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Yorgos Silianú Seferiades, una persona cuya vida entera transcurrió entre su amor por su natal Grecia y el amor por la escritura, siendo el primer amor motivo del segundo y a la inversa. Fue la ciudad de Esmirna, con la brisa del mar Egeo soplando desde el oeste, la tierra que escucho los primeros llantos del poeta nacido el 13 de marzo del año 1900. A los catorce años junto a sus padres se traslada a la ciudad de Atenas, como si el dios que habita en Delfos exigiese que estuviese más cerca, curiosamente es en este viaje donde se dan los primeros versos de Seféris. Más tarde, emigrará hacia «la patria de todos los poetas», donde concluirá sus estudios en la Sorbona de París, para un par de años más tarde iniciar su labor como diplomático en Londres, puesto que desempeño la mayor parte de su vida, no sólo en este país sino en varios más, una figura errante que además del motivo diplomático se vio exiliado de su patria por un abanico de movimientos bélicos: la primera y segunda guerra mundial, los movimientos independentistas por parte de la actual Turquía y la dictadura implementada a finales de los años sesenta. A pesar de ello tuvo la dicha de encontrar una cuna y una tumba en la misma tierra, este predilecto de las musas, ganador del premio Nobel de literatura en 1963 (fue el primer griego en recibir este galardón), encontraría el final del danzar de su pluma y con ello la inmortalidad un 20 de septiembre de 1971. Un personaje de rostro bonachón, de críticas afiladas y versos conmovedores.

La exigencia poética

Ensayista y poeta, Seféris se muestra como docente nato y a cada oportunidad que tiene, manifiesta en sus letras la oportunidad de instruirnos no sólo respecto al cómo debemos escribir sino también atendiendo al cómo debemos acercarnos a las obras artísticas; en cada ensayo (Δοκιμή) nos muestra un juicio (Δοκιμιο) y en cada juicio hace presa del autocuestionamiento tanto a artista como a espectador: ¿cómo entregar la mejor disposición el uno para con el otro? “El poeta viene a nosotros con sus experiencias personales y nosotros vamos a él, como podemos, con las nuestras.” (SEFÉRIS, T. I, 1994: 77). El encuentro que propicia el juego estético es atropellado la mayoría de las veces, y además se exige al espectador que sea capaz de descifrar aquello que el artista quiere decir con su obra, dogma contra el cuál Seféris estaría en contra, para él, el ejercicio artístico debe hacer estremecer al espectador, buscar la catarsis en un primer momento, sin olvidar la correcta técnica por supuesto, pero siempre buscando el sentimiento. Esta idea es producto del contacto que tiene para con sus compatriotas Yanis Makriyanis (1797 – 1864) y Kostis Palamás (1887 – 1943); el poeta de la perla del Egeo es consciente que no todo espectador tiene la oportunidad de instruirse previo a su contacto con la obra, opuesto a la figura del artista cuya labor navega entre los juegos alegóricos más refinados la mayor parte de su tiempo. Seféris piensa en un arte universal, cosmopolita, que sea asequible al mercader y al profesor lo mismo que para el obrero o el intelectual; no es limitar las oportunidades de desarrollo y creación que tiene el poeta, Seféris únicamente pide del poeta la renuncia a la pretensión, pues estos intelectualoides del arte, pretendiendo ser inefables no han logrado más que ser incomunicables: “Ante todo me gustaría recordar que, como poesía, toda la poesía es difícil, con una diferencia: mientras antaño nos daba la posibilidad de creer que comprendíamos, ahora no nos deja escapatoria alguna.” (SEFÉRIS, T. I, 1994: 27). Seféris fue siempre consciente de qué letras le anteceden en el espíritu de su pueblo, ese atavismo le obligaba precisamente a pertenecer al vulgo como lo fueran en su momento sus compatriotas ya mencionados o los mismos trágicos clásicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. El arte debe preferir el eco de las masas al murmullo de la aristocracia.

En lo que concierne al espectador, y ligado a la conciencia de un arte asequible para todos, Seféris únicamente solicita a la persona que se planta frente a la obra de arte un ejercicio introspectivo de dos preguntas: 1) ¿esto me hace sentir algo? Y 2) ¿Por qué esta obra me hace sentir de tal o cuál manera? Lo demás ya es labor para la formación de los artistas o para los tabloides escritos por la crítica:

“El único camino correcto que le queda a lector idóneo es, si siente una obra, intentar comprender qué le sucede con ese sentimiento, como intenta comprender qué le sucede con sus otros sentimientos. Y si no lo siente, las cosas se facilitan: cierra el libro. Pero el hombre que siente curiosidad por sus sentimientos, también siente curiosidad por los sentimientos de los demás. Busca compararlos y cotejarlos con los propios. Muy legítimo, por otro lado, porque los sentimientos compartidos son con frecuencia una gran liberación.”

SEFÉRIS, T. II, 1994: 13 – 14

Como puede apreciarse Seféris pide una participación activa del espectador, no le pide que lo interprete correctamente, sino que aprenda a sentirla, que se «auto-eduque» en ello. Esto ha sido tal vez una manera rápida y burda de señalar la «teoría estética» de Seféris, aunque sin duda es más compleja su praxis, un arte no aristocrático y no petulante y un espectador sensible, únicamente eso es lo que pide el poeta ¿es acaso tan complicado?

