¿De dónde vengo y por qué estoy aquí?, ¿Hacia dónde debo orientar mis acciones, hay alguna regla o estructura que las contenga?, ¿Realmente hay un significado para todos mis actos? ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿Se puede ser auténticamente libre si al final estoy destinado a morir? ¿Hay algo más allá de la muerte?, ¿Puedo escapar a la responsabilidad de elegir?

Todos en algún momento nos hemos formulado éstas preguntas, sin embargo; lo que nos define es la forma en la que las afrontamos. Por un lado; hay quienes a lo largo de su vida intentan dar respuesta a través de sus reflexiones y también de sus acciones; por otro, hay quienes se mantienen indiferentes y deciden evadirlas. Afrontar la responsabilidad y la angustia que nos producen estas preguntas no es una tarea sencilla, después de todo ¿a quién le gusta pensar en su propia vulnerabilidad y muerte?

Quizás una de las más claras representaciones sea la pintura elaborada por Ignacio de Ries, “El Árbol de la Vida” . Como podemos observar, en el lienzo aparecen junto a un árbol un esqueleto. En escena está el diablo y Jesucristo, siendo la parte superior de pintura lo que más resalta al espectador porque se representa una orgía. Empero, lo que nos convoca son las frases que se alcanzan a leer del lado izquierdo: “Mira que te has de morir/Mira que no sabes cuando”, mientras que en el derecho dice: “Mira que te mira Dios/Mira que te está mirando”.

Y es que, independientemente de la fe que se profese, debemos reconocer el hecho de que existencialmente estamos solos, es ineludible el hecho de que así venimos al mundo y también así partimos de él. Nos encontramos expuestos constantemente al abismo y la incertidumbre de no tener garantías, mucho menos el control de lo que va a pasar; a pesar de nuestra fe y obsesión en la Ciencia, la Religión y el Progreso.

La Existencia Precede
a la Esencia: libre soy

Las confrontaciones que el Existencialismo hace respecto de lo lúgubre de la existencia, la angustia que produce la responsabilidad de ser libre y determinarse en función de aquello que elegimos y también de lo que decidimos ignorar, surgen como producto de las vivencias que Europa sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. Ante semejantes muestras de decadencia, muerte y destrucción en esta época, Dios no era precisamente la garantía de estabilidad y que todas las cosas ocurridas tenían un por qué.

“Estamos condenados a ser libres”, es una de las conclusiones a las que llega el Existencialismo sartreano, ya que la existencia humana se desarrolla en medio de la turbulencia del cambio, no solamente aquél que experimentamos en nosotros mismos, sino también al que está expuesto nuestro entorno: tanto las personas como los lugares que lo determinan.

Somos pasajeros de la eternidad; juguetes del destino que se encuentran navegando a la deriva del ser y la nada. Hoy en día, muchas personas evaden estas reflexiones, debido a que pensar estas preguntas resulta muchas veces intimidante. Para expresar de una forma más cotidiana, Sartre se valió de la literatura para retratar a través del diario de Antoine Roquetín, el protagonista y narrador omnisciente de la novela “La Náusea”:

“La cosa que aguardaba, me ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La cosa no es nada: la cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve, como si se mantuviera solo en el aire. Se mueve por todas partes, roces que caen y desvanecen. Muy suave, muy suave…” 1

Pensar en la responsabilidad que implica nuestra propia libertad es experimentar la angustia y profundizar en ello, implica concluir que existir es experimentar La Náusea. Esa sensación que hemos experimentado al reflexionar detenidamente acerca de esa herida de finitud que representa para el ser humano su propia existencia… Existir en apariencia es el problema  ̶ a simple vista ̶  sin embargo la existencia implica ser… Entonces ¿Quién soy?, ¿Cuáles son los límites y alcances que tiene lo que hago y lo que no? 

Esas son las principales premisas de las que parte Sartre, al representarnos los conflictos que afronta Antoine Roquentin: la existencia no se demuestra, ya es un hecho. Empero, esto no significa que ya esté determinada, el verdadero problema no es de dónde proviene; probablemente nunca lo sabremos. Lo que si forma parte de nuestra jurisdicción es qué hacer con ella, el reto se encuentra en justificarla, es decir ¿Qué hago para definirme y trascender a mi propia muerte?, ¿Cómo construyo lo que soy?

