Aborto: Ética, salud pública y derechos humanos

El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red como el artículo con más impacto en redes sociales del mes de octubre del 2021.
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En años recientes, el tema del aborto ha cobrado especial importancia en México y en toda Latinoamérica. Mujeres a lo largo y ancho del continente se encuentran luchando por el derecho a abortar de manera libre, segura y gratuita, que es el resultado de una incansable -aunque invisibilizada- lucha previa.

Las mujeres pro-aborto que se han levantado y se levantan políticamente lo hacen por el derecho a decidir, pero también en defensa de otros derechos fundamentales que se ven implicados en la despenalización del aborto: entre ellos la autonomía (para decidir cómo y cuándo ser madre, y construir un plan de vida de acuerdo a tus criterios); la libertad (sobre el propio cuerpo y el desarrollo de la sexualidad); el derecho a la salud (garantizando un aborto seguro y en condiciones óptimas) y el derecho a la vida misma, pues miles de mujeres mueren cada año en abortos clandestinos derivados de un contexto de penalización del aborto.

Ética y feminismo interseccional
por el derecho a decidir

Una lectura interseccional y feminista nos hará notar que la penalización del aborto no sólo deriva de una opresión milenaria ejercida de los hombres hacia las mujeres, sino que engloba también otras problemáticas sistémicas, como son las diferencias raciales y de clase. Entre los ejemplos más visibles, vemos que en países donde el aborto es ilegal, las mujeres que mueren en abortos clandestinos e insalubres son las mujeres en situación de pobreza, y en muchos casos son también mujeres racializadas. Son las mujeres de mayor solvencia económica quiénes pueden costear clínicas privadas para realizarse abortos seguros o bien, viajar a algún otro lugar donde sí esté despenalizado para realizarse un aborto. Los países más pobres son los que arrojan cifras de mayor morbi-mortalidad en abortos, mientras que los países con mayor solvencia económica coinciden en ser los primeros en haberlo despenalizado. Además, la clandestinidad impide contar con cifras exactas de las mujeres fallecidas, situación que no ocurre en los países donde el aborto es legal. Hablar de aborto implica hablar de derechos de las mujeres, de salud pública, de justicia y de equidad. Por ello mismo, también implica hablar de ética y de moral.

Aunque algunos creen sólo puede concebirse a la moral es en un sentido religioso, coincido con el filósofo Gustavo Ortíz Millán respecto a que ésta puede entenderse (y más importante, construirse) en un sentido laico. En su libro La moralidad del aborto defiende que no hay motivos éticos para afirmar que el valor de la vida humana inicia en el momento de la concepción. Si bien el código genético existe en el cigoto, éste existe también en las células muertas de nuestra piel (que suelen caerse al rascarnos), y no existen motivos para considerar que se están poniendo en juego “vidas humanas”.

La Ética y la ciencia coinciden en que se considere persona al sujeto humano que sea, además, racional. Por lo tanto, el aborto puede ser realizado de manera legal, segura y gratuita hasta llegadas las doce semanas de gestación, pues es a partir de entonces, y no antes, que el feto desarrolla funciones cognitivas y sensibles.

Desde una postura filosófica, podemos considerar a la interrupción legal del embarazo como una vía ética que derive en un derecho político. Esto es, una decisión democrática que tenga como resultado una moral laica y justa entre ambos géneros.

Desde una postura feminista podemos también defender el aborto hasta la semana doce, ya que es cuando supone riesgos menores para la vida de la madre. De hecho, en casos de mujeres jóvenes (como sucede en la mayoría de los casos en México), un parto es más riesgoso que un aborto.

Argumentos contra el aborto

Frente al argumento anti-aborto de que al permitirse éste será utilizado como “deporte”, podemos ver que en los países que optaron por la despenalización no aumentó la cifra de interrupciones legales del embarazo. Además, se produjeron resultados favorables: mejores condiciones de planeación familiar, de salud sexual y reproductiva. Los partos forzados suponen un riesgo de salud para la madre y condicionan sus planes de vida; pero también implican para el niño o niña no deseados, en muchos casos, un ambiente de hostilidad y de necesidad afectiva y económica. Si bien el aborto es un suceso traumático que deja secuelas físicas y emocionales en una mujer (lo cual niega de entrada el argumento de que “las mujeres abortan por gusto”), lo es más aún tener un hijo no deseado, que implica una responsabilidad para la cual muchas mujeres no están dispuestas y/o preparadas.

La adopción no es una opción realista, ya que es desproporcional el alto número de abortos frente al bajísimo número de adopciones (mismas que también permean criterios racistas y de edad en la elección de los niños). La iglesia católica condena moralmente a las mujeres por abortar, pero también a las mujeres que dan en adopción a sus hijos, juzgándolas de “malas madres”; y los gobiernos no podrían abastecer a tantos orfanatos como abortos se realizasen.