Grecia más allá de Grecia

Se mencionó ya en líneas previas que Seféris es plenamente consciente de la herencia literaria que pesa a sus espaldas; Heredero por geografía de Homero, Safo, Alceo y otros tantos no debe causar extrañeza que la rigurosidad que pide a sus alumnos para escribir sea precisamente en honor a las plumas que les han precedido: 

“No piensen que todos ellos, los grandes y los pequeños que pensaron, hablaron, contaron en lengua griega son como un camino, una secuencia histórica que se pierde en la noche de lo pasado y fuera de ustedes. Deben pensar que todo eso está en ustedes, ahora, se encuentra en ustedes todo junto, es la médula de sus huesos. Lo encontrarán si excavan con suficiente profundidad en ustedes mismos. Pero para realizar ese trabajo, para dedicarse a esa incursión interna, necesitarán la ayuda de sus contemporáneos, de los hombres que mejor se han expresado en lengua griega.”

SEFÉRIS, T. II, 1994: 27

Sin embargo, Seféris tiene a Grecia por concepto a la vez que patria y dicho concepto nos brinda una Grecia helénico-alejandrina, es decir, sin fronteras. Y no se malentienda la labor diplomática realizada por él, de manera nacionalista se sitúa como un amante de la patria, de la Grecia terrena, por llamarle de algún modo, pero hay, como se ha dicho, un concepto llamado «Grecia» cuyo nacimiento se da con el movimiento de expansión de Alejandro el grande, que implica el conocer lo ajeno, convivir con lo extraño sin repelerlo, sino más bien para aprenderle.

La Antigua Grecia sacó provecho de su posición geográfica y con sus grandes polis portuarias aprehendió diferentes cultos tanto egipcios como orientales, esto enriqueció no sólo el comercio de las ciudades helenas, sino que también incorporó estilos distintos a sus poemas, posibilitó el surgimiento de las ciencias y fascinó a más de uno con el motivo de viajar hacia nuevos horizontes: “… Grecia es una encrucijada y que desde el tiempo de Heródoto o de Platón nunca ha estado cerrada a las corrientes extranjeras, ante todo en sus mejores momentos.” (SEFÉRIS, T. III, 1994: 183).

Y es precisamente con un extranjero con quien Seféris toma cuenta de que hay «griegos no nacidos en Grecia» cuando en su andar por la vida coincide con Thomas S. Elitot; su pluma le hizo reflexionar sobre el por qué alguien sin las mismas herencias y raíces podía escribir con la misma pasión y estilo que sus compatriotas, formulando así la pregunta: ¿Qué compone el estilo griego? Seféris otorga una resolución simple cuando analiza el «Eratókritos»: “… como todo tema profundamente griego, está en la naturaleza de las cosas para procurarnos una gran emoción, pero también muchas amargas reflexiones.” (SEFÉRIS, T. II, 1994: 62)

Lo griego trastoca y no sólo a unos cuantos elegidos, sino a muchos, como se dijo anteriormente. El estilo griego es entonces todo aquel escrito en verso o prosa (o incluso tal vez el discurso oral) que logra hacernos estremecer, provocarnos convulsiones mentales sobre las cosas respecto a las cuales nos hace reflexionar. Y todos hemos conocido artistas «griegos» que sin haber nacido en Grecia han provocado con sus letras en nosotros la danza ditirámbica misma que impulsó a Píndaro.

¿Qué debemos aprender de este griego?

La mirada a la genealogía literaria de nuestra lengua debe ser motivo de poner más pureza a nuestras líneas, tal vez nosotros no aspiremos a ser «griegos», pero eso no exime a ninguno de no escribir o leer a otros con menor inquietud; nombres como Cortázar, Castellanos, Benedetti, Mistral, Borges o Zambrano nos exigen cierta pulcritud en nuestros escritos por el simple hecho de hablar su misma lengua; y la misma exigencia habrá de posarse sobre los alemanes para con Göethe o Wollenstoncraft, a los franceses para con Baudelaire y Sand y de la misma manera cada uno con su lengua, e incluso, más allá del lenguaje, cual ejercicio constructivo de la torre de babel nuestro trabajo de escritura debe estar obligado a la pulcritud por el simple hecho de atrevernos a realizar el arte que otros hicieron antes o a la par que nosotros. Giorgos Seféris fue un poeta griego «griego», un ser cuya obra busca hacer del arte algo más cercano al mundo, cuya pluma encuentra la bien lograda inmortalidad en escribir el llanto y alegría del vulgo. Un amante de las letras cuyo interés no fue otro que el presentar sus letras al corazón y mente de los otros; sea así como se cierra esta invitación para leer a un griego.

Bibliografía

SEFÉRIS Girogos, El estilo griego T. I, compilación y traducción de Selma Ancira, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1994

SEFÉRIS Girogos, El estilo griego T. II, compilación y traducción de Selma Ancira, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1994

SEFÉRIS Girogos, El estilo griego T. III, compilación y traducción de Selma Ancira, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1994

Artículo de:

Alex Rivera (autor invitado):
Lic. en filosofía por la UAE, cofundador del podcast ahí les va la res extensa. Actualmente, imparte clases de lógica en preparatoria, miembro del Colegio Profesional de la COMEFI.

Imagen | Greek Reporter

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