El Arte y las Ciencias de la vida son dos áreas del conocimiento que recientemente han convergido en un horizonte común llamado Bioarte. Este último es considerado como un conjunto de proyectos artísticos que hacen uso de la biotecnología y los biomateriales para presentar híbridos artísticos. Estas obras abordan una crítica enfocada en los aspectos éticos y ontológicos de la Vida como una categoría bajo escrutinio.

En este escrito analizo metafóricamente mediante un recurso visual llamado “punto de fuga”, la relación contemporánea entre la ciencia y el arte. Además, con base en algunos ejemplos del Bioarte, tengo la pretensión de desarrollar tres ejes temáticos:

a) La relación simbiótica entre Ciencia y Arte,

b) el soporte teórico que justifica esa relación y,

c) las consecuencias práctico-conceptuales derivadas del Bioarte.

Estos tres elementos, en conjunto, permiten concluir que las obras artísticas no sólo tienen una finalidad estética. También nos permiten redimensionar nuestra posición como especie en el mundo. Constituyen un punto de inflexión en el análisis filosófico sobre el pasado y el futuro de la humanidad en su relación con el medio ambiente.

Introducción

La Vida como un fenómeno biológico emergente en la tierra, empezó hace aproximadamente cuatro mil millones de años. Desde ese entonces no ha hecho más que evolucionar en diferentes estructuras hasta conformar el entramado que hoy somos y habitamos. El análisis de este proceso biológico ha sido una constante en la historia de la humanidad. Ha implicado una multitud de líneas interpretativas, por ejemplo, desde el arte, la ciencia o la cultura.

Estas distintas formas de aprehensión de un mismo fenómeno (la Vida) pueden ser entendidas metafóricamente mediante un recurso artístico llamado “punto de fuga”.  Este se define como el “lugar geométrico donde se intersectan las proyecciones reales o imaginarias de rectas paralelas a una dirección dada en el espacio, así como las no paralelas al plano de proyección” (Wikipedia, 2021).

Este recurso visual es utilizado principalmente en la fotografía, la pintura y el diseño, porque aporta perspectiva, profundidad y coherencia a las obras. El punto de fuga da estructura, sentido y orden a los elementos que conforman el todo de la imagen. Como se ha mencionado, surge debido a la convergencia de varias líneas desde una perspectiva, ya sea frontal, oblicua o aérea.

Un ejemplo clásico de punto de fuga es la imagen de unas vías del tren que se pierden en un punto en el horizonte. Sin las líneas paralelas de los bordes, no habría profundidad ni perspectiva tridimensional en la obra. En cierto modo, el punto de fuga no existe a menos que existan los elementos que convergen en él. Sin embargo, sin este, los elementos tampoco adquieren sentido. Por ello, puede decirse que establecen una conexión muy parecida a una relación simbiótica.

Ahora bien, del mismo modo en que se usa el punto de fuga como recurso visual que aporta perspectiva al todo de la obra, así también se puede entender al Bioarte. La convergencia de varias líneas de estudio como el arte, la biología, la ciencia y la cultura, conforman un punto de fuga: el Bioarte. Así, entendido metafóricamente como punto de fuga conceptual, aporta coherencia, estructura y profundidad, al estudio de un fenómeno biológico tan complejo como es la Vida.

A continuación, me ocuparé de la exposición de dos líneas de investigación que son el Arte y la Ciencia. Recientemente han convergido en el Bioarte como expresión cultural que ha ganado visibilidad mediática.

 Bioarte: Re-pensar la Vida
desde el arte y la ciencia

La relación entre el arte y la ciencia ha estado presente a lo largo del desarrollo del pensamiento científico. A finales del s. XIX y principios del XX, el nacimiento del arte microbiano fue inaugurado por Fanny Hesse y Alexander Fleming. Consistía en “pintar” escenas de la vida cotidiana con cultivos microbianos en cajas de Petri, usando como medio el agar-agar.

La pintura microbiana tenía su “arte” porque había que tener conocimientos específicos sobre los microorganismos. Así también, el color de estos, además de controlar la velocidad del crecimiento y dónde ponerlos en el patrón de la caja de Petri, etc.  Sin duda, fueron obras magníficas y de gran elaboración, pero no tenían la finalidad de expresar un análisis ni epistemológico ni ontológico sobre la Vida. Esto último sí sucedió con algunas expresiones artísticas de inicios del siglo pasado. Algunos artistas vieron en la fusión del arte y la biología, todo el potencial crítico para repensar el concepto de “vida” y la vida misma.

