de la Historia, del Arte y de la Cultura en general.

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