El presente artículo pretende ser un acercamiento a la figura y a la filosofía de Sócrates a partir de las fuentes principales que se tienen: los diálogos de Platón, el texto de historia de la filosofía de Paolo Lamanna; y a Giovanni Reale y a Denis Huisman en historia de los filósofos.  

Esto con la finalidad de conocer a ciencia cierta las aportaciones que Sócrates dio a la filosofía en general, y de ahí tener un panorama más amplio de lo que este filósofo significa para la historia del pensamiento universal, ya que sabemos que es un representante de la filosofía moral en sus primeros comienzos. 

Nos ordena conocer el alma aquel que nos advierte “conócete a ti mismo”

Sócrates

Las preguntas principales que trataremos de responder son: ¿quién fue Sócrates?, ¿qué aportaciones realizó a la filosofía y por consiguiente al pensamiento occidental?, ¿por qué es considerado como el iniciador de la filosofía moral?, ¿a qué se debe su peculiar muerte?, ¿qué defendía al momento de tomar la cicuta?

La idea central es qué Sócrates fue maestro de Platón y de algunos otros filósofos y que logró influir en ellos los problemas filosóficos que planteaba; a partir de su muerte comenzó la tarea de inmortalizar el pensamiento del maestro, y será a través de los diálogos de Platón en dónde apreciamos la personalidad irónica y el método filosófico del diálogo Socrático, como también nos encontramos con los temas principales de su filosofía: el intelectualismo ético Socrático, la inmortalidad del alma, el concepto de libertad y el de felicidad (Reale, 1988). 

La estructura de este artículo se conforma de unos pocos apartados en los que se abordan la cuestión socrática, sobre las fuentes de referencia clásica; también desarrollaremos parte su doctrina como: el significado del hombre y de su alma y el intelectualismo ético socrático que giran en torno a la noción del bien del hombre. También veremos el concepto de felicidad.

La vida de Sócrates
y la cuestión socrática

Sabemos que Sócrates nació en Atenas entre 470/469 a. C. y que murió en el 399 a.C. acusado por “impiedad” por los tribunales de la ciudad según nos lo cuenta Platón en la Apología de Sócrates en la que se nos detalla que la acusación se debió por no creer en los Dioses de la ciudad y por corromper a los jóvenes; conocemos también que detrás de todas estas acusaciones había resentimientos y maniobras políticas, como lo argumenta Giovanni Reale en su Historia de la filosofía. 

Sócrates fue hijo de un escultor y de una partera; él consideró que ejercía el mismo oficio que su madre, pues ayudaba a dar a luz a las almas a través del pensamiento y de la razón, a este método se le llamó mayéutica (Laercio, 1984).

El no creó una escuela filosófica, como algunos filósofos presocráticos, sino que enseñaba en lugares públicos, con gimnasios o plazas públicas; era una especie de predicador laico, influyendo notablemente en los jóvenes pero también en hombres de todas las edades llegando a convertirse en una celebridad. 

No dejó nada escrito, transmitió sus enseñanzas a través del diálogo, mostrando gran interés por la oralidad. Esto trajo complicaciones a la hora de reconstruir su doctrina porque solo tenemos algunos testimonios que son muy divergentes entre sí y estos solo nos muestran una pequeña parte de lo que el maestro transmitió.  

Platón, por ejemplo, es una fuente Socrática, pero idealiza al maestro; Aristófanes lo pone en ridículo en su obra de teatro En las nubes; Jenofonte lo presenta de manera reducida haciendo pensar que no hubo motivos para que el estado lo hubiera sentenciado; también el propio Aristóteles habla de él, pero nunca lo conoció en persona.

El hombre y su Alma

Sócrates dice que él posee una sabiduría humana que consiste en la búsqueda de un principio o razón filosófica, de un fundamento para la vida moral. Este fundamento es la naturaleza misma o la esencia del hombre. Sócrates difiere de los Sofistas pues él llega a la conclusión de que el hombre es su  propia alma y que la búsqueda de la virtud solo sería posible en la medida en que nos preguntemos a nosotros mismos cuál es la naturaleza de la virtud, su concepto en particular, que es lo que hace a la virtud.

De esta manera, Sócrates entendía por alma a la conciencia, lo que nos hace ser morales e intelectuales, lo que hoy llamaríamos nuestras capacidades cognoscitivas del entendimiento, que muchas de las veces son de tipo ético o moral; así pues, “conocerse a sí mismo” significa conocer lo que en realidad somos, una gran verdad. 

Por lo tanto llega a la conclusión de que si el hombre es su alma, la virtud del hombre está en su cuidado procurando la realización de la misma; y también si esta es una actividad del pensamiento, la virtud será la actividad del pensamiento y de la razón, siendo así, ciencia y conocimiento. (Reale, 1988).

El intelectualismo
ético Socrático

El uso de la razón y del pensamiento será la virtud del alma, y como el cuerpo es el instrumento del alma, también los del cuerpo serán instrumentos para el alma. Es decir, si la virtud es ciencia, tenemos dos consideraciones:

Existe solo una virtud, que es al mismo tiempo el fundamento de todas las virtudes en qué creían los griegos. 

