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El acto abortivo ha desencadenado opiniones diversas y profesionales de distintos campos aunque por su cavidad moral, se ha introducido en la opinión pública. Se han multiplicado los estudios y las teorías que tocan temas que cruzan con el juicio al aborto, desde estudios médicos hasta redacciones filosóficas. Este breve escrito es una mirada introductoria a lo que contiene y conlleva el aborto con un poco de perspectiva personal.

Asuntos sociales tales como la legalización del aborto o el del uso recreativo de la marihuana llegan a la polémica y a la voz popular porque en la constitución de la perspectiva se encuentra una moral. Acepto que la postura que representa este escrito es completamente subjetiva, y que el estatus que defiendo fue construido a base de mi perspectiva moral, ética, política, cultural y lingüística. Reconozco las diferencias de pensamiento y por sororidad las respeto e intento empatizar con quiénes tienen opiniones contrarias.

Abortos involuntarios

Llama el interés de este problema polifacético la manera en que se percibe con gran distinción el aborto según el contexto que lo conduce. Por una parte están los abortos naturales y también los imprudenciales o culposos. En ambos tipos por su naturaleza completamente involuntaria, no interviene la cuestión bioética. Sin embargo, en el segundo caso por tratarse de actos humanos ajenos al desarrollo natural del embarazo sí tiene ocupación en el marco legal, que en México mayoritariamente (30 estados) tiene cavidad en la legalidad: ¿qué sucede en Nuevo León y Tabasco donde no entra en licitud este tipo de aborto causado por un suceso completamente involuntario? ¿O peor aún, en países enteros como lo es El Salvador que condenó a Manuela en 2008 a 30 años de cárcel por un aborto espontáneo? No es ético su ilicitud.

La psicología y la salud mental se involucran ante la pérdida que puede significar para la pareja o la madre. Incluso en la misma literatura médica de obstetricia se advierten los posibles signos psiquiátricos que pueden aparecer como lo son la depresión y la ansiedad. El llamado síndrome postaborto1afecta fundamentalmente a las mujeres que han abortado, pero también se verifica (en distintos grados) en los demás que han intervenido en el hecho: el padre de la criatura, los médicos y otros personajes‘ (Fernández, 2008). Estos mismos signos son posibles en el otro tipo de aborto: el aborto inducido. Si bien, haya quiénes argumenten que el desarrollo completo del embarazo hasta el momento del parto (o cesárea) puede también tratarse como un trauma que provoque trastornos, estudios como el de Journal of Psychiatric Research de 2019 demuestran que mayoritariamente se muestran signos de desórdenes como depresión y ansiedad en mujeres que han abortado voluntariamente en comparación con quienes dieron nacimiento2.

Abortos voluntarios

La situación cambia por completo en cuanto un aborto se da por decisión. Además de los estudios que comparte con los abortos naturales, se le agregan cuestiones políticas y bioéticas más estrictas–asimismo en este artículo se incluyen perspectivas estéticas. Se recurre constantemente a temas que tienen desenlaces extensos y que sin duda, son grandes campos de estudio, tales como salud reproductiva, salud mental, estatus legal, conceptos bioéticos – vida, individuo, persona-, riesgos médicos posibles, el papel de la adopción, pobreza en relación con abortos, movimientos a favor de la despenalización, entre otros. 

En ambos casos, el acto en sí de abortar no es un fin que desea la gestante y no es ético que se anhele un aborto. A pesar de ello, hay una fuerte lucha para la despenalización, y que se defiende con mucha rigidez hasta alcanzar una mala etiqueta que ha nombrado a las activistas como mujeres pro-aborto. Sin embargo este concepto peligra en ser tergiversado y dar una interpretación errónea: las activistas abanderan el aborto, lo promueven, lo fomentan. Y es errónea porque no se proponen nada de eso. Como se dijo al inicio del párrafo, no hay mujer que ansíe abortar, que se embarace a fin de cometer un aborto.

Abordemos entonces lo que propicia a la mujer a provocarse un aborto: embarazos que ponen en riesgo su propia vida, defectos o enfermedades futuras del embrión (aborto eugenésico) y embarazos no deseados. Los primeros dos conllevan una situación de toma de decisión que requiere de vastos conocimientos sobre patologías y riesgos médicos. En el primer caso, el médico juega un papel de suma importancia, pues es prioridad salvaguardar la vida de la mujer ante casos en los cuales la mujer corra riesgo de muerte. En otro orden poco menos protagonista, el médico también defiende la vida de la mujer cuando su salud ya sea física o psicológica se encuentra en riesgo.

