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Filosofía pirata y el trabajo editorial (reseña)

La palabra piratería cotidianamente está vinculada con acciones que rozan la ilegalidad, pero, en un sentido etimológico, el pirata es alguien que ensaya, que pone a prueba, que fastidia, que molesta y ataca1. El Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana en el más reciente volumen de su colección “Lecturas de Sileno” ofrece uno de los resultados del proyecto de investigación Filosofía de la práctica editorial: acceso abierto y diversidad en perspectivas críticas (2019-2021) en un libro co-escrito por Sandra Hernández Reyes, Sandra Loyola Guízar y Juan Pablo Anaya Arce bajo el título “Filosofía pirata y el trabajo editorial”.

Sandra Hernández Reyes, en el primer capítulo de tres, se detiene a desmitificar al libro y al autor cuestionado cómo el capitalismo se empeña en convertir en mercancía todo lo que existe, incluyendo el conocimiento. Al enfocarse en la profanación de los libros, juega con la premisa de la ontología clásica (potencia y acto) preguntándose si quizá el libro es un acto acabado o, por el contrario, tiene la potencia de ser más que ese texto finiquitado esperando tal vez que en los libros se pueda dar un salto parecido y no solo desde el punto de vista autor-lector sino, sobre todo, incluyendo el trabajo editorial que aporta desde sus orígenes una respuesta expedita al autor. Sandra Hernández quiere llevarnos a romper con la idea del libro como objeto para trasladarlo a una experiencia, una experiencia que, dicho sea de paso, debe de ser reemplazada por la de un proceso colectivo en donde el texto final es fruto de una creación editorial. Es decir, y aunque quizá a muchos autores no les guste, este primer capítulo propone “[a] la idea del autor no como origen último sino como parte de una red extensa cooperativa […]2“, ya que de lo que se trata, propone la autora, es de hacer presente y valorar el trabajo editorial que casi siempre pasa desapercibido.

La práctica editorial en tiempos bibliométricos es el segundo capítulo del volumen, de la pluma de Sandra Loyola Guízar. Ella nos invita a romper muchísimos paradigmas no sin antes poner en un lugar que nunca han tenido, a las y los editores que están detrás de todos los libros que se publican: “editar es un oficio que consiste fundamentalmente en cometer errores, al tiempo que se cuidan los errores de los demás3“. Sandra detalla, como en el capítulo anterior mencionaba Hernández Reyes, cómo la práctica editorial parte del anonimato; pasar desapercibido como editor es para la autora el mejor reflejo de un adecuado desempeño, pero sentencia magistralmente: “ningún escritor o escritora es en sus cuadernos lo que vende en los estantes4“. Esto puede calar hondo en muchos egos, pero es una verdad que a muchos escritores les cuesta aceptar: el editor es un primer lector que debe de pensar, todo el tiempo, en todos los lectores y con ello su deber es hacer correcciones -y críticas profundas- al texto original, algo que muchas veces incomodará y molestará al autor, pero que siempre son en su beneficio buscando, como editor, que ese burdo manuscrito se transforme en algo legible y atractivo.

Luego de la introducción que hace al trabajo editorial de manera general, Sandra Loyola Guízar busca hacer una incisión más profunda: la necesidad de la citación. La autora enfatiza en cómo, en los tiempos actuales, ahora no solo se necesita publicar mucho, sino que además se tiene que ser citado, algo que se ve exponencialmente reforzado por los metadatos que más que verte como una fuente de conocimiento se cataloga a los autores como productores del mismo, pero además esta citación está vinculada para facilitar el trabajo editorial: al recibir un texto, relata la autora, muchas editoras solo buscan el nombre del productor (no autor, ojo) en un software como Publish or Perish y, si el resultado arroja que la persona no tiene un “factor H” aceptable, se le descarta sin siquiera leer su trabajo.

Juan Pablo Anaya Arce cierra el volumen hablando de quizá el tema más delicado dentro de todo el libro: la piratería, tal cual la entendemos en tiempos modernos. El autor parte un poco de esta libertad de acceso que nos ha dado el Internet y del cómo nos topamos con el hecho de que en teoría podríamos -o deberíamos- de poder tener acceso a la información, pero que desafortunadamente, no tenemos. La información es algo elitista a la cual puedes acceder solo si perteneces a una universidad que pague cuotas altísimas para obtener credenciales que te permitan ingresar a bases de datos y bibliotecas privativas. A su vez, aunque matiza el hecho de que el libre acceso en teoría es algo más aceptado actualmente, señala cómo empresas como Academia.edu han sabido lucrar con esta dinámica porque los datos que genera (visualizaciones, descargas y referencias) son vendidos y negociados con demás instituciones para nutrir esos softwares de los que ya se hablaba en el apartado anterior para determinar qué autor es más o menos productivo.

Filosofía pirata y el trabajo editorial es un texto que te invita a reflexionar muchas cosas: a valorar cada libro que llega a tus manos, impreso o digital, porque es fruto no solo de una persona -el autor- sino de una gran cadena de hombres y mujeres que han dedicado su mayor esfuerzo en ofrecerte un material digno de ser leído y consumido; al mismo tiempo, debemos revalorar todos los textos y entender que no son mercancía ni objetos sino medios de conocimiento a los cuales se les debería de dar un justo valor; finalmente, y quizá como lo más fuerte de las conclusiones, a valorarnos como productores de conocimiento, dejemos de mirar tanto las métricas -que están tan de moda hoy día- y aboguemos porque el saber se difunda y promueva pero no con un hambre de ser citados o indexados, sino por esa real intención de transformar al mundo con nuestro saber.

Muchas gracias al Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana y a su coordinadora de publicaciones Sandra Loyola Guízar, por facilitarnos la copia para la realización de esta reseña.

Puedes descargar el libro, completamente gratis, aquí.

Imagen | Fotografía de Sandra Loyola Guízar.

Notas al pie

[1] Reyes, S., Guízar, S., Arce, J., & Cota, G. (2021). Filosofía pirata y trabajo editorial. (Pp. 7). Universidad Iberoamericana A.C. https://filosofiadelapracticaeditorial.net/wp-content/uploads/2021/08/SILENO-Filosofia-pirata-y-trabajo-editorial.pdf

[2] Ibidem. Pp. 38.

[3] Ibidem. Pp. 45.

[4] Ibidem. Pp. 45.

[cite]

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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