El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red como el artículo más leído del mes de octubre del 2021.

¡Dioniso!, el dios de la vid, la festividad, lo orgiástico, de las pulsiones corpóreas sin más; es quizá la divinidad olímpica que mayores súbditos atrae: académicos interesados en un logos místico, artistas que buscan lo trágico para plasmarlo en sus obras y desde luego, muchos hedonistas apologetas de la embriaguez. El divino dios, cuyos rizos despiden el aroma de la vid, ha trascendido más que otras figuras griegas, pero sea tal vez el motivo de su popularización, al menos en la dimensión académica, procedente de un joven escritor que en 1872 publicara un texto de lo más peculiar.

Die geburt der tragödie, o el nacimiento de la tragedia, si bien no es el primer texto de Friedrich Nietzsche en tratar asuntos sobre lo griego, sí es el primer texto «extenso» en ser publicado por dicho autor donde trata el tema a profundidad. En él se recogen tesis que van desde la crítica hacia Eurípides por «matar» a la tragedia al dotarla de un prólogo y un aire socrático de dialéctica, la noción de arte como principium individuationis (principio de individuación), la noción del artista como voluntad creadora entre algunos otros tópicos. Pero los conceptos que acompañan toda la obra son aquellos que surgen y encuentran culto en Delfos: Apolo y Dioniso. El impacto de este escrito ha sido tal que basta con enunciar a alguno de estos dioses para que se piense de manera inmediata en Nietzsche, como si no existieran las investigaciones de Gual, Kerenyi, Detienne o el mismo amigo de Nietzsche Erwin Rhode. ¿Y por qué se da esta «exclusividad» al filólogo alemán? ¿Qué dice él acerca de Dioniso que se le une de manera tan inmediata? ¿Qué es Dioniso para Nietzsche?

Tras la publicación de «el nacimiento de la tragedia», la manera en la que se concibe la pulcritud griega cambia, ya no es una Grecia utópica y resplandeciente, sino que ahora retrae los ritos iniciáticos que llevan en sí cierto grado de barbarie. Además de ello se posiciona a los hermanos délficos como la significación estético-ontológica del mundo: “denn nur als ästhetisches Phänomen ist das Dasein und die Welt ewig gerechtfertigt1(NIETZSCHE, §5: 1907). Pero en este punto hay conciliación en ambas formas, aún es Apolo y Dioniso, y esta dupla encuentra su final en el reconocimiento de lo apolíneo como figura que posibilita al socratismo, que no es más que otra forma de expresar el inicio de lo que para Nietzsche representa la muerte de la tragedia en la figura de Eurípides, como se recordó en líneas anteriores:

Con Eurípides surge una ruptura en el desarrollo de la tragedia: la misma que se muestra en esa época en todas las formas de vida. Un poderoso movimiento ilustrado quiere transformar el mundo de acuerdo con el pensamiento; todo lo existente es sometido a una crítica disolvente: disolvente porque el pensamiento está desarrollado aun de modo unilateral.

(NIETZSCHE: 2013)

El nacimiento de la tragedia es entonces, el primer escalón o el punto central de todo el pensamiento a seguir, comenzando en un primer momento con una riña contra Sócrates y Eurípides, noción de la cual ya se ha tratado en otro texto enunciado los tropiezos de Nietzsche respecto a la lectura de la tragedia euripidea2.

¿Qué es Dioniso para Nietzsche? En primer lugar debe puntualizarse que el filósofo alemán retoma la mayor parte de aquello que entiende por «Dioniso» de la tradición más antigua que lo conoce por el nombre de «Dioniso Zagreo», aquel que era ubicado por ser hijo de Perséfone y Zeus y que acompañaba a su abuela Deméter en los ritos de Eleusis; Luego entonces, Dioniso se presenta como una forma de sabiduría iniciática que implica el sumergirse en la tierra para acceder a ello, y dicha forma de acceder al conocimiento es algo que permea y atraviesa todo el sistema filosófico nietzscheano:

Quien durante años  y años, durante días y noches ha estado sentado solo con su alma, en disputa y conversación intimas con ella, quien en su caverna – que puede ser un laberinto, pero también una mina de oro – convirtióse en oso de cavernas, o en excavador de tesoros, o en guardián de tesoros y dragón: ése tiene unos conceptos que acaban adquiriendo un color crepuscular propio, un olor tanto de profundidad como de moho, algo incomunicable y repugnante, que lanza un soplo frío sobre todo el que pasa a su lado.

(NIETZSCHE, §289: 2013)

Pero Dioniso Zagreo es sólo retomado en este primer momento, para lo demás se atenderá a la tradición comúnmente conocida de Dioniso; y además de la noción de conocimiento que Nietzsche encuentra en la lectura de la divinidad olímpica, que dicho sea de paso existe un auto-reconocimiento de ser el único capaz de descifrar esos misterios (Cfr. NIETZSCHE, §8: 2017). Pero dejando de lado por el momento esta virtuosa habilidad vista en sí mismo por parte del autor, aquello que se rescata de la forma común e iniciática del hijo de Zeus es la noción de voluntad, que es al mismo tiempo vida, ambos conceptos según la lectura del filólogo alemán se expresan de manera evidente en la figura dionisíaca pues menciona que: “Algo vivo quiere, antes que nada, dar libre curso a su fuerza – la vida misma es voluntad de poder -: la autoconservación es tan sólo una de las consecuencias indirectas y más frecuentes de eso.” (NIETZSCHE, §13: 2013)

El concepto de «zoé» como la vida en su conjunto deviene de las nociones del dionisismo que se expresa con la particularidad de ser heredada de su abuela Deméter; la imagen de esta diosa es acompañada por la de la naturaleza, elemento que también acompaña a Dioniso en la figura de la vid. La vid, pertenece a la clase magnoliopsida, lo que la une a cierto tipo de enredaderas como lo son la madre selva o el jazmín, plantas cuya exposición es adaptable a aquello que se le presenta, crecen lo mismo en una pared que alrededor de algún tronco, claro que las plantas pertenecientes a la clase magnoliopsida requieren cierto tipo de cuidados específicos, pero no debe dejar de sorprender su condición de adaptabilidad para «dar libre curso a su fuera».