A partir de aquí se discute con mayor énfasis el valor del embrión, porque a pesar de que en todos los casos haya quienes consideren al embrión un ser vivo de validez y derechos iguales a nosotros, estos casos en donde el aborto ha sido inducido, los participantes en el hecho se vuelven actores intelectuales de un delito, de un mal moral. Su participación además de delictiva, involucra uno de los peores males en la humanidad: el homicidio. A quienes se apegan a una base regida por la concepción de que el aborto significa un asesinato les es difícil cambiar una postura más moldeable en la que se considere las causas del aborto. Una contemplación más amplia de los causales y del juego ético dentro de cada situación podría conducir a mejores interpretaciones. Esta acción llevada a cabo en los tribunales trasciende la opinión hasta convertirla en ley.

De que es un organismo vivo, la biología lo avala porque el embrión es un compuesto de células. De igual modo, avala que es organismo distinto al de la madre, porque contiene información genética que esta preinscrita en su definición misma:

En efecto, la embriologia,  la genética y la misma técnica Fecundación In Vitro resalta cada vez más claramente que el embrión humano es desde el primer instante de su desarrollo «un individuo de la especie humana», una unidad biológica autónoma y diferente del conjunto de células y tejidos que constituyen la madre. El embrión humano constituye una unidad somática humana, un cuerpo humano en las primeras fases de su desarrollo.

(Monge & Sanchez, 1988)

Por otra parte no se debe ignorar la relación de dependencia/autonomía del embrión con la madre. Hay quienes corren con argumentos como:

No es la anidación lo que hace al embrión ser un embrión, como no es la leche materna lo que hace del niño un niño, pese a que el embrión y el niño no sobrevivirán sin anidación y sin leche. El embrión tiene en sí el principio constitutivo del propio ser, aunque dependa extrí­nsecamente del útero.

(Sgreccia, 1988)

Se refiere a una dependencia que no afecta la esencia del embrión, pero esta dependencia recae sobre otro ser vivo, que a pesar de que no intervenga en su ‘principio constitutivo’ del nuevo ser, sí le da el ambiente ideal para su desarrollo, pero ante todo, le da el único sitio en el que puede mantener su existencia. Por lo que, la madre representa la fortaleza y la base del embrión para su desarrollo. Mantener y proteger la vida de la mujer debe ser prioridad.

Dentro del análisis ético de los abortos causados por razones médicas que indican un riesgo para la madre se da un doble efecto: la vida de la madre continua, pero a costa de la vida del embrión. El principio del doble efecto justifica el aborto según el estatuto que dicta así:

Es lícito poner una causa dirigida a un efecto bueno, aunque de ella se siga un efecto malo, cuando se cumplen las siguientes condiciones, a saber: primero, que el fin del agente sea honesto; segundo, que la causa sea en sí misma buena o al menos indiferente; tercero, que el efecto bueno se siga de la causa [al menos] con igual inmediatez que el malo; cuarto, que el efecto bueno al menos compense al malo.

Siguiendo las premisas de que procurar la vida de la madre es un efecto bueno, y que el efecto secundario del aborto es malo, pero es compensado, no se puede juzgar de incorrecto o inmoral un aborto en estas situaciones. No toda la legalidad en México aprueba el argumento, pues ante el peligro de vida de la mujer, en México tiene forma legal en 24 estados; aún peor, sólo en la mitad de los estados es legal el aborto por causas de riesgo a la salud física o psicológica de la mujer.

Otro causal es el estado patológico del embrión que también incita a la posibilidad de un aborto, pues éste puede desarrollarse con malformaciones que compliquen su salud física, y en la vida extrauterina signifiquen problemas económicos, psicológicos, etc. Aquí la madre requiere de adherirse a bastantes términos médicos que explicarían la situación del embrión y asimismo requiere una habilidad comunicativa del médico que interprete las patologías y los estudios clínicos, y con ello pueda dar una valoración sobre la gravedad de riesgo del embrión. En esta clasificación, aparecen miles de casos específicos de diferente naturaleza. Cada caso se evalúa distinto en el ámbito ético: parece ser más correcto, por ejemplo, un aborto a causa de anencefalia que uno por espina bífida. Las valoraciones necesarias por ser complejas y específicas, en el ámbito legal se requerirían de un estudio profundo para catalogar dependiendo del riesgo, primero el papel ético del aborto; segundo, los casos que no justifiquen el aborto; y por último las sanciones correspondientes. Éste es el tipo de aborto que requiere más espacio de estudio para valorar un juicio.

