Fenomenología: La manifestación del plan escatológico en el arte

Georg Wilhelm Friedrich Hegel nos extiende una interpretación del arte de la techné, mediante la dialéctica del amo y el esclavo. Lo cual es una lucha entre dos hombres en donde a partir de un desempate en sus fuerzas físicas, uno se ve en la necesidad de someterse al otro. Así, el amo quien es el más fuerte somete al esclavo y, este último a manera de supervivencia decide servir para gustar al amo mediante sus demandas. De ahí que se desarrolle una transformación en la naturaleza que implica el perfeccionamiento y superación de la materia y sus usos. O en palabras de Colomer “El artesano deviene artista al elevarse a la forma de la actividad autoconsciente” (Colomer, E., El pensamiento alemán de Kant a Heidegger II, p. 310).  Desde este sentido, se estaría generando instintivamente un cambio hacia el ser racional, es decir, el esclavo que en primera instancia hace uso de la materia de la naturaleza con vistas a salvaguardar, momentáneamente, su vida, gesta herramientas útiles para la vida práctica de una manera consciente. En suma, no sólo en cuestiones palpables, sino también en aspectos de la razón, tales como: el desarrollo intelectual desde el arte, la reflexión, el cálculo matemático, por mencionar algunos.

En vistas a ello, la naturaleza física del mundo se estaría transformando por la conciencia del amo, desde el aspecto de querer facilitar su cotidianidad. Así, por medio de esa innovación de los recursos para hacer accesible, o bien, para administrar con mayor facilidad la vida del hombre, resulta que, surge un cambio en su conformación social y de ordenamiento. En donde sus herramientas y acciones, toman un apremiante auge porque posibilitan el desarrollo de la comunidad, del Estado y del espíritu. Con lo cual, cada hombre estaría tomando conciencia de sí y de su rol histórico en el mundo; el hombre con logos.

No obstante esto no sería de autoría humana, sino una determinación puesta en el hombre, ya que Hegel dice que los momentos históricos a lo largo de la constitución del mundo son causados desde la obra divina que se manifiesta en el tiempo y la cultura, culminando en la realización del plan de Dios. Así, cada progreso en las distintas etapas del arte, la religión, la filosofía y en general; la historicidad humana estaría guiada por el creador intelectual del universo para concretar su fin escatológico.

Para ejemplificar lo precisado, Hegel evidencia el abatimiento del arte helénico de la antigua Grecia a manos del cristianismo. Ya que ante las transformaciones ideológicas dadas exponencialmente desde que el emperador Constantino en el año 313 d. C. estableciera a la Iglesia cristiana como la religión oficial del Estado Romano, se exaltó a la figura de Jesucristo como modelo virtuoso y moral a seguir. Por lo que, “la obra de arte abstracta se había convenido en una obra de arte viviente” (Colomer, E., El pensamiento alemán de Kant a Heidegger II, p. 314).

De esta manera, el cristianismo se encontraba superando al arte; el arte no cabía en el cristianismo porque la representación sensible que había alcanzado el arte griego viró hacia la realidad histórica de la muerte de Jesucristo. Del mismo modo, esta superación del arte a manos del cristianismo puede verse desde el sentido de una necesidad escatológica para soslayar al arte con miras al progreso del plan divino. Porque mediante ello se estaría llevando a cabo, aunque implícitamente, la salvación. Ya que esos cambios transformadores en la naturaleza, el estado, lo social, lo cultural, la moralidad, et al, en última instancia son considerados por Hegel como hechos que llevan consigo el propósito de consolidar la espiritualidad, pues de lo contrario la salvación de la humanidad no tendría lugar.

Lo dicho está representado en la obra: El Cristo con San Pedro y San Pablo, en el Sarcófago de Junio Basso, situado en Roma, en las grutas vaticanas bajo la Basílica de San Pedro en el Museo del Tesoro de San Pedro:

A modo de análisis estético, en la casilla superior derecha se ve a Jesucristo gozando de juventud y belleza, sentado en un trono entre San Pedro y San Pablo, y por motivos alusivos a la supremacía de Dios que se posiciona como el único Dios al cual se le debe alabar por encima de cualquier otra equívoca representación divina, todos parecen filósofos griegos. Cuestión similar por notar es que escultor hizo que los pies de Dios se encuentren descansando sobre el dosel del firmamento sostenido por Zeus, el antiguo dios del cielo. Por tanto, se entrevé una referencia al fin de la mitología griega y el inicio de la glorificación de Jesucristo; de Dios hecho hombre.

Es importante precisar que el carácter de la realización de este tipo de representaciones artísticas permitía que los hombres y mujeres tomarán conciencia del plan divino y, propiamente, de Dios. Además, recordemos que en esta nueva etapa del arte lo que importa no es la figura (el arte por el arte), sino el contenido espiritual evangelizador que inspira a toda persona para convencerse del lugar que posee Jesucristo en la constitución del universo. Quiero decir que, mediante la representación de la obra artística, iluminada, por la palabra de Dios y la experiencia terrenal de Jesucristo, se vislumbraría ante nosotros aquella esencia primigenia.

Con lo cual, desde Hegel, el propósito del plan divino estaría desenvolviéndose en la construcción de un esquema racional de Dios desarrollado desde la naturaleza del hombre y sus distintas esferas constitutivas. Así, mediante este ejemplo, el arte, pero también la cultura, la política y las relaciones sociales se verían transformadas, inspiradas, guiadas y, en última instancia, precisadas por Dios para llevar a cabo (sea cual sea) su propósito.

Bibliografía

Colomer, E. (2006). El Pensamiento alemán de Kant a Heidegger II. Herder.

Imagen | Wikipedia

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por Claudia Gómez

Estudiante de Filosofía en la Universidad de Guadalajara (México).

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