Ahora bien, si nos basamos en el argumento de la potencialidad presente en el feto de ser “persona” desde el momento de la gestación, tendríamos que recurrir a argumentos atribuidos a filósofos religiosos como Tomás de Aquino sobre las teorías del mandato divino y del derecho natural, según las cuales “cada cosa tiene una función delimitada por leyes divinas”. Si fuéramos coherentes con esas teorías, tendríamos que penalizar cualquier caso de sexualidad con fines que no sean los de la procreación: a los gays y las lesbianas, a las parejas heterosexuales que utilicen métodos anticonceptivos, y a los hombres por eyacular en cualquier lugar que no sea el interior de una vagina.  Lo curioso del asunto es que ni siquiera Tomás de Aquino fue congruente con su teoría, y podríamos situarlo en una posición pro-aborto: afirmó que “el alma no es infundada antes de la formación del cuerpo”, por lo que un embrión en los primeros meses de formación no tendría alma. Fue, de hecho, hasta el siglo XVII que el aborto comenzó a ser considerado por la religión católica como homicidio. A partir de entonces, se ha sacralizado a la mujer que muere en el parto y se ha infundado una culpa irracional y misógina en las mujeres que carecen de deseos o condiciones de ser madres. Esto coincide con la visión de las mujeres como “hechas” para la maternidad y el cuidado, misma que niega la autonomía femenina y la noción de las mujeres como sujetos de derechos. La penalización del aborto parece priorizar la “vida en potencia” del feto por encima de la vida real de la madre.

Desde un ámbito legal, también es visible la hipocresía presente en la penalización del aborto: el Estado no considera que el feto sea realmente una persona. De ser así, se cobraría a los padres pensión alimenticia desde el momento de la concepción. Hoy sabemos que el aborto está más penalizado que el abandono parental, y que hay mujeres presas incluso por abortos espontáneos.

La penalización del aborto no salva vidas: las mujeres mueren día con día a través de abortos clandestinos. Más bien, la penalización intenta moralizar la sexualidad femenina, dejar en las mujeres toda la responsabilidad reproductiva, imponer criterios religiosos a las leyes, sobreponer el deseo del hombre de la paternidad sobre cualquier proceso físico y psicológico de la madre, y por encima de su derecho a la vida misma: una vida que ya es formada, no potencial.

No se está a favor del aborto como tal: ninguna mujer tiene entre sus deseos pasar por el proceso de un aborto. Se está a favor de la despenalización para hacer valer los derechos de las mujeres. La despenalización no obliga a ninguna mujer a abortar, pero la penalización sí obliga a las mujeres (en muchas ocasiones, niñas) a parir.

Con o sin aborto legal, las mujeres han abortado y lo seguirán haciendo. La diferencia está en las condiciones en que lo harán.

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Bibliografía

Lamas, M.(1992), El feminismo mexicano y la lucha por legalizar el aborto: https://www.redalyc.org/pdf/267/26700102.pdf

Ortíz Millán, G.(2009), La moralidad del aborto, Siglo XXI, México.

Aborto: qué pasó en otros países después de que se aprobó la legalización. (2020, 24 diciembre). Chequeado. https://chequeado.com/el-explicador/aborto-legalizacion-otros-paises/

Amnistía Internacional. (2021, 18 abril). DATOS CLAVE SOBRE EL ABORTO. https://www.amnesty.org/es/what-we-do/sexual-and-reproductive-rights/abortion-facts/

BBC News Mundo. (2016, 25 julio). «¡Bésalo, pídele perdón! ¡Tú lo mataste!»: el drama de las 700 mujeres presas por aborto en México, muchas veces espontáneo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-36863185

CLADEM, Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (2020) Consecuencias psicológicas y sociales del embarazo infantil forzado en mujeres que denuncian violencia
intrafamiliar en el servicio legal integral municipal (SLIM) de Tupiza, Bolivia. https://cladem.org/wp-content/uploads/2020/12/Eliana-Panozo.pdf

Cruz, C. E. (2002, 14 enero). Mortalidad materna y perinatal en adolescentes. Scielo. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0138-600X2002000100001#:%7E:text=Las%20adolescentes%20tienen%20el%20doble,descendencia%20a%20un%20alto%20riesgo

Imagen | Flickr

Artículo de:

Renata Ávila Schiaffini (autora invitada):
Estudiante de la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Sus ramas favoritas son la Ética, la Filosofía Política y la Filosofía de la Historia; las estudiándolas desde una perspectiva feminista, con formación e identificación desde el feminismo decolonial, marxista, radical y con el ecofeminismo.


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por autores invitados

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