El antecedente formal al Bioarte, fueron las performances de principios del s. XX desarrolladas por artistas como Gina Pane, Marina Abramović o Bob Flanagan. Ellos usaron la corporalidad humana como medio de expresión artística y protesta social. Sin embargo, conforme avanzaba el siglo, la mirada cambió hacia una categoría menos reduccionista y con mayor potencial expresivo: la Vida.

Esta descentralización de la mirada corporal antropocéntrica hacia horizontes más inclusivos, se vio potenciada con la secuenciación molecular llevada a cabo en los laboratorios. Desde entonces, los bioartistas eligieron a los materiales vivos y a los instrumentos de laboratorio, como su principal medio de expresión artística (Mitchell, 2010).

Hoy en día, lo que se entiende por Bioarte tiene poco que ver con las cajas de Petri con cultivos microbianos o las performances corporales. Actualmente, el Bioarte abarca desde la manipulación bacteriana hasta conejos brillantes. Además incluye a las esculturas celulares y la puesta en escena de híbridos artísticos. Estos últimos son una mezcla de elementos biológicos y tecnológicos que ofrecen al espectador una perspectiva diferente tanto de la ciencia como del arte (Yetisen et.al. 2015).

Esta nueva corriente artística, pese a llevar casi un siglo en desarrollo, es aún desconocida por muchas personas tanto en México como América Latina. Esto se debe, entre muchos factores, a la poca difusión que se le ha dado. Además de la falta de una cultura científica y a los altos costos que conlleva poner en escena las obras. Para solucionar esto último, se ha preferido el formato digital de sitios web donde se alojan las galerías. Sin embargo, el idioma o el acceso al internet todavía constituyen barreras.

A pesar de todo lo antes comentado, existen casos que sí han sido significativos y han impactado mediáticamente en la sociedad contemporánea. El caso del arte transgénico “Alba” es un ejemplo de esto. El bioartista brasileño Eduardo Kac es el padre conceptual del primer ser vivo nacido como obra de arte. “Alba” es el nombre de una coneja fluorescente que, a pedido de Kac, se le incorporó el gen bioluminiscente de un ejemplar de la especie marina  Aequorea victoria. El diseño experimental fue llevado a cabo en el año 2000 en el Instituto de Investigación Agronómica de Francia. No obstante, pese a los requerimientos del autor conceptual, “Alba” no salió de allí para su exposición como obra artística.

El caso de las obras de arte vivientes, resultan polémicas por sus implicaciones éticas y los supuestos filosóficos que les subyacen. Pero no todo es manipulación genética ni conejos fluorescentes. En este año 2021, Laura Splan una bioartista estadounidense, es partícipe de un proyecto internacional digital llamado Visualizing the Virus. El proyecto que tiene la pretensión de exponer las diversas aristas desde donde abordar el tema de la pandemia por Coronavirus. De acuerdo con el sitio web del proyecto, se pretende mostrar e investigar las diversas formas en que se visualiza el virus. Así también, las desigualdades que hace visibles la pandemia.

La propuesta de Laura Splan titulada Syndemic Sublime, incluida en el proyecto internacional, presenta obras artísticas diversas. La variedad abarca desde tapetes tejidos tipo crochet que representan a los coronavirus, animaciones digitales de la proteína pico hasta “esculturas” moleculares.

Por otra parte, en México, Edith Medina pionera del Bioarte lucha por abrirse un espacio en el público proclive a la cultura y la ciencia. De hecho, ha sido la primera en escribir sobre este tema para la Revista Digital Universitaria de la UNAM (2010). Ella se define como artista biológica y no necesariamente como bioartista. Este año 2021, la revista Fahrenheit le ha divulgado su obra “A lágrima viva: Fisiología biológico social de una lágrima” desarrollada en el Cinvestav. En tubos Eppendorf y cajas de Petri, Edith recolectó y cultivó lágrimas de distintas mujeres. Ella logró mostrar que las muestras poseen características únicas según sea el motivo que propició el llanto. Sin duda algo interesante no sólo desde el arte,  sino también desde la química.