Por último están los abortos voluntarios por embarazos no deseados. Desde la presencia del término ‘deseo’ involucra un estudio del concepto en campos sociales, psicológicos y culturales. El principal dilema dentro es que chocan ‘el no-deseo’ con la valoración de la vida del embrión. El conflicto está en los límites de lo que justifica el no-deseo que provoca la interrupción del embarazo; y también, la valoración subjetiva del embrión. La valoración del mismo abre la disyuntiva ya sea del aborto, o del libre desarrollo del embrión. Una inclinación a la fascinación hacia el nuevo ser impediría o al menos cuestionaría fuertemente al aborto. Mi percepción se inclina por la admiración no sólo al embrión y su deslumbrante desarrollo, sino a la vida en sí. Así que, personalmente, tengo firme que ante un posible embarazo no planeado, no recurriría por voluntad a un aborto. Atribuyo este principio a mi profunda y honesta contemplación de la vida, en especial de la humana, que es sin duda la especie más extraordinaria hasta ahora. Me es completamente interesante e importante la capacidad humana de reproducción y más aún, la idoneidad del cuerpo de la mujer fértil para llevar dentro del vientre la concepción de un nuevo ser humano y su desarrollo por aproximadamente nueve meses. Esta visión es completamente subjetiva, pero hay una coincidencia en un punto que se comparte con profesionales de distintos campos: es importante la reproducción humana, y es importante tener bajo cuidado la salud reproductiva.

La lucha por la despenalización de los abortos parece estar más concentrada en estos tipos pues un aborto inducido sin riesgo médico y por voluntad de la madre, pone a la mujer en una nube de acusaciones y señalamientos hacia ella provenientes de su alrededor, y que gradualmente ocasiona su propio tormento. Parte de la lucha es para abolir la recriminación que recibe la mujer y ofrecerle un espacio cómodo libre de ofensas y con aceptaciones. Aunque por su parte, el movimiento feminista (que no necesaria y únicamente por la búsqueda de la despenalización del aborto) abarca un panorama más grande de inclusión que se refleja en su lucha por erradicar la violencia hacia la mujer (incluida la propiciada por el aborto).

Para analizar los embarazos no deseados (END) los he clasificado por: END provenientes de abuso sexual, END por desinformación sobre su prevención (puede ser parcial o completa), END por imprudencia.

Los primeros son posiblemente los más violentos y en el marco legal mexicano están justificados ante la ley de todo el país. Pero esto no sucede en todos los países, tan sólo en Latinoamérica países como El Salvador, Honduras y Nicaragua no aprueban el aborto bajo ninguna circunstancia, incluida ésta.

Analogías como la de del violinista de Judith Thomson visualiza la actividad de una manera más práctica y con ello construye un argumento que en su similitud con el aborto permite su comparación con la analogía e interroga el juicio. Como lo muestra la analogía, el personaje principal fue conectado sin consentimiento al violinista para que éste pueda seguir con vida. Recalquemos aquí que el personaje primario no fue sometido a ser conectado a la fuerza sino que sólo despertó estando ya conectado. La abismal diferencia entre el acto sorpresivo de la analogía y la de la violación sexual, es que el caso objetivo de la violación fue cometido bajo violencia y despoja de tranquilidad a la mujer. Quienes están a favor de la despenalización recurren mucho a este argumento que señala la involuntariedad absoluta de la mujer ante el embarazo, pero ¿Qué hay sobre su involuntariedad al acto sexual?

En México, estadísticas del 2018 indican que la violación es el segundo delito contra la mujer mayoritariamente cometido con el 37.8% del total de delitos contra la mujer denunciados, esto representa 16,546 mujeres al año –y esto es sólo de las que se tiene registro por denuncia- porque si bien el número es mucho mayor considerando que según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana el 96.4% de los delitos de abuso sexual y hostigamiento no fueron denunciados. Más terror causa saber que el 37.48% de las personas que figuran como víctimas de violencia sexual tienen menos de 15 años según datos brindados por los organismos de procuración de justicia estatales en 2018.

