En la vida común y corriente, aparece el elefante como símbolo de la suerte, y esto no es algo fortuito, pues esta relación quizá nos viene dada de lejos. En India, el elefante tiene significados múltiples, es un animal que forma parte de la vida diaria de sus habitantes, y gracias a ello es que se puede identificar, por lo menos, una triple significación e importancia: está relacionado con la naturaleza, el hombre y lo divino. La forma más inmediata de la relación del elefante con el mundo es mediante la naturaleza, la forma en la que se desenvuelve en el mundo natural. Con relación al hombre, el elefante representa fuerza y se convierte en un aliado importante para la construcción y la carga. En lugares apartados y de difícil acceso para los aparatos de construcción, el elefante se vuelve en sustituto indispensable de éstos. En cuanto a lo divino, el elefante tiene un lugar especial, pues forma parte de los dioses más populares en esta región: Ganesha.

Los dioses de la India tienen características peculiares. Unos tienen piel azulada, otros varios brazos. En este sentido, comparten elementos en común, sin embargo, cada uno de ellos tiene “señas” distintivas de acuerdo con sus atributos. En el caso de Ganesha, es imposible confundirlo con otros dioses, pues es el dios “cabeza de elefante”. Hubo un momento en que su imagen era completamente humana, pero cuenta una de las historias de su nacimiento que su padre Shiva le corta la cabeza por equivocación y la sustituye con la primera que encuentra. Así que podríamos pensar que es “fortuito” o cosa de “suerte” que sea la de un elefante.

Como se ha dicho, Ganesha es el hijo de Shiva, su madre es Párvati. Es un dios relacionado, principalmente, con la sabiduría, pues se encarga de escribir el Mahabharata con uno de sus cuernos; con la capacidad de vencer obstáculos, pues es un guerrero que va a la vanguardia de los ejércitos; asimismo, se lo relaciona con el conocimiento, la riqueza, la destrucción de espíritus malignos.

La representación de este dios tiene características que nos hace pensar en la combinación equilibrada entre la fuerza de un guerrero y la generosidad de un amigo. Ganesha tiene la cabeza de elefante como símbolo de sagacidad y el atman (alma), el cual es la realidad última y suprema de la existencia humana; su cuerpo humano significa Maya o la existencia terrenal de los seres humanos. Frecuentemente, lo acompaña una rata -su montura o vahana– que representa la habilidad que se necesita para salvar obstáculos, una rata puede correr ágilmente, meterse en los escondrijos más complicados;  en la trompa de Ganesha aparece el bija mantra Om, el cual es símbolo sonoro de la realidad cósmica, el sonido primordial con el que se crea todo lo que conocemos por universo, y siempre se le describe como un ser muy corpulento debido a la fascinación que tiene por la comida.

Como todo dios de la India, tiene múltiples brazos. La mayoría de las representaciones de Ganesha tienen cuatro brazos que llevan diferentes objetos. Por ejemplo, uno de sus brazos sostiene un hacha para cortar las ataduras; otro, sujeta un ladoo, dulce típico, para recompensar las actividades espirituales de los devotos; otro, extiende la mano con los dedos hacia arriba con la finalidad de impartir bendiciones.

Para los devotos, conocidos como Ganapatyas, Ganesha es el eje y motor del universo. Todo sacrificio o ceremonia religiosa, todo escrito importante y todo asunto mundano comienza con una invocación a Ganesha. En los viajes y en las bodas es la deidad presente, antes de emprender alguna empresa difícil -por ejemplo la apertura de algún negocio- es costumbre encomendarse a él pues como dios de los caminos y el éxito hará que lo que empiece en ese momento llegue a buen puerto. Aparece su imagen en los templos, en las calles, avenidas principales, convirtiéndose en una deidad cercana a la vida.

De esta manera, es más fácil reconocer por qué Ganesha se ha vuelto tan adorado pues tiene la característica de que sus poderes se relacionan con la vida cotidiana, toda decisión se toma, consciente o inconscientemente,  con la devoción de que llegue a buen término. Siempre se toma un camino dejando otros de lado y, a su vez, pensando que será la mejor opción. Con ello, Ganesha representa esa fe en todo momento, es un compañero de viaje por esta vida que da confianza  y seguridad.