Ahora bien, todos estos conceptos, sensaciones e ideas expresados en los casos que he mencionado constituyen una reinterpretación del fenómeno de lo viviente a través de la obra de arte. Las puestas en escena digitales son portadoras de una invitación a la reflexión sobre el papel de la humanidad. Además de su relación con el todo orgánico del planeta.

Pero ¿Cómo pudimos llegar de la ciencia a la conciencia a través del Arte?, ¿Cómo explicamos que esta vez los biomateriales que conforman la obra de arte no son una representación, sino el objeto mismo representado?, ¿Cuál es la importancia de usar la biotecnología, los datos científicos e incluso las entidades vivientes en la construcción de obras artísticas?

Biofilosofía: simbiosis
conceptual entre arte y ciencia

Las respuestas desde el Bioarte a las preguntas planteadas suponen la adopción de un punto de vista que podemos llamar biofilosofía. Esta última es una disciplina emergente de mediados del siglo pasado. Se ocupa de investigar los aspectos ontológicos, éticos, epistemológicos y políticos de la Vida. Además, también se interesa en sus diferentes expresiones fuera de una interpretación antropocentrista (Deleuze y Guattari, 1980; Allen y Bakoff, 1995; Thacker, 2008).

La biofilosofía como reflexión humanística sobre el fenómeno de lo viviente forma parte de un conjunto de teorías y metáforas contemporáneas. Estas pretenden ofrecer un discurso integrador que pone de manifiesto que cualquier objeto viviente sostiene “su material interconexión, a través de los procesos de diferenciación, comunicación, simbiosis, desacuerdo y batalla”. Una red compleja de interacciones con la cultura, la tecnología, la política y el lenguaje.

La simbiosis conceptual entre el Arte y la Ciencia está justificada por una perspectiva bio-filosófica. Esto explica el sello distintivo del BioArte: la creación de híbridos inspirados en elementos orgánicos y tecnológicos que recrean escenarios evolutivos pasados y futuros.

De hecho, pudiera pensarse que siempre ha sido así, dado que, muchas obras artísticas tienen como referente a la naturaleza. Sin embargo, lo que diferencia a estas expresiones estéticas de cualquier otro arte, es su constante alusión a los ambientes tecnológicos de la biología. Además, tienen una finalidad crítica al hacer referencia a la explotación ecológica y el papel del ser humano en la expansión del capitalismo. De igual manera, pone de manifiesto las desigualdades originadas por eventos biológicos como las pandemias.

Nuevas aproximaciones
culturales al fenómeno de lo viviente

A lo largo de este escrito, he desarrollado una idea principal. Esta consiste en que la relación entre la Ciencia y el Arte puede entenderse a través de un recurso visual llamado punto de fuga. Además, mediante algunos ejemplos puntuales de las y los bioartistas se ha implantado esta idea metafórica de convergencia conceptual y sensorial.

Al igual que sucede con el punto de fuga en geometría, el BioArte es un punto de fuga conceptual. Esto se debe a que proporciona una perspectiva holística de las relaciones orgánicas que conforman al planeta. También pudiera afirmarse, que constituye una nueva aproximación cultural al fenómeno de lo viviente por las técnicas que utiliza para la puesta en escena. Resulta impresionante:

Pues no sólo hablamos de herramientas como la computadora o software, como nueva tecnología, sino de materia viva que coexiste con nosotros y que necesita condiciones especiales para sobrevivir, lo que implica un cambio fuerte en el formato de exhibición de las obras y una cercanía con procesos científicos que antiguamente eran desconocidos para el ser humano

Medina, op.cit

La importancia de las aportaciones del BioArte no se entiende sin el contexto de las discusiones antropológicas y científicas contemporáneas. Estas últimas han dado origen a metáforas conceptuales como el Antropoceno y el Microbioceno. El primero refiere a una época no reconocida por los geólogos, pero que fue acuñada por el biólogo Eugene F. Stormer, en 1980, y formalizada por el nobel de química J. Crutzen en el artículo “Geología de la humanidad” de la revista Nature en 2002. 

El Antropoceno hace referencia a la era actual en la que vivimos, caracterizada por el brutal impacto que tiene la actividad humana en el planeta. Por otra parte, la metáfora del Microbioceno,  sostiene que la verdadera fuerza de cambio no es nuestra especie sino las distintas formas de vida microbiana que hace millones de años aceleraron los procesos de catálisis que dieron origen a organismos más complejos pluricelulares.