A lo largo de su obra, Sartre nos reitera que es a través de nuestras decisiones, responsabilidades y acciones que se construyen aquellos factores determinantes encargados de orientar nuestros actos hacia nuestra auténtica libertad, puesto que nada en el hombre está “destinado a ser”. Esto implica que el ser humano no puede vivir estancado en el pasado ni mucho menos atenido a la divinidad; hacerlo equivaldría a “no existir” porque el pasado ya fue, lo mismo resulta el aferrarnos y anticiparnos a un futuro que aún no ha llegado.

¿Cuál es la solución entonces? Vivir el presente, solidificar nuestra trascendencia a partir de la construcción del día a día es responsabilizarnos de nuestra propia existencia y así poder contribuir al desarrollo de la humanidad, después de todo: la existencia es un lleno que el Hombre no puede abandonar 2

Está claro que al hablar de libertad, trascendencia y determinismo, es necesario reflexionar acerca de la importancia que Dios tiene en el existencialismo sartreano. Probar la existencia de Dios, no nos hace ni más libres, ni nos determina más, sin embargo, aunque Dios existiera; no implica que el Hombre tenga menos responsabilidad sobre sí mismo, todo lo contrario; pues la propuesta de Sartre afirmaría que: si Dios no existiera, entonces significa que la única vía que el Hombre tiene para determinarse es el actuar, por lo tanto será únicamente a través de sus actos y su voluntad lo que definirá el lugar y propósito de su existencia. En consecuencia, en este plano, tenemos que vérnoslas con una moral de acción y compromiso.3

Sin lugar a dudas, hasta hoy en día las declaraciones hechas por Sartre siguen siendo polémicas y dan mucho para reflexionar y si seguimos adelante con nuestra reflexión, entenderemos por qué el Existencialismo es un Humanismo. Para Sartre, aquél que es consciente de sus acciones y que asume sus responsabilidades está aceptando el reto que impone su propia existencia: ser y contribuir al Ser de la Humanidad. Ello nos remite a uno de los puntos esenciales del existencialismo:

Puesto que el Hombre se define por la acción; ni como una inscripción pesimista del Hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el destino del Hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al Hombre alejándolo de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en su acción, y que la única cosa que permite vivir al Hombre es el acto.4

Es precisamente en las páginas del diario de Antoine Roquentin (La Náusea) en donde surge mi conclusión y exhortación al lector: 

¿Vale la pena vivir para la vida? La vida tiene un sentido sólo si uno quiere dárselo, pero obtenerlo requiere de un implacable esfuerzo que debe construirse en la búsqueda del sentido que le damos a nuestra existencia; primero es necesario actuar para lanzarse al mundo como proyecto a fin de cumplir el objetivo más evidente que tiene nuestra existencia: ser para vivir y vivir para ser. Después de todo, como alguna vez dijera el propio Sartre: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace…”

Notas al pie de página

[1] SARTRE, Jean Paul, “La Náusea”, Jean Paul Sartre. pág. 165. Trad. Aurora Bernárdez, Losada editorial. Buenos Aires, Argentina. 2007.

[2] SARTRE, Jean Paul, “La Náusea”, Jean Paul Sartre. pág. 20. Trad. Aurora Bernárdez, Losada editorial. Buenos Aires, Argentina. 2007.

[3] SARTRE, Jean Paul, “El Existencialismo es un Humanismo”, Jean Paul Sartre. pág. 62. Trad. Aurora Bernárdez, Edhasa editorial. Madrid, España. 2009.

[4] SARTRE, Jean Paul, “La Náusea”, Jean Paul Sartre. pág. 64. Trad. Aurora Bernárdez, Losada editorial. Buenos Aires, Argentina. 2007.

Bibliografía

SARTRE, Jean Paul, (2007)”La Náusea”,.Trad. Aurora Bernárdez, Losada editorial. Buenos Aires, Argentina.

SARTRE, Jean Paul, (2009). “El Existencialismo es un Humanismo”, Jean Paul Sartre. Trad. Aurora Bernárdez, Edhasa editorial. Madrid, España.

Artículo de:

Silvia Suleyka Arzaluz Lozano (autora invitada):
Egresada de la Licenciatura en Filosofía por parte de la Universidad La Salle. Imparte clases a nivel Medio Superior, además se desempeña como Profesora  Particular para regularizar estudiantes en asignaturas de Filosofía, Humanidades, Ciencias Sociales e Inglés. 

Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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