Nadie puede hacer el mal voluntariamente porque el que hace el mal ignora las consecuencias de sus acciones considerando como bien, lo que está mal solo mostrando y enseñando la verdad se podrá corregir sus acciones. 

Sabemos también que del concepto de Psyché proviene el descubrimiento socrático de la libertad, la cual se entiende como libertad interior y también se analiza como “autodominio”. Esto es así porque el alma es racional y esta solo se libera cuando trasciende lo irracional, como son las pasiones y los instintos. Así, el hombre se ve librado de las cosas que pertenecen al mundo externo y lo que alimenta sus pasiones. (GUTHRIE, 1994)

La felicidad

La felicidad en Sócrates adquiere un valor espiritual y esta solo alcanza su plenitud cuando el alma es la que pone el orden sobre las pasiones de los sentidos; esta plenitud se realiza justamente mediante la virtud. De esta manera Sócrates afirma el principio ético de que la virtud es un premio para sí misma y se busca por sí misma. 

Entendemos también felicidad en griego como eudaimonía que significa en un comienzo haber tocado en suerte un daimon, custodio bueno y favorable, que nos proporciona buena suerte así como también una vida próspera y amable. Sócrates también entendía que la felicidad no puede venir de cosas exteriores como lo es el cuerpo, sino únicamente del alma, por ser la esencia del hombre mismo (Reale, 1988).

De esta manera podemos decir que el alma es feliz cuando es ordenada, lo que significa ser virtuosa; para Sócrates quien es virtuoso, sea hombre o mujer, es feliz mientras que el injusto y el malvado es infeliz. 

Sócrates entendía entonces que el hombre virtuoso no podría padecer ningún mal, tanto como en la vida o en la muerte. Por lo tanto el hombre puede ser feliz en esta vida pese a cualquiera que sean sus condiciones y circunstancias así como también en el más allá; el hombre es el creador de su propia felicidad o infelicidad. 

El concepto de
Dios en Sócrates

Nos podemos preguntar en primera instancia, ya que el concepto de Dios forma parte de la historia del pensamiento antiguo y que este mismo tuvo un desarrollo constante en las posteriores doctrinas filosóficas después de Sócrates, ¿cuál era la noción de Dios que Sócrates profesaba entre sus discípulos y que de alguna manera fue el detonante para que fuera acusado y condenado a muerte?

Su concepto sobre Dios era la concepción de los antiguos filósofos naturalistas, la del Dios como inteligencia ordenadora del cosmos. Platón nos transmite poca información sobre el tema, pero es por Jenofonte que nos podemos informar un poco más.

Los razonamientos que nos muestra en los Memorables es una prueba a base de la razón de la existencia de Dios, y son argumentos importantes para las pruebas sucesivas (Reale, 1988):

Dios no crea obras por azar, sino que estas obras tienen un fin, un propósito para conseguir algo en la naturaleza; una inteligencia decían los antiguos que, considera los pro y los contra para producir dichos propósitos; cuando observamos al hombre, nos damos cuenta de que está constituido en un todo organizado, al ver el funcionamiento de cada uno de sus órganos y vemos también que tienen su propia finalidad, esto nos es obra del azar, si no obra de una inteligencia con una finalidad en sí.

Sócrates pone de manifiesto los privilegios que el hombre llega a tener en comparación con otros seres conocidos, como es por ejemplo: la estructura física, el poseer un alma y el ser inteligentes con uso de la razón, y argumenta que la divinidad se esmeró en el hombre en particular.

Estos argumentos dicen que el mundo y el hombre están creados por una inteligencia que es orden y finalidad al mismo tiempo y que solo ésta causa podría dar razón de ellos. Así, el Dios de Sócrates es inteligencia que ordena, pone fin y conoce todas las cosas en general, una divinidad que se ocupa del hombre, del mundo y de su virtud.

Conclusión 

De manera sintética podemos concluir que la aportación de Sócrates al pensamiento occidental fue la preocupación por el sentido moral de las acciones de los hombres, ya que a través de la argumentación y la elaboración de preguntas nos damos cuenta de que pretende conocer lo que eran las cosas en sí, y formar el concepto en sí mismo. 

Sócrates, como figura filosófica, es una de las más importantes del pensamiento antiguo, pues marca el inicio del humanismo filosófico en el que la idea del hombre era lo más importante; a su vez, de que aplicó aquella famosa inscripción del oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.

Bibliografía

GUTHRIE, W. (2004). Historia de la filosofía griega (Vol. I los primeros presocráticos y los pitagóricos). Madrid.

Hegel, G. (2018). Lecciones sobre la historia de la filosofía (Vol.II). México: Fondo de Cultura Económica.

Jaeger, W. W. (s.f.). Paideia: los ideales de la cultura griega. Fondo de cultura económica.

Laercio, D. (1984). Vidas de los filósofos más ilustres. México: Porrúa.

Lamanna Paolo, E, (1970). Historia de la filosofía (Vol. I). Filosofía de la antigüedad. Buenos Aires.

Reale, G., & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Barcelona: Herder.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Luis Alberto Ruiz (colaboración):
Psicólogo y estudiante de filosofía. Ha estudiado Tanatologia; también le interesa el budismo tibetano (estudió en Casa Tibet México).

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