Definitivamente ante una violación el foco de atención debe llevarse a la víctima para ayudarla a atravesar el trauma, y a la legislación para que le dé castigo al violador y amparo a la víctima. Se debe luchar por terminar el abuso sexual a las mujeres y a nuestros niños. Porque ¿la lucha por despenalización al brindarle un aborto legal compensaría o reduciría el trauma de una mujer tras ser violada? Posiblemente el desarrollo del embarazo y el parto tampoco lo compensarían, pero consideremos el trauma ya engendrado por violación y además, sumado a un trauma por aborto que según vimos en el párrafo tercero, es un riesgo mayor comparado con el de parir. Claramente que las posibilidades de darle una vida digna a un infante nacido por una violación son menores comparadas con embarazos planeados. Y ni se diga sobre los padres infantes tomando la responsabilidad de un neonato –que por cierto no siempre vienen a causa de un END por abuso sexual, tomemos en cuanta también una situación ignorada, pero presente: el matrimonio infantil, una causa de movilización social completamente apagada. En el país tienen la facilidad de que la madre puede abortarlo en las primeras 12 semanas, pero ¿qué facilidad hay si la madre decide darlo en adopción?

Aquí la disyuntiva de la aceptación del aborto divide a organizaciones no gubernamentales que por un lado ofrecen la posibilidad del aborto y su asesoría, y aquellas que evitan su mención y en cambio ofrecen alternativas como la adopción. Se requiere de programas e instituciones públicas que siendo laicas, realmente ofrezcan el panorama completo de ayuda a la mujer, sin intenciones lucrativas ni morales en absoluto.

Dar en adopción comparada con llevar a cabo un aborto ofrece a la mujer la posibilidad de contemplar con mayor panorama la maternidad, y con ello tomar una mejor decisión, porque ciertamente es difícil percibir una experiencia estética con un embrión sin forma humana, pero no es lo mismo a un feto en etapas posteriores. Es el mismo ser, en diferentes etapas del desarrollo y (de una manera extraña) con percepciones estéticas distintas.

Una mujer violada podría no desear en absoluto la maternidad, pero en los casos de END por desinformación sobre su prevención (parcial o completa) y  END por imprudencia las situaciones podrían ser favorables. La adopción ofrece también asociarse con el neonato y en caso de insatisfacción o arrepentimiento, tener toda la libertad jurídica (en México)  para darlo en adopción a las instancias del Desarrollo Integral de la Familia. Esta opción da la impresión de ser una barbaridad el dar en adopción a un infante en cualquier momento, pero si limitamos la adopción a los primeros 5 meses en donde el infante no posee una conciencia, la opción parece viable y ética. Por supuesto que se podría decir que esto sería muy señalado entre la sociedad, pero ¿qué no el feminismo busca erradicar todo tipo de violencia hacia la mujer, como lo es ésta?

Hay también quienes critican fuertemente esta opción alegando a la mala calidad de servicios adoptivos que ofrece el Estado -incluyendo servicios de orientación y apoyo a mujeres embarazadas-. Esta consideración se toma al pensar las posibilidades que tiene una mujer con un END, pero además de afectar su toma de decisión, a quienes afecta más directamente es a los niños en espera de adopción.

Empatizamos con la mujer que lleva un embarazo no planeado, pero ¿cuándo empatizamos con los niños en adopción? No sólo es lucha de la mujer la que se tendría que dar para mejorar los sistemas adoptivos, es una lucha de la sociedad por nuestros niños, pero sin duda una vez fortalecido el sistema abriría una nueva posibilidad para la mujer que desea dar en adopción: si nos movilizamos para tener la oportunidad de aborto, también hagámoslo para tener la oportunidad de dar en adopción bajo buenos estándares y sin prejuicios. Especialmente aquí en México, en donde cifras de agosto del 2021 reconocieron al menos a 30 mil niños en espera de ser adoptados, esto lo coloca en el segundo país de Latinoamérica con más niños huérfanos. Esta posibilidad, junto a una orientación completa psicológica y jurídica, podría incluso reducir la cantidad enorme de niños y niñas en situación de calle. Del mismo modo favorecería el garantizar que adolescentes, niñas y niños reciban información sobre salud sexual digna en cada rincón del país, porque indudablemente las cuestiones sexuales son importantes sea para un bien propio como para un bien común:

La educación sexual de amplio espectro (CSE, por sus siglas en inglés) ayuda a mejorar la salud sexual y reproductiva, lo que a su vez resulta en una reducción de las infecciones de transmisión sexual (STI), el VIH y los embarazos no deseados. La CSE no sólo propicia la igualdad de género y las normas sociales equitativas, sino que además influye positivamente sobre la conducta sexual, al hacerla más segura, ya que aplaza el inicio de las relaciones sexuales y aumenta el uso del preservativo.

