Siempre nosotros los seres humanos tratamos de encontrar nuestro camino, de conocer la verdad porque lo que más nos perturba es no comprender o tener dominio sobre algo o una situación determinada. Creemos que únicamente, con el uso recto de nuestra razón podremos encontrar todas las respuestas a las preguntas que nos hacemos.

No somos consientes de que nuestra razón, a la que tanto recurrimos, a veces se puede equivocar y perder en sus propias sombras, ya que es falible, puede cometer errores. Son innumerables las veces, que creemos estar en lo cierto, pero caemos en la cuenta de que estábamos equivocados. Increíblemente nos enojamos al no poder conseguir nuestro objetivo o no tener justamente razón sobre una determinada situación o hecho.

Es innegable la importancia que esta tiene, pero necesita de otro elemento de vital importancia. Esto lo pudo descubrir el gran filósofo moderno Blaise Pascal, gran matemático y científico. La noche del 23 de septiembre de 1654 se produjo en él un cambio, que sus familiares posteriormente atribuyeron a una visión o conversión religiosa que haría que a partir de ese momento dejara las matemáticas para centrar su vida a la filosofía.

Pascal ve necesario ordenar el pensamiento del hombre aunque esto sería una tarea imposible si el hombre no reconoce su miseria, su finitud y que necesita de la trascendencia, de Dios, en el que hallará consuelo. Define al hombre como la caña que piensa, ya que ve que no es en el espacio donde se debe buscar la dignidad sino en la ordenación del pensamiento. En consecuencia, para llegar a este cometido, y como mencionaba anteriormente, conocer la verdad se logra no solo por medio de la razón discursiva, sino también por el corazón que lo define como centro espiritual del ser humano, núcleo o raíz de la persona, lo más genuino y la profundidad del alma.

Se convierte el corazón en una facultad que conoce por intuición y sentimiento, mientras que la razón deduce lo que este intuye porque esta última conduce a definiciones precisas y comunicables, mientras que el corazón pertenece a lo individual y es complicado expresar a un todo lo que uno siente. De esta manera, Pascal llegó a la conclusión de que es el corazón y no la razón quien conoce y siente los primeros principios (especio, tiempo, movimientos y números); estos conocimientos tiene más firmeza que los de la razón, así nuestra grandeza reside a fin de cuentas en un corazón intuitivo, más que en una razón discursiva.

Hay que tener en cuenta que para poder lograr esto necesitamos de Dios porque sin Él, el corazón humano se llena de inmundicia. Así, define a Dios como el reparador de nuestra miseria y no podemos conocerlo bien si no reconocemos nuestras iniquidades. De esta manera, quien nos conecta con la trascendencia, con Dios, por conocer los primeros principios y ser la profundidad del alma y centro espiritual, es el corazón. Este es el que siente a Dios y no la razón, en esto consiste la fe, Dios es sensible al corazón, no a la razón dice Pascal.

El corazón es nuestra conexión con lo trascendente y este guía a la razón para que no caiga en sus propias sombras ni en el error. No debemos prescindir de ella, ya que es la deduce, pero el corazón es quien intuye y conoce los primeros principios. Gracias a él, podemos conocer, conectarnos con lo trascendente, y como dice Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no conoce“.

Como conclusión, me gustaría decir que este gran filósofo fue el único en su tiempo que se animó a plantear este pensamiento, mientras rondaba el racionalismo y el uso recto de la razón. Es sumamente admirable y cada vez que vuelvo a su escrito Pensamientos encuentro nuevas reflexiones y aprendizajes en sus pasajes; creo que es vital que valoremos y apreciemos al corazón, nuestro centro espiritual, así como a la razón, quien deduce lo que el corazón intuye.

Bibliografía

Pascal. Pensamientos. Gredos. Madrid, 2018.

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Artículo de:

Sol Maria Catolino Carísimo (autora invitada):
De Buenos Aires, Argentina. Profesora de filosofía egresada del instituto Pbro. A. M. Sáenz y lic. en filosofía en la UCALP de la ciudad de la Plata.

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por autores invitados

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