Casi al inicio de este texto se presentó además la conjunción Apolo y Dioniso, cuestión que encontrará ruptura por Sócrates y quedan entonces la pregunta sobre la mesa ¿Acaso la justificación otorgada por Nietzsche para la vida como fenómeno estético-ontológico es inválida? Sirva este breve párrafo para responder a esa cuestión. Aunque en ese primer momento Nietzsche encuentra el nacimiento de la tragedia en ambas figuras, es después, en 1886, donde el autor se lamenta de ciertas tesis otorgadas en este texto, aún así rescata su noción de artista y vida pero ya únicamente posado sobre la figura del dios de la vid: “einen „Gott”, wenn man will, aber gewiss nur einen gänzlich unbedenklichen und unmoralischen Künstler-Gott, der im Bauen wie im Zerstören, im Guten wie im Schlimmen, seiner gleichen Lust und Selbstherrlichkeit inne werden will,(…)”3 (NIETZSCHE, §5: 1907).

Dioniso es entonces, para Nietzsche, el concepto que permite que todo su sistema filosófico se sustente, desde lo más trivial como un símbolo, hasta las críticas acérrimas que acompañan prácticamente toda su obra, y desde luego sus conceptos primordiales como lo son el de vida y voluntad. Y si para alguno de los potenciales lectores de estas líneas falta aquí la crítica a la moral y el cristianismo a continuación se ofrecerán un par de párrafos al cómo el Dioniso de Nietzsche también se encuentra presente en estos ataques.

Las tres obras que deben situarse como punta de lanza que critican al cristianismo son: «La genealogía de la moral» la tercera intempestiva dedicada a David Strauss y desde luego «El anticristo»; si bien toda su obra posee al menos un par de líneas contra el cristianismo, en estas tres se aborda de manera más extensa. Enfermedad, eso es el cristianismo para Nietzsche, una enfermedad que segmenta al individuo y que no ha otorgado más que discursos pobres para predisponer rebaños a favor de una doctrina del «Tú debes». Este tipo de discursos no genera más que una escala de valores posados en un sentimiento de culpa que resulta en un ser que se autopercibe como «pecador» y con ello se suma la condición de represión; un santo por definición, sería un ser culpable que reprime su voluntad en pro de un discurso que le ofrece las garantías de una «vida meta-terrenal». Esto es, según lo dicho en líneas anteriores respecto a la vida y voluntad, una oposición a las mismas, conclusión que a su vez lleva a Nietzsche a enfrentar a Dioniso contra el crucificado y obviamente decantarse por el primero de ellos: “Yo soy un discípulo del filósofo Dioniso, preferiría ser un sátiro antes que un santo.” (NIETZSCHE. §2: 2013). Toda moral pretende «santos» de un modo u otro, y el concepto mismo resulta una imposibilidad para el desarrollo libre del individuo.

Sea pues todo lo dicho hasta el momento, una recopilación de aquello que Nietzsche retoma de la religión griega para asimilarse como el filósofo de Dioniso, que según lo dicho puede tomarse también por sinónimo de filósofo vitalista. Pero, es prudente preguntar si Nietzsche, al pasar la vista por sus amados griegos, rescató en su totalidad el concepto de lo dionisíaco o es tal vez se realizó una lectura a conveniencia por parte del autor.

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Notas al pie

[1] “Porque la existencia y el mundo están eternamente justificados como fenómeno estético” Traducción del autor

[2] Cfr. RIVERA Alex, Nietzsche v.s. Eurípides

[3] Un dios, si se quiere, pero solamente un dios-artista completamente amoral y carente de escrúpulos, que quiere tomar cuenta de su lujuria y auto glorificación tanto en la construcción como en la destrucción, tanto en el bien como en el mal (…) Traducción del autor

Bibliografía

NIETZSCHE Friedrich, Aurora, Trad. De Eduardo O. Maury, Ediciones Milla, Madrid, España, 2017

NIETZSCHE Friedrich, Die geburt der tragödie, Naumann Verlag, Leipzig, Deutchland, 1907.

NIETZSCHE Friedrich, Ecce Homo, trad. De Andrés Sánchez Pascual, Alianza editorial, Madrid, España, 2013

NIETZSCHE Friedrich, Obras completas II, Introducción a la tragedia de Sófocles, Comp. Diego Sánchez Meca, trad. de Manuel Barrios, Alejandro Martín, Diego S. Meca, Luis E. de Santiago & Juan L. Vermal, Editorial Tecnos, Madrid, España, 2013.

NIETZSCHE Friedrich, Más allá del bien y del mal, trad. De Andrés Sánchez Pascual, Alianza editorial, Madrid, España, 2013

RIVERA Alex, Nietzsche v.s. Eurípides, en filosofía en la red, julio 19 de 2021, recuperado 13 de septiembre de 2021 https://filosofiaenlared.com/2021/07/nietzsche-vs-euripides/

Artículo de:

Alex Rivera (autor invitado):
Lic. en filosofía por la UAE, cofundador del podcast ahí les va la res extensa. Actualmente, imparte clases de lógica en preparatoria, miembro del Colegio Profesional de la COMEFI.

Imagen | Pixabay

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