La suerte es algo común no solo en términos esotéricos  sino para la vida diaria. Tener suerte es sinónimo de tener bonanza. Por ello, es que se puede decir que se ha adoptado fácilmente en Occidente la figura del elefante como símbolo de la buena vibra, como símbolo de suerte, haciendo eco al “dios cabeza de elefante”.

Para terminar, presento algunos mitos referidos a Ganesha. El Brahmavaivarta Purana describe otra de las historias en torno al nacimiento de Ganesha:

Párvati, después de casarse con Shiva, no tenía hijos y en su afán por tener uno fue aconsejada por su esposo de representar el Panyakavrata, el culto rendido a Vishnu que debe ser comenzado en el treceavo día de la noche fuerte de Magha y que continúa durante todo un año, además, todos los días deben presentarse flores, frutas, pasteles, vasijas, gemas, oro, etc. y el representante del rito debe cumplir con una vida interior pura. Párvati, con la ayuda de Sanat Kumara, como sacerdote, realizó la ceremonia en las orillas del Ganges. Retornó después de un descanso y vio a Krishna, primero como un cuerpo de luz y después como el viejo Brahma, quien fue a su morada. Pero la recompensa por su ardor religioso fue retardada, por lo cual Párvati se hundió en una pena absoluta. Aun así en ese mismo instante fue cuando una voz invisible le dijo que fuera a su casa, donde ella encontraría un hijo que se pronunciaría como el señor de Goloka, o Krishna y que esta deidad asumiría la apariencia de un hijo suyo como recompensa a sus devociones.

En cumplimiento de esa ocasión, todos los dioses fueron a felicitar a Shiva y Párvati, y fue aceptado ver al niño de manera individual. Entre ellos estaba Sani, el planeta Saturno, quien aunque estaba ansioso por dar homenaje al pequeño niño, apartó sus ojos rápidamente fijándolos en el piso. Párvati, contrariada por su actitud, le pregunta por qué no se acerca a su hijo y él le explica que en una ocasión cuando estaba meditando en torno a Vishnu tuvo que desatender el cuidado de su esposa y por resentimiento a este acto, ella lo maldijo diciendo que a quienquiera que Sani mirara fijamente lo destruiría. Y para evitar las terribles consecuencias de esta sentencia, Sani trataba de no mirar a nadie a la cara.

Después de escuchar la historia de Sani, Párvati decidió no darle tanta importancia y decidió permitir que Sani mirara a su hijo. Sani echó un vistazo a Ganesha y en ese momento la cabeza del niño se separó de su cuerpo y voló al cielo de Krishna, donde se reunió con su sustancia de quien formaba parte.

Durga, tomando el cuerpo de Ganesha entre sus brazos, se arrojó al suelo a llorar y los dioses, siguiendo su ejemplo, hicieron lo mismo; todos menos Vishnu, quien montó a Garuda y voló hasta el río Pushpaphadra, donde encontró a un elefante dormido y le quitó la cabeza para así regresar con ella y pegársela al cuerpo de Ganesha.

Cuando Ganesha regresó a la vida los dioses hicieron muchos regalos y  los familiares dieron también muchos Brahmas. Por otro lado, el desafortunado Sani fue condenado de nueva cuenta y, en consecuencia de una maldición pronunciada esta vez por Párvati, tuvo que cojear desde entonces.

W.J. Wilkins (2006), p. 324-328. (La traducción es mía)

El siguiente mito presenta a Ganesha como símbolo de sabiduría, otro de sus atributos más interesantes:

Ganesha y su hermano Skanda o Karttikeya compitieron por ser el más adorado haciendo una carrera alrededor del mundo. Skanda montó a su pavo real y lo recorrió lo más rápido posible, pero cuando llegó de nuevo al punto de partida vio que Ganesha ya estaba ahí. Ganesha había dado una vuelta alrededor de sus padres, Shiva y Párvati.

W.J. Wilkins (2006), p. 324-328. (traducción propia).

Imagen | Pixabay

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por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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