¿Para qué sirve la filosofía? La filosofía no sirve para nada

Parecerá raro el título del artículo, pero espero que, conforme sea leído, las cosas vayan tomando la claridad necesaria para los lectores.

Siempre que conocemos a alguien que no está familiarizado con nuestra labor filosófica la primer pregunta que surge en la conversación es esta misma: ¿Y para qué sirve la filosofía? Ahora es momento de, en vez de buscar una respuesta que sea válida para aquellos que desconocen el trabajo de la filosofía, cambiar el paradigma y generar una respuesta válida para quienes trabajamos día con día en la materia, y entonces responder con claridad: la filosofía no sirve para nada; ahora explicaré de forma breve, pero con claridad, por qué me parece la respuesta con mayor validez que alguna vez haya escuchado.

El problema normalmente surge en buscar encasillar a la filosofía en un agente servil, es decir, en una labor condicionada a una sola finalidad, ¿a qué me refiero con esto? Todos estamos familiarizados con las herramientas, los martillos, las palas, los destornilladores y demás herramientas, todas y cada una de ellas fueron desarrolladas con una finalidad específica, no podemos tomar un martillo y forzar un tornillo a salir dándole vueltas, ni podemos clavar de forma eficiente un clavo con un destornillador, a esto me refiero con la condición del servicio, elementos que fueron creados para corresponder a una sola y única finalidad, sino se cumple este parámetro inicial la condición del servicio queda eliminada.

Aclarado este punto entonces podemos ahora clarificar la condición de que la filosofía no sirve para nada, ya que no está condicionada a una sola finalidad, y buscar en este ámbito es lo que comúnmente genera múltiples confusiones y necesidades de explicaciones excesivas, ya que buscamos cumplir con las expectativas de nuestro interlocutor y que la respuesta le parezca coherente, y de esta forma quizá sentirnos menos mal acerca de la decisión que tomamos al acoger el camino de la disciplina filosófica.

Entonces, si no sirve para nada, ¿qué más hay con ella? Aquí es donde viene el apartado más complejo dentro de la respuesta, la propuesta argumental ahora se tambalea mucho más que si quisiéramos haber dado una respuesta convincente ante nuestro interventor; no es entonces que la filosofía deba servir, sino que somos nosotros los que debemos ponernos al servicio de la filosofía, ya que, como dijimos, la disciplina no puede ser condicionada a cumplir una funcionalidad única. Pensemos en un ejemplo nuevamente que todos conocemos, la filosofía sería una especie de navaja suiza muy compleja, la misma cuenta con múltiples elementos que permiten realizar diversas actividades, no es sólo una funcionalidad, sino que contamos con un elemento plurifuncional que nos permite ampliar el margen de actividades a realizar, pero somos nosotros los que tenemos que decidir entre esa serie de elementos que nos otorgará el resultado esperado.

Podemos pensar que de igual forma la navaja suiza y todas sus herramientas ya tienen una finalidad en específico y nuestro ejemplo entonces se viene abajo, esto está claro, ya que nuevamente, a pesar de parecer que esto pudiera ser una respuesta lógica y válida, la verdad es que argumentalmente estamos yendo en una condición circular. Les pregunto entonces, ¿cómo resolvemos esto? De nuevo será necesario revisar la condición entonces de que el servicio está condicionado por el agente de la funcionalidad, así que ¿cuál es el elemento que debemos eliminar de la ecuación para que el argumento sea válido? Ambos, ya que uno necesariamente condiciona al otro, y mientras uno esté presente, el otro de igual forma se encontrará ahí, aunque no directamente, si genera presencia, ya que formalmente para obtener un conocimiento no podemos hacerlo de forma instintiva, por lo cual nos forzamos a ejercer una presión argumental que dé validez a las respuestas, es por eso que lanzamos elementos que se condicionan unos con otros, y en el caso del servicio, lo asociamos de forma indirecta a la funcionalidad.

Si buscáramos entonces una respuesta menos condicionada deberíamos entonces preguntar: ¿Para qué funciona la filosofía? Cuestión que incluso argumentalmente tiene un poco más de sentido, pero que aún así resulta compleja para obtener una respuesta, debido a que si nos preguntamos “¿para qué?”, forzosamente tenemos que apegarnos a una condición de juicio, y no al ámbito intuitivo, motivo por el cual resulta necesario reformular la cuestión y realizarla así: ¿Cuál es la finalidad de la filosofía? En este sentido no involucramos de forma directa la condición del juicio argumental, ya que al cuestionarnos por cuál es la finalidad de la filosofía, lo que buscamos es realizar un señalamiento de la labor a la que la actividad se refiere. Elementalmente, en este caso, desde los más clásicos hasta los más actuales, tendrán una cierta condición de consenso en cuál es la función que cumple o debiera de cumplir la filosofía, y es la de ofrecernos un esquema de comprensión de lo que nos rodea, es decir, el brindarnos los elementos esenciales para que todo eso que se encuentra en el exterior resulte comprensible.

Pareciera muy simple este aspecto, y sin duda lo es, lo problemático realmente es que hemos sido nosotros los que añadimos una complejidad ilimitada a esta consideración, desde el ámbito de la condición académica, pareciera ser un ámbito de competencia para ver quién ofrece el mayor rigor y validez lógico argumental, cuando si logramos remontarnos en el tiempo podemos hablar de los filósofos que sin mayores tapujos nombraron a los elementos naturales como la base de todo lo existente, y eso no los reduce en la escala filosófica en comparación con aquellos que generaron un sistema más completo y complejo para validar su posición de cómo ellos concebían el mundo que los rodeaba.

Por lo que, en conclusión, podemos aludir que la actividad filosófica es elementalmente simple, y son los individuos que la practican quienes añaden distintos grados de complejidad, mismos que apoyan y sustentan de forma argumental sus preocupaciones acerca de todo aquello que les rodea, así que para la próxima vez que les pregunten para qué sirve la filosofía, una manera simple de cambiar la visión del resto es demostrarle que la filosofía no hace un servicio, sino que cumple una función directa entre el sujeto y el mundo, y que por muy simple que esto parezca no significa un menosprecio a la actividad, sino más bien una forma de enriquecerla, ya que cualquier persona puede participar de esta función directa de la comprensión de lo que se encuentra a nuestro alrededor, lo único que será diferente es el grado de complejidad que cada individuo pueda imprimir en este elemento de comprensión.

Publicado originalmente en el blog del autor el 19 de mayo de 2021.

Artículo de:

Ramón Guadalupe González Rocha (autor invitado):

Estudiante de la licenciatura en filosofía de la universidad de Guadalajara, entusiasta de la dialéctica Hegeliana y de la fenomenología alemana.

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Imagen | Pixabay

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