(UNESCO, 2015)

Una buena educación sexual como se muestra no sólo evitaría los END, también evitaría un deterioro en la salud sexual de la mujer. Si bien, hay quienes a causa de la desinformación y falta de cultura sexual como lo son las personas de escasos recursos, las personas en situación de calle, y las personas de comunidades rurales llegan a embarazos no deseados, también existen quienes sí desean el embarazo, pero no cuentan con el sustento económico y con el sostén necesario para ofrecerle una crianza digna. Esas mujeres requieren de programas sociales del Estado que les ayude a salir adelante, especialmente a las madres solteras. ¿Dónde está la lucha por instituciones que ofrezcan y garanticen a las madres pobres ayuda con su hijo o hijos?, ¿las becas que el Gobierno de México ha ofrecido les son suficientes y bastas? Y más allá: ¿por qué no se ha  estudiado la opinión de las benefactoras al respecto, para que así se pueda conocer las deficiencias y procurar su mejora?

Ahora, para prevenir y regular los embarazos de estas mujeres se advierte de educación sexual y medios anticonceptivos de fácil acceso, gratuitos, sin límite y diversos. Situación que no ocurre en México. ¿No es ésta una causa que vale ser defendida porque además de que previene END, evita ITS y VIH, reduciría los índices de pobreza?

Finalmente hasta el momento hemos incluido la opción de la adopción para quienes no desean abortar aún con END y hemos revisado las opciones que reducirían los END. Aquellos hombres y mujeres que a pesar de tener acceso a métodos anticonceptivos y de ser conscientes de las consecuencias del coito, no planifican, ni regulan con suficiente control su reproducción, no tienen justificación que les permita abortar a un nuevo ser, que aunque no tenga valor para uno o ambos progenitores, lo podría tener para otros cercanos.

Decir que la mujer debe poder tomar decisiones sobre su propio cuerpo y en libertad absoluta de su sexualidad, es real, pero esas decisiones deben tomarse anteriores a la actividad sexual. Si no es de esta manera, entonces requiere de una planificación sobre su reproducción que, además de evitar el END, tomaría conciencia de la importancia radical que conllevan las relaciones sexuales y podría con ello tener más claro su ideal futuro para así controlar una parte de suma importancia en su vida: su reproducción. Me es difícil compadecer ante quienes actúan deliberadamente sin prever las consecuencias. Empero, no les deseo estar bajo prisión; me parecen que hay medidas más propias y con sentido que procurarían la repetición como el trabajo social en centros de apoyo a la mujer o en algún orfanato.

Unida a la lucha de defender el aborto voluntario, lucharía por mejorar los sistemas de adopción y que la mujer se sintiera segura para tomar esa decisión. Pero antes lucharía por más canales de juicio ante este tema que como vimos, es de una complejidad extensa; lucharía también por evitar las violaciones: mejoras en el servicio de seguridad  pública, castigo severo al violador y, centros de apoyo para niñas y mujeres víctimas de abuso; lucharía porque en México se lleve a todas partes la educación sexual y reproductiva, que se enseñe en todos los rincones sobre planificación familiar y métodos anticonceptivos; lucharía finalmente para que todos tengamos acceso a métodos anticonceptivos diversos, gratuitos e ilimitados.

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Notas al pie de página

[1] Según el Manual de Manual Obstetricia y Ginecología. Octava Edición (2017) «el Síndrome Postaborto designa un complejo de síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales, desencadenados tras la realización de un aborto procurado (aunque se manifiesta también en los abortos espontáneos)».

[2] «Within 10 years of the index date, 6.7% of the participants with induced abortions and 5.4% of those with live births were diagnosed with depression […].The respective figures were 3.4% and 2.7% for anxiety disorder […], 6.2% and 5.6% for adjustment disorder […], and 19.3% and 13.3% for somatoform disorder» .

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Artículo de:

Patricia Soler Hernández (autora invitada):
Estudiante de Filosofía desde 2019 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ing. Mecánica por la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional.

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