El flautista de Hamelín o Del complejo de “Pied Piper”

Lo que deja ver El flautista de Hamelín es muy interesante, primero, la plaga de esta ciudad, el extraño y misterioso flautista, los propios habitantes, el alcalde del pueblo que no quiso solventar al flautista por su servicio y los que, sin darse cuenta, sobrevivieron para contar la historia. Pero, si hacemos un breve análisis al cuento, veremos que, el flautista posee un don especial para seducir con su música, tanto a los roedores, como a los inocentes niños, ambos atraídos por la fugaz melodía, fueron dirigidos a un lugar desconocido.

Ahora, si revisamos algunas versiones del título de este cuento, podemos encontrar las siguientes traducciones: “Pied Piper ” que puede ser traducido como “flautista a pie”, pero también podría aplica para decir “músico ambulante”; también, “Der  Ratternfänger” podría ser “el atraparatas”, pero para atraparlas hay que “encantarlas”, por lo que sería “el encantador de ratas”, esto sabiendo que, como en todas las lenguas, es el contexto el que indica el significado de las palabras.

Según la antigua tradición literaria, en el año de 1824, en el rigor del verano, la ciudad de Hamelín, situada al suroeste de Hannóver, en Prusia cerca de los ríos Hamel y Wéser, sufría una plaga de roedores, que todo lo invadían y destrozaban. Los habitantes ya estaban desesperados, y sin saber qué hacer, cuando apareció un extraño personaje, a quien le fue hecha por las autoridades, una oferta de buena paga, para librar a Hamelín del terrible azote, levándose tras sí a todos los roedores, gracias a los acordes de una flauta mágica que tañía. Pero habiéndole negado la paga convenida, volvió a hacer oír las notas de su instrumento, cuyo sonido dirigido fue a todos los niños de la ciudad, sin poderlo resistir, se fueron tras el flautista, quien de esta manera se vengó del engaño de los hamelienses.

El flautista de Hamelín, Fragmento.

El flautista encantador

¿Quién es este “flautista a pie” o encantador, acaso, no es un simple músico? Diremos que no. Quizás, ya todo con cuerda si lo relacionamos con el arquetipo del mítico Hermes griego: comunicador, embaucador y viajero. Se dice que, Hermes tocaba la lira que había fabricado con el caparazón de una tortuga; además, que era protector de los viajeros, de los hombres de negocios y los ladrones y, sobre todo, el guía hacia el mundo subterráneo.

Así, el extraño flautista, personifica una imagen literaria de “Hermes”, caracterizado por su inteligencia, ingenio y habilidad para cambiar lo que tiene de forma o de aspecto, en este caso, su música y su imagen, sin olvidar que, toma lo que quiere mediante el engaño o el robo, vistiéndose de héroe y sin ningún remordimiento por mentir o conseguir lo que desea. Pero también, este “flautista a pie” o “Hermes” puede ser una semejanza de nuestra actualidad bajo el complejo de “Pied Piper”; referido como el líder que se asegura seguidores ingenuos, prometiendo alcanzar para ellos todo aquello que desean sin que tengan que esforzarse para lograrlo por sí mismos, “sólo contémplalo a él1“. Sí, en efecto, es la figura del rockstar.

¿Y la música qué?

En décadas pasadas, no todos los especialistas dentro del psicoanálisis reflexionaron sobre los efectos posibles de la música en el ser humano, pero un discípulo de Jacques Lacan de nombre Alain Didier Weill, se atrevió a considerar a ésta como el “médium” a la palabra, es decir: “Lo que transmite la voz materna en modulaciones melódicas escondidas rítmicamente”; en palabras más sencillas, lo primero que podría trasmitir la voz materna antes que una palabra, sería un breve ritmo musical2. De modo que, en el fondo de nuestro lenguaje, lo que está inmerso, por un lado, es el ritmo musical y el sonido.

Aceptemos que, cada quien concibe la música de diversas formas. En el cuento, los roedores no atendieron la misma melodía que los niños, aun cuando la interpretó el mismo flautista. En lo que respecta, diremos que, para hablar de música, primero es importante hablar del el sonido, asunto que no tiene ningún misterio, pues, todo sonido o conjunto de sonidos produce una respuesta emocional en la escucha, este receptor es quien culmina el proceso de comunicación y respuesta emocional del sonido al asignarle a éste sus propias ideas, emociones y obsesiones. Ahora entendemos más del porqué, el sonido urbano provoca reacciones o trastornos: no es el ruido del tráfico por sí mismo el que me desquicia, sino la cualidad de molestia y monotonía que se le atribuye.

Su cualidad

No es tan equivocado decir que, el sonido trabaja como un medio por el cual, la escucha suele depositar pequeñas respuestas emocionales, esto lo entendemos más, cuando notamos que asociamos conceptos o construimos ideas a partir de experiencias auditivas. Por eso, no todos reaccionamos de la misma forma ante el propio sonido; si algo nos produce un fuerte impacto emocional, también producirá cambios en nuestra percepción del espacio y tiempo.

Los especialistas dicen que, existen muchos factores que hacen saltar nuestras emociones y alteran nuestro estado de ánimo, los cuales tienen orígenes psicológicos, físicos, sociales, y que son relativos a las relaciones interpersonales, además de los agentes externos, de los cuales forma parte el sonido. Con ello se pretende explicar que, el sonido también trabaja anticipando nuestros estados de ánimo que predeterminan nuestra forma de actuar.

Ahora bien, sólo restaría decir que, no solamente los músicos conocemos de estos fenómenos cuando tocamos algo que nos emociona de sobremanera, también lo sabe el público que escucha con verdadera gula aquello que más le agrada en todos los géneros. Ese estado de trance es intensamente poderoso, relajante, en algunos es consolador o hasta catártico, pero al final, biológicamente respondemos ante el sonido y si éste lo presentamos como un “cebo” como lo hizo el “flautista a pie” en el cuento, la respuesta emocional de la escucha ya estará afianzada, porque ya ha sido condicionado; posiblemente los roedores y los niños nunca habían probado ese “cebo” en su vida, pero se puede intuir que, como anzuelo, la música y su intérprete los atrajo para estimular su estado anímico y así llevarlos a lugares desconocidos.

Citas

[1] El término “Pied Piper” — Flautístico. Recuperado de http://flautistico.com/articulos

[2] Berardozzi, J. (s. f.). La música como estructura de lenguaje estudiable por el psicoanálisis. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/2001/suple/psico/01-07/01-07-05/psico01.htm

Bibliografía

Betes, T.  (2000). Fundamentos de musicoterapia. Editorial Morata. 

Berardozzi, J. (s. f.). La música como estructura de lenguaje estudiable por el psicoanálisis. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/2001/suple/psico/01-07/01-07-05/psico01.htm

Fubini, E. (1988). La estética musical desde la Antigüedad hasta el siglo XX. Madrid, Alianza Editorial.

Browning Robert, The Pied Piper of Hamelin, Gran Bretaña.

Imagen | Diseño de la autora a partir de la imagen de png egg

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por Paulina Amezcua

Licenciada en filosofía, Maestra MADEMS. Especialista en historia del arte por la UNAM.

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