A partir de la implementación del Bioarte, se hacen más fuertes las voces que piden el reconocimiento del Microbioceno como un nuevo periodo geológico. Por ejemplo, en 2016  Edmund Yong presentó su libro I Contain Multitudes como resultado de una década de entrevistas a científicos y sus estudios centrados en la ubicuidad de los microbios. Una de las citas más célebres del libro que enmarca oportunamente lo que he venido exponiendo a lo largo de este escrito menciona lo siguiente: “se dice que ahora estamos en el Antropoceno […] También podría argüirse que seguimos viviendo en el Microbioceno: un periodo que comenzó en los albores de la vida y continuará hasta su fin” (Yong, 2016).

El Microbioceno es entonces, una era transversal a la existencia misma de la humanidad como especie biológica. El BioArte, en sus diversas expresiones, pretende poner de manifiesto que la Historia nunca se desarrolla como un evento independiente de la Naturaleza. Todos los esfuerzos culturales por separar lo cultural de lo natural, han conllevado a un moderno malentendido que pretende establecerles como opuestos.

¿A dónde nos lleva la crítica expresada por el BioArte? Considero que, aun cuando es muy pronto para esbozar consecuencias precisas derivadas de estas expresiones artísticas contemporáneas. Pero, al menos, es posible obtener una idea central que articula las puestas en escena de los bioartistas. La idea es que estamos en el umbral de una nueva compresión del fenómeno de lo viviente. No sólo a nivel local entre los seres humanos sino de manera expansiva con otras especies y el ambiente que nos rodea.

Precisar esta última afirmación es una obra en construcción, lo estamos viviendo ahora, por lo cual es un fenómeno cultural interesante. En los últimos meses hemos comprendido que el marco de interpretación para enfrentar los fenómenos sociales y biológicos no es el antropocentrismo. Por el contrario, es la toma de conciencia de que siempre hemos vivido en un mundo microbiano lo que nos llevará a buen puerto epistemológico.

Bibliografía

Bekoff, M.y Colin A. (1995). “Function, Natural Design and Animal Behavior: Philosophical and Ethological Considerations.” Perspectives in Ethology (Springer Science and Business Media) 11: Behavioral Design: 1-46.

Baum A. (2018). Microbiocene: Ancient ooze to future myths. Baum & Leahy in collaboration with the Royal Netherlands Institute for Sea Research (NIOZ). Recuperado de: https://amandabaum.com/MICROBIOCENE

Crutzen, P. (2002) Geology of mankind. Nature 415, 23. https://doi.org/10.1038/415023a

Gilles D. y Félix G., (1988) (edición original en francés de 1980), Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia, Pre-textos, Valencia.

Medina E. (2007), Bioarte, una nueva fórmula de expresión artística, Revista Digital Universitaria, Volumen 8, Coordinación de Publicaciones Digitales. DGSCA-UNAM.

Mitchell, R. (2010). Bioart and the Vitality of Media. Seattle and London, University of Washington Press.

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Rees, T. (2020). From Antrhopocene to Microbiocene, Noema, Published by the Berggruen Institute. Recuperado de https://www.noemamag.com/from-the-anthropocene-to-the-microbiocene/

Thacker, Eugene. 2008. “Biophilosophy for the 21st Century.” en Critical Digital Studies: A Reader, edited by Marilouise Kroker Arthur Kroker, 132-142. Toronto: University of Toronto Press.

Yetisen K.A. et.al. (2015), “Bioart”, Trends in Biotechnology,  DOI: 10.1016/j.tibtech.2015.09.011

Yong  E. (2016), I Contain Multitudes: The Microbes Within Us and a Grander View of Life. New York: Harper Collins.

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Cell Press. (23 November 2015) “Bioart: An introduction.” ScienceDaily. ScienceDaily, Recuperado de www.sciencedaily.com/releases/2015/11/151123203619.htm

Splan L. (1 julio 2021). Syndemic Sublime: A SciArtist (re)visualizes SARS . Brooklin N.Y. Recuperado de https://www.laurasplan.com/blog/visualizing-the-virus-by-sria-chatterjee

Imagen | Pexels

Artículo de:

Elizabeth Martínez Bautista (autora invitada):
Doctora en Filosofía de la Ciencia-UNAM. Con intereses en la filosofía de la biología y la Epistemología de las inferencias en la ciencia.

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